miércoles, 4 de febrero de 2026

Tócame, Roque...



 THE FAMILY STONE, de 2005, no es la peor película en la que Diane Keaton estuvo ya al final de su carrera. Dicho esto, esta chorrada navideña dispara en todas direcciones con balas de fogueo. La familia unida pero diversa, liberal y democrática, con un hijo gay y una madre que tiene un cáncer terminal, que se reúnen junto al arbolito, y que también está la hija borde y otra repleta de hijos, un padre cuyo mayor argumento es mirar hacia abajo y otro hijo más (que aquí no se pierde el tiempo) con la evidente profesión rarita (montar pelis) y el mayor, que viene con su prometida, una pija tonta, que no para de provocar momentos incómodos. Todo bien para terminar mezclando a unos con otros (menos a los gays, claro) y rubricar con música de la de llorar. Una tontería que no está mal rodada, sólo es una tontería, y que además desaprovecha un reparto de ensueño, con Claire Danes, Rachel McAdams, Dermot Mulroney o Elizabeth Reaser, por ejemplo. No sé dónde querían llegar con esto, pero no me reí ni una sola vez, y creo que es una comedia...
Saludos.

martes, 3 de febrero de 2026

La casa del náufrago


CARTAS DE UN HOMBRE MUERTO es a la ciencia ficción lo que una crónica sin intereses espurios a una realidad que se mueve demasiado deprisa para ser comprendida en su totalidad. Todo lo contrario a lo que tan alegremente consumimos hoy día, imágenes y secuencias tan veloces que no permiten una crítica reposada y ecuánime. Lo tomas o lo dejas, aunque da igual, el propósito no digerir nada para desconocer si es bueno o malo. Lo vemos a diario con el fascismo a cara descubierta de Estados Unidos, que nos ha explotado en las narices como si no lo hubiésemos visto venir; ya lo tenemos aquí, y sólo hay una respuesta, el combate. Konstantin Lopushansky filmó su mejor película en plena crisis nuclear entre las dos grandes potencias allá por 1986; un angustioso, claustrofóbico y nihilista canto de derrota, asumida e inevitable, que representaba a una humanidad diezmada por el cataclismo nuclear, que sobrevive como ratas en bunkers subterráneos. Seguimos a Larsen, un viejo profesor, que no pierde la esperanza de que la humanidad aún pueda resurgir, por lo que envía cartas a su hijo a la superficie, aun sabiendo que no hay posibilidades de que haya sobrevivido al invierno nuclear. Mientras cuida de su esposa enferma, que sólo quiere morir de una vez, es incapaz de encontrar a nadie que comparta sus esperanzas, pues lo toman sólo por un pobre hombre que ha perdido la razón. La paradoja de este extraordinario guion está en esa imposibilidad de que podamos empatizar con este hombre, porque también somos conscientes de que no hay nada que hacer, excepto esperar, languidecer y morir. Igual da para ello un búnker soviético, un resort en Gaza o las calles heladas y manchadas de sangre en Minneapolis...
Saludos.

lunes, 2 de febrero de 2026

Hombre en fuga


 

Habrá más de Robert Redford en un futuro, supongo, pero detenemos este amplísimo repaso a uno de los iconos incontestables del cine de los últimos sesenta años con la que fue, claro, su última película. Hablamos de THE OLD MAN AND THE GUN, que establecía una curiosa correspondencia entre el actor, que se despedía de su profesión, y el personaje que interpretaba, un veterano ladrón de bancos incapaz de dejar esa actividad, la única que le daba un motivo para seguir adelante. Estamos ante una película pequeña, intimista, en la que David Lowery vuelve a mostrarnos su cine sin grandes ruidos, atento a esos movimientos cotidianos para dibujar una figura extraordinaria, pero que se sabe normal y corriente. Redford era Forrest Tucker, que existió realmente, que llegó a fugarse dieciséis veces de prisión, y que robó su último banco con 80 años. Y le presta su mirada de simpático inconformista, un embaucador que robaba sin usar la violencia y tenía ese halo romántico e indescifrable del que no espera nada de la sociedad, mirándola con el desdén de una sonrisa ensayada. Fin de todo, de una enorme carrera cinematográfica, de una época en la que aún se podían robar bancos, y a lo mejor de una manera de entender el cine que huye del exhibicionismo, que prefiere contar una historia cualquiera, la misma que Redford le cuenta a una embelesada Sissy Spacek, no para que le crea, o a lo mejor sí...
Esto de las películas no será lo mismo sin él.
Saludos.

domingo, 1 de febrero de 2026

Rincón del freak #680: Miedo a coger el tren


 

