Me ha tocado en un lugar especialmente sensible el fallecimiento de Manolo Solo, uno de los últimos grandes ejemplos de "ilustres secundarios" de nuestro cine. Aunque para mí, Manolo siempre ha sido un pedazo de actor, ni secundario, ni primario, ni terciario, sino uno de esos tipos que se movían con inteligencia por la pantalla, que sabía estar sin mucho ruido, pero dejando en cada intervención la impronta de quien había nacido para estar ahí. Recuerdo haberlo conocido brevemente, en el Festival de Sevilla, que no soy yo mucho de importunar a nadie, pero ya me pareció un tipo entrañable, un grande al que incomprensiblemente no le caía ni un "solo" papel protagonista, aunque su carrera ha sido inmensa, como él. Le echaremos mucho de menos, pero lo menos que vamos a hacer en este humilde blog es ponernos cada lunes con su filmografía, importándonos un carajo los minutos que estuviese en pantalla. Y el primero es un corto, que Manolo hizo un puñao gordo de cortos. BAILONGAS, del malagueño Chiqui Carabante, tenía esa impronta de frescura e ingenuidad de aquellos jóvenes realizadores andaluces surgidos a final del milenio. Junto a Solo, Julián Villagrán completaba el exiguo reparto, que presentaba a un tipo que deambula nervioso, hasta que da con otro que toma tranquilo una caña en el mítico Bar Arenal, mientras sostiene en la boca un "cigarrito de menta" (qué viejos somos). En menos de diez minutos la transacción, con términos que parecen en otro idioma "¿tienes bailongas?". En la tradición absurda de Beckett o esperpéntica de Don Ramón María, Carabante enseña un trocito chico de eso tan raro que es ser español. Porque podrían ser dos marcianos en una taberna galáctica, pero sólo eran dos tipos en El Arenal a los que les confunden las aceitunitas con una ensaladilla... Sé de lo que hablo.
Un abrazo p'arriba.
Saludos.
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