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viernes, 22 de abril de 2016

Bella confusión



Crucifíquenme... o denme la razón, aunque sea irracionalmente. NIE YIN NIANG (THE ASSASSIN) no tiene ningún significado, no significa nada y no tiene ninguna utilidad semántica para los que, por mor de una pública disculpa representativa, desean flotar en la piscina y nunca emprender inmersión alguna. Lo que Hou Hsiao Hsien ha filmado es un poema que no infiere lazos con nuestro tiempo, por lo que es efectivamente confusa, tal y como lo es toda obra que nos traspasa de parte a parte, sin darnos la oportunidad de conferirle tal o cual coletilla barata de mal periodista y peor crítico. No hay peor analista que el funcional, miope y desgarbado, con la mirada lenta y perdida tras demasiados años atrofiando(se) su propia percepción de, por ejemplo, la poderosa sensación de no poder encasillar a un director en tal o cual categoría. Poco importa si HHH ha filmado un Wuxia, un tratado sobre el reparto de poder en la China feudal o simplemente una historia de amor en la que los besos son sustituidos por hojas afiladas, y los amantes desplazan el deseo hacia algo que equivocadamente identificamos como un desafío. Imposible filmar el alma, pero siempre nos queda el consuelo de las imágenes "físicas"...
Saludos.

jueves, 18 de marzo de 2010

Hilando fino

Luego de pecar de presuntuoso al despejar una lista con las películas más importantes del decenio, es inevitable experimentar la desazón de comprobar cómo no sólo nos quedaban otras mejores por ver, sino peor aún, cómo habíamos visto alguna y luego no nos hemos acordado.
Respecto a tan inquietante conclusión, debo hablar hoy de LE VOYAGE DU BALLON ROUGE, de Hou Hsiao Hsien; ese extraño y fascinante film que parece hablar de una cosa y luego cambia de meandro, para terminar por dejarnos con un palmo de narices justo cuando creíamos haber dado con el tono. Pero no hay "tono" en esta magnífica cinta, sino una amplísima paleta de colores distribuida al antojo del cineasta chino en la que es su más rotunda incursión en el panorama europeo. LE VOYAGE... muestra a Simon, un niño que vive con su madre separada (Juliette Binoche), que trabaja como peculiar narradora de cuentos terribles en un espectáculo de marionetas; ésta, para compaginar su ajetreada vida laboral, contrata a una estudiante china para que acompañe a Simon y cuide de él. El film es más un work in progress que se va desatando, deshilando, a medida que sabemos un poco más de los personajes, sobre todo por la peculiar y pacientísima narrativa de HHH, que deja que sean ellos quienes se vayan descubriendo por sus interacciones con otros personajes que de repente irrumpen en escena; casi como si hubiesen instalado una cámara y no hubiesen dicho nada. Craso error, porque la puesta en escena de HHH es minuciosa y requetemedida hasta la náusea, quizá la única forma de lograr ese aspecto desaliñado y espontáneo. Me da en la nariz, en cambio, que van a hacer falta algunos (bastantes) años para otorgarle el lugar que se merece; desde luego no como supuesto revitalizador de cierto cine francés (ya saben). Puede que su verdadero lugar aún esté por definirse o que estemos ante la apertura de una nueva corriente alterna; dato este poco menos que inquietante si tenemos en cuenta la ya larga (y reconocida) trayectoria del taiwanés.
Por cierto, las concordancias con el maravilloso mediometraje de Albert Lamorisse no pasan del caprichoso errar del elemento inflado. Cada uno que vea lo que quiera, o lo que pueda ver.
Saludos de helio.