Lo bueno de tener un blog, mientras imbéciles que no distinguen un "ahí" de un "hay" mongolean en las rr.SS, es que uno puede poner lo que le salga de las pelotas sin temor a represalias; será por la ínfima repercusión o por lo que sea, pero al menos se puede señalar la miseria moral lentejista, con la total seguridad de que cualquiera de estos escuadristas nos come las gónadas por detrás. Miserables rentabilizando a los muertos, mientras un tipo tiene que renunciar por las presiones por hacer una parodia de los carroñeros. El tren ha descarrilado, efectivamente, pero que la desgracia sirva para desenmascarar a los que han hecho de la amenaza y el acoso su desgraciado modo de vida. Dicho esto, poco más, porque traer hoy una cosa tan rara y olvidada como THE MIDNIGHT MEAT TRAIN obedecía a motivos evidentes. No hace mucho que leí el relato de Clive Barker en sus "Libros de sangre", donde abundaba en sus obsesiones "cenobitales", esta vez imaginando un misterioso tren subterráneo, donde un no menos enigmático carnicero iba dando matarile a todo quisque, convirtiendo los vagones en un tétrico desfile de cuerpos colgando de ganchos. La película, fallida por tomarse en serio, no conjuga bien la truculencia propuesta por Ryûhei Kitamura (que debutaba fuera de Japón) con un guion cansino y repetitivo, porque el relato daba para poco más. Si acaso, destacaba el curioso reparto, con un Bradley Cooper aún lejos del estrellato, Vinnie Jones cambiando las patadas por martillazos o una ya madura Brooke Shields convenciéndonos de que quedaba bien como figurante. Gore cutrísimo, alguna idea interesante y poco más para otro ejemplo de que Barker y el cine nunca han casado bien. Como la decencia y el prime time, vaya...
Saludos.

sábado, 31 de enero de 2026

El objetivo es ser feliz


 

Anotaciones al principio, que es cuando hay que hacerlas. No he visto BREAKING BAD (la veré algún día), ni tampoco BETTER CALL SAUL, que son los buques insignia de Vince Gilligan, creador, ideólogo y todo lo demás de PLURIBUS, o la big sensation de la ficción televisiva más reciente. O eso dicen los que entienden de esto, porque lo único que me ha animado a ver sus nueve episodios es eso, que son nueve, aunque está bastante claro que va a haber más temporadas. La sinopsis nos habla de una especie de virus alienígena (aunque no sé si esto es exacto) que afecta a la práctica totalidad de la humanidad, convirtiéndola en una mente-colmena que funciona al unísono, eliminando toda individualidad. La gracia del asunto es que no estamos ante una invasión prototípica, y ni siquiera una amenaza para la escasa docena de no afectados que han quedado en todo el mundo, pues esta nueva "humanidad conjunta" es amable, servicial hasta el extremo, y un simple enfado los condena a un ataque que puede ser mortal. Ahí es donde entra el personaje principal, Carol. Una escritora de mediocres novelas de romantasy vertiente cutre, que vive en Nuevo Mexico junto a su pareja y agente, y que de la noche a la mañana ha de lidiar con una legión de gente sonriente que quiere servirla en lo que necesite, cuando su mal carácter es la perfecta antítesis de este "apocalipsis confortable". Sinceramente, no logro ver el supuesto magisterio filosófico en este guion, cuyos puntos fuertes son más que previsibles, pero sí la virtud de ser coherente con la magnitud de su propuesta, supliendo la imposibilidad de recrear toda la globalización que requeriría gracias a un guion que se aferra a su protagonista (magnífica Rhea Seehorn), que ejemplifica la eterna duda acerca de si realmente nos hemos convertido en seres individualistas, abandonando las reglas elementales de la vida en sociedad. 
Son nueve episodios que se ven muy bien, y que te dejan con ganas de una T2.
Saludos.

viernes, 30 de enero de 2026

Donde maúllan los gatos


 

Y bueno, hasta aquí llegó el homenaje a Rob Reiner, como no podía ser de otra manera con la que finalmente ha sido su obra póstuma. Curioso, por todo lo que significaba hacer, cuarenta años después, SPINAL TAP II: THE END CONTINUES, no ya por retomar su legendario film de 1984, sino por cerrarlo todo con una mezcla de buen rollo, sarcasmo y un cariño a sus personajes que ya no suele verse. Es toda una declaración de intenciones ver a Chris Guest, Michael McKean y Harry Shearer como si no hubiese pasado el tiempo, pero mostrando cómo ha pasado el tiempo. Las mismas rencillas, las mismas amistades, el mismo humor absurdo, para acompañar a esta banda imposible en su último concierto. Por allí pasa Paul McCartney, también Elton John, y se declaran fans desde siempre; su nuevo manager (en el mejor y más retorcido chiste) es un tipo al que no le gusta la música; y también logran dar, al fin, con una gran batería que no tiene miedo a la muerte. Desde luego, si no eres un fanático de la original no vas a entender nada, pero merece la pena esta inesperada despedida, del grupo, de una manera de hacer humor y del viejo Rob, al que echaremos mucho de menos.
Ah, y sí, tocan otra vez "Stonehenge"...
Saludos.

jueves, 29 de enero de 2026

Se oye venir


 

