martes, 23 de noviembre de 2021

Sal de frutas


 

THE FEAST es un título engañoso, por mucho que la excusa argumental sea precisamente el banquete y, sobre todo, los preparativos del mismo, que una adinerada familia organiza en su lujosa casa de campo. El banquete lo es menos, porque los momentos dedicados a agudizar los sentidos, con olores, sabores, texturas, y más que nada sonidos, van paulatinamente desapareciendo, para dejar paso a lo que va destinado este relato (otro más) de eco-horror, sea eso lo que sea. Perfecta, sin embargo, para cierta audiencia de Sitges, se regodea en un grotesque que se va apuntando un poco groseramente, y que por momentos me ha remitido a un primerizo Ben Wheatley. Sorprende su ritmo cansino, siendo una película razonablemente corta, y lo mucho que le cuesta decidirse a desvelar lo que finalmente es un secreto a voces. Sin ser fallida, tenía potencial para, en otras manos, haber sido un pequeño acontecimiento en el género de terror, y se queda en un film correcto, bien facturado, con algunas interpretaciones remarcables (como la de su lacónica protagonista, Annes Elwy), pero es, si me lo permiten, un entrante poco nutritivo, y que ni siquiera prepara para ningún plato fuerte. El hecho de estar rodada en Gales (y en galés), curiosamente tampoco termina de contextualizar la explicación final, y debería haber sido determinante.
Para amantes del terror rechinante.
Saludos.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Tonalidad indeterminada


 

David Bruckner es un director al que siempre le he visto el mismo defecto, repetido una y otra vez; un aspecto que la perspectiva determina como una manía o una mera incapacidad. Me ha vuelto a ocurrir tras ver THE NIGHT HOUSE, su último film. Una historia supuestamente terrorífica, que se apoya en una cantidad ingente de lugares comunes, y acaba desaprovechando el impresionante esfuerzo de Rebecca Hall, claramente varios peldaños por encima de todo lo demás. Y todo lo demás es una trama típica de casas encantadas, presencias sobrenaturales y secretos ocultos en algún rincón perdido. Todo parte de la traumática pérdida de la protagonista, tras el suicidio de su marido; intentando superar un estado cercano a la depresión, una serie de detalles insignificantes le advierten de que quizá su marido no era el hombre ideal al que amaba, sino que llevaba una oscura doble vida. Llegados a este punto, al menos a mí me sobraba el elemento sobrenatural, y por un momento pensaba en un ingenioso mecanismo, capaz de poner a prueba todas las convicciones de su protagonista. No es así, y el film se va deslizando hacia un desenlace perfectamente tipificado, nada que no hayamos visto otras veces, aunque reconozco que hay sobriedad y buen gusto en la realización, y que Hall vuelve a demostrar que es una actriz que puede cargar con el peso de lo que sea, aunque aquí parezca un poco lastrada por las insidiosas reglas del género.
Bien, correcta. Se puede ver.
Saludos.

domingo, 21 de noviembre de 2021

Rincón del freak #482: Todo de balde


 

Como todos los años, Sitges ha ofrecido su ración de rarezas, asunto éste celebrado por los incondicionales, pero de difícil ubicación cuando se trata de competir junto a títulos más canónicos. CRYPTOZOO invoca un tipo de animación que no es ni futura ni retro, un detallaje artesanal para una historia que nos habla de los críptidos, animales fantásticos que encarnan una especie de ideal arcáico y perdido en la memoria de los humanos, aunque en realidad se encuentran en su mayoría cautivos tras una gigantesca valla, y encerrados para el deleite de las élites. Podría haber salido una estupenda película de esta premisa, pero todo el metraje parece conscientemente conforme con hacer rechinar las imágenes, con una animación, insisto, imperfecta, incómoda, y que no ayuda a conciliar lo que vemos con lo que se nos cuenta. Un film del que cabe esperar que sus creadores, curtidos en los videoclips experimentales, puedan cohesionar en un futuro sus inquietudes formales con mayor enjundia narrativa.
Advertencia: no la vean si han tomado según qué cosas...
Saludos.

sábado, 20 de noviembre de 2021

El irredento


 

Con THE CARD COUNTER, Paul Schrader confirma el buen estado de forma de su prosa, y de paso actualiza algunas de sus obsesiones creativas más recurrentes. Schrader crea un Travis Bickle más sereno y equilibrado, pero también con un pasado que por esclarecido queda aún más horrendo. Intencionalmente compleja, oscura y serpenteante, la trama se apoya en un colosal Oscar Isaac, en uno de esos papeles que deberían quedar grabados en nuestra retina durante décadas; un imperturbable jugador, de métodos grises, infalibles, nada ambiciosos, pero al que atormenta un pasado en el ejército del que nunca ha podido desprenderse. Su trayectoria es marcada por tres encuentros, alguno más fortuito que otro, pero con varias razones que los hace interconectarse misteriosamente. Una vieja amiga, que ahora busca a jugadores profesionales para que muevan el dinero de inversionistas; un tipo que da conferencias sobre sistemas de seguridad, y que parece la encarnación de todos los demonios que arrastra; y por último, un joven que le hace una sorprendente propuesta, que amenaza con desestabilizar su mundo por completo. Es una película sobre el juego, pero también sobre la imposibilidad de redención, con la única salida de intentar borrar cada día un trozo de ese infierno. Y Schrader filma en crudo, con esa cosmovisión tan particular, que humaniza a sus personajes y nos los arroja para que les juzguemos, y puede que hasta les podamos perdonar.
Magnífica película.
Saludos.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Cuando el dinosaurio ya se ha ido


 

Las primeras películas, las óperas primas, suelen tener un componente del que es difícil desquitarse, sobre todo cuando se está muy seguro de que lo que el director se trae entre manos está totalmente controlado y asumido. Puede llamarse mal de alturas, o presunción injustificada, aunque coloquialmente podríamos dejarlo en simple inexperiencia. Carlson Young, joven intérprete, presentó en Sitges THE BLAZING WORLD, un irregular cuentecito onírico, con un pie en la Alicia de Carroll y otro en el surrealismo de Tarsem Singh (¿alguien se acuerda de este señor?). Colección de estampas más o menos imaginativas en lo visual, termina siendo devorada por la cotidianidad adocenada de su premisa argumental, más que trillada y superada por lo poco desarrollado del guion. Apenas sobresale la inquietante presencia de Udo Kier, o una banda sonora curiosa, aunque con excesivos guiños a Herrmann. Una película menos valiente de lo que parece, y que al final, efectivamente, y como suele ocurrir con jóvenes directores, muestra la red de seguridad, por lo que todo el espectáculo visual resuena como un brillante cascarón vacío.
Con un guion bien hilvanado habría sido un muy buen debut.
Saludos.

jueves, 18 de noviembre de 2021

Pólvora mojada


 

En 1993, Mario Camus realizó un valiente pero insuficiente acercamiento a la problemática, entonces tan vigente, del grupo terrorista ETA. SOMBRAS EN UNA BATALLA acierta como visión original que pueda hacernos entender qué movió a un grupo originalmente creado para luchar contra el fascismo, a convertirse en una manada de carniceros sin un solo objetivo defendible. Sin embargo, como película en sí, Camus no demuestra tino, y por momentos, a poco que no hayamos leído la sinopsis, podríamos creer que nos encontramos ante un romance otoñal, un tratado de ornitología, o las soledades de una veterinaria en la Zamora rural. Le falla la articulación, encajar elementos tan diferentes dentro de un contexto engrasado y dinámico. Sólo muy al final, y sin que podamos tener tan siquiera un poco de elemento sorpresa, Camus remata con una escena llena de nervio y tensión narrativa. Aun así, uno vuelve a ver esta discreta película algunos años después, y se pregunta que hubiera pasado con un casting más acertado, porque a excepción de Tito Valverde (y eso que me parece desaprovechado, en un personaje que daba para un film distinto), tanto Carmen Maura como Joaquim de Almeida parecen estar interpretando con el freno de mano echado. Curiosamente, ha de ser un Ramón Langa bigotudo quien, con una tardía aparición, al menos insufle un poco de intriga a esta película demasiado sosegada para lo que cuenta.
Saludos.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

En el coño del mar


 

