Es de esperar, en ficciones más o menos realistas, que la coherencia narrativa florezca desde ocurrencias que la distingan de la aburrida y previsible realidad. Incluso en los films más sobrios, existe esa tendencia a la dispersión y fragmentación, que algunos llamamos montaje, como el cazador desesperado por trincar la medalla de oro. A Stéphane Demoustier le gustaría brincar de Audiard a Ozon, sin peajes, sin ser menos comprometido o menos diletante, y esto es complicado para sacar un proyecto interesante de la medianía. BORGO es el nombre que se le daba a una antigua cárcel en la isla de Córcega, donde transcurre este ¿thriller? ¿policíaco? ¿drama familiar?, en el que una funcionaria de prisiones aterriza en la susodicha isla, huyendo de la presión parisina, a una prisión masculina de régimen abierto, junto a su marido y sus dos hijos pequeños. Sin guardarse un solo detalle, la protagonista deambula por las celdas, traba confianza con unos presos francamente intimidantes, les consigue artículos. Hasta el punto de encontrarse con un joven, al que tiene especial aprecio, en una apartada playa, donde una supuesta barbacoa entre amigos desemboca en una exhibición de tiro con armas pesadas de contrabando. Ahí entra la consecuencia, "lo plausible", cuando entendemos que a Melissa (a la que llaman "Ibiza") quieren reclutarla como "conseguidora" desde su puesto en la prisión. Es decir, que tenemos un juego peligroso, pero la actriz Hafsia Herzi nunca parece excesivamente preocupada, más bien excitada por jugar a los delincuentes ocultos, mientras su familia se aburre sin sospechar nada. Una lástima tanta indefinición, aunque peor me parece emplear dos horas eternamente repetitivas, para despachar un desenlace, además inconcluso, en quince minutos.
Fallida.
Saludos.







