Nada destacable, ni para bien ni para mal, en RABBIT TRAP, una peliculita modesta y bienintencionada que estuvo en Panorama, a la que le hubiese venido mejor haber trabajado algo más la idea central, interesante pero insuficiente. Con un planteamiento prometedor, nos cuenta el día a día de una pareja de músicos, que a mediados de los años setenta se instala en una apartada casa en mitad del Gales más rural, con la idea de captar sonidos para su trabajo, que serían imposibles en un entorno urbano. Tras algún que otro suceso más o menos extraño, se encuentran con un ¿niñe? (jeje) que parece haber surgido de la nada, pero que conoce aquel apartado lugar, y que poco a poco se suma a su día a día de una forma que les empieza a no resultar del todo confortable. Rozando el terror "campestre", el film es en realidad una especie de fábula acerca de mitos ocultos, que consigue algunos momentos de cierta belleza formal, pero que, incluso no llegando a la hora y media, da la sensación de estar estiradísima y dar demasiados palos de ciego. Bien las interpretaciones, con unos solventes Dev Patel y Rosy McEwen, pero me temo que va a quedar como una tibia ópera prima. Esperemos que en próximos trabajos su director/a/e sea capaz de concretar su interesante formalismo.
Saludos.

miércoles, 28 de enero de 2026

Orégano caducado


 

Reconozco (debo hacerlo) que esto de los homenajes a actores fallecidos se me ha ido un poco de las manos, no tanto por el volumen, porque siempre es grato encontrarse con títulos que de otra manera difícilmente habría llegado a interesarme por ellos, sino por la constatación de que las más de las veces mi instinto me ha salvado de ver según qué bodrios. Es el caso de SOMETHING'S GOTTA GIVE, de 2003, donde Jack Nicholson y Diane Keaton intentan cobrar su cheque dignamente, mientras se parten de risa en cada escena en la que el ridículo está asegurado. De verdad que no tengo nada en contra de las comedias románticas, pero en la mayoría suelo echar en falta dos cosas: un mínimo de credibilidad y otro de buen hacer técnico. Este vergonzoso guion intenta emular (dios de mi vida) nada menos que a Lubitsch, mostrando un juego de equívocos tan previsible como perezoso, y donde un tipo bastante desagradable, un sugar daddy de manual, se encoña con la madre de su novia, a la que saca tres décadas. Para redondear la gilipollez, al tipo le da un infarto (por lo de las Viagras) y el médico es Keanu Reeves, que también se pirra por la buena señora, que va de humedad en humedad, mientras nos muestra cómo es la despreocupada vida de la gente que aparece en estas bazofias, habitantes de casas de 400 metros cuadrados a pie de playa, que toman vinito entre risitas y se desestresan yéndose a París (por cierto, cómo cantan los chroma aquí). Y de verdad que no hacía falta que doña Diane se desnudara en una escena ridícula.
Horrible, y dura más de dos horas.
Saludos.

martes, 27 de enero de 2026

Quién mata a la rata


De refilón, me encuentro con RABIA, película de 2009, sepultada en el fondo de catálogo de Prime, que de servir para algo sería para arrojar algo de luz al siempre controvertido tema de las subvenciones. La película, como digo olvidada, estaba dirigida por el ecuatoriano Sebastián Cordero, adaptando el libro del argentino Sergio Bizzio, con mejores intenciones que resultados, en una mezcla de géneros que termina por ser forzada. Nos habla de Rosa, inmigrante colombiana, que trabaja como empleada doméstica en la casa de unos señores acaudalados, mientras imagina cómo podría ser su vida junto a José María, su pareja, que es albañil en una obra. Sin embargo, su vida da un vuelco cuando José María, celoso patológico, da una paliza a un tipo que piropea a Rosa. Esto llega a oídos de su capataz, que lo despide, y que resulta muerto por la posterior discusión. Desesperado, José María se refugia en la casa donde trabaja Rosa, que además descubre que está embarazada. Demasiadas cosas para un guion básico y esquemático, que pretende aunar un thriller criminal con un retrato psicológico igualmente superficial, y una problemática, la de la inmigración, por la que también pasa de puntillas. Es correcta, demasiado correcta, pero no tiene un solo elemento por el que pueda ser recordada, cosa que efectivamente ha acabado ocurriendo. El tema al que aludíamos al principio, júzguenlo ustedes mismos: 200.000 euros de recaudación para 3.500.000 de presupuesto. Ay...
Saludos.

lunes, 26 de enero de 2026

El viejo en el mar


 