Hace unos años, el gran Corcobado, el de los chatarreros, el gran olvidado de la poesía española, el arrinconado de los enemas sociales, el último de los dulces oprobios, publicó un disco que rezumaba salitre y brandy, y palabras como bitácora y barlovento, y nadie lo escuchó, y mucho menos lo compró. Ahí resonaba una canción cuyo título encabeza esta entrada, y que igual hablaba de sexo sucio que de lobos de mar borrachos, de resaca en todo caso, porque Corcobado, que nunca entona como es debido pero tiene voz de cazalla fina, lo mismo quería decir que el mar es un coño que todo lo engulle, o que estaba hasta el coño de que todas las canciones sobre el mar fuesen bonitas. A colación de esta introducción, que corre el riesgo de mutar en la entrada misma, en Sitges se vio una película muy mala y muy aburrida, y con el mal presagio de tener dos títulos, que es algo que hacen las distribuidoras y que no logro entender. Uno es THE COLONY, y otro es TIDES. Da igual, porque la película es aburrida como un mar en calma chicha, y la protagonista es remedo de lo de Nolan en el espacio, pero con mocos salados colgándole de la nariz; es decir, más orgánico, pero también más resacoso. Y en fin, que produce Roland Emmerich, que el director ha tardado, no sé por qué, diez años entre su ópera prima, más entretenida que ésta, y esta odisea simulada, en la que los coños aparecen sorprendentemente secos para todo el agua que sale en pantalla. Y que no la vean. Y que sí, que soy capaz de escribir sin paréntesis...
Saludos.

martes, 16 de noviembre de 2021

El día del terror de todos los días


 

No fue en Estados Unidos, sino en Europa, en Cannes, donde sí vieron sin titubear el talento interpretativo de Dean Stockwell, aunque lo de LONG DAY'S JOURNEY INTO NIGHT no parece de este mundo. Los cuatro interpretes de esta monumental película resultaron premiados en aquel certamen de 1962. Katharine Hepburn, que fue la única nominada en los oscar, y un insólito ex-aequo triple, compartido por Stockwell con Jason Robards y Ralph Richardson. Casi tres horas de asfixiante exorcismo vital, para poner al descubierto las abismales miserias de su autor, Eugene O'Neill, que se cobraba una venganza, si no justa, desde luego sí crudelísima, incluso desmedida, en una representación de lo horriblemente imperfecto que nos resulta existir a quienes aún seguimos vivos. Fue la última obra de O'Neill, que se trazó a sí mismo como un atónito joven, incapaz de estirar el buche bajo el apesadumbrado amor de su madre morfinómana, la tacañería de un padre fracasado y borrachín, y la ojerosa envidia de un hermano mayor, alcohólico mayúsculo y vago por toda profesión. La película, que se va desarrollando en interminables parlamentos, ora lúcida pesadilla, ora onírica cotidianidad, contiene ese poso de verdad de fieras que se despedazan, que no saben cómo ser amables si no es sacando cada error, cada certeza oculta. Prácticamente un lúgubre poema representado a cuatro voces, en cada una de las cuales asoma un rencor impasible, que llega como esa noche de niebla, en la que el hijo menor encuentra una inexplicable sensación de paz donde su familia ve una amenaza a su precario estado de tísico, tan sólo porque, como él mismo explica ya al final, mientras su hermano babea junto a una puta obesa, la madre se pincha vestida de novia en el piso de arriba, y el padre afloja las bombillas de su ruina, "a poco que uno se aleja, la casa desaparece, como si nunca hubiese existido"...
Una bestialidad.
Saludos.

lunes, 15 de noviembre de 2021

El medio que justifica el fin


 

También la animación ha tenido este año cabida en Sitges, aunque hablar sólo de animación en el caso de Mamoru Hosoda sería quedarnos muy cortos, y muy especialmente en el fastuoso espectáculo visual desplegado en BELLE, su último film. Normalmente hablamos de cómo una idea puede ser lo suficientemente buena como para que pasemos por alto decisiones más o menos discutibles; aquí nos encontramos con todo lo contrario, porque tras dos horas alucinantes, prácticamente te da igual que te hayan contado una chorradita. Y tampoco seríamos justos. Hosoda no es tan evocador como Miyazaki, ni tan avasallador como Otomo, pero su estilo narrativo implica un gusto reconocible por prestar atención a los dilemas de sus personajes, que siempre parecen buscar un alineamiento con el espectador. Aquí, el tema de las redes sociales, y la trampa emocional que suponen, es el eje principal mediante el que desplegar un detonante visual simplemente impresionante. Por un lado, se nos habla de "U", el gran fenómeno mediante el que uno puede convertirse en un avatar idealizado, para llevar a cabo sus mayores fantasías, y en el que brilla con luz propia Belle, una hipnótica cantante, capaz de congregar a millones de seguidores, que se preguntan quien está realmente tras esa apariencia esquiva y angelical. Por el otro, seguimos a Suzu, una tímida estudiante, incapaz de salir de su anodina vida, excepto cuando ingresa a "U". Puede parecer que la fantasía fagocite por entero el argumento, pero Hosoda enfatiza el guion, introduciendo multitud de elementos novedosos, como la misteriosa bestia que encarna al no sometimiento a unas leyes virtuales que a todos nos suenan, y que desmitifican el concepto de "mundo ideal". En esa dualidad entre el mundo que nos gustaría que fuera, y el que realmente es, se va hilvanando un hermoso relato de compasión, lealtad y firmeza ante las injusticias. Una historia con más chicha de la que podríamos suponer, pero que además se ve acompañada de algunas de las imágenes animadas más demencialmente perfectas de los últimos tiempos. Con cosas así, parece complicado atisbar dónde puede estar el límite de unos señores que ponen a prueba nuestra misma percepción sensorial.
Saludos.

domingo, 14 de noviembre de 2021

Rincón del freak #481: Ponga un chup-chup en su vida


 

A los carcas ahora nos llaman pollaviejas. Prefiero carca, que es como de señor mayor con la voz cascada por el aguardiente, en zapatillas y una bata como la de Don Pantuflo. Y a los carcas, los jovencísimos les suelen preguntar por qué, que qué es esa inquina que le tienen a los influencers, youtubers, traperos y demás fauna micológica de última hornada. La respuesta es invariable: son muy sosos. Yo, cuando tenía edad de adornar carpetas con gente influyente, veía un anuncio muy sonoro, que parecía inundar la salita con vapores de cocido, mientras un ama de casa con aspecto de modelo espolvoreaba una especie de cubito mágico, con lo que el almuerzo se revitalizaba ipso facto. Sonaba falso para quienes usaban esternones de vaca, pero para las nuevas generaciones era limpio y efectivo. Así, hay una como modita de poner gente famosa porque sí haciendo como que actúa, pensando que su carisma publicitador hará el resto, lo que suele desembocar en un desastre insalvable. También ha ocurrido en Sitges, donde viene ocurriendo un curioso fenómeno: en lugar de traer las típicas series B (e incluso Z), se inserta un título que las productoras van endosando como caballo de Troya. Este año ha sido SEANCE, que no tiene nada que ver con esas películas de bajo presupuesto que tanto molaban en el festival, y sí con una estafa del tamaño de Villanueva del Río y Minas. Estrambótico cruce entre el Argento de SUSPIRIA, la saga de SCREAM y la mamarrachada de PARADISE HILLS, lo que a mí me ha parecido es uno de esos tebeos "para señoritas", imbéciles por donde se miren, y un aburrimiento que va engarzando un cliché tras otro. Sí, las protagonistas son muy muy sositas, y habría que darles ración doble de Gallina Blanca, pero es que además, señores, por favor... ¡Que están haciendo de quinceañeras y alguna ya está por los 30 y es madre de un chiquillo!... Nuevos tiempos, sin duda...
Horrible.
Saludos.

sábado, 13 de noviembre de 2021

El gran desapercibido


 

Hace unos días desapareció Dean Stockwell, uno de esos grandes actores, rostro intergeneracional, que nunca llegó a ser una estrella rutilante, pero cuya presencia mejoraba sistemáticamente cada película en la que aparecía. Stockwell comenzó en esto del cine nada menos que en 1948, y fue uno de los actores infantiles más importantes de todos los tiempos; pero lejos de quemarse en las habituales adulaciones, fue cimentando una carrera vasta y longeva, que ha durado hasta hace apenas siete años. Siempre será ese poderoso fantasma que interpretaba a Roy Orbison en BLUE VELVET, porque pocos actores lograban que una intervención tan breve fuese tan definitiva para un film. Hoy lo recordamos porque creo que se lo merece sinceramente, y porque la Academia, tan injusta como siempre, nunca le dio un solo reconocimiento; apenas la nominación que obtuvo en 1988 por una comedieta simpaticota de Jonathan Demme, MARRIED TO THE MOB. Incluso en un film tan avejentado como ese, con un Demme pegando la cámara al rostro de Michelle Pfeiffer para que no se noten las carencias que siempre tuvo, y con un tono general que remite directamente a cualquier teleserie con risas enlatadas. Incluso ahí, Stockwell era capaz de construir un personaje ajustado a su medida, un mafioso que se escurría de este guion inocuo, para manifestarse como un tipo mordaz y amoral, de los que va por la vida exprimiendo la de los demás. No, no es una gran película, pero al menos valió esa única nominación.
Inmortal para siempre.
Saludos.

