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jueves, 25 de julio de 2024

El último baile de los condenados


 

No seme ocurre mucho original para decir sobre THE DIRTY DOZEN, título mítico, reverenciado y referenciado, ejemplo de construcción de guion en torno a la mixtura desaforada de géneros y, finalmente, lujo cinéfilo para quienes aún dudan de que dos horas y media se pueden pasar volando. Apenas reseñar que ya me sorprendía que no hubiese aparecido antes por aquí, aunque tengo en mente haberla visto un buen puñado de veces, tan sólo para corroborar que su vibrante historia se mantiene fresca y bien engrasada. La correspondencia o el rechazo con los personajes, no todos igual de bien dibujados, pero los que lo están pertenecen al imaginario del cine de todos los tiempos. Viajando entre la sorna y la sátira de su primera parte, nos es introducido el grupo de condenados, unos a muerte, otros a trabajos forzados, que son reclutados a regañadientes para una misión suicida, tutelados por un comandante igual de indisciplinado, que se identifica rápidamente con unos hombres que realmente no tienen nada que perder. Es uno de los títulos dorados de Hollywood y de su director, el gran Robert Aldrich, que mantiene el pulso sobre una historia siempre al borde del desastre, pero que se beneficia asimismo del ágil guion de Nunnally Johnson y Lukas Heller. Mención aparte su desbordante elenco, que sigue impresionando tantos años después; con unos inmensos Lee Marvin, Charles Bronson, John Cassavetes, Telly Savalas, Ernest Borgnine, Robert Ryan, George Kennedy, o un Donald Sutherland aún abriéndose hueco en la industria, y que en mi opinión compone un personaje absolutamente inolvidable.
Mítica, infaltable, obra mayor del bélico expresivo.
Saludos.

jueves, 28 de febrero de 2019

De trenes y hombres



EMPEROR OF THE NORTH, de 1973, concluye este minirrepaso secuencial a algunas de las películas de Robert Aldrich, al que el Olimpo cinéfilo aún le debe un lugar entre los más grandes del cine americano. Ambientada en los años más duros de la Gran Depresión, narra la epopeya (de tintes casi bíblicos) de un tren, el 19, que cruza el estado de Oregón y es abordado constantemente por una legión de vagabundos, que lo usan para desplazarse. Su maquinista y vigilante es Sack, un absoluto psicópata, que no duda en usar los métodos más contundentes para mantener "su tren" limpio de indeseables; y lo consigue, hasta que se topa con "El número 1", un mítico vagabundo que ha burlado su vigilancia cada vez que ha querido. La persecución y enfrentamiento de estos dos hombres ilustra a la perfección el estado de desamparo que sufría por aquel entonces gran parte de la población norteamericana, dividida entre los que detentan el bienestar y los que lo anhelan desde fuera. Un film trepidante, con magníficas secuencias ferroviarias y un duelo interpretativo impresionante. Lee Marvin está espléndido dando vida a ese tipo inaccesible y que se las sabe todas, una especie de héroe de los desheredados, que además de ser indetectable para sus perseguidores intenta, aunque sin éxito, organizar a sus compañeros, lo que representa el inexperto y ufano joven con el que se topa por casualidad, interpretado por un primerizo Keith Carradine . En el otro extremo, Ernest Borgnine da vida a Sack, un tipo temible y sin escrúpulos, y que cree ser el guardián de una cierta virtud que tan sólo le importa a él. Una de esas películas que aguantan el paso del tiempo de forma encomiable, y a la que quizá sólo achacaría un metraje excesivo, que se torna algo repetitivo y anodino en las escenas que no tienen al tren de protagonista.
Saludos.