Ya en el final de su carrera, Robert Redford tomó una decisión que en un principio puede parecer descabellada. Con 77 años, se puso en manos de un director semidesconocido, que en su segunda película asumía un reto dificilísimo, no ya siendo el único actor, sino sosteniendo todo el metraje sin articular apenas unas palabras. ALL IS LOST nos coloca en una pequeña embarcación, en la que "nuestro hombre" navega en solitario por el océano Índico, hasta que un día la mala fortuna quiere que choque contra un contenedor perdido, seguramente caído desde un gran barco comercial. A partir de ahí, todo se tuerce, pese a la obstinada lucha de este hombre contra todo lo que le rodea, el mar, los elementos, la escasez de víveres, en un asfixiante y claustrofóbico retrato de la determinación humana contra la desesperación. Una lucha por la vida, al fin y al cabo, en la que Redford borda el papel de "ser humano", imperfecto, obligado a encontrar soluciones donde no parece haberlas. Y todo rodado con un naturalismo que califico de hazaña, una proeza fílmica que adquiere tintes expresionistas en sus momentos álgidos, que no son pocos.
El único adjetivo que se me ocurre es "acojonante", y para mí por partida doble, que aún no sé cómo he podido verla de un tirón.
Saludos.

domingo, 25 de enero de 2026

Rincón del freak #679: Imbéciles Culeros Enmascarados


 

Podría estar hablando sobre EL CASTILLO DE LAS MOMIAS DE GUANAJUATO, tercera entrega de las aventuras de Superzán, Blue Demon y Tinieblas, que trata sobre un siniestro mad doctor que dirige una organización criminal compuesta por enanos que tocan un cazú, mediante el que activan a un ejército de momias que son señores con traje de funcionario y una careta de goma. Su crimen: cagarse en el colegio de médicos, del que es expulsado, para seguidamente raptar a un montón de gente con la intención de sacarle la sangre en plena agonía y fabricar un elixir de juventud. Afortunadamente, hay tres luchadores que igual le arreglan el coche a unas bailarinas eróticas, rescatan a unos huerfanitos del castillo de marras y aún les queda tiempo para alzarse con el campeonato nacional. Podría, de no ser, claro, que la realidad supere a la ficción, incluso a la más casposa, y nos presente a un grupo de enmascarados disparando a una mujer en su coche, para ser ensalzados como héroes por una momia anaranjada. Me falta encajar a los enanos, pero al menos he logrado descifrar qué significaban esas iniciales...
Saludos.

sábado, 24 de enero de 2026

El pizzicato interminable


 

Una buena idea puede tornarse un coñazo pretencioso, casi siempre por culpa de quien no maneja la autoría con suficiente distancia, y quizás cree estar en posesión de "una gran historia". Es el caso de LE VIOLON ROUGE, odisea transtemporal, a través de nada menos que cuatro siglos, desde la fabricación de un supuesto violín perfecto a cargo del maestro Nicolo Bussotti, pero al que repudia inmediatamente al coincidir con la trágica muerte de su esposa al dar a luz. A partir de ahí, la rocambolesca historia de este violín nos lleva por distintas épocas y países, como la corte austríaca, donde un niño prodigio no se separa del violín ni para dormir; la Inglaterra decimonónica, en la que un excéntrico compositor e intérprete revoluciona la música tocando mientras tiene sexo; la China de Mao, que quiere destruir lo que considera "un decadente símbolo capitalista"; para terminar, cómo no, en una afamada subasta, en la que se quiere redimensionar el valor simbólico del instrumento, por encima de la ridícula suma que se va a pagar por el mismo. Girard, que siempre ha ido en busca de ese "gran relato", logra su mejor obra, pero no por ello carente de su habitual pedantería, que la sitúa en clave de best seller escrito sin tacha, pero también sin auténtico corazón. No está mal, de todas formas, si tiene al público adecuado y que abraza esta forma de narrar.
Saludos.

viernes, 23 de enero de 2026

El relevo relevante pero no revelador


 

LBJ, la película que supuestamente venía a arrojar luz sobre el nudo gordiano en el que coinciden multitud de expertos, acerca de en qué momento se abrazó definitivamente el siniestro pragmatismo, en detrimento de un aperturismo decididamente ingenuo, y que como sabemos se cortó de raíz. Quien quiera saber el significado y legado del oscurísimo ascenso al poder de Lyndon B. Johnson, tras el magnicidio de JFK (vengan siglas), es mejor que no se acerque a este ridículo guiñol perpetrado por Rob Reiner y el guionista Joey Hartstone, repleto de prótesis grotescas, discursos de culebrón venezolano ¿? y un intento por lavar la imagen del 36º presidente de Yanquilandia que yo al menos no entiendo a cuento de qué. Eso por un lado, pero la película está jodidamente mal realizada, con una colección de planos en los que la espalda de un personaje tapa al filmado, sin que esto sea un recurso, sino más bien una torpeza. Yo, diez años después, sigo preguntándome para qué carajo sirve esta película. Y aún peor ¿No había un actor al que no hubiese que poner tres kilos de látex en la cara? Porque lo de Woody Harrelson y Jennifer Jason Leigh es indefendible, y eso que son de lo poco salvable junto a un Richard Jenkins que nunca está mal.
Saludos.

jueves, 22 de enero de 2026

Mandarina va


 

