Los mejores efectos especiales en Sitges fueron a recaer en HONEY BUNCH, interminable película canadiense del dúo Sims-Fewer y Mancinelli, que vuelven a caer, e incluso empeorar, los mismos fallos que en VIOLATION, que también presentaron en el certamen hace unos cuatro años. Esto es, tirar por la borda cuanto hallazgo visual, de guion o interpretativo, cayendo en un ensimismamiento que sólo se perdona en autorías más fiables y respetadas. Es una especie de refrito de muchas cosas, desde la mencionada de Verbinski a la propia LA SUSTANCIA, sin llegar a concretar sus ramificaciones y, lo peor, sin justificar dos horas que se hacen eternas. Lo más interesante, la enfermiza relación de la pareja protagonista, Grace Glowicki y Ben Petrie (que lo son en la vida real), constantemente obsesionados por el amor eterno e incondicional que se profesan, que después se torna en una pesadilla cuando llegan a la remota clínica donde ella va a tratarse las secuelas de un accidente, donde salvó la vida de milagro. Es como si a los directores les avergonzara cada vez que llegan a un punto o dilema interesante para desarrollar, lo desecharan por miedo o incapacidad, y optaran por el camino más obvio y frustrante.
No es que sea un horror, y de hecho visualmente tiene sus cositas, pero no recomiendo verla si no se está bien descansado.
Saludos.







































