Mostrando entradas con la etiqueta Richard Brooks. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Richard Brooks. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de agosto de 2021

Lo que sienten las mujeres


 

Un título muy olvidado de ese gran director que fue Richard Brooks es LOOKING FOR MR. GOODBAR, sutilísimo paseo por la vida de uno de esos escasos ejemplares de "mujer verdaderamente liberada". Ya sabemos que este eufemismo se acepta desde su misma imposibilidad, por cuanto se comete el error de obviar que lo usual es "copiar el modelo masculino", y más concretamente sus puntos más oscuros. Sin embargo, hay algo de alto riesgo en el personaje interpretado por una omnipresente Diane Keaton, y que una mirada rápida calificaría como "ligera de cascos", cuando no algo peor. Se trata de una mujer joven, con escaso apego al compromiso, y un apetito sexual voraz y repleto de curiosidad, lo que la lleva a acostarse prácticamente con un hombre diferente cada noche. En el otro extremo, descubre un inesperado placer dando clases diurnas a niños sordos, en claro contraste entre esto y el desenfreno nocturno. Película áspera, incluso desagradable en cuanto a la moralidad que despliega, a mí me parece muy adelantada para 1977, y un sorprendente ejemplo de la dureza que Brooks siempre imprimía a sus relatos de seres desubicados y frágiles, enfrentados a un mundo que no les acepta, censurándolos desde la hipocresía más absoluta. El final, decididamente terrorífico, habría obtenido mayor eco de haber sido rodado por otro cineasta menos modesto en sus pretensiones, y es una vorágine expresionista y de una potencia visual aterradora.
Muy recomendable para quien no la conociera aún.
Saludos.

viernes, 6 de diciembre de 2019

Ríos de tinta #3



Y cerraremos con Tennessee Williams, no hoy, sino mañana, en una sesión doble que hoy representa una extraordinaria película titulada SWEET BIRD OF YOUTH. Y de nuevo Paul Newman... ¿qué quieren que les diga? Deben ser casuales las similitudes con el film que inició este minirrepaso, pero el tema es recurrente, aunque con diversos matices. Él es un tipo que se marchó de su pueblo para probar fortuna, y ahora vuelve con una antigua estrella, alcoholizada en el asiento de atrás de un polvoriento Cadillac descapotable. Allí le esperan todos y cada uno de los fantasmas que, por mucho que lo intentase, nunca pudo dejar atrás. Tras la imponente figura del cínico y destructivo gobernador (por llamarlo de alguna manera), queda la frágil muchacha con la que soñó casarse, y a la que ahora recuerda con una mezcla de desaire y condescendencia. Sin embargo, el odio que le profesa el gobernador y padre de la joven (un demoníaco Ed Begley) le lleva a descubrir el terrible secreto por el que su familia estaría dispuesta a acabar con él. La elaboradísima dicotomía entre ese pueblo, hostil y hospitalario a partes iguales, y la habitación del hotel, en la que la estrella de cine (soberbia Geraldine Page) despierta de un sueño etílico entre pesadillas y alucinaciones, es una maravilla de composición narrativa y uno de los máximos exponentes del dominio del stage de un Richard Brooks al que siempre intento reivindicar desde estas páginas.
Un título inolvidable, de los que hacen época, y por supuesto una de las mejores adaptaciones literarias de todos los tiempos, con uno de los finales más orgiásticos que yo recuerdo.
Saludos.

sábado, 7 de enero de 2017

La cabeza sobre los hombros



Si sorprendente fue la noticia del fallecimiento de Carrie Fisher, aún más lo fue el de su madre, la gran Debbie Reynolds, sólo un día después. Reynolds ha sido, es y siempre será una excepcional actriz pegada a un papel, el de CANTANDO BAJO LA LLUVIA. Y por ello es una lástima perderse un puñado de magníficos trabajos suyos a lo largo de más de cincuenta años de actividad. Siempre ha estado injustamente catalogada como "esa joven pizpireta que canta y baila", cuando tiene trabajos tan sólidos como el que hizo en 1956 en THE CATERED AFFAIR, una de las mejores y más olvidadas películas de Richard Brooks, otro enorme artista al que nunca se ha reconocido como merecería. Y no se trata de una empresa fácil, Reynolds tuvo que brillar con luz propia a la sombra de dos monstruos, nada menos que Ernest Borgnine y Bette Davis, que literalmente revienta la pantalla en unos primeros veinte minutos magistrales y que ya le hubiese gustado dirigir al señor Iñárritu... Y es curioso, porque aparentemente estamos ante un drama familiar de aspiraciones modestas, y no ante un depurado ejercicio de estilo, pero se nota la potencia del texto original de Paddy Chayefsky y la ágil adaptación que hizo Gore Vidal para contarnos la historia de una chica de extracción humilde que va a casarse con un muchacho de familia bien, pero que han decidido tener una boda austera para no incomodar a nadiel, e incluso aprovechar el viaje de un amigo en coche a California como improvisada luna de miel. A partir de ahí, el excepcional guion nos introduce en ese puñado de vidas en alguna parte, que podríamos ser nosotros, y que podría ser ahora mismo; la madre sueña con darle una buena boda a su hija, ya que ella no pudo tenerla, mientras el padre ve esfumarse la posibilidad de poseer su propia compañía de taxis, tras veinte años ahorrando pacientemente. Sin levantar la voz, sin grandes alardes, pero con unos actores inmensos (por ahí estaba el mítico Barry Fitzgerald, desatadamente "fordiano"), Brooks conduce con maestría este pequeño gran film, una joya que merece la pena por su insólito maridaje entre crónica social y melodrama. Como si Cukor hubiese conocido a Loach, o algo así...
Saludos.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Similitud, veracidad y mímesis #3

La mejor película sobre el genio de Truman Capote, evidentemente, no debía girar sobre su gigantesca figura; IN COLD BLOOD recoge lo mejor de la obra del escritor y le pone imágenes. "Adapta", en el mejor sentido de la palabra; algo que se va echando de menos cada vez con más frecuencia.
Capote intentó (y no lo consiguió, según sus propias palabras) dar algún sentido a una situación tan fantasmagórica como absurda: el asesinato al completo de una pacífica familia de granjeros, los Clutter; para ello, nada menos que se entrevistó varias veces con los condenados, que lo eran de muerte. El film es el angustioso reflejo de lo que Capote tradujo en su excepcional libro y tiene dos partes bien diferenciadas, la gestación y posterior ejecución de lo que en un principio iba a ser un asalto y acabó como una terrorífica masacre y todo el periplo de los reos, desde su detención hasta su ejecución; quizá la ejecución más angustiosa y veraz de la historia del cine. Richard Brooks, en mi opinión un talento infravalorado, consigue la distancia adecuada y deja hablar a sus personajes, les da vida y, de alguna manera, el espectador respira al pulso de una brillante narración en la que nada sucede por azar. Ésta es una historia sobre la fatalidad y el destino, sobre unos personajes que pasaron a la posteridad de la forma más cruel; una historia sobre la muerte por la muerte y en la que no caben los absolutismos ni las demagogias fáciles, a la que tanto se presta la cuestión de la pena de muerte. Simplemente no sabríamos qué decidir.
Saludos en frío.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!