También en Panorama, en Sitges, se pudo ver SHELBY OAKS, enésima engañifa proveniente de la subcultura audiovisual de YouTube, TikTok y otras "inteligencias artificiales", que están llevando lo que en otro tiempo se llamó séptimo arte hasta una cloaca de imágenes clónicas y acomodaticias, cual engrudo dispuesto a ser consumido sin muchos miramientos. Lo digo porque algo tan nimio como un encabezado que reza "Mike Flanagan presents" ha sido suficiente para que los susodichos "creadores de contenido" (dios los cría...) hayan alabado esta cosa sin sentido. Película mala, mal hecha, mal interpretada, sin ritmo, sin propósito de guion, que ni siquiera aprovecha la austeridad de medios para centrarse en armar, como mínimo, una historia coherente. Un grupo de gente que se va a buscar fantasmas a sitios inhóspitos, se enlaza con una señora que busca a su hermana, la única que desapareció de la extraña matanza de dicho grupo. Huelga entrar en detalles, porque el nivel es el que es, pero les dejo sólo una escena para que vean de qué hablo: llega un tipo a la puerta de la hermana mayor y allí mismo se descerraja un tiro en la cabeza. Se supone que llega la policía, pero no sale, supongo que por presupuesto. La compungida hermana se queda todo el día en casita con la cara manchada de sangre (es literal), y luego ve un video que el suicida llevaba en la mano, pero que no le da a la policía invisible porque patatas. 
Ridículo es poco.
Saludos.

miércoles, 21 de enero de 2026

Veinte años no es nada


 

MARVIN'S ROOM podría ponerse a las cuatro de la tarde de un domingo cualquiera en una cadena que dejo a su entera elección. Curiosamente, además de Diane Keaton, aquí estaban (aunque nadie se acuerde) nada menos que Meryl streep, Leonardo DiCaprio y Robert De Niro, a cual peor dirigido por Jerry Zaks, que luego se dedicó a cuerpear en ignotas series televisivas. Sin saber qué tono adoptar, es una comedia sin gracia, pero también un drama sin emoción, que gira en torno a Bessie, a la que han detectado leucemia. Bessie (Keaton) es lo que denominaríamos despectivamente una solterona, que ha dedicado su vida a cuidar de sus padres, mientras que su hermana, Lee (Streep), es una peluquera en Ohio, que se quedó embarazada demasiado pronto y ahora tiene un hijo problemático (DiCaprio) a punto de cumplir los dieciocho. Nada concuerda, porque aquí la Streep estaba casi en los cincuenta, pero en fin. El caso es que la hermana "desenfadada" va a ver a la mojigata después de veinte años, por si le puede donar médula y salvarla, aunque se pasen el día discutiendo y echándose cosas en cara. Para rematar, dos cosas: De Niro hace de médico, probablemente en el papel más desubicado de toda su carrera, y el título del film hace referencia al padre, que se llama Marvin y está postrado en una cama, pero cuya relevancia en esta mediocridad es un misterio tan grande como saber quién pensó que esto debía hacerse.
No la vean.
Saludos.

martes, 20 de enero de 2026

Sigan con sus vidas


 

Ninguna película más fácil de resumir que TRON: ARES. Buenos y malos buscando lo mismo, pero los buenos para que haya cultivos y felicidad en los sitios donde internet aún tiene sus pegas, y los malos para hacerse aún más millonarios y acceder a condecoraciones que legitimen sus actos, sean estos los que fueren. Seguro que les suena a algo no muy lejano en el tiempo. Pues esto es lo que ofrece el enésimo truco de magia de Disney, que se ha tirado a la bartola definitivamente, porque ¿quién querría inventar con un catálogo propio y dispuesto a ser saqueado sin miramientos? Lucecitas que no falten, Jared Leto con cara de salir de un after, Jeff Bridges pagando las facturas con diez minutos de piloto automático, Evan Peters haciendo de un malo que da más lástima que otra cosa y, como decíamos, ese insoportable e indefendible raccord, en el que mientras se destrozan edificios, coches y mobiliario urbano, el tráfico sigue a lo suyo y tampoco se percibe un pánico feroz. Esto era la gracia de la película original, que al desarrollarse en el interior de un videojuego no había necesidad de recrear la complejidad del mundo real; ahora es al revés, y los elementos digitales se integran en la "realidad", pero de manera tan pobre que otra vez podríamos estar en un vidojuego. En fin, al menos la banda sonora de Reznor & Ross no está mal.
Saludos.

lunes, 19 de enero de 2026

Naturaleza del stent


 

