WITCHBOARD es una película de 1986 en la que, literalmente, nada es lo que parece, sino que todo es exactamente lo que se ve. Parece, o debería ser, una peli de terror, con pocas ínfulas, en la que un grupo de desorientados psíquicos las van a pasar canutas por malmeter con una tabla ouija, cosa que no les recomiendo hacer para que no queden como imbéciles ante las pocas amistades que les queden. Lo que yo veo es una fiesta que da fatiga, con el sofá repleto de mierda, los ceniceros hasta arriba y la gente con cara de asco. Los protas son el teclista de Duran Duran y el bajista de Huey Lewis and the News, que se miran chungo porque los dos quieren efluviar a Tawny Kitaen, que es una pena que aquí no salga con mallas como cuando se trajinaba a todo heavy metal viviente. Para ayudarles con la posesión infernal contratan a una medium indescriptible, una como mezcla de Cyndi Lauper, Madonna y Pee Wee Herman, con lo que completaríamos el repóker de tribus urbanas. Giro genial ahorrarse al malo, ya que es un ente invisible, dejando a nuestra imaginación su supuestamente terrorífico aspecto. Lo que no deja lugar a dudas es, ya en su tercio final, lo que todos sospechábamos, y es que Duran y Lewis se largan de gira por cementerios y muelles, porque piensan que eso ayudará a Tawny con su problema maléfico, pero lo que yo veo es una tensión homoerótica no resuelta, y posiblemente la fuente de todos sus problemas. Para rematar: dejen de hacernos creer que un peón de la construcción y una eterna estudiante pueden vivir en una casa así, que luego se engolosinan las nngg, enfurruñados por el precio de la vivienda...
Y esto no es el final, porque volveremos con las dos secuelas y el remake que nadie pidió... ni vio.
Saludos.




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