Bernard aparece por la mañana, con resaca, vestido con la misma ropa que ayer, un Playboy enrollado en el bolsillo, un puñado de flores entre los pliegues del póster central y ningún centavo. Va a recoger a Winnie, con su encantadora sonrisa sin dientes, con los hierros que la dejan caminar bien y un impermeable amarillo. Winnie le llama "tío", pero posiblemente sea su padre. Por eso Bernard va a llevarse a Winnie a la playa, porque mamá tiene que trabajar o algo así. Y aunque llueva, irán a la playa, y sin un centavo le comprará una preciosa concha para oír el mar, y él podrá tomarse una cerveza, o dos, o quizá beber todo el día hasta reventar. Y será un precioso día de playa, aunque llueva. Si lo hubiese descrito Bukowski, Winnie estaría resguardada, sin pasar frío por culpa de un borracho, que cada día se las compone para emborracharse sin gastar nada. El caso es que A DAY AT THE BEACH fue escrita por Roman Polanski, un guion basado en una oscura novela de Heere Heeresma, un oscuro autor holandés, que nadie le tuvo en cuenta hasta 1972, gracias a la intervención de Peter Sellers, que se reservó un pequeño e inquietante papel. La dirección de Simon Hesera, francés de origen judío, mantiene un tono entre lo crudo y lo fantasmagórico, en este tenebroso relato, sin asomo de romanticismo, que podría ser el reverso de LUNA DE PAPEL. Un film tremendamente desconocido, supongo que por lo oscuro de su premisa, un descenso a los infiernos del alcohol que se esfuerza por encontrar cierta hermosura entre bares mugrientos y vasos pringosos; como la sonrisa inocente de una niña que espera escuchando el mar, o las flores aplastadas en medio de una revista porno.
Saludos.


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