viernes, 12 de noviembre de 2021

Lema repetido=Mantra


 

No es ni muchísimo menos casual encontrar en los créditos de THE MEDIUM a Na Hong-jin, responsable, entre otras cosas, de aquella absoluta maravilla que es GOKSUNG, y con la que ésta comparte la intención, nada desdeñable, de seguir poniendo al día una forma más dislocada y serpenteante de entender el terror en este nuevo milenio. El director coreano escribe el guion junto al director tailandés Banjong Pisanthanakun, con una carrera que se remonta a 2004, y que por momentos recuerda en su pulso a la obra maestra antes referida. Hasta ahí. Porque hay algunas cuestiones que bajan sensiblemente el nivel de este relato de posesiones y exorcismos en la Tailandia rural. Lo primero es capital, y es el horripilante uso de la cámara en mano, ya que la excusa es que "asistimos" a un documental filmado en tiempo real. No sólo no se consigue el efecto deseado, sino que me parece inexcusable que deban ser los propios actores quienes se dirijan a los documentalistas, sin que éstos se integren como tales, y parezcan tan sólo un mal operador. El otro asunto es la duración, 130 minutos que se hacen eternos, y que no sirven para introducir radicales cambios de tono, como sí ocurría en GOKSUNG, que es aún más larga, pero se pasa en un suspiro. Por salvar algo, salvaría la excelente fotografía, a cargo de dos señores tailandeses cuyo nombre me ahorro, y alguna secuencia más o menos impactante, aunque no son muchas. En definitiva, una oportunidad perdida, o la constatación de que repetir fórmulas no siempre sirve como refinado de la misma, sino como incapacidad para avanzar.
Saludos.

jueves, 11 de noviembre de 2021

En un mundo de hombres


 

Hay todavía quien se empeña en no ver, con su ceguera, la desigual fortuna que las mujeres siempre han padecido, obteniendo confort de espinas apenas al ser sumisas, cabizbajas, anuladas. Lorca lo supo y lo plasmó en esa obra de goznes sellados, enaguas ocultas, luto eterno y aire viciado que es, siempre será, LA CASA DE BERNARDA ALBA. Una obra que sirve para muchas cosas, para recordarnos, para que no olvidemos, para que aprendamos y para que no nos pase lo que es un cuento de horror misterioso y telúrico, pero también una denuncia sorda, desde dentro, en la que todos son culpables, y nadie es culpable. Hay una escena en la brutal película de Mario Camus, que pese a su brevedad consigue azuzar el tiempo de esa casa cerrada a cal y canto, a la que acude Pepe "el romano" (sombra despojada de rostro) a sobar por las rejas a una hermana, y luego a otra, desaparecer en la madrugada de grillos, dejar humedades y latidos. Esa escena es la lapidación literal a garrotazos de la infeliz que tuvo la ocurrencia de tener un hijo sin casarse, fíjate tú el pecado, mientras el embarazador puede que hasta llevase alguno de los garrotes. Terrible dentro como fuera, imposible de contener, por mucho que Bernarda Alba (una Irene Gutiérrez Caba cuya frialdad no parece de este mundo) piense que la dicha sólo necesita paredes para resguardarse. El relato es inmortal, imperecedero, repleto de anuncios que lo hacen pretérito o futuro, para que nos avergoncemos también de nuestro presente. La película de Camus es titánica, y hay pocos directores (aquí asoma Bergman indisimulado) capaces de afrontar lo que pertenece al teatro. dotándolo de un espíritu cinematográfico descomunal. Magnífico en los detalles, desigual en los retratos femeninos, con Florinda Chico demostrando lo gran actriz que era, con ese verano andaluz achicharrante, pero que queda helado, como ese tiempo que Bernarda Alba dictamina con golpes de bastón e interminables réquiems, desde que se adentra, junto a sus pobres hijas, en una penumbra que es muerte en vida.
No se puede adaptar mejor.
Saludos.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

El fragmento interesado


 

Si hay una película que ha dividido la opinión este año en Sitges, ha sido VIOLATION, ópera prima de los canadienses Dusty Mancinelli y Madeleine Sims-Fewer, ésta última también protagonista, y probablemente el objeto principal de la polémica. Sea tanto desde su argumento, como por su resolución, y muy concretamente algunas decisiones formales, es complicado alinearse con un film que ejerce una especie de "filosofía a martillazos", más desconcertante cuando se imbrica lo zafio con lo bello. Y es que tendríamos que definir el porqué de ciertas alusiones estéticas, cuando éstas aportan poco a la comprensión de una historia que va triturando a su paso la narrativa misma, en pos de lo único que le interesa: justificar un estado mental discutible en base a un acto indiscernible. Este acto es "reflejado" (por decir algo) en una escena escamoteada en lo visual, por lo que resulta estomagantemente tramposa, cuando no directamente cómplice de lo que me parece puro hooliganismo. Y lo es porque luego hay dos películas más, la que se recrea en planos de la naturaleza, supongo que para enjundiar su raquítico guion; pero también la descaradamente exhibicionista, plasmada en escenas de violencia explícita, tanto que su efecto no es el esperado, y en lugar de escandalizar deja a las claras que cualquier intento de justificación no tiene validez alguna. En los tiempos del #MeToo, es curioso comprobar cómo los balazos a quemarropa de un Scorsese, o incluso los métodos del slasher más infantilista, le hacen menos daño a la lucha feminista que esta incomprensible ceremonia del ojo por ojo, que ni siquiera tiene el valor de exponer un ojo por ojo justo, sino que deja en la conciencia de cada uno que forzosamente exista un posicionamiento. Una lástima, porque hay algunos momentos de cine francamente interesantes, pero que quedan sepultados bajo ese, insisto, indefendible exhibicionismo.
Saludos.

martes, 9 de noviembre de 2021

Métodos rigurosamente reprobables


 

Se nos olvida que todo el mundo tiene un pasado, mediante el que se pueden explicar cosas que se nos escapan vistas desde una perspectiva más cercana. James Wan, que ha ido forjando una reputación como valedor de algunas interesantes franquicias del cine de terror, es a menudo discutido por su estilo, indisimuladamente conductista, y deudor de una estética que los más optimistas creían ya desterrada. El caso es que Wan tiene en ese pasado cosas tan inexplicables como DEATH SENTENCE, o la puesta al día de ese cine de justicieros urbanos que celebraba el fascismo de las armas, sin hacerse una sola pregunta al respecto. Es, afortunadamente, un título que ha quedado muy al fondo de la filmografía de este señor, pero que utilizaba la misma insoportable estética que le dio a conocer en SAW, y anticipaba ese pandillerismo imbecilista de los de FAST AND FURIOUS. Una película tan mal montada, que parece un montón de insertos ensamblados sin ton ni son; y con un Kevin Bacon sobreactuado y directamente imposible de creer, en el papel de un padre de familia corriente y moliente, que se convierte en una especie de Charles Bronson, pero coreografiado. Una tontería como otra cualquiera, y otra oportunidad para seguir desmitificando el cine de este señor, al que cada vez se le ve más el costurón de hilo malo.
Saludos.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Haz turismo


 

Sólo un debutante puede cometer torpezas que acaben dando al traste con una propuesta altamente interesante. Le ocurre a James Ashcroft en COMING HOME IN THE DARK, que también se presentó en Sitges para cubrir la cuota de historias truculentas, que de un modo u otro intentan dar explicación a una violencia sin sentido. Es inevitable escindir este film en dos vertientes, porque así lo elige Ashcroft, que no llega a decidirse por un solo tono, por mucho que la película adopte desde el principio el sonido de un mazazo sordo; físico, sí, pero también emocional. Sin querer desvelar mucho, lo cierto es que no hay mucho misterio, y el grueso de la historia queda meridianamente claro desde sus primeros 20 minutos, un tramo desconcertante y que sugiere la pregunta de cómo diablos mantener el interés durante una hora más. Se trata de una familia normal que se dirige hacia un lugar de vacaciones, y que en una parada se encuentra con dos extraños, cuyas siniestras motivaciones parecen claras, pero que en realidad persiguen un objetivo más oscuro e intrincado. No logro imaginar si el film habría sido mejor sin este logos de turbia moralidad, porque entonces estaríamos ante un slasher más, y aquí hay otros desvíos argumentales. Funciona como retrato del horror nihilista, pero se desinfla al caer en una tendencia del cine actual: no dejar cabos sueltos bajo ninguna circunstancia.
En Sitges pasó casi de puntillas, pero habrá que seguir la pista a este cineasta, al que le queda un inmenso margen de maniobra.
Saludos.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Rincón del freak #480: Tardes de suelo enmoquetado...


