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jueves, 20 de febrero de 2025

Bambi y los cazadores


 

Con muchos recelos me acerco a AKU WA SONZAI SHINAI (EL MAL NO EXISTE), último film del cineasta japonés Ryûsuke Hamaguchi, y todos provenientes de la sensación de "estética vacía" que me dejó DRIVE MY CAR, con la que no comparto el elevado entusiasmo que suscitó en su estreno. El resultado, al menos en su primera mitad, es más que satisfactorio, con una depurada visión acerca de la calmada y respetuosa vida de una comunidad rural, que se ve amenazada por la inminente construcción de los típicos y horrorosos resorts de lujo (aquí los llamamos erróneamente "casas rurales"), que además suponen un desastre ecológico, al contaminar sus aguas. Esto abarca desde que dicha comunidad nos es presentada, hasta la entrevista de los delegados de la empresa (la mejor escena con diferencia), para seguidamente tomar una deriva en mi opinión incomprensible, que desemboca en un final sensiblero, innecesario y ligeramente paródico. La película, a mitad de camino del cine de denuncia social y un contemplacionismo de dura justificación, se crece cuando lo que cuenta es comprensible, construyendo unos personajes complejos y que hacen avanzar la trama. Lamentablemente, me parece que Hamaguchi tiende a relamerse innecesariamente, o a convertir sus historias en pasto para los aborrecedores del "cine cultureta", como si quisiera contentar a unos y otros. Y eso, normalmente, no sale bien.
Es una buena película porque está rodada estupendamente, pero yo a este director le exigiría algo más de claridad en el tono.
Saludos.

domingo, 27 de marzo de 2022

Rincón del freak #500: Hemiplejia de una poética desordenada


 

No sé qué diablos pinta DRIVE MY CAR en los oscar, pero su inclusión me ha dejado perplejo por muchas razones. La principal es cómo se le ve el plumero a la Academia de Hollywood cada vez que pretende "lavar" su imagen. Da igual el cupo de películas a concurso, el reparto de nominaciones o los vasos comunicantes con otros festivales (si es que los oscar son un festival, claro). Es notorio y cristalino el envainado en estos casos, que por un lado parece ansiar el nuevo PARASITES, y por otro dar un codacito de complicidad a Europa. No era la película, porque de ser un gran film, DRIVE MY CAR debería ganar de calle, aunque sólo sea por lo difícil que es ver algo así en este certamen. Pero no. Ryûsuke Hamaguchi, director de cierta trayectoria, no tan reconocida como debería, ha tirado de manual del "buen asiático", que consiste en realizar una película en la que todos los acontecimientos se encuentran supeditados a una reformulación formal de todos sus elementos, primordialmente los actores. No soporto a Murakami, y menos cuando exalta una serie de vicisitudes que, miradas objetivamente, tampoco son la repera. Es, insisto, cómo se cuenta, y Hamaguchi mira aquí indisimuladamente al cine coreano, remedando torpemente a Hong Sang-soo, pasándolo por el filtro de Hirokazu Kore-eda, para terminar estampándonos un corolario de desgracias en off, pesadumbres de fraseo impenitente, y algún fotograma habilidoso para que disfrutemos de Hidetoshi Shinomiya, que realiza un trabajo impecable. Es, ya digo, una rutina hecha pasar por cine de autor, lo cual no me escandaliza lo más mínimo; es sólo que le sigo dando vueltas a la inclusión en los oscar, y por partida doble. Ya, si gana, sería más que raro...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!