Te vas a morir, a menos que te coloquen un aparatito insignificante, una especie de tubito que tiende a expandirse, creando un espacio donde no lo había, en el interior de una arteria obstruida. Simple y efectivo, pero artificial. Vivir gracias a lo que no está vivo, o más retorcido aún, ser desechado por quien te mantiene e, inesperadamente, salvado por quien ya no posee los medios para hacerlo. No sé si es enrevesado o directamente absurdo, pero buscarle algo de coherencia a algo como SPY GAME ya es toda una proeza o un acto de fe. La misma fe que le tiene el personaje interpretado por Robert Redford (un veterano espía de la CIA) al que encarna con cara de cobrar el cheque un Brad Pitt insulsísimo. Vale que uno le ha enseñado todo lo que sabe al otro, pero hay que tragarse que en su último día de servicio se dedique a orquestar una complejísima acción de contraespionaje, tan sólo para salvarlo de las horrísonas garras del tenebroso régimen de terror chino, que lo mantiene preso... sí, por espiarles, fíjese usted. Por eso digo que este guion no hay por dónde cogerlo, porque igual te idealiza a un par de superagentes, que en realidad no son más que mentirosos profesionales, te pinta a un país soberano como la encarnación de Mordor en la Tierra, mientras pone a parir a la CIA como un hatajo de incompetentes. Para que no falte de nada, a Tony Scott no le dejaron hacer lo que mejor sabe, que es la exaltación pictórica de la acción, sin entrar en tanto lío; porque esta película es liosa, torpemente tendenciosa y un coñazo de más de dos horas a ritmo de videoclip cutre, que es al cine lo que una intervención coronaria a un tipo que no se cuida.
Saludos

domingo, 18 de enero de 2026

Rincón del freak #678: Hideputas, hijodalgos y relinches de la Malinche


 

Uno no sabe cómo calificar objetos tan extraños como el que nos ocupa hoy, uno de esos casos extremos de cinematografía, que no deberían existir, pero han resurgido gracias al empeño y dedicación de unos pocos locos de esto del cine, transgrediendo y obviando las dificultades para, por ejemplo, restaurar un film que parecía perdido desde hace casi un siglo. Más allá de dicha anécdota, no puede decirse que LA LLORONA sea mucho más que la leyenda de la que es considerada nada menos que la primera película de terror mexicana, porque hablamos de 1933.Terror, lo que se dice terror, no tiene tanto, quedándose en una intriga criminal, alimentada por otra leyenda, la que habla de la despechada azteca Malinche, que es ultrajada por el malandrín Hernán Cortés, a lo que, quitándose la vida con un cuchillo sacrificante, lanza una maldición a toda la casta del conquistador español: al cumplir cuatro años, el primogénito será asesinado por una fuerza maligna, sin que nadie pueda impedirlo. Así, nos plantamos en la casa colonial de un prohombre de aquellos treintas, cuyo padre intenta advertir de la maldición sin lograrlo. A esto que sale un encapuchado de Sábado Santo y nos percatamos de que manda narices la cantidad de puertas secretas y pasadizos que albergaba la casa, sin que ninguno de sus habitantes supiera de su existencia. A ver, son 70 minutillos que se ven con una sonrisa inocente, por las declamaciones y las miradas arrobadas, pero también por un mogollónico flashback hasta los tiempos en los que los Quijotes desfacían entuertos y vengaban a damas despechadas.
Más que llorar, parece una depilación dolorosa, pero bue...
Saludos.

sábado, 17 de enero de 2026

Las compañías improbables


 

Aceptamos PREDATOR como franquicia moldeable a los gustos del mercado, de la cual BADLANDS supone un extraño espaldarazo, porque no la vimos venir y porque, una vez superada su gozosa primera parte, es más de lo mismo. Y depende de lo que le pidamos, porque todo el preámbulo es de lo mejorcito que se ha escrito sobre los Yautja, centrándose esta vez en uno muy joven e impetuoso, pero que no tiene las características físicas de su raza, por lo que es repudiado por su padre, que no le permite ingresar en el clan. Tras un sangriento enfrentamiento, se dirige hacia el planeta más peligroso conocido, donde cada organismo es una presa potencial de otro más grande, y donde este Yautja pretende dar aza al mítico Kalisk, que jamás ha podido ser apresado y del que se dice que es imposible de matar. Hasta ahí, todo perfecto, un guion que mantiene la atención, que no se pasa de incongruente y nos sitúa en un mundo repleto de sorpresas a cual más imaginativa. Incluso la aparición de Elle Fanning, magnífica como una sintética sin piernas que acompañará al joven Yautja, nos plantea una buddy movie muy entretenida. El problema viene en la resolución, que se vuelve acomodaticia y previsible, prefiriendo el impacto comercial que no ensucie la incomprensible deriva actual, que insiste en querer contentar a todas las franjas. Aun así, merece la pena para una tarde en la que pensar no sea la prioridad, sin más.
Saludos.

viernes, 16 de enero de 2026

A partir de mañana


 

