martes, 26 de abril de 2011

Brutal belleza cerrada sobre sí misma



VOZVRASHCHENIE (EL REGRESO) quizá sea una de las mejores películas realizadas en la última década, la lástima para mí (entre comillas, claro) fue lo tardísimo que la descubrí, hace apenas seis meses. EL REGRESO ha sido una especie de revelación, primero porque contiene un discurso propio y terriblemente personal, fuera de los lugares comunes del cine ruso (Tarkovski y Sokurov, cada uno en su propia medida) y en búsqueda incesante de la empatía con el espectador, fundamentalmente a través de una narración sin trampas, de una claridad apabullante. El film de Zvyagintsev, primero tras una serie de trabajos para la televisión, se desnuda desde su demoledor inicio y toma la apariencia de una road movie iniciática para desplegar un intrincado discurso acerca de la brutalidad e incomunicación familiar, aunque sea poco común la familia aquí descrita. Dos hermanos que viven con su madre reciben la extraña noticia de que su padre, al que hacía más de diez años que no veían, ha vuelto a casa; no le conocen, no le recuerdan, y ni siquiera queda realmente clara si la paternidad finalmente es real. Esta ambigüedad sirve a Zvyagintsev para crear un áspero clima de extrañeza; no hay rastro aquí de las habituales bonhomías del cine comercial, y el tétrico viaje que el recién llegado programa junto a los dos chicos al corazón de Siberia no es más que el disparadero para que se desate un complejo juego psicológico de filias y fobias y asistamos a un espectáculo visual tan bello como desolador. El tanto que se anota el director ruso es no dejar nunca claras las intenciones y crear preguntas a partir de otras preguntas, lo que hace que el espectador se rebele contra lo que está viendo, que participe en esta fábula cruel sobre el despertar a la vida por el camino más tortuoso posible, algo que suele ocurrir en la realidad pero que pocas veces se muestra con toda honestidad en una pantalla. Desde luego que la recomiendo encarecidamente, apuesto a que estarán deseando echarle un segundo vistazo nada más terminar de verla.
Vuelvo para saludarles.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!