En 1983, el recién electo presidente de Francia, François Mitterrand, convocó un ambicioso concurso de arquitectura, para elevar a definitiva la belleza de La Défense. Inesperadamente, el ganador fue Otto von Spreckelsen, un desconocido docente danés, dedicado a enseñar arquitectura, y que sólo había construido tres iglesias y su propia casa. Digamos que el mayor valor de L'INCONNU DE LA GRANDE ARCHE, último (y mejor) film de Stéphane Demoustier, consiste en "arquitectar" el colosal proyecto en el que se vio envuelto un hombre en absoluto acostumbrado a lidiar con los problemas derivados de un presupuesto público, pese a que Mitterrand creía ciegamente en su ambiciosa visión, apoyándolo incondicionalmente hasta que perdió las elecciones. Por un lado tenemos a Spreckelsen, obsesivo, ajeno a cualquier distracción que interfiera con su trabajo, aceptando a regañadientes a los arquitectos colaboradores, a los que considera unos funcionarios arribistas. Es la historia de muchas cosas, de una construcción imposible que sólo pudo acabarse en 1989, pero que tenía poco que ver con la idea de su creador, que falleció antes de terminarse tras su renuncia, víctima de un cáncer a los 57 años. Tanbién del eterno dilema entre la obra artística y el objeto funcional, de la grandeza y pequeñez del ser humano ante lo que no puede controlar, y finalmente un preciso y afilado lamento por cómo interfieren los administradores sobre lo que no pueden ni quieren entender, y por tanto optan por controlar.
La mejor película de su autor, sin duda alguna, y que puede suponer el disparadero de una visión cinematográfica interesantísima.
Saludos.







































