A menudo me asalta la picazón por saber el destino de éste o aquél pasante, ensombrecido por los fulgores de tanto protagonismo previsible. Lo que en literatura ha parido algunas de las más grandes obras maestras, no tiene ya ningún peso en el audiovisual, repleto de grandes héroes, trágicos a veces, pero nunca desnudos ante la insignificancia de saberse vulgarcillos, testigos insuficientes e impotentes ante sus desgracias cotidianas. Es por ello que una serie como A KNIGHT OF THE SEVEN KINGDOMS vendría a colmar los adeudos de un público más exigente, el que apenas se conmueve ante las exhibiciones atléticas del universo Game of Thrones, su acumulación exagerada de exabruptos y aldabonazos, mirando hacia un desarrollo más a ras de suelo, con personajes menos superheroicos y tramas que requieren un poco más de sentido del humor. Y eso parece, justo hasta que desaparecen los chascarrillos y dobles sentidos, y afloran los espadazos, mutilaciones y otras lindezas. Es decir: un exploitation disfrazado de gozoso bastardeo.
Si la quieren ver, son seis episodios de nada.
Saludos.



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