 

Aquellas tardes olían a Nesquik disuelto en leche que se compraba en bolsitas y se quedaban sujetas en unos recipientes de plástico. Aún tendría que llegar el Tetra-Brik, que sonaba como a vehículo lunar, de los que uno intentaba armar con el Tente. En las televisiones de dos cadenas, muchas sin mando a distancia, sonaba un grito inconfundible: "¡Yo tengo el poder!". Y un culturista empuñaba una espada kilométrica al amparo de un rugido de tigre, y la pantalla empezaba a poblarse de otras tantas figuras, extrañas, heterogéneas, con cielos nublados y un castillo con una gran calavera en medio. Era Grayskull, y un tipo con capucha y cara de canina se afanaba en dominar un mundo que era medio medieval, porque también había máquinas y pistolas láser. Muy raro todo, pero muy divertido, porque esos señores ciclados te conminaban a no dejar nada en el plato y hacer caso a mamá. Eran otros tiempos, aquellos tiempos suspendidos en la memoria, y siempre había un primo al que los Reyes le habían traído algún muñeco articulado, bastante de hecho, mientras el más pequeño saciaba su curiosidad arrancando algún brazo, tan sólo para comprobar que aquello rotaba por una bolita sujeta con una banda elástica. Todo en orden, todo correcto en nuestras virginales tardecitas de moqueta de economato... Hasta que a esos terroristas apellidados Golan y Globus se les ocurrió que iban a hacer MASTERS OF THE UNIVERSE, con un protagonista menos expresivo que el He-Man original, Bill Conti plagiando la BSO de SUPERMAN, unos malos vestidos como los malos de STAR WARS, Courteney Cox antes de FRIENDS y un enano asqueroso vociferando. Da un poco de pena ver a Frank Langella tomándose en serio esta cosa, y actuando muy del método bajo una máscara de látex. Ni revisionismo, ni mirada indulgente de fan, ni nada, porque ni siquiera tuvieron la decencia de comprar los derechos de los muñecos, así que salen 5 ó 6, aunque la estrecha taquilla no les dio a estos señores para costear la defensa de la demanda que les cayó. Ustedes, los que no vivieron en los ochenta, la van a adorar sin sospechar que su prestigiosa inteligencia va a quedar seriamente dañada. Gary Goddard no volvió a intentarlo, sino que se hizo productor, y ahora se enfrenta a ocho demandas por abuso sexual a niños... Los maravillosos ochenta, por supuesto...
Saludos.

sábado, 6 de noviembre de 2021

Cuarto y mitad del fin del mundo


 

Hay películas a las que se les nota muchísimo el esfuerzo por aparentar lo que no son, pero que con algo más de ingenio podrían llegar a conquistar esa parcela que iguala a los grandes presupuestos con ínfimas producciones independientes. Efectivamente, hablamos del guion, de saber colocar a los personajes, hacerlos hablar, respirar, que no se superpongan inútilmente, y que consiga crear en el espectador la mágica sensación de que lo que está viendo es mucho mayor de lo que realmente es. Ha habido mucho de esto en Sitges, films que se han adaptado como han podido a unas condiciones de producción escasas, o directamente nulas; algunas han hecho de la necesidad virtud, y otras simplemente perecen en su, por otra parte, aplaudible esfuerzo. WE NEED TO DO SOMETHING parece una guion perdido de Shyamalan sobre una familia que queda atrapada en el cuarto de baño, mientras una cruenta tormenta se desata en el exterior. Sin embargo, lejos de ser simplemente un asunto meteorológico, lo que ocurre fuera de ese exiguo espacio podría ser algo mucho peor. Y les advierto que así contada parece una película interesantísima, pero hay un par de cosas que dejan al descubierto que son mejores las intenciones que los resultados. Una es la idefinición de su propuesta, ya que no sabemos si esto es cine de catástrofes, ciencia ficción, terror claustrofóbico o una alegoría sobre familias desestructuradas; nada de ello cuaja debidamente, y la sensación final es la de una débil premisa, que va improvisando pequeños golpes de efecto, algunos viejos como esos manuales para "construir tu propio guion". Tiene algún momento efectivo (efectista más bien), y aunque Pat Healy esté insoportablemente sobreactuado, es un placer reencontrarse con ese conato de scream queen que es Vinessa Shaw, y la joven Sierra McCormick, que sigue pugnando por desembarazarse del hedor de Disney Channel. 
Para pasar el rato, y siendo muy benévolos.
Saludos.

viernes, 5 de noviembre de 2021

Pop life


 

DC da la vuelta, reitera, amaga con el esfuerzo, se muestra terca, inquebrantable, incluso mercenaria. Todo por dar esa vuelta, enseñarle los dientes al vecino. Aquí estoy yo, y vine para quedarme. Imaginen. THE SUICIDE SQUAD no lo oculta en ningún momento, porque hibrida sin medias tintas GUARDIANES DE LA GALAXIA con LA LIGA DE LA JUSTICIA, y para ello es imposible hablar de que Zack Snyder, por una vez en su vida, tuviera sentido del humor. No, porque es más probable que James Gunn sea capaz de alternar la sátira consciente con algunos momentos de acción a todo trapo, sin concesiones a la galería. Esta vez sí, el disparo da en el centro, y DC puede jactarse de estar muy a la altura, aunque para ello haya tenido que traicionarse a sí misma. La primera en la frente. Gunn evidencia que es un creador de espacios únicos, verdaderos metaversos repletos de referencias e ideas locas; y algo de eso hay implícito en un guion mucho más jodido (por complejo) de lo que parece. Porque parece muy tonta, por entero entregada al chistecito, el gag físico, el montaje alterno. No se equivoquen, porque Gunn se fija en el mismísimo Ostrander, para reevaluar los rodeos ideológicos del escritor de Norwalk, que plasmaba en sus brillantes historias la carga de su frustrada vocación sacerdotal. Gunn (insisto, porque es fundamental) parece dar un tirón de orejas a una Marvel que cada vez adopta (y acepta) las peores premisas de DC, por lo que se marcha sin rubor y de paso enseña que los "Guardianes" sí que iban con el freno de mano echado. El "Escuadrón" es más sucia y salvaje, y también incluso más consciente de su propia circunstancia semántica, como estética; puede que hasta sea más divertida, y más ingeniosa. Es cierto que aquélla es mejor película que ésta en conjunto, pero hay algunas cositas que igualan la contienda. Se me ocurren varias, pero la mejor es cómo se va preparando la historia para que cada personaje (y hay muchos) encuentre su espíritu, haciendo avanzar la historia y dando forma a una de las sorpresas gratas de esta atípica temporada. Qué mejor, pienso yo, que una muy atípica película, y a la que hay que leerle los hallazgos muy muy entre líneas...
Sana diversión, y el malo es uno de los muy míticos.
Saludos.

jueves, 4 de noviembre de 2021

El hombre del bandoneón


 

Es comprensible el gran reto que debió suponer el seguir rodando para Mario Camus, más allá de los tres años que lo encumbraron como uno de los nombres clave de la cinematografía española. Sólo eso puede explicar un film tan incomprensible como LA VIEJA MÚSICA, una amalgama de intenciones incapaces de cuajar en un todo sólido, y ni siquiera coherente. Por un lado, hay una historia de amor tardío, con un Federico Luppi recién llegado de Uruguay a Lugo, donde se obsesiona con encontrar a una mujer que es Charo López, con la que sintió lo único que mantiene su ilusión por vivir. Luego hay un salto mortal en el guion, puesto que Luppi viaja con una niña bilingüe, que constantemente pone conferencias con Estados Unidos para hablar, suponemos, con su madre. El doble salto mortal es el del detective privado interpretado por Agustín González, que ha sido contratado para convencer a la niña de que vuelva con la susodicha. Hay uno triple, que nos habla de cómo Antonio Resines se ve obligado a vivir en un hostal, porque Assumpta Serna, que enseña francés, es una castigadora impenitente. Aún más, le podemos añadir un doble tirabuzón, porque Luppi ha llegado en calidad de entrenador de baloncesto para entrenar al mítico Breogán, precisamente sustituyendo a Resines. Hay tiempo hasta para un inserto que no sabemos a qué viene, con Paco Rabal poniendo discos de tango a un Luppi estupefacto. También sale Charo López un rato solamente, pero nada puede remontar este previsible desastre; que se puede perdonar, claro, pero desastre al fin y al cabo. Apenas son interesantes algunas escenas de archivo de aquel baloncesto de calzonas ceñidas y pelo en pecho, de público fumando y anuncios de Fundador. Es con el que algunos crecimos...
Saludos.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Amor de madre


