Que está bien que Jacob Elordi nos la ponga dura, o nos moje sin control. Y Margot Robbie también, aunque ponga cara constantemente de "yo pasaba por aquí". Tampoco hay mucho más material para poner en pie otra adaptación del anticlásico de Emily Brontë que nadie había pedido, más que confiar en que la estética de Danielle Steel haga su trabajo de desconcierto, los secundarios nos convenzan de que cualquier apego a la realidad es un mero artificio y que todo vale si aprendes a quererte en un mundo repleto de ingratos. Este WUTHERING HEIGHTS 2.0 parece la reescritura de un veinteañero que acaba de leer su primera novela, confundiendo maldad con perversidad, pasión con calentón o puesta en escena con "preparado ultracongelado". Nada de lo que aparece aquí es naturalista, lo que no es necesariamente negativo, pero entonces debes demostrar que no sigues directrices, que no te han convencido para dotar de "qualité" la sobresaturada parrilla de la plataforma de turno, o que tienes la personalidad (narices) para escupirle a tu narcotizado público que no tienes por qué darles exactamente lo que ellos mismos se habían formado en su cabeza. Ni siquiera es mala, y Fennell es una diseñadora de interiores cojonuda, como mezclar a Coppola (Sofia) con Winding Refn, que viene a ser echarle mierda dorada a una puta hamburguesa para que cueste veinte pavos. Más que mala es... no me sale la palabra. Bueno, sí, es emperifollada, que es una palabra que me gusta por ambas partes.
Abur.
Saludos.







































