Sí, porque no es de recibo que la única estatuilla que ganó Robert Duvall fuera por TENDER MERCIES, aquella olvidada película sobre un antiguo cantante country alcoholizado, que un día despierta en un motel, y al no tener con qué pagar le ofrece su trabajo a la dueña, con la que descubrirá los parabienes de la sobriedad y el matrimonio. A ver, porque la película tiene un arranque soberbio, repleto de silencios, miradas y el árido paisaje texano sosteniendo un relato que prescinde de la épica, pero va desinflándose a medida que van apareciendo nuevos personajes. No es casual, porque parece la misma historia de la estupenda TOMORROW pero al revés; como si Horton Foote (autor del guion de ambas) hubiese adoptado una lírica más luminosa y esperanzada. Una película desaprovechadísima, casi buenista, a la que tampoco le añade nada relevante el siempre tibio Bruce Beresford, por mucho que sea uno de sus mejores trabajos. Es, insisto, un misterio para los que somos de este lado del charco, pero que un monstruo como Duvall sólo ganase esta estatuilla, a mí me lo tienen que explicar.
Saludos.






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