jueves, 21 de febrero de 2019

Odio mudo



ULZANA´S RAID pasa por ser uno de los títulos más reivindicados en los últimos tiempos de Robert Aldrich, y ha terminado siendo inspiración ineludible para la pléyade de renovadores del género, sobre todo para los que han pretendido vanagloriarse de haber "reinventado" algo. Se trata de una extensa persecución, la que emprende un joven e inexperto teniente para capturar al temible jefe apache Ulzana, que está organizando un levantamiento en la sombra que poco a poco va diezmando los efectivos de dicho ejército. Ulzana es un tipo frío y silencioso, un asesino y un militar, con la difícil tarea de luchar en serio contra los poderosos blancos y dotar de cierta táctica a los anárquicos apaches. Por contra, la partida cuenta con el apoyo de un veterano explorador, que conoce bien los métodos apaches y refrena constantemente al joven teniente, que apenas sabe a qué se está enfrentando exactamente. Producida y protagonizada por Burt Lancaster, LA VENGANZA DE ULZANA es uno de esos westerns atípicos y que se degustan en varios visionados, y uno de los que, como dije, en mejores condiciones ha llegado hasta nuestros días sin perder nada de su vigente atemporalidad. Tremendamente violenta, se guarda sus exaltaciones para los personajes que menos brillan, restando todo rastro de heroismo y desembocando en un desenlace extraño y casi metafísico. Aparte de ser uno de los primeros trabajos de Bruce Davison y encumbrar al actor mexicano Joaquín Martínez como el inquietante jefe Ulzana. Una de esas películas que ningún gran aficionado se puede permitir pasar por alto.
Saludos.

jueves, 14 de febrero de 2019

Familia sangrienta



El tema de las bandas de gangsters de corte más o menos familiar, siempre ha sido un tema recurrente en el cine norteamericano, fascinado con estos personajes trágicos y marcados, resignados a lo efímero de su felicidad y su destino, que suele acabar no del todo bien. Los años 30 fueron especialmente violentos y proclives a la generación de este tipo de bandas, que adoptaba la esencia de la mafia italiana, con un reglaje interno inquebrantable en torno a "La Familia". Y en 1971, Robert Aldrich, que se movía como pez en el agua en estos terrenos pantanosos, adaptó la primera novela del británico James Hadley Chase, "No hay orquídeas para Miss Blandish", titulándola THE GRISSOM GANG. Las similitudes con el mito de Ma Baker es evidente, aunque el trasfondo del guion escrito por Leon Griffiths es de una profundidad psicológica impresionante, ahondando en las diferentes personalidades para elaborar un retrato crudísimo de un asunto sórdido y ahogado. Cuenta el secuestro de una joven por unos maleantes de poca monta, con la intención de robarle un lujoso collar, pero esto llega a oídos de la banda de los Grissom, que los elimina y retienen a la chica para pedir un rescate, ya que su padre es un rico magnate. A partir de ahí, la película cobra fuerza con el improbable enamoramiento de Slim, el hijo pequeño de los Grissom, de bastantes pocas luces, pero que se convierte en un obstáculo para Mamá Grissom, cerebro de la banda, cuyo plan pasa sólo por cobrar el rescate y liquidar a la chica. Una película, ya digo, que no es de las más conocidas de Aldrich, pero que tiene una agilidad narrativa que yo personalmente echo mucho de menos en el cine de género actual, además de dignificar a un director que optó por prescindir de grandes estrellas y prefirió dar todo el protagonismo a algunos de los secundarios que habían aparecido en mayor o menor medida en sus películas.
Absolutamente recomendable.
Saludos.

