Una de las cosas más contraproducentes que pueden señalar el resultado final de una película, y sobre todo en las que son dirigidas e interpretadas por un actor, suele ser la permeabilidad con la que muestran obsesiones personales, que no tardan en ser meros tics, culminando en una enorme dificultad para hacer avanzar la narración. Es lo que ocurre en ASSASSINATION TANGO, donde podemos asistir a una de las peores interpretaciones de Robert Duvall, quizá porque se dirigió a sí mismo, y para colmo fue el autor del guion. Como si diese un poco de vergüenza hacer una película enteramente dedicada a lo que le interesa, que es el tango, Duvall se saca de la manga una estrambótica historia, en la que un asesino a sueldo es contratado para acabar con la vida de un antiguo general de la dictadura argentina, con multitud de muertos a sus espaldas. Ya de por sí es complicado dar verosimilitud a una línea argumental tan demencial, pero lo peor es cuando Duvall decide estirar el chicle hasta las dos horas, con la peregrina excusa de que el general tiene un accidente de caballo y no regresa en fecha a Argentina, por lo que el sicario aprovecha para ir a clubs de tango y aprender a bailar como un profesional. Y como el Pisuerga pasa por allí, qué mejor que encajar a su propia esposa, Luciana Pedraza, que es muy guapa y baila bastante bien, pero como actriza deja mucho que desear. Una de esas rarezas que me guardo muy mucho de recomendar, y que me parece que yerra por completo tanto el tono como la forma.
Saludos.























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