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martes, 4 de noviembre de 2025

Terror en el geriátrico


 

Una de las que se me quedó en el tintero de Sitges del año pasado fue THE RULE OF JENNY PENN, o cómo se puede armar un inquietante relato terrorífico en el marco único de una residencia de ancianos. Allí llega el veterano juez Stefan Mortensen, tras sufrir un ataque cerebral que lo deja parcialmente paralizado y con problemas de percepción. Con la esperanza de recuperarse y volver a su casa, su carácter huraño y altivo no termina de encajar con los residentes, hasta que hace aparición Crealy, que, armado del cuerpo de un muñeco sin ojos, ejerce una extraña influencia atemorizante. Como ya ocurría con su anterior trabajo, COMING HOME IN THE DARK, el neozelandés James Ashcroft monta un excepcional relato atmosférico, que sin embargo necesita de la colaboración del espectador, que debe lidiar con algunas incongruencias de guion, creo que por no saber cerrar adecuadamente un film al que le hubiese ido mucho mejor un aire más enigmático y perturbado, lo que siempre logran dos interpretaciones superlativas a cargo de Geoffrey Rush, pero sobre todo ese grandísimo actor que es John Lithgow, capaz de volver una escena del revés con un par de miradas. Tiene imágenes que se quedan en la retina y grandes dosis de mala baba; pedirle mucho más es una pérdida de tiempo.
Saludos.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Haz turismo


 

Sólo un debutante puede cometer torpezas que acaben dando al traste con una propuesta altamente interesante. Le ocurre a James Ashcroft en COMING HOME IN THE DARK, que también se presentó en Sitges para cubrir la cuota de historias truculentas, que de un modo u otro intentan dar explicación a una violencia sin sentido. Es inevitable escindir este film en dos vertientes, porque así lo elige Ashcroft, que no llega a decidirse por un solo tono, por mucho que la película adopte desde el principio el sonido de un mazazo sordo; físico, sí, pero también emocional. Sin querer desvelar mucho, lo cierto es que no hay mucho misterio, y el grueso de la historia queda meridianamente claro desde sus primeros 20 minutos, un tramo desconcertante y que sugiere la pregunta de cómo diablos mantener el interés durante una hora más. Se trata de una familia normal que se dirige hacia un lugar de vacaciones, y que en una parada se encuentra con dos extraños, cuyas siniestras motivaciones parecen claras, pero que en realidad persiguen un objetivo más oscuro e intrincado. No logro imaginar si el film habría sido mejor sin este logos de turbia moralidad, porque entonces estaríamos ante un slasher más, y aquí hay otros desvíos argumentales. Funciona como retrato del horror nihilista, pero se desinfla al caer en una tendencia del cine actual: no dejar cabos sueltos bajo ninguna circunstancia.
En Sitges pasó casi de puntillas, pero habrá que seguir la pista a este cineasta, al que le queda un inmenso margen de maniobra.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!