jueves, 21 de agosto de 2008

Encuadres




En el último número de Cahiers España, se sustenta un endiablado a la par que vital debate sobre un cine paradójico, que contiene gran parte de las claves para entender el devenir del inicio de este convulso siglo XXI, donde, curiosamente, una de las artes más recientes (la cinematográfica) ha sido la que en mayor medida ha notado una metamorfosis en casi todos sus apartados. No un camaleonismo necesario e inteligente por pate de la industria (eso sería un camino de rosas), sino un paulatino y desesperante cercenamiento de las posibilidades de acceso al público mayoritario (en definitiva, juez y parte del asunto) a ese cine que crudamente (y no les falta razón) los redactores de Cahiers han dado en llamar invisible. Sin comillas, porque, según el D.R.A.L.E., esta palabra viene a significar tontamente "lo que no se ve". Parece imposible ponerle puertas al campo en plena explosión de las comunicaciones globales, pero la cosa está mucho más malita que hace 40 años, cuando nuestros abuelos, si querían ver algo, tenían que hacerlo en clandestinidad, y los realizadores sólo tenían el camino del ingenio o de la claudicación. Nos asombraríamos viendo la interminable lista (sólo en este siglo) de películas en el limbo más absoluto. Cine de calidad, no necesariamente extravagante; hablamos de esos artistas que intentan exponer su personal punto de vista sobre las cosas y se encuentran declamando en el desierto del ostracismo.
Con las distribuidoras hemos topado. Y con todos los demás, cada uno con su parte de culpa. Incluso los espectadores-rebaño que aceptan sin protestar bodrio tras bodrio sin inmutarse. Creo que o se hace algo ya desde competencias extraestatales o me temo que estamos ante el comienzo de una de las apocalípticas máximas Orwellianas.





Lo de arriba ha sido cabreo junto a indignación y protesta. Ahora intentaré hablar de cine, cine de calidad, por supuesto.
Las fotos que ilustran esta reseña pertenecen a una bellísima película. El taiwanés de adopción Hou Hsiao Hsien (HHH para los amigos), nos muestra en THREE TIMES, y como su propio nombre indica, tres inmejorables muestras de Taiwan a lo largo del siglo XX. Tres instantáneas minimalistas que, gracias al empuje creativo de su autor, resultan ser todo un fresco digno de propuestas mucho más megalómanas.
En la primera, A TIME FOR LOVE, ambientada en los años sesenta, una modesta sala de billares sirve a HHH para recrear una miríada de sentimientos encontrados y desbrozar, de paso, una época en permanente conflicto bélico sin mostrárnoslo. Asistimos a una impresionante representación que mezcla pintura, teatro, música y cine, siendo éste último su principal soporte, pero donde el resto tienen su propia personalidad y no actúan como elementos secundarios. Importante destacar el contenido y minucioso trabajo de la pareja protagonista, de hecho casi los únicos actores a lo largo de toda la cinta.
Saltamos atrás en el tiempo. En A TIME FOR FREEDOM, nos encontramos a principios de siglo. Cámaras recargadas, detallismo oriental, la obsesiva búsqueda del protocolo, la importancia capital de la música como estado de ánimo. Vemos las mismas inquietudes con otro disfraz, esa intemporalidad que casi nadie entiende y que cobrará importancia suma en el último capítulo.






A TIME FOR YOUTH nos sitúa en el presente. Podrían ser quince años antes o quince después, eso poco importa. De nuevo, el gran motor de la prosa poética de HHH nos viene dada porque se extiende a través del tiempo y sus mínimas motivaciones reetitivas. Como en su celebérrima EL MAESTRO DE MARIONETAS, el director taiwanés acopla su mirada pausada y sabia al grand guignol de la vida, sea ésta cual sea y en el sitio que sea.
A diferencia de la fallida BABEL, THREE TIMES triunfa al no pretender ser ubicua y aceptar sus muchas limitaciones. Aparte de costar diez veces menos y dejar para la posteridad a dos intérpretes (sublimes Chang Chen y Shu Qi) absolutamente verosímiles como amantes, amigos, cómplices, humanos al fin y al cabo. Es una de las exclusivas recomendaciones que me permito hacer desde el indéfilo para quien quiera adquirir la edición en DVD de Cameo o intentar buscarla en un dvdstore competente.
Tríplemente cordiales saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!