De nuevo, Dudley Nichols filmó su segunda película con la RKO. SISTER KENNY contaba el titánico esfuerzo de la enfermera australiana Elizabeth Kenny por convencer a la comunidad médica de la validez de sus métodos contra la polio, que rechazaban de plano la inmovilización y se basaban en unos cuidados fisioterapéuticos menos agresivos. No es sencillo mantener dos horas de film sobre una biografía tan poco conocida, pero Nichols logra un trabajo que funciona, en gran parte, por el gran trabajo de Rosalind Russell, que ganó el Globo de Oro y estuvo nominada al oscar en 1946. Russell compone un arco de cuarenta años, los que van desde que Kenny decidió ser una humilde enfermera rural, logrando resultados inimaginables en niños a los que se daba por imposibles. Ello supuso una dedicación absoluta, que no le permitió formar una familia con su prometido, militar, que se cansó de esperarla. Aunque peores fueron los continuos enfrentamientos con el jefe de ortopedia médica, que la consideraba poco menos que una curandera advenediza, humillándola en cada ocasión. No fue hasta ya con una avanzada edad, que Kenny logró ser reconocida como la creadora de una base revolucionaria en la lucha contra la poliomielitis, aunque tuviese que ser fuera de su país. Un film mucho más interesante de lo que cabría esperar, con muy poco sentimentalismo, y sí un sentido de la justicia que nos habla de cómo los sacrificios personales a menudo son el mayor legado para una mayoría.
Saludos.



.jpg)
.jpg)




.jpg)




















.jpg)







