De algún lado hay que partir, y en el caso de Brigitte Bardot debía ser de la Juliette de ET DIEU CRÉA LA FEMME. Una película estúpida sobre la estupidez, indefendible, inenarrable, vacua y cuantos más adjetivos negativos queramos ponerle. No se sabe de qué va... bueno, sí, de una calientapollas a la que además le chiflan los hombres; una huerfanita en mitad de un Saint Tropez, donde se la disputan un chulo picaflor, su hermano, inseguro y apocado, y un ricachón que pretende comprarles a ambos un desvencijado astillero familiar, con intenciones más allá de lo retorcido. Ni siquiera merece la pena pararse en el raquítico guion firmado por Raoul Lévy y Roger Vadim, que debutaba en la dirección y también inauguraba un género, al menos para quien esto escribe, insólito: el cuckoldroman. Me ahorro la traducción, pero no he visto un juego de espejos más amoral que escribirle a tu joven esposa un papel en el que literalmente se pasa el día contoneándose delante de borrachos salidos, bailando con la falda abierta encima de una mesa o dándole mordiscos a su cuñado, por si se había quedado algo en el tintero. Despiadadamente kitsch, con decorados salidos de Blancanieves, es como una película porno que nos quiere dar lecciones de moral, o uno de esos slashers imaginarios en los que sólo yo imagino al asesino acojonado y escondido ante tanto crural desaprovechado...
Saludos.