Puede que sea THE BUCKET LIST la peor película de Rob Reiner, o al menos la más incomprensible, porque tener a Morgan Freeman y Jack Nicholson en un mano a mano debería bastar para componer un film al menos interesante. Ante lo que estamos es una tontería sin sustancia ni sentido, en la que Freeman interpreta a un modesto mecánico, marido amadísimo y fanático de los concursos de preguntas y respuestas, mientras que Nicholson es un multimillonario pasota y cínico, dueño de varios hospitales, a uno de los cuales van a parar ambos, y a la misma habitación por el "método de ahorro" del propio dueño, sin habitaciones únicas. Los dos sufren enfermedades gravísimas, un cáncer de pulmón y un tumor en el cerebro, y un último resultado les da escasos meses de vida. Ahora toca, tras diversas escenas de lucimiento para los dos protagonistas, tragarnos que, claro, ya que nos vamos a morir vámonos a dar la vuelta al mundo. Pero no de cualquier manera, que Nicholson es millonario, así que se tiran en paracaídas, alquilan un circuito de F1 para destrozar dos coches de carreras, visita a la pirámides (que ocupa un minuto quince segundos) o nos vamos al Taj Mahal (uno cuarenta). Todo para darnos en las narices con este descarado manual de autoayuda, más simple que el mecanismo de una cuerda, en la que ya el rizo queda rizado cuando Nicholson, como buen gamberrete, contrata a una meretriz para tentar al incorruptible Freeman. Todo ello con enfermedades terminales.
De no creerse, pero no todo va a ser bueno por ser de Reiner.
Saludos.

jueves, 15 de enero de 2026

El pájaro manchado de tinta


Una verdadera lástima dejar pasar la oportunidad de componer un oscuro retrato vital, a partir de un gran intérprete como Benedict Cumberbatch, simplemente por no haber entendido nada del material original, convirtiendo el descenso a los infiernos de la depresión de su protagonista en un simple cuentecito moralizante, con algunos episodios torpemente rodados de supuesto terror. No me extraña que THE THING WITH FEATHERS pasara por completo desapercibida por Sitges, cuando ostentaba la apariencia de producción de peso. Como fuese, se nos cuenta la triste deriva de un dibujante de comics (o novelas gráficas) que se queda viudo tras la repentina muerte de su esposa, debiendo hacerse cargo de sus dos pequeños hijos y afrontando un bloqueo mental y emocional absoluto, que además se ve agravado por una misteriosa presencia que le atosiga y que se parece sospechosamente al monstruoso protagonista del trabajo que, por motivos obvios, ha dejado inacabado. Con este material daba para un film más amargo, pero todo está tan subrayado, predecible y predeterminado, que termina donde todos sabíamos que terminaría, que es en ese cine que estuvo tan de moda (Con BABADOOK como punta de lanza), el de los trastornos emocionales representados en entidades monstruosas. Yo aquí no veo ni terror, ni drama psicológico, sino una idea estimulante que el director y guionista se ve incapaz de llevar a ninguna parte. Fíjense cómo habrá sido, que lo único que me ha emocionado ha sido escuchar a la inmensa Sandy Denny en los créditos finales.
No merece la pena.
Saludos.

miércoles, 14 de enero de 2026

Crímenes imperfectos


 

Es fantástico comprobar cómo el tiempo no pasa por algunas obras, que aún mantienen el mismo fresco aroma que las acompañaba en el momento de su estreno, precisamente para aguardar otro visionado. MANHATTAN MURDER MYSTERY pertenece a esta categoría, películas aparentemente ligeras, sin vocación de trascender, que aprovechan esa supuesta liviandad para terminar siendo una demostración de sabiduría y tenacidad. Lo digo porque el cine de Woody Allen, de alguna manera acabó aquí, no literalmente, pero sí en su esencia creadora, para continuar después como una factoría más o menos eficaz de amables copias de sí mismas. Lo más fascinante de este film es el tono, desenfadado cuando se inscribe en la comedia, pero terriblemente sórdido al aflorar el motor argumental. Como dos películas que se desarrollaran paralelamente, nos situamos en un bloque de apartamentos del Manhattan del título, donde un matrimonio (Woody Allen y Diane Keaton) conocen por caualidad a unos vecinos algo mayores que ellos, con la fatal coincidencia de que la mujer aparece muerta al día siguiente de un infarto. Sin embargo, Carol (Keaton) sospecha que el "pobre viudo" oculta algo, por lo que comienza a urdir un supuesto complot asesino junto a su amigo Ted (Alan Alda), que usa este perverso juego para acercarse a ella. Así, Allen compone un delicioso rompecabezas donde ninguna pieza falla, pese a que constantemente el tablero es zarandeado, las convicciones puestas a prueba, siempre con un humor entre ácido y desesperado, montando cine negro desde la cotidianidad y demostrándonos que saltarse las reglas puede salvar un matrimonio... o incluso resolver un crimen.
Absolutamente maravillosa.
Saludos.

martes, 13 de enero de 2026

El lado correcto de la historia


 