jueves, 7 de febrero de 2019

Los héroes y los muertos



Aprovechando que el año pasado, entre otras cosas, se conmemoró el nacimiento de Robert Aldrich, y teniendo en cuenta que (incomprensiblemente por mi parte) no he ahondado lo suficiente en la filmografía, extensa e interesantísima, de uno de los grandes agitadores del Hollywood clásico, he decidido dar cuatro pistoletazos sobre los cuatro títulos que Aldrich filmó en los primeros cuatro años de la década de los setenta, y que personalmente me parecen de lo mejor que hizo. El primero fue TOO LATE THE HERO (más conocida en España como COMANDO EN EL MAR DE CHINA), una intensísima cinta bélica que comienza de manera convencional y en sus dos horas de duración sumerge al espectador en un apasionante juego psicológico y, sobre todo, moral. Primero por la feroz crítica que supone a las descabelladas decisiones de según qué mandos, capaces de enviar a cientos de hombres a una muerte segura con el único consuelo de un reconocimiento que, cómo no, se presume póstumo. Luego, por el insólito intercambio de roles nacionales, algo que a muy pocos directores se le hubiera ocurrido incluir, y menos en películas dedicadas en su mayoría al exaltamiento patrio. Aquí los americanos, aunque bienintencionados, son bastante tozudos y lerdos, y por los santos cojones de un capitán (un anecdótico Henry Fonda), un grupo de hombres es obligado a emprender una misión prácticamente suicida: internarse en la jungla de una isla que está siendo disputada a los japoneses para detectar una emisora de radio y destruirla. Curiosamente, la mayoría de los soldados pertenecen al ejército británico, lo que introduce un elemente aún más interesante si cabe: la desconfianza (justificada) de éstos hacia los yanquis, que siempre parecían ostentar una superioridad más allá de su rango. Por otra parte, el enemigo japonés es inteligentemente resuelto casi como una voz fantasmal que resuena desde altavoces estratégicamente dispuestos por la jungla, creándose un clima de asfixia y peligro constantes, que además es rematado en el tramo final con la honorabilidad de un mayor japonés, en contraposición a la destartalada tropa que va menguando casi por deméritos propios. De entre todos sobresale el papel de un gran Michael Caine, un insignificante soldado cuya aversión a cualquier acto heroico le convierte en el más sensato, aunque su moralidad esté siempre en entredicho.
Una de esas películas a las que merece la pena rescatar del olvido, como la práctica totalidad de la filmografía del señor Aldrich, que debería estar algunos puntos mejor considerada.
Saludos.

martes, 9 de abril de 2013

Entre pillos anda el juego



Me entero de la muerte de Sara Montiel y..., hombre, enfrascado como me hallo en plena fiebre y efervescencia del western, no podía yo dejar pasar la oportunidad de hablar de VERA CRUZ, uno de los poquitos trabajos de esta señora en Hollywood. La película, la verdad sea dicha, deja bastante que desear, y fue más una apuesta personal de Burt Lancaster (a la sazón productor asociado) que un intento de la MGM por echar toda la carne en el asador con un reparto repleto de estrellas, aunque bastante desaprovechado. Dirigió un grande, Robert Aldrich, presa de un montaje apresurado y unas directrices que están cristalinas desde la misma estructura del film. Guerra Civil mexicana, revolución juarista contra las tropas del "impuesto" Maximiliano, y un par de expulsados de la otra Guerra Civil, la americana, en mitad de todo el embrollo; desafortunadamente, esto no es más que una excusa para ver a un Gary Cooper cascadete y vendiendo dignidad sureña, a Burt Lancaster en uno de sus peores papeles y probablemente haciendo publicidad de algún dentífrico, y, de paso, cambiándole el vestido a Denise Darcel cada cinco minutos, haciendo pasar a César Romero por francés y mostrando los encantos de una Sarita Montiel capaz de derretir un Winchester con un solo aleteo de pestañas. No hay más que ver el ínfimo recuadro al que quedan relegados dos actores tan carismáticos como Charles Bronson y Ernest Borgnine para darse cuenta de que ésta fue una producción repleta de altibajos. Para la historia quedará una histórica jota mexicana bailada por un negro que parece salido de los Globetrotters... Muy bizarro... Y, aunque es lógico que el subconsciente nos juegue alguna que otra pasada, no tienen más que echar un vistazo a este despropósito... al que no pudieron salvar ni las estrellas.
Saludos crucificados.