 

Volviendo a Sitges, también se pudo ver SON, una atípica coproducción entre Irlanda y Estados Unidos, y que dirige el también irlandés Ivan Kavanagh, que ya llamó la atención hace un par de años con NEVER GROW OLD, un western de formas novedosas. SON es lo que parece ser, un relato de terror, solo que embebido de unas formas muy alejadas de cualquier estridencia, y más centrado en el factor psicológico, que aquí cobra dimensiones insoslayables. Tiene un punto muy fuerte, que es la expectativa de que siempre puede ocurrir algo extraordinario, que dé sentido a lo inexplicable o termine por retorcer una realidad cada vez más enrarecida. Pero también un punto flojo, que es la propia dificultad de su moroso guion por hacerse entender, lo que curiosamente entreteje  momentos de alta intensidad con otros directamente anodinos. Con la premisa de las sectas, y las secuelas que suelen dejar en sus antiguos integrantes, se nos presenta la historia de Laura (Andi Matichak, un descubrimiento), que vive sola con su hijo, hasta que éste comienza a manifestar una serie de extraños síntomas, que ningún médico acierta a explicar. Con la amenaza latente de su pasado, Laura se debate entre proteger a su hijo o enfrentarse a su pasado, ciertamente escabroso. Así, el film llega a un punto en el que necesita de toda la colaboración de un espectador que ha de volverse forzosamente crédulo, si pretende dotar de verosimilitud a la segunda y controvertida parte del film. Ahí gana enteros, y sus locos giros al menos son solventes; el problema lo tiene si la intención es lineal, y se quiere abordar como un guion convencional. Entonces, es una película de terror al uso, más o menos entretenida, pero nunca una genialidad. Ah, y el niño da bastante mal rollo, y con razón...
Saludos.

martes, 2 de noviembre de 2021

El sentido de la épica


 

Uno de los problemas más acusados en el terreno de la fantasía, suele ser la épica bien entendida, porque a menudo está muy mal entendida. Se entiende mal porque se mira con fruición al fan, al entendido, y se deja fuera al espectador más virgen, por lo que deja de cumplir su gran función, que debería ser la adhesión a un género que permite, tanto a creadores como aficionados, la expansión de sus expectativas. En la fantasía épica, por ejemplo, se ha vivido un auge tan desmedido, que se empezó a crear una pléyade de títulos a rebufo de los que sí hurgaban con dignidad en un terreno tan resbaladizo. DRAGONSLAYER es una joya escondida, que cuenta ya con nada menos que 40 años, y que descubría a una Disney que intentaba establecer un camino diferencial, no tan dirigida al público infantil, sino a uno más preparado para una historia que rezuma fantasía y épica por los cuatro costados. Una película que incomprensiblemente ha caído en un ostracismo difícil de explicar, y que apenas sobrevive en el imaginario de verdaderos fanáticos del género. Una historia con dragones que devoran princesas, magos y sus correspondientes aprendices, espadas, brujería y todos los ingredientes que hoy día tenemos asimilados, por muchos subproductos que hayan generado. Su director, Matthew Robbins, es más reconocido como guionista, y su carrera posterior fue breve y errática. Pero por allí estaba, por ejemplo, Alex North, descolgándose con una partitura absolutamente majestuosa. Una elegante fotografía a cargo de Derek Vanlint, que puede que no les suene, excepto por ser el director de fotografía, por ejemplo, de ALIEN. O, sin ir más lejos, el diseño del terrible dragón, que fue obra de un señor hoy muy presente, como es el triple ganador de un oscar Phil Tippett. 
Una película a descubrir, con algunos problemas de ritmo, es cierto, pero con ese sentido de la épica maravillosamente intacto.
Saludos.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Sombreros en la nieve


 

En Sitges se pudo ver también, por ejemplo, CLIFF WALKERS, último trabajo de ese precursor de tantas y tantas cosas que ya es, por derecho propio, Zhang Yimou. Una película impecablemente realizada, pero algo confusa en su desarrollo, sobre todo por la inclusión de decenas de personajes que finalmente parecen más accesorios que fundamentales, y parecen poco menos que comparsas de un todo mayor, y mejor. La fotografía es deslumbrante, el diseño de producción apabullante, y Yimou maneja los tiempos de la épica con la misma soltura que las escenas íntimas, creando momentos gran belleza y un suspense deudor de los grandes maestros ¿Qué falla entonces, para que no pasemos de indicar que "sólo" es una buena película? En mi opinión, una trama en exceso densa, y que curiosamente disipa la atención del espectador al derivarse en demasiadas subtramas. El film es, al mismo tiempo, una historia de espías a la vieja usanza, que en realidad encubre una desgarradora crítica a la barbarie cometida por la ocupación japonesa, más concretamente en la región de Manchukuo, y en una década, los 30, en la que se gestaba lentamente el ideal de superimperio japonés. Ahora bien, se atraganta ver a un director con tantas tablas como Zhang Yimou, conformándose con una más que sectaria visión social, la de los "intrépidos" agentes comunistas...
Saludos.

domingo, 31 de octubre de 2021

Rincón del freak #479: Nazis, palurdos, ermitaños y travestis de la tercera edad


 

Lo de hoy es muy raro, maldita sea. Tengo la sensación de haber alcanzado una cúspide (o una sima, más bien), un non plus ultra de lo roñoso por inexplicable. Uno de esos ejemplos de que el cine (o lo que sea esto) nunca acabará de sorprendernos, sobrepasando nuestras expectativas más locas. Esta película (siendo muy muy condescendiente) es uno de esos mitos, casi leyenda urbana, que se transmitía por algunos mentideros de los muy oscuros y bizarros. Todo el mundo hablaba de una película hecha por un tipo de Huelva, que se presentaba a sí mismo como Rodjara (acrónimo formado por sus dos apellidos), y que tenía un guion tan delirante que el término freak se le quedaba corto. Con una realización que roza la indigencia, unos actores que probablemente pasaban por ahí, y unas escenas sexuales (obtuvo una meritoria "S") que parecen hechas por un numerario del Opus, todo lo que queda es una especie de opereta a mitad de camino entre Paulo Coelho y John Waters, o como si a Todd Solondz le quitamos la mala leche y lo investimos de una filosofía capuchina. DIMORFO, que así se llama esta cosa, comienza con una especie de ermitaño descalzo y con peluca yeyé, y unos nazis de casco acharolado y trabuco bandoleril, que persiguen a dos tipos completamente desnudos (debe ser el film con más fijación por el integral masculino de la historia). Los perseguidos mueren y el monje intenta huir, porque por lo visto es judío, pero el nazi se lo piensa antes de matarlo porque es su cumpleaños (lo juro)... el del nazi, claro. Con una herida de bala, llega a un caserío que pareciera galáico, aunque no termino de ubicarme, y los ropajes remiten como a los Cárpatos... yo qué sé. Allí vive una vieja, que desde el primer minuto se sabe que es un viejo, porque tiene barba (la escena del afeitado es de descojone), su hijo, que es un cazurro salido que ha estado en un psiquiátrico, y su insatisfecha mujer, que es rubia teñida y se lo monta con el monje a las primeras de cambio. A partir de ahí, imaginen lo que sea porque Rodjara lo hará posible como si nada. Hay interpretaciones de grupo teatral de residencia de ancianos, música puesta a destiempo, un doblaje de los de cobrar y huir, y una ambientación, un vestuario, unas pelucas... Aun así, este tipo se permite reflexionar sobre la conveniencia de un camino justo y libre de mentiras, justo antes de que lleguen los nazis y nos hagan un favor dando matarile a esta cuerda de imbéciles, a los que nunca nadie debió convencerlos de que podían coger una cámara y perpetrar esta barbaridad...
Por suerte, es casi inencontrable.
Saludos.

sábado, 30 de octubre de 2021

Una noble empresa


 