Más curiosidades, o coincidencias, o lo que sea. Acabo de terminar de ver THE MAN IN THE HIGH CASTLE, la adaptación de la novela homónima de Philip K. Dick, en la que se contaba cómo hubiese sido el mundo si la WWII la hubiesen ganado los nazis. Bien, admitamos antes que nada que esta serie, que consta de 40 episodios repartidos en 4 temporadas, es una adaptación tan libre, que mucho me temo que o no han entendido a K. Dick (lo que es más que probable) o simplemente no se han atrevido a poner en imágenes su desafiante y revolucionaria tesis, que iba mucho más allá de imaginar una Norteamérica dominada por nazis y, en menor medida, japoneses, exponiendo las similitudes (¿o no lo vemos hoy día?) entre ambas posibilidades, como si la Historia no fuese más que un monorraíl inseparable de su destino. Esto es otra cosa, un thriller conspiranoico, que tarda una eternidad en introducir el elemento distópico, con un ritmo en exceso ralentizado y un guion que se enreda en infinitas tramas, la mayoría sin mucho interés. Posiblemente le hubiese bastado con unir la primera y la última temporada, haber ido por lo que es, un entretenimiento más o menos ingenioso, pero que desaprovecha la oportunidad de haber movido el eje de las ficciones televisivas recientes. Yo les recomiendo mucho más que lean la novela y la piensen en los términos geopolíticos actuales, porque les va a volar la cabeza y aún mejor, pondrá a prueba muchas de sus convicciones morales.
Saludos.

lunes, 12 de enero de 2026

Bandera bocabajo


 

Si se le buscan muchas dobleces a THE LAST CASTLE, es muy posible que salga uno escaldado ante la enésima demostración de ese cine patriotero, conductista y de comida rápida que realmente es. Si, por el contrario, uno acepta de antemano que va a ver dos horas de entretenimiento, mientras ponen a un malo muy malo frente a un bueno muy bueno, a lo mejor lo ve sin mayores agobios, y seguidamente se pone a pensar en si hacer ensaladilla rusa o comprarla hecha. No hay mucho que explicar, excepto que es bastante improbable que a un general lo metan en prisión por proteger a sus hombres, pero aún más que al frente de esa prisión pongan a un tipo que escucha a Salieri, colecciona reliquias y nunca haya estado en combate. Si esto hubiese tenido un guion decente, habríamos visto una película mucho mejor, porque el carisma de Robert Redford y James Gandolfini, como absolutas antítesis de lo que debe ser la disciplina, daba para algo menos infantiloide que este film de acción, inusual al convertir el interior de la prisión en un campo de batalla, y donde el estimulante ejemplo de dicha prisión como un castillo se va difuminando en pos de momentos impactantes pero muy previsibles.
Demasiado dinero para tan poca cosa.
Saludos.

domingo, 11 de enero de 2026

Rincón del freak #677: Y todo alrededor del pozo


 

A veces me pregunto (porque suelo preguntarme muchas gilipolleces) qué clase de películas debe ver alguien tan sumamente lerdo e inmaduro como Trump, y la respuesta surge casi sin buscarla. En THE WARRIOR AND THE SORCERESS, a David Carradine lo disfrazaron de Clint Eastwood pero con una espada en la espalda, le dijeron que se limitara a poner las caras que ponía en Kung-fu y luchar con la espada al revés, que lo demás vendría solo. De nuevo estamos ante otro mierdón rodado en Argentina en los ochenta, con excusa barbárica y póster engañoso, para poner un montón de extras tapados moviendo los brazos, monstruos que dan menos miedo que un muppet (literalmente), peleas que parecen coreografiadas por Nacho Duato y señoras mudas que por lo que sea van siempre desnudas. Esta "fantasía épica" tiene un guion ingenioso como pocos, en el que dos tipos se odian a muerte pero viven a escasos metros, y en medio hay un pozo de agua. Todos quieren el pozo, todos quieren darse de hostias, y en medio del ungaunga llega el Carradine y va regalando oídos, dando espadazos en reversa, poniendo cara de proto Kill Bill y coleccionando bolsitas con oro de uno y otro mamarracho (no se pierdan la escena en la que una de las bolsas está rota, se caen algunas monedas y al personal le da igual). Hay un baile del vientre con una mujer de Dos Hermanas (jeroglífico tontaina), un megabicho con tentáculos que nuestro héroe despacha en la friolera de 24 segundos, pero sobre todo un magistral alegórico con el rollo del pozo, y eso seguro que le dio un par de ideas al señor que se peina con una sandwichera para "madurar" cierto asuntillo...
Más que mala es desvaída, como la mujer de un presidente que pinta menos que un extra con bocata de mortadela.
Saludos.

sábado, 10 de enero de 2026

Nuestros pequeños desamores


 

La aventura francesa de Jaime Rosales es MORLAIX, un pequeño y desigual retrato de la fugacidad de la juventud, de cómo siempre será demasiado tarde para todo y los discursos, por bonitos y rotundos que sean, acabarán sepultados por la necesidad de pagar una factura o comprar verduras. Con un pie en el Rohmer de "las rodillas" y otro en el Truffaut combativo, donde más