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martes, 21 de octubre de 2025

Maten Al Gran Arquitecto


 

O siglas y ya está. Al fin, Ari Aster con el traje de guionista bueno, dejándose de majaderías outer space para rellenar sus numerosísimos agujeros de guion. EDDINGTON es un mordaz, poderoso y malalechista (perdón por el palabro, pero es perfecto) fresco que parece salido de la grandiosa pluma de un Azcona; e inmediatamente imagino a los Leguineche deambulando por ese desolado y polvoriento poblacho de Nuevo Mexico, donde (aquí Aster se luce) las rencillas personales, incluso las más insignificantes, son el caldo de cultivo de una sociedad dividida por todos los motivos posibles, justo al principio de la pandemia. Maravilloso el antihéroe interpretado antológicamente por Joaquin Phoenix, repleto de matices, sombras, claroscuros, ángulos imposibles; un tipo al que coges cariño, y seguidamente quieres escupirle. Un ser humano, superado por su propia incapacidad, por mucho que esté convencido de que lleva la razón ¿quién no? Estamos en el germen de muchas cosas, de la paranoia conspiranoica, del auge fascista que en realidad es voracidad financiera, de la ingenuidad (y falsedad) de los movimientos indigenistas, de aquello tan lejano de arrodillarse por Rodney King. Y de mascarillas, de llevarlas o no; de que grabar algo con el móvil no incluye el derecho a contextualizar; de que cualquier charlatán se te lleva al amor de tu vida, y entonces empiezas a culpar a todo el mundo. Un microcosmos que bebe de Pynchon y de DeLillo, y del que me gusta especialmente que nadie sale bien parado, porque los únicos héroes son los que esquivaron las balas y lloraron con media sonrisa, el resto o vende porteros electrónicos o se pone ridículas gorritas rojas. Vale que el tramo final está un pelín forzado, pero si este señor sigue por este camino podemos tener vitriolo para rato.
Por cierto, no sé si lo había dicho antes por aquí, pero el premio planeta (nótese la minúscula) es una puñetera mierda para lameculos y cobardes.
Saludos.

viernes, 29 de diciembre de 2023

No somos nada


 

Si dices que es complicada, te tacharán de inculto. Si simple de entender, de pedante. Lo que Ari Aster propone en BEAU IS AFRAID es más viejo de lo que parece, pero es cierto que a todos nos pilló a contramano, más que nada por sus dos inmediatos antecedentes, que lo situaban como el nuevo gran renovador del terror "¿elevado?". A mí me parece bien que se descuelgue con un interludio (largo, eso sí) como éste, que le puede abrir puertas muy estimulantes en una industria que lo mima y lo mira de reojo al mismo tiempo, pero a la que puede depararle cosas, creo, bastante mejores que este inocente homenaje al cine más psicologista, vertiente "traumas irresolubles". Todos miran a Bergman, pero hay que tener su entereza; me recuerda algo a Buñuel, pero al maestro lo surreal le salía sin esfuerzo. No, yo veo un enternecedor intento por poner en imágenes lo que Joyce en letras, y por ello esta odisea del hombre común, desquiciado, en un mundo que no (lo) entiende, y deseoso de encontrar alguna respuesta a esa angustia sin nombre. El precedente más claro lo veo en MOTHER, de Aronofsky, que también se desgañitaba por "filmar el estado de ánimo", aunque ello le obligara a decisiones inverosímiles y difícilmente defendibles. Aster cuenta con su caballero andante, Joaquin Phoenix muy por encima de lo que la película significa, que no es más que un misterio que está muy claro desde sus primeros minutos, los mejores. Estructurada en tres partes muy diferentes, ese arranque contiene momentos de puro pavor escatológico; el segundo acto narra la autoexpulsión del infierno a un paraíso representado; el final, desconcertante, es el ajuste de cuentas definitivo, pero que curiosamente termina rozando la parodia de unos Monty Python o, en un trazo muy grueso, incluso el THE WALL de Alan Parker, que debe haber visto varias veces.
No es buena, ni es mala. Es larga, demasiado, y menos atrevida de lo que su director y guionista cree que es. Ni más ni menos.
Saludos.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Flores en el pelo



