lunes, 4 de abril de 2011

El problema de juzgar sin prejuicios



Lo que más me atrae del cine de Jaime Rosales es su loable empecinamiento por adentrarse en los terrenos más pantanosos sin apenas mojarse los pantalones; no lo digo por falta de compromiso, aunque muchos de estos compromisos sean asquerosamente falsos en el cine español actual. En realidad, Rosales evita mojarse por una cuestión de principios; sus personajes están ahí, delante de nosotros, como las personas que diariamente se nos cruzan anónimamente, sin que sepamos nada de su vida. En este sentido, TIRO EN LA CABEZA es su obra maestra, el summum de ese cine del desapego y la distancia, del no-compromiso si lo prefieren; pero ya había mucho de todo esto en el riguroso seguimiento de Abel, el "protagonista" de LAS HORAS DEL DÍA. Abel es usted y soy yo, entiéndanme; Abel es un tipo cualquiera, sin más. No posee grandes cualidades ni hay una gran y emocionante historia detrás de su monótona vida que deba ser contada por un artista, un director de cine. Abel es una persona que se aburre, que no sabe qué hacer, que se pelea con su novia, que atiende sin entusiasmo un negocio familiar; que come, bebe, duerme, sale, entra, sube, baja... y de vez en cuando, sin saber por qué, mata a alguien. Lo que nos asusta es precisamente eso, esa fría e inexplicable cotidianidad del horror; los opacos exponentes sobre los que alguien que es como usted y como yo es también un asesino. Esto nos es mostrado sin pasión ni énfasis, como otra de las actividades de Abel; rechina, claro, porque estamos acostumbrados a tragarnos el rollo de los asesinos (fabricados) en serie y hoy en día todo nos gusta mascadito y con envoltorio. Así, LAS HORAS DEL DÍA irrita, y mucho, y cuanto más irrita más me gusta esa distancia desolada de sus imágenes, como si estuviésemos detrás de un espejo observando cómo matan a alguien y no moviésemos (plenos de tranquilidad) ni un puñetero dedo. Ahí, la película de Rosales nos mira directamente a nosotros, satisfechos consumidores de cine, y nos inquiere con muy mala hostia qué ocurre en la cabeza de Abel; sí, nos lo pregunta a nosotros... ¿a quién si no?, al fin y al cabo sólo hay una pantalla y alguien mirándola...
Saludos en hora.

4 comentarios:

Cinemagnific dijo...

De Rosales sólo he visto, precisamente, "Tiro en la cabeza", y creo que en ese cine del "no compromiso", el compromiso es precisamente evidente. No se maquilla ni un sólo hecho con ningún dramatismo, y en ese sentido, creo que el compromiso con la "realidad total" (por llamarlo de alguna manera) surge por sí solo. En fin, el tema es para hablar y hablar y hablar. Aquí mi opinión :)

Becario dijo...

Hurm, interesante. No la he visto pero quizá cae. Entiendo que este no-compromiso que describes es un alejamiento voluntario para tomar distancia y prespectiva. O que a veces no hay nada que contar, que alguna he visto de estas.

dvd dijo...

Sí, creo que un poco de todo. Al menos creo que hay un intento muy interesante por dejarlo todo al debate interno del espectador, que la película no sea sólo una evasión y adopte un papel de escaparate interactivo; no en tiempo real, porque es imposible, pero sí en un tiempo inmediatamente representado... Hay mucho de qué hablar al respecto, y eso es muy muy bueno...

Eduardo dijo...

Qué cosas! La vi hace como un mes. Yo, recién llegado de Portugal, desconocía a Rosales y vi, precisamente, Las Horas del Día. Impresionante. De verdad. Coincido completamente con tu crítica de hoy.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!