Una de las curiosidades este año en Sitges ha sido la última propuesta de los franceses Maury/Bustillo, adeptos al NFE, y con las miras puestas en un cine capaz de aunar lo truculento con lo reflexivo. Con menos de lo primero que otras veces, aunque tampoco con tanto de lo segundo, THE DEEP HOUSE se queda en un alarde técnico con un par de sustos bien coreografiados, pero que no son suficientes para justificar los "eternos" 80 minutos de este multihomenaje. Por un lado, al cine de casas encantadas, por otro al de zombies, pero también a esa nueva moda de la exploración urbana, en la que gente que grita mucho camina susurrando por pasillos en los que no hay nada ni nadie (primero susurran y luego gritan). La gracia aquí es que la casa en cuestión está sumergida en un lago, y todo lo que ocurre lo hace bajo las leyes de la inmersión, que dotan al film de una especial fantasmagoría, no siempre bien aprovechada. Los protagonistas, correctos, aunque en puridad sólo actúan el primer cuarto de hora, y ya luego sólo escuchamos sus voces, son la modelo Camille Rowe y el incipiente James Jagger, hijo de Mick, que poco a poco va logrando abrirse hueco en la industria. Una película que tiene un lastre paradójico, el de su ingenioso rodaje subacuático, que es finalmente mucho más interesante que una trama, para qué engañarnos, muy muy trilladita.
Se puede ver dentro de su inevitable intrascendencia.
Saludos.

viernes, 29 de octubre de 2021

Ricochet


 

COPSHOP es una película que demuestra fundamentalmente un par de cosas. Que por fin Joe Carnahan (y ya tiene una carrera dilatada) ha decidido anteponer un guion bien construido a una amalgama de golpes de efecto, sepultados casi todos por el peso del lugar común. Eso primero, pero luego pasa que Carnahan no es Tarantino, aunque esta película tenga un 80% de su cine. Es decir, que el guion está efectivamente bien construido, pero la mayoría de lo que se dice y se hace son chorradas. Chorradas efectistas, entretenidas, que incluso pueden engañarte por un segundo, haciéndote creer que estás viendo algo mucho mejor de lo que finalmente es. COPSHOP finge ser enrevesada, ingeniosa, incluso osada en la psicología de algunos personajes; esto, hasta más o menos tres cuartos de film (que no está mal), y aunque el descosido se vea, funciona en su alocada mezcla de thriller, comedia negra y locura al borde de ser consciente de sí misma. Lo bueno, la mayoría de actores, con un muy buen Gerard Butler a la cabeza y un no menos solvente Frank Grillo dándole réplica; lástima que la elección de la joven Alexis Louder, pretendidamente explosiva, personalmente me termine resultando cargante. E insisto, con paciencia y laboriosidad, Carnahan y Kurt McLeod van encajando las muchas piezas de este cruce entre LOS ODIOSOS OCHO y ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO 13, pero apenas pueden resistirse a abrocharlo con un desenlace que, lastimosamente, nos remite a un título suyo. Efectivamente, hablamos de EL EQUIPO A...
Saludos.

jueves, 28 de octubre de 2021

El norte


 

Casi oficiando de preámbulo al film de Erice, LOS DÍAS DEL PASADO también indaga en la soledad de una mujer (una estupenda Pepa Flores), trasplantada de su Málaga natal a un norte inhóspito de posguerra, aunque los motivos no son casuales, y ni siquiera responden a su recién estrenado puesto de maestra local. Juana busca a Antonio, que desapareció tras la guerra, que él sigue librando desde las montañas, con los maquis. Ángel, un chaval que nunca ha ido a la escuela, sabe el paradero de los maquis, y entabla una amistad de ayuda recíproca con Juana. 
De carácter más prosáico que el referido, Camus sí parece adelantar lo que ofrecería más tarde en LOS SANTOS INOCENTES, sirviéndose de la peripecia sentimental de esta mujer para trazar un retrato implacable de esa España oscura, fría, desalmada, perfectamente enclavada en esos montes inaccesibles, paradójicamente el único cobijo para quienes están sentenciados. Así, Juana simula ser una más entre unos lugareños que no sospechan sus intenciones, y que incluso podrían ser amigables mientras se mantenga la farsa. A destacar también una fantasmagórica fotografía a cargo de Hans Burmann, y algunas intervenciones secundarias, que sin embargo se antojan demasiado breves y anecdóticas, como la de Manuel Alexandre, que tiene una pequeña pero memorable aparición. Una película que ha quedado inexplicablemente olvidada (qué grande ha sido la sombra del Camus posterior), pero que ofrece una mirada francamente interesante a una época que nunca querríamos reconocer como nuestra, y lo es.
Saludos.

miércoles, 27 de octubre de 2021

Generación espontánea 2


 

A vueltas con esta HALLOWEEN KILLS, hay dos motivos por lo que la presuntamente última secuela (y esperemos que cierre definitivo) se hace imprescindible. Una es zanjar la agotada y agotadora franquicia; la otra es comprobar si aún se puede confiar en que exista un personaje que no sea completamente estúpido. Esto es aún más desquiciante en esta nueva entrega, y llega el momento en que uno espera impaciente que Michael Myers se quite la máscara y le explique a la cohorte de palurdos que lo persigue, cómo se le descerrajan seis tiros en la cabeza a alguien que yace inconsciente en el suelo. Sí, ya sé que guiarse por las leyes de la coherencia no es recomendable si lo que se quiere es transitar por un slasher, pero entonces hubiera sido mejor tirar por la calle de enmedio y valorar un giro muy loco, un poco a lo Drew Goddard. Como esto no ocurre, me queda claro que entre la constante genuflexión de Gordon Green, y sus infinitesimales aportaciones vía comedia destroyer, lo que queda es lo esperable, un afán recaudatorio para la Blumhouse, que estira el chicle con los mismos trillados argumentos que aquellas otras vergonzosas continuaciones. Mejor hecha, sí; más respetuosa, también; pero no por ello más necesaria.
Tiene dos o tres momentos que sólo pueden tacharse de ridículos. O el supuesto cierre del año que viene es la bomba, o podemos estar ante un bluff ciertamente importante.
Saludos.

martes, 26 de octubre de 2021

Generación espontánea


 

La presentación en Sitges de la última puesta al día del clásico de John Carpenter, es el motivo por el que me he decidido a retomar una franquicia que en mi opinión ya había dado de sí más de lo que debiera. Aun así, hay algún punto de interés para comentar sobre HALLOWEEN, de 2018, y evidentemente de su actual continuación. Lo primero que llama la atención es la elección de David Gordon Green para hacerse cargo de un universo que aparentemente está muy alejado de su trayectoria como cineasta. Un reto difícil de defender si solamente se lo compara con la creación de Carpenter, pero que cobra sentido cuanto más se aleja de él. Desgraciadamente, esto sólo ocurre en contadas ocasiones, y este HALLOWEEN termina cayendo presa de su propia incapacidad para generar nuevos conceptos. Todo parece girar sobre el respeto reverencial, no ya al original, sino a su propia idiosincrasia fílmica; algo ridículo, porque "aquélla" era una película rodada en 1978, y ésta, 40 años después, no muestra un solo signo de pertenecer a a su año de rodaje. Gordon Green oficia aquí de admirador rendido, discípulo noqueado por el honor de devolver la gloria a su maestro, por las bazofias que se han visto sucesivamente. Esto sólo ocurre cuando el guion se atreve a explorar lo que Carpenter dejaba deliberadamente en el aire: las motivaciones de este asesino implacable e imperturbable, llamado "la forma" porque el cuerpo de Michael Myers quizá no sea más que un recipiente para ese mal que no se detiene ante nada. Esto ocurre muy poco, apenas cuando se nos permite atisbar a un Myers visiblemente envejecido (aunque su rostro se nos sigue escamoteando), reverenciado asimismo (de ahí la metarreferencia) por el doctor que lo ha investigado durante su larga reclusión. Es un espejismo, y curiosamente la película se torna previsible con su protagonista en pantalla, y sólo cobra algo de interés cuando Gordon Green hace lo que sabe, que son esos retratos incómodos sobre gente que se resiste a ser encasillada. Pero claro, eso hubiese sido otra película, me parece a mí...
Saludos.

lunes, 25 de octubre de 2021

Establecimiento de victimarios


 