Hay razones por la que MIDSOMMAR me interesa mucho, y otras que me hacen sospechar que un camino, que se intuía ineresante, muestra evidentes síntomas de agotamiento prematuro. Primero, Ari Aster solventa la siempre complicada tarea de convencer en el segundo film, sin descalabros, pero tampoco proponiendo más allá de lo que ya se vio en HEREDITARY, para el que esto escribe algunos puntos superior, aunque sólo sea por el impacto de lo novedoso. Aparentemente, MIDSOMMAR es otra película sobre turistas extraviados, sectas extrañas y destinos truculentos; y casi lo es, o lo parece, pero me da que al director y guionista le importaba más un tipo de subversión distinto al acostumbrado, más sutil y complejo, lo que termina decepcionando a los fans del género, pero subyuga a los cinéfilos de mente abierta. Igualmente no me parece casual la duración, necesaria para incluir el largo preámbulo (en mi opinión, lo mejor del montante) y desarrollar a cada personaje sin prisas ni aspavientos. Sin embargo, en lo que chirría el film es a la hora de desprenderse del artificio; si lo que el espectador piensa es "aunque vayan de blanco, con flores en el pelo, son los malos", acertará. Mas, Aster luego juega al despiste y compone un "estado de las cosas" que supera al discurso preprogramado, zambulléndonos en un vaivén emocional sólo comparable a la conciencia alterada, mediante diversas sustancias, de los protagonistas. Es una película, en fin, muy buena para analizar, pero no tanto para disfrutar; o a lo mejor es que Aster es, como por ahí lo acusan, un cultureta que hace género. Lo desconozco, pero véanla aunque sólo sea para disfrutar de tres cosas: la excepcional fotografía de Pawel Pogorzelski, la excepcional música de Bobby Krlic y la excepcional actriz que es Florence Pugh...
Saludos.

martes, 28 de agosto de 2018

Anomalías familiares



Bueno, en algún momento había que ponerse manos a la obra, y aunque aún andemos rematando las vacaciones reconozco que algo de mono por ponernos a escribir de nuevo sí había. Han sido vacaciones de vaciado, de relax y sano embrutecimiento, porque el cuerpo y la mente así lo requerían, y porque se vuelve no cargado, sino dispuesto. No sabía por dónde empezar, así que elegí uno de los títulos que más revuelo parecen haber levantado este verano, y, a no ser que me haya equivocado de cabo a rabo, lo cierto es que HEREDITARY, al menos en mi caso, ha cumplido las expectativas. Empecemos por su género, pues si bien se nos presenta como un film de terror, lo que prima es la construcción de una atmósfera de enrarecimiento gradual, que Ari Aster (no olvidemos que se trata de su primer largo) modula con frialdad e inteligencia. HEREDITARY se parece a muchas películas, pero prefiere transitar su propio camino y buscar ese lenguaje que la haga diferente en un mar con demasiados peces. Hay ecos de clásicos como EL RESPLANDOR o LA SEMILLA DEL DIABLO, pero también se acerca a INSIDIOUS, THE VVITCH o a LA CASA DEL DIABLO, de Ti West, de quien sí recoge su gusto por el anticlímax y los detalles que el espectador deba resolver por sí mismo. El arranque es brillante, como si de una imposible continuación elíptica del film de Polanski se tratara, no estamos ante una cuna, sino ante un ataúd igualmente inquietante; sin revelar gran cosa, adivinamos que la presencia de la abuela muerta ejerce una presión terrible sobre la familia que es el centro motor del relato, sobre todo en las complejas personalidades de la madre y la hija (una soberbia Toni Collette y una impactante Milly Shapiro), que parecen como poseídas por esa presencia invisible pero poderosa. Sin embargo, y sin querer desvelar nada crucial, media hora le basta (el film dura dos horas) a Aster para desmontar cualquier teoría de la mente del espectador; la historia da un vuelco, se descentra y opta por otro camino, quizá el del desequilibrio mental, y las escenas entre Collette y un sobrio Gabriel Byrne remiten más a Bergman que a James Wan, desde luego. Es en su desatada recta final cuando el director decide contentar a los fans que esperaban encontrarse con el nuevo IT FOLLOWS y ahí sí hay más elementos terroríficos. Y aun así, por extraño que parezca, su inenarrable desenlace vuelve a desmentirlo, porque, en conjunto, HEREDITARY no es un film de terror, sino un descenso sin arneses hasta lugares muy íntimos y muy desconocidos, y eso siempre da un poco de vértigo...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!