lunes, 3 de mayo de 2010

Iconosofía

Si hay una película que ha deslumbrado y fascinado a varias generaciones desde los casi cuarenta años que se han cumplido desde su estreno, ésa ha sido A CLOCKWORK ORANGE. No voy a ser yo, desde luego, quien desmonte ni su mito ni su enorme influencia; sin embargo, me gustaría dejar clara mi postura respecto a uno de los films más sobrevalorados de todos los tiempos. Y es que no es éste el mejor film (tampoco es que sea el peor) de Stanley Kubrick, uno de los tipos, dicho sea de paso, que más ha contribuido al avance artístico del séptimo arte.
La verdad es que, sin haber leído la obra de Anthony Burgess, y tras unos cuantos visionados (embobado el primero y aburridillo el último), son varios aspectos los que debo resaltar. Primero que no es en absoluto un film complejo, pues creo que Kubrick buscaba ante todo una claridad y explicitud, tanto estética como discursiva, lo que, insisto, fascina al principio pero cansa un poco una vez te sabes la fórmula. Este "modernista" relato acerca de la violencia, su atracción, sus "filosofías" e "iconografías" y su ambigua moralidad, al desechar ponerse de un solo bando, logró pasmar a cuanto imberbe cinéfilo llegaba a él. Sus armas: el curioso empleo de la luz. Donde normalmente se impone la penumbra, Kubrick ilumina limpiamente e indaga con su cámara, por muy escabrosa que sea la escena. La música. Porque no muchos directores usan a Beethoven o Elgar para ilustrar a un grupo de descerebrados que, atildados con pijamas y bombín, apaleaban a todo bicho viviente en un aséptico e impreciso futuro (de las aberraciones del polémic@ Wendy Carlos, hablaremos otro día). Y la argumentación, que no el argumento. Porque Kubrick, supongo que un poco contra su naturaleza trasnsgresora, especialmente patente en este film, termina "salvando", o al menos intentándolo, a su deplorable antihéroe; y la espeluznante escena de la cámara en caída libre (efectivamente, hubo de sacrificarse una cámara) da buena cuenta de ello.
En definitiva, un trabajo pulcro y sensitivo que hace relamerse a los iconoclastas, con su superabundancia de motivos, logos y referencias, pero que cansa un poquito si se la despoja de su brillante parafernalia y se indaga en su filosofía, que veo más cerca de un hooligan que de un beatnik, la verdad.
Saludos exprimidos.

3 comentarios:

Dr. Quatermass dijo...

Pues no puedo estar de acuerdo compañero, para mi es un clasicazo en toda regla, ¿Efectista?, pues sí, pero los resultados están ahí. De WALTER Carlos hablamos otro día, que así se llamaba este señor cuando le hizo eso a Bethoven (aunque tengo que reconocer que a mi no me disgusta, jeje).

Un saludo con un brindis de leche!

dvd dijo...

Antes era Walter, ahora es Wendy...
Yo la pondría más o menos por la mitad en la filmografía de Kubrick.

Mr. Lombreeze dijo...

Yo tampoco quiero ir de desmontamitos, pero también la encuentro sobrevalorada y, desde luego, no refleja la intención del libro (que recomiendo) por su gran diferencia final (lo del famoso capítulo 21). Pero bueno, ya sabemos lo coñazo que puede ser eso de comprarar el libro con la novela.

Por cierto, para mí Alex no es un héroe, ni un antihéroe. Es un gilipollas que debería haberla palmado por intoxicación de alguna droga durante el programa Ludovico. Creo que es lo menos que se merece un niñato drogado que apalea, roba, viola y mata con alevosía y nocturnidad por puro placer.

"¿Qué quiere Dios? ¿El bien o que uno elija el camino del bien? Quizá el hombre que elige el mal es en cierto modo mejor que aquel a quien se le impone el bien..."

Este tipo de paradójicas cuestiones morales no las veo reflejadas en la película.

Técnicamente me parece espléndida.
Lo de Wendy Carlos no lo encuentro tan aberrante como se ha dicho, aunque prefiero a Rossini.
No es de mis pelis favoritas.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!