Llevaba muchos años queriendo ponerme con la filmografía de Xavier Dolan, ese "niño terrible" que hizo su primer largo con 19 años, ante el que la crítica internacional no ha permanecido indiferente, sino más bien groseramente dividida. Ha tenido que ser Nathalie Baye quien me haya permitido estrenarme con él, aunque su participación en LAURENCE ANYWAYS sea secundaria, apenas unos minutos en su mastodóntico metraje, que casi alcanza las tres horas. Y bien ¿qué decir, añadir o matizar sobre esta "pequeña y ambiciosa historia de amor"? Primero, me gustaría destacar el talento de Dolan para expresar emociones en imágenes, para que sus personajes no sean meros intérpretes, y sí reflejos fidedignos de sus circunstancias vitales, que aquí abarcan nada menos que una década (1989-1999), en la que seguimos a Laurence, profesor de literatura, deseoso de publicar su primer libro de poemas, enamorado hasta el tuétano de Fred, su novia, que es asistente de dirección en publicidad. Les prevengo: la historia es una chorrada, con algunos momentos de algodón de azúcar, las tensiones, dimes y diretes habituales en este tipo de relaciones tormentosas, y sí, es demasiado larga para lo que cuenta. Ahora bien, ojalá esta pasión, este implosionar de formas y colores y sonidos, esta vocación por dotar a la pantalla de alegría y luego de llantos, de gritos y susurros, de dejar que nos colemos en una relación que no puede ser, pero que se resiste a no ser. Es amor filmado por un chaval que entonces tenía 23 años; sólo por eso merece la pena aguantarse las ganas de decir esa gilipollez de que es pretencioso ¿Y quién no a esa edad?...
Por cierto, el protagonista quiere transicionar para ser mujer, pero para mí es lo de menos.
Saludos.

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