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miércoles, 15 de mayo de 2013
El arte de las manualidades
El equipo motor de KING KONG (Ruth Rose, Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack) realizó otros dos films de temática "similar": SON OF KONG, que aprovechó inmediatamente el bombazo de la original, y, ya quince años más tarde, MIGHTY JOE YOUNG, que intentaba desmarcarse de aquel dramatismo exacerbado y facturar una película "para toda la familia" y en la que un gran simio (no tan grande, la verdad) fuese no un loco enamorado, sino un ser entrañable e incluso juguetón, aunque no dejara títere con cabeza cuando le tocaban los cataplines, claro... El encargado de dar vida al "monstruo" fue un joven Ray Harryhausen, al que aún le restaba demostrar lo mejor de sí mismo y que, aun sin realizar uno de sus trabajos más depurados, le dio más que de sobra para llevarse de calle el oscar a los mejores efectos especiales. El film comienza aceptablemente, con una trama menos mitificadora que la del gran Kong, en la que un simpático bebé gorila es adoptado por una niña que vive en una granja africana; todos crecerán y al cabo de los años Mr. Joe Young (que es el estrambótico nombre del animal) será descubierto por un avispado empresario que lo convertirá en una ridícula aunque rentable atracción. El guion es estupendo, pero a Schoedsack y compañía se les fue la pinza en el tramo final (ya apuntaban con la ideita de filmar cowboys enlazando gorilas en África...), donde poco menos que invocan a los Hermanos Marx (literal) y nos cuentan la huida de la jovencita (una pipiola Terry Moore), un cariacontecido cowboy y el pobre simio, al que Harryhausen (supongo que por exigencias del guion) deja ya haciendo pedorretas y gestitos cómicos. Aunque la palma se la lleva el acto de redención para el pobre mono, alque persiguen para ajusticiarlo; resulta que van a toda leche para coger un barco dirección África, cuando hete aquí que aparece... ¡Un hospicio en llamas!... Acojonante. Total, que Mr. Joe Young salvará unos cuantos huérfanos y todo arreglado. RKO en estado puro... Para una tarde con los niños puede estar hasta curiosa, aunque sirve más para constatar lo bien hecha que estaba KING KONG muchos años antes.
Saludos peludos.
domingo, 20 de diciembre de 2009
El orgullo de un rey destronado
Indudablemente, lo del espíritu kamikaze, imbuido por los seis capitulitos anteriores, se ha instalado definitivamente en este sitio, anterior remanso de paz y concordia para cualquier cinéfilo agotado... ¿no es así?...Pero lo que sigue no tiene nada que ver con el pecador de la pradera, primero porque no podemos hablar de una saga en sí, sino de un film mítico, el que nos ocupa hoy, y dos vanos intentos posteriores no ya de igualar la proeza, sino de superarla. Y es que superar a un monumento, después del cual el cine ya no volvió a ser el mismo, es una falacia imperdonable.
1933, la RKO lanza el órdago, quizá el mayor de la historia del cine; se presenta un largometraje que tiene como protagonista a un gigantesco simio..., pero gigantesco de verdad. Con una premisa así, lo más lógico para un gran estudio es poner al mono pegando mamporros y esas cosas que le gustan tanto a James Cameron, sin embargo, KING KONG es una película hermosamente compleja, complejamente hermosa. Por un lado está la gran fascinación producida por la llegada a esa isla misteriosa, Teschio, Skull Island, espacio mítico en ninguna parte que simboliza lo arcano, lo prohibido, todo lo opuesto a la civilización; éste es un gran punto a favor del relato, pues luego el desarrollo y clímax girará en torno al transplante forzado que se hace de Kong, como un vulgar espectáculo de feria. Kong provoca terror, ternura, ira, compasión, venganza y hasta una cierta hilaridad, lo que le convierte, sin dejar nunca de ser una maqueta primitivamente animada, en un personaje con alma cuyas reacciones nos resultan sorprendentes. Existe la terrorífica escena del cebo humano, con Fay Wray desafiando la censura de la época; la del supuesto enamoramiento del rey mono, cuya mirada entre animal y humana encierra un hermoso significado que no alcanzamos a entender del todo; para terminar con la impresionante ascensión al Empire State y el ataque de las avionetas, una escena que pertenece al privilegiado Olimpo de lo que está más allá de la mera representación y transita como lo que es: una obra fundacional y fundamental del "fantástico".
Bien, una vez dicho esto, anuncio lo que va a pasar mañana y pasado: comentaremos aquí los dos dispares intentos de resucitar al viejo Kong, a ver qué sale.
Saludos (ahora vienen unos golpes en el pecho)...
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!