martes, 25 de enero de 2011

Las apariencias engañan



Hoy, una peli que me encanta; más que nada porque ya no se hacen pelis así, al menos con la factura y el encanto de aquellas producciones (ésta de la Fox), con un carisma tan convincente como concreto. HUSH...HUSH, SWEET CHARLOTTE podría ser el reverso oscuro de UP (sí, asómbrense) tanto como la quijotada luminosa en respuesta a PSYCHO, así de extraño es. Y es que uno de tantos guiones perdidos por aquel entonces sirvió al gran Robert Aldrich para rescatar el talento interpretativo de Bette Davis, que ni mucho menos estaba perdido, antes al contrario, su creciente histrionismo le vino como anillo al dedo a esta historia de terror gótico de ambientación sureña.
Charlotte es una vieja solterona de magras propiedades y amargo recuerdo por un viejo amor que la dejó plantada y pelín trastornadilla, la pobre; la primera parte del film (muy al estilo Hitchcock) nos presenta los bosquejos por los que Aldrich nos irá  abriendo una serie de puertas que no siempre han de llevar a ninguna parte. Las propiedades de Charlotte están a punto de ser expropiadas, ella las defenderá escopeta en mano y camisón mediante, pero no será suficiente; en eso, hará aparición la primita Miriam (correcta Olivia de Havilland) para prestarle su apoyo, además del varonil Drew (magnífico, como siempre, Joseph Cotten), por lo que la pobre Charlotte se sentirá más arropada. Sin embargo, su trajinado magín aún tendrá un último arrebato de lucidez para barruntar un nuevo problema, más terrible e insospechado, lo que precipitará una serie de acontecimientos ya al final del film que, aunque Aldrich muestre sus cartas en el momento preciso, la inteligencia del planteamiento no nos hacía sospechar nada. Una película, en definitiva, con cierto aroma agridulce, como de sonrisa congelada, con una Bette Davis en estado de gracia como la inolvidable anciana-niña Charlotte y una atmósfera acongojante que hoy día, y por muchos efectos digitales que se quieran poner, apenas podemos ver. Muy muy recomendable.
Saludos susurrados.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Pecados mortales



Jane y Blanche Hudson son dos hermanas que crecieron bajo la difícil responsabilidad de ser talentos infantiles; Jane no soportó la presión y pronto fue olvidada, mientras que Blanche llegó a ser una actriz de renombre hasta que un fatal accidente la deja postrada en una silla de ruedas. WHAT EVER HAPPENED TO BABY JANE? cuenta la imposible relación de dos hermanas condenadas a convivir con su pasado, sus odios, envidias y demás miserias; un infierno al que Robert Aldrich supo sacar todo su jugo de manera brillante, aprovechando el descomunal talento interpretativo de Bette Davis y Joan Crawford, ya en su propio ocaso, y dotando todo el film de un enfermizo ambiente de constante opresión. El guión, obra de Lukas Heller, quien repetiría experiencia dos años después con el propio Aldrich en la desasosegante HUSH... HUSH, SWEET CHARLOTTE, avanza la nueva época del terror psicológico, mostrando sólo lo que ha de interesar al propio film y su ritmo interior, e introduciendo el imprevisible giro final que tanto le gustaba a su autor, esta vez verdaderamente imprevisible. No creo que haya envejecido del todo bien (mejor, en todo caso, que la otra mencionada), además de fiar excesivamente todas sus cartas al impresionante tándem de actrices, que son capaces de dotar de verosimilitud hasta las situaciones más bizarras, que aquí no eran pocas. En resumen, un título que ha quedado sólo como curiosidad por descubrir si no se ha visto aún, o para solaz de los amantes de las historias tortuosas de ambiente macabro, para los que, en este caso, la histriónica interpretación de Bette Davis como grotesco bebé anciano es verdaderamente apreciable.
Saludos, hermanos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!