Es difícil empatizar con la pareja protagonista de 7 VÍRGENES, porque no lo puso fácil Alberto Rodríguez en la que fue el disparadero de su carrera, allá por 2005. En las 48 horas que tiene Tano (Juan José Ballesta) de permiso del reformatorio, para acudir a la boda de su hermano, y siempre con su colega Richi (Jesús Carroza), le da tiempo a robarle la cartera a un paisano, romper un escaparate, tomar prestado un televisor y meterse en una reyerta, en la que no lo pillan de milagro. Nos queda muy claro que Rodríguez tenía en mente sus "400 golpes", filmados fundamentalmente en el Polígono de San Pablo y alrededores, para hacernos estallar en la cara una bomba de realidad que, en verdad os digo, es bastante más jodida que en esta película más efectista que efectiva, que no está nada mal, porque es concisa y directa en lo que cuenta, pero lleva el desenlace telegrafiado en la frente desde el principio. Eso sí, Rodríguez dejaba señas de su imponente dominio de los estallidos controlados, pero se echaba de menos un desarrollo mayor de algunos secundarios, entre los que estaba, aunque casi testimonialmente, Manolo Solo.
Muy buena en lo que es buena, e inocentona en lo demás.
Saludos.












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