viernes, 3 de marzo de 2017

Ettore Scola. Un italiano en Italia #11



El salto hacia la madurez cinematográfica que experimentó Ettore Scola con C'ERAVAMO TANTO AMATI en 1974, fue el que de verdad abrió los ojos de la crítica internacional hacia un director que por primera vez acometía un proyecto ambicioso y de una complejidad narrativa excepcional. La historia de tres amigos a lo largo de tres décadas sirve para poner en marcha una corrosiva crítica del devenir de un país, Italia, cuyo conformismo apenas reconocido queda reflejado en los distintos puntos de vista de dichos personajes, aparentemente diferentes, pero con los aspectos básicos inalterablemente en común. Compartiendo el amor por una misma mujer (Stefania Sandrelli), los tres se reúnen en el restaurante de siempre y disertan sobre sus batallitas en el frente, aunque cada vez se van distanciando más, sobre todo por las diferencias económicas de cada uno. Nicola (Stefano Satta Flores) es un eterno aspirante a intelectual comunista, con una pasión desmedida por el cine y que sobrevive escribiendo inanes críticas que apenas leen quienes le recuerdan por participar en un concurso televisivo. Antonio (Nino Manfredi) sólo anhela un trabajo decente y una vida tranquila y aburguesada junto a su adorada Luciana. Mientras, Gianni (Vittorio Gassman) se ha enriquecido ilícitamente, y aunque se encuentra en la cima se da cuenta de lo terriblemente solo que está, por lo que es incapaz de compartir su verdadero estatus con los que un día fueron sus amigos. Tres caras de un país, una sociedad sostenida en las apariencias, y que explota en escenas memorables e inolvidables para un cinéfilo, como los cameos de Mastroianni, Fellini y De Sica, haciendo de ellos mismos. O la terrorífica y esclarecedora pelea, tras una borrachera, de Nicola y Antonio, porque uno llama al otro vago y este le responde que es un burgués acomodado, mientras Gianni se desgañita inútilmente, gritando que él es el verdadero culpable de su desgracia, porque se ha enriquecido a costa de ambos. Por supuesto, el burgués y el proletario no le escuchan, ocupados en escupirse maldades, en lugar de buscar el acuerdo contra el auténtico explotador. Más elocuente, imposible...
Maravillosa.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!