lunes, 22 de agosto de 2011

Los síntomas del soporte



Casualidad de casualidades. Entrada 500 del Indéfilo dedicada al cine norteamericano... y, sin pretenderlo, habría de recaer en la que muchos avispados, resecos sus tanques de mitomanía desde tiempo ha, no han dudado en señalar como, no ya la sensación de la temporada, sino, en un alarde de inconsecuencia, el maná cinéfilo/espectacular que salvaría los cuellos de productores lánguidos, espectadores alienados y, por supuesto, críticos sin ideas. Sí, era ese cine que Steven Spielberg se inventó hace unos treinta y pico años y con el cuál crecimos; la diferencia consiste en que aquel público no es este público, y lo que entonces era una entrega fascinada y fascinante, ahora no es más que la urgencia por rentabilizar una pléyade de recursos visuales que corren el riesgo de no servir absolutamente para nada. En este sentido, SUPER 8 no aporta nada al género "Spielbergiano" que lo mejore o reafirme, máxime cuando el genio de Ohio (curiosamente, el estado donde se desarrolla esta película) parece haber renunciado a sus propias convicciones para intentar filmar de una manera mucho más consecuente, lo que no necesariamente le ha dado sus mejores títulos.
En fin, que de repente nos encontramos en mitad de 1979, con esos personajes megaestereotipados que rezuman integridad y solidaridad por los cuatro costados; loable, pero la integridad del siglo XXI es la misma que la de entonces, solo que ya no estamos dispuestos a tragarnos cualquier cosa porque no nos queda nadie igual de ingenuo a quien contárselo. Hay un bicho, que apenas se ve y que no aporta nada al film; si lo hubieran eliminado a los veinte minutos ni se habría notado. Hay un montón de lugares comunes provenientes de títulos que ustedes conocen igual de bien que yo. Los actores están cada uno en su papel, y nadie reclama el protagonismo, que es lo suyo cuando de solidaridad y buenas maneras hablamos. Pero no hay emoción y sí mucho ripio; nos sabemos de memoria lo que va a salir de la boca de cada personaje antes de que hable, y nos imaginamos las marcas en el suelo, como en una mala obra de teatro que aspira a recrear un clásico. Así, lo mejor es lo que ningún J.J. Abrams de la vida va a atreverse a usar como núcleo duro de una historia bien contada; los delirantes rodajes de ese pizpireto grupete de chavales, una peliculita de zombis en adorable Súper 8, son la auténtica metáfora de la supuesta pérdida de la inocencia en la que han querido embarcarnos. Pero para eso no hace falta que descarrile un tren con un alienígena dentro, basta un beso inocente o la pérdida de un amigo... No hay más...
Saludos nada nostálgicos.

4 comentarios:

Kinezoe dijo...

No me pareció mala, aunque sí llena de lugares comunes. El toque Spielberg en esta cinta me gusta mucho más que la impronta de Abrams, pero queda muy lejos de las cintas a las que "homenajea". Y sí, hay muchos elementos sobrantes en este trabajo, empezando por el bicho (que a Dios gracias no se ve demasiado; un acierto) y acabando por aquellos extraños cubos que no sirven para nada, sin duda, cosa de Abrams. El tempo narrativo no me parece malo; no aprecié bajones considerables. Me entretuvo todo el rato.

Me alegra verle activo de nuevo, DVD. Saludos.

dvd dijo...

Yo no me esperaba otra cosa, pero creo que los chavales de ahora, a diferencia de nosotros con su edad, se van a aburrir un rato...

Luis Cifer dijo...

A mí me entretuvo bastante, cosa que no es despreciable vista la basura que nos suele atacar normalmente.

redrum dijo...

Lo ha clavado caballero. El mérito de esas cintas de antaño era el gusto por el detalle, lo esporádico y la capacidad de fascinar desde la sencillez.

Bastaba un mapa del tesoro, mientras que lo fascinante ahora es fastuoso y nos cuelan marcianos y explosiones como gancho.

Agua salada, vamos.

1 saludo!

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!