Una mujer se marcha a L.A. tras un divorcio traumático. Tras ella, una voz, un poeta, o su conciencia, o un ángel de la guarda, le pregunta, se preocupa por ella ¿Por qué le repugna tocar a la gente? Y en ese caso ¿por qué se va con ese hombre a ver un espectáculo de striptease, y luego a otro de lucha libre? ¿Por qué se deja besar? ¿No decía que buscaba una soledad absoluta? Será ese mar de rostros en los bares, las calles, los hospitales y aeropuertos; gente que está sola sin buscarlo, dañada, que quieren ser curados, divinizados, al menos entendidos de alguna manera, como si esa ciudad del infierno fuese una Babel histriónica e indiferente. En 1959, el director Joseph Strick, quien se atrevería a "ensayar" una adaptación del Ulysses de Joyce (con notables resultados, añado), pidió a Jean Genet la licencia para adaptar su obra "El balcón". Con trazas del cinéma verité, y junto a Ben Maddow y el colaborador de Elia Kazan, Sidney Meyers, la hora de duración de THE SAVAGE EYE parece un padre bastardo del realismo sucio de Bukowski o Carver, hibridado con cierta ensoñación lynchiana. Un documental que parece un drama, o un poema cantado con una voz interior que celebra la diversidad (sí, ya entonces), el dolor femenino o simplemente la tragedia de seguir vivo sin desearlo del todo.
Saludos.

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