Con SPIRIT UNTAMED, Dreamworks vuelve a errar el tiro. Es lo mejor que se puede comentar de una revisión sosa, acaramelada y sin una sola idea original que, al menos, nos explique qué hacemos viendo una película que sólo puede tener acomodo en un fondo de catálogo, y muy al fondo. La animación, bien, pero sin fondo narrativo; la historia, más que trillada, cansina; los personajes, nos harían falta críticos de cinco años de edad para que nos explicaran sus motivaciones. Se supone que estamos en plena época y situación de un western, pero todo es indiscernible, y podríamos estar en 2021 sin problema. En definitiva, un bostezante producto prefabricado, bien pulido y abrillantado, pero sin nada original que nos pueda hacer dudar sobre el verdadero lugar que su productora ostenta a día de hoy.
Aburrida y poco más.
Saludos.

domingo, 24 de octubre de 2021

Rincón del freak #478: El relleno del aguacate


 

Lo que debería ser una ventaja, se convierte a menudo, por simple y llana inexperiencia, en una losa capaz de obturar cualquier atisbo de mérito o talento. Ocurre sobre todo en las óperas primas, que pierden en capacidad narrativa lo que casi siempre ganan en frescura y desparpajo. HOSTS, por ejemplo, es una película encomiable, por ser el fruto colaborativo de un grupo de entusiastas, en mitad de la pandemia, por sacar adelante un proyecto con escasos medios, pero un gran entusiasmo. Luego está, claro, la película, con multitud de problemas intrínsecos, con los que deberíamos ser indulgentes, pero que la dejan como una producción tibia y nimia, con muchísimas e indisimuladas referencias (no siempre bien elegidas o resueltas) y una historia que siempre parece querer ir por el lado equivocado. Para ser un film corto, el arranque es largo y meritorio, lo mejor sin duda, y ofrece un extenso preámbulo de normalidad alterada, con una pareja que de repente se ve "poseída" por algo que (otro error) nunca vemos qué es. Esrto encadena con la cena de navidad a la que son invitados por sus vecinos, donde también hay un par de momentos ingeniosos, y que casi recuerdan al mejor y más juguetón Ben Wheatley, con esas escenas de costumbrismo retorcido. Una lástima, porque luego el film se desparrama por un pseudogore de andar por casa, y no podría reconocer casi ninguna idea de verdad sorprendente. Es un film modesto, y eso lo salva del desastre absoluto, pero queda en una de esas curiosidades intrascendentes que cada año copan el cartel de Sitges... Lo que me recuerda que debería iniciar un repaso a dicho festival, que este año ha sido especialmente interesante...
Saludos.

sábado, 23 de octubre de 2021

¿Asno o maestro?


 

Qué película más desaprovechada es THE VOYEURS, sobre todo después de sobreponerse al complicado reto de adueñarse del motivo hitchcockiano (imposible apartar la mirada de ahí), hacerlo suyo y, a partir de ahí, convertirse en otra cosa, que juguetonamente pretende jugar en la liga de un Atom Egoyan. Demasiada presunción para lo que finalmente se revela, que es a un director que enjuga su inexperiencia tirando de manual televisivo. Y es que el juego de ventanas, exhibicionismos y aspiraciones/envidias, se abre tímido, presentando a una pareja que al fin logra un buen sitio para vivir juntos, y que se encuentra con la anécdota de unos vecinos de enfrente que, manteniendo sus amplios ventanales siempre abiertos, revelan una agitada vida sexual, socialmente sofisticados, e incluso con amagos de lo que podría ser una promiscuidad galopante. Ellos, normalitos, se medio excitan y los medio envidian, y convierten esa conexión visual prácticamente en una especie de espectáculo online. Pero deciden dar un paso más allá, tan sólo para descubrir que la vida de sus vecinos no es tan luminosa, y que incluso podría poner en peligro su propia relación. Hasta ahí más o menos bien, pero los bandazos narrativos (de tono, básicamente) son tan acusados, que llega a parecer que hay tres o cuatro películas diferentes (y no siempre corresponsales entre sí), a lo que contribuye un metraje excesivo para lo poco que se cuenta, que me parece de una mojigatería insoportable, especialmente cuando llega el momento de dar giros imposibles, la mayoría gratuitamente ufanos de sí mismos. Una película, insisto, incomprensiblemente desaprovechada, y cuyo conservador espíritu queda explicado en una escena igualmente ininteligible, en la que se cita la célebre fábula de Esopo sobre el asno inconformista...
Se puede ver, pero terminarán mosqueándose. Lo mejor, la versión (muy bien traída) de Billy Idol.
Saludos.

viernes, 22 de octubre de 2021

Little Torino


 

Hay dos pulsiones exageradamente contrapuestas en una película como STILLWATER, quizá más. Pugnan por salir, yuxtaponerse, abarcar la totalidad de la historia, anular la una a la otra, hacerse visible como un destructivo vampiro lo haría, aun a riesgo de arrasar con toda credibilidad. Tom McCarthy es un excepcional director de actores, lo lleva demostrando desde aquella maravillosa y algo lejana THE STATION AGENT, que sirvió, entre otras cosas, para que el mundo supiera de la existencia de Peter Dinklage, un gran actor. La proeza de McCarthy en su última película es, asimismo, convertir a Matt Damon en una especie de "gran descubrimiento", como si fuese la primera vez que vemos en pantalla a esta superestrella, y eso habla muy bien de ambos, actor y director. Pero hay más. STILLWATER parece un drama carcelario, una historia de superación personal o el retrato desajustado de toda una sociedad encarnada en la muy eastwoodiana interpretación de Damon, summum de los cuerpos extraños trasplantados a la fuerza a un entorno en el que se mueven pesadamente, pero con la determinación de sus convicciones. Si elegimos el drama de este padre coraje, hay una sensación latente de vergüenza ajena, pero son casi dos horas y media en las que cabe otra película muy diferente, bastante mejor, la que narra la estadía de ese hombre directamente incrustado desde Oklahoma a Marsella. Esa es la la historia que debería haber prevalecido, y que me juego algo a que es aportación de un estupendo guionista como es Thomas Bidegain, y donde reconozco deslumbrantes destellos de la soberbia LES COWBOYS, con la que este film comparte muchos lazos afectivos. Es, en definitiva, una especie de cruce improbable entre MISSING, UN PROFETA y GRAN TORINO, y esa es una proeza que pocos directores pueden solventar sin que se note la impostura. Pero ojo, porque si nos olvidamos de esta maraña de referencias, STILLWATER es, al fin y al cabo, una película bastante entretenida, y que apenas pierde rumbo cuando se quiere poner solemne, mientras que se eleva poderosamente a través de algunos diálogos hermosamente hieráticos.
Se puede ver, e incluso se debe ver.
Saludos.

jueves, 21 de octubre de 2021

Los amores tardíos


 

En una escena especialmente significativa, Elisa, muchacha bien, ya no tan joven, asustada de posibles bandazos sentimentales, roza el libro abierto que supone está leyendo Pablo, hombre maduro e inmaduro, marinero de timón suelto, probable suicida de los lentos, y luego entra en una librería a comprar la misma edición, de Austral, que siempre le fue tan bién a Baroja. Ahí se resume todo lo que cabe en LOS PÁJAROS DE BADEN-BADEN, liberrísima adaptación de la novela de Aldecoa, a cargo de Manolo Marinero y Mario Camus, y que, casi 50 años después, no ha perdido nada de su modernidad, al contrario, adelanta a una gran cohorte de cineastas españoles, algunos "afrancesados", pero no es el caso. La historia es clara, contundente, aun asiéndose de esas poesías desesperadas que parecen impregnarlo todo, el fracaso, la culpa, lo estéril y lo nimio, todo para incluirnos también a nosotros en esta historia de amor que no puede funcionar de ninguna manera, y que por ello es más verdadera y triste. Un amor que habla de soledades más que de felicidades, y un amor que se intuye en la seriedad de ella cuando descubre lo frágiles que son esas caricias de lobo de mar. No se puede ayudar a los orgullosos, no se debe, y por eso hay una fractura como chasquido de hueso cuando él accede a acompañarla a su mundo de junlais de camisita y chaletazo, donde casi unos puñetazos sean más dignos que ese falsísimo afecto familiarizante. Y cobran más sentido aún las tardes de plena libertad, con el torso siempre desnudo de él y la comprensión entregada de ella; queda todo para un verso insuperable de Claudio Rodríguez, tan amargo como un vinazo en un jarrillo de lata desconchada. 
Estupenda e increíblemente olvidada película de un director tan seguro de sí mismo, que era capaz de despistar al más avisado con un arranque que invoca un desarrollismo indignante. Nada más lejos, como la estremecedora partitura del maestro García Abril, otra maravilla...
Absolutamente contemporánea.
Saludos.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Print the legend


