viernes, 13 de noviembre de 2020

Reforzar. Disolver


 

POSSESSOR debería ser un acontecimiento, pero me temo que no va a serlo. El nuevo trabajo de Brandon Cronenberg, con el que se alzó, entre otros premios, con el de mejor película en Sitges, le coloca directamente junto a los mejores trabajos de su padre, pero también, y más importante, lo distancia del mismo, marcando una personalidad propia que nos puede estar situando ante un cineasta con mucho que decir por sí mismo. Film repleto de equívocos, tantos como hallazgos, necesita de varios visionados para no perdernos su esencia, que contiene un mensaje inquietante y desarmante. No se habla aquí tan sólo de una supuesta tecnología mediante la que agentes especiales toman literalmente "posesión" de otras personas, a fin de obligarlos a que cometan asesinatos estratégicos, y finalmente suicidarse, borrando cualquier rastro. Cronenberg va mucho más allá, y refuerza su premisa mostrando cómo una consciencia se disuelve al ser colonizada por otra, en algunas imágenes de aterradora plasticidad. Y aún hay más, especialmente el trabajo de los dos protagonistas, la inquietante Andrea Riseborough y un superlativo Christopher Abbott, que borda un personaje de complejidad atormentada; ambos son prácticamente lo único que importa en esta pesadilla de colores vivos y sonidos que parecen emanar de un mundo muy lejano. Con su cuota bien distribuida de violencia y dialéctica, POSSESSOR debería estar destinado a ser un título de culto inmediato, pero no estoy plenamente seguro de que vivamos una época proclive al espectador reflexivo y aún con ansias de asombro. Veremos.
No tengo dudas, uno de los nombres del año
Saludos.

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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!