Todo tiene una técnica, incluso el absurdo. El secreto de los ZAZ para desbordar los límites del spoof (mientras la corrección política les dejó) era bien sencillo: actores solventes, más que solventes, serios, profesionales, que sólo debían leer sus diálogos como si estuviesen en un film de Huston. Nadie sabía exactamente qué se traían entre manos esos tres; a lo mejor alguno sí, pero en teoría estaban haciendo una película seria... aunque no era exactamente eso. Más allá de la necesidad o no de volver a hacerla otra vez, THE NAKED GUN cae en su propia trampa, que es su profesionalidad, pero mal entendida. O mejor dicho: las bromas están ahí, los tiempos son los que son, pero no imagino a nadie en este rodaje sin saber que lo que ocurre ocurre no sólo mientras ocurre, sino desde que empezó a ocurrir. Y sí, ésa ha sido una frase construida incómodamente a propósito, pero no hace falta que les explique eso, porque ustedes ya lo sabían. Pues eso.
Sólo me reí con los infrarrojos, que puede ser el gag más burdo y previsible.
Saludos.






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