 

He llegado casi un año tarde a THE MANDALORIAN, la gran sensación en formato serie de dos marcas tan universales como Disney y Lucasfilm, y a las que ha revigorizado de una forma que no sé si sus responsables esperaban tan contundentemente. Y en mi caso, curiosamente, son sus dos hándicaps los que me han hecho reencontrarme con un disfrute genuino, y que ya creía definitivamente desterrado. Como ustedes ya saben, ni soy un devorador de series, ni el universo "Star Wars" me conmueve más allá de sus valores cinematográficos, los cuales el propio Lucas se ha ido encargando de socavar a base de exprimir la gallina. Y créanme, no es el caso que nos ocupa. THE MANDALORIAN parece un western de Raoul Walsh, apegado a códigos inmarcesibles, obsesionado con un afán casi termodinámico de la imagen en movimiento, y con una historia de fondo tan simple y sobada, que hilvana la complicidad del espectador sin pedirle adhesiones inúties, como sí ocurre con el fenómeno fan. No le hace falta, porque todo está narrado con seguridad, desparpajo y un loable sentido de la responsabilidad; y todo compartimentado en pequeñas cápsulas de poco más de media hora, que invocan aquellos antiguos seriales en cine, tanto como el cómic de grapa, que en su máxima expresión coleccionista siempre era quincenal. Lo que nos ha regalado Jon Favreau es algo que me encanta sobremanera, y que a él lo encumbra como uno de esos fantásticos artesanos, siempre al servicio del cariño que él sabe que se le puede llegar a tener a un puñado de personajes, aunque no hagan más cosas de las que hacían Wayne, Fonda o Eastwood, que son esos rostros tras la enigmática máscara que porta este nuevo icono de la cultura popular, y que Pedro Pascal interpreta memorablemente, con un uso de la voz magistral. Es este héroe, que al principio (como en casi todos los westerns) nos va a resultar antipático, el único que puede salvar el día, y esto queda encarnado en un adorable bebé de 50 años, de grandes orejas y tiernas facciones, pero que es objeto de cazarrecompensas de todo el universo. Porque hay mucha acción en THE MANDALORIAN, y muy buena, pero son esos gozosos momentos de complicidad entre un tipo al que no le vemos la cara, y ese pequeño objeto del deseo, los que marcan la diferencia en esta maravillosa serie, que nadie debería perderse y que aporta una visión muy interesante a un universo que daba síntomas de fatiga a poco que se lo observara con lupa desapasionada.
Si algo te hace sonreír, llorar y saltar de tu asiento, saber que estás en el lugar adecuado...
Saludos.

martes, 19 de octubre de 2021

El abismo siempre devuelve la mirada #8


 

WIENER-DOG, que cuenta ya con cinco años, es el último trabajo hasta la fecha de Todd Solondz, aunque se está ultimando su nueva y esperada película, muy probablemente para finales de este mismo año. Se trata de una especie de "fin de ciclo" (aunque sea ésta casi una constante), o un compendio-homenaje- explicación a prácticamente toda su filmografía anterior. Un simpático perro salchicha oficia de nexo inesperado entre un grupo de personajes (algunos ya conocidos), mientras pasa de mano en mano, de un niño que ha superado un cáncer a una crecida Dawn, que trabaja como veterinaria; la novia de un estrafalario artista conceptual llamado Fantasy, o un director de cine frustrado y amargado, que se gana la vida dando clases, mientras espera eternamente que le acepten un guion. Probablemente sea su película más compleja, y no es fácil entender sus claves "en seco", por lo que me parece imprescindible una revisión a la obra anterior antes de ponerse con ésta. Fragmentada en una serie de episodios, sin mayor conexión que este perro, protagonista mudo e impasible, pero nuevamente muestra la faceta más amarga y desencantada de su autor. Solondz comprende lo destructivo que es el campo de minas de las emociones, y ofrece un ramillete de personajes sombríos, derrotados, incapaces de dotar de un sentido sus heladas vidas. Desembocando en una de sus mejores reflexiones, una estupenda Ellen Burstyn descubre sus ojos mientras mira, no el final de su vida, sino algo mucho peor: todas las posibles vidas que podría haber tenido, y que han venido tan sólo para decirle adiós para siempre...
No la vean si han tenido un mal día.
Saludos.

lunes, 18 de octubre de 2021

Describir Palencia








 

Con mi Tourmalet íntimo en materia de lecturas, me encuentro descubriendo a un magnífico escritor, diferente escritor, como es Santiago Lorenzo. Y de repente me llega el flashback: "Yo a este tío lo conozco de algo". Y me pongo a indagar, y veo que efectivamente había tenido un par de incursiones en esto del cine, y que yo había visto una película suya (la primera de dos) hace muchos años en el cine. Y que, aunque algo olvidada, recordaba que otra cosa no, pero mala baba destilaba a raudales. Y es que a MAMÁ ES BOBA se le podrán achacar cosas, casi todas de índole técnica, pero todas palidecen ante el vitriólico retrato de una sociedad infecta, perfectamente sintetizada en la primera frase de Martín, el pequeño narrador (acaso el Lorenzo niño), que traza un desvalimiento nihilista mientras es sistemáticamente acosado en el colegio: "Me llamo Martín Zamora Perdulí, vivo en la calle Bustamante 25, que está en una ciudad llamada Palencia (con P), España, Europa, la Tierra, el Universo". Uno de los arranques más tristes y bellos del cine español, con la hermosa partitura de ese otro gran olvidado, que es Malcolm Scarpa. Pero la película va mucho más allá, y apenas pasa de puntillas por la circunstancia de ese pequeño tallador de gomas de borrar. Aprovechando que mañana se acaba momentáneamente el monográfico de Solondz, son muchas las similitudes entre éste y Lorenzo, mostrando las pequeñas miserias de unos seres humanos empequeñecidos, desorientados. Y sobre todo, este film es Faustina Camacho, la poderosa presencia que daba vida a Gema, la madre de Martín; una persona inocente de tan buena, incapaz de una sola doblez moral, y que de la noche a la mañana se ve presentando un noticiero en la recién inaugurada televisión local (TeleAquí... que tiene mandanga), aunque por cuestiones más aviesas de lo que cabría suponer, gracias (o por culpa) de Ana Cooper, responsable de dicha cadena. Camacho se adueña de la pantalla con naturalidad de la que ya pocos actores españoles tienen, y que pertenece a otros tiempos. Su epopeya, y la de su hijo Martín, y también la de su marido Toribio (especialista en chistes malos), es un espejo insoportable de mirar, y ahí estamos todos, los vanidosos y los rastreros, los envidiosos y los trepas, los ignorantes inflados de pedantería, mientras se ríen de los que consideran inferiores. Y es que todo comienza en el patio de un colegio, pero es un veneno indeleble, y que se esparce rápido y por mucho tiempo...
Desde luego, si hay un film de culto y a descubrir en este país tan rácano para estas cosas, es éste. Su protagonista, desgraciadamente, ni siquiera pudo verlo  estrenado...
Saludos.

domingo, 17 de octubre de 2021

Rincón del freak #477: A 10 pársecs del telescopio Keck


 

Oye, que dice David Card que no, que ganar más dinero no es malo... incluso para los que menos tienen. 
Puede que se trate de un bolivariano disfrazado de liberal. Este mundo ya no es lo que era...
Con lo chulo que era ver al calvo de Amazon ir al espacio. Y volver ya ni te digo.
En Canarias hay telescopios capaces de quincar un quasar, y hasta un pulsar, fíjate.
Sí, pero todos se perderán como chalecitos bajo la lava...
Entonces nada tiene sentido, podemos dar rienda suelta a nuestro infame deseo psicópata.
Aun a minutos del apocalipsis, me juego la pescueza a que te meterían en el trullo. Uno canario, a ser posible...
Entonces lo de la pandemia era un rollo todo.
Sí, para despistar con lo del calvo y el volcán y el Nobel y eso...
Podía ponerse un injerto, que los astronautas calvos no venden. 
Nadie se hace millonario despilfarrando el dinero en champús, suavizantes, mascarillas ni peines...
Sabias palabras. Siempre dije que lo de ver películas te hacía un Sócrates. Pero dime, muchacho ¿qué maravillosa obra maestra del séptimo arte acabas de pimplarte como quien un bollito de leche se come?
Cómo no. SPORTKILL...
Yo le pedí un autógrafo una vez a Dona Wood.
¿Y te lo dio?
¿No le han dado el Nobel de economía a David Card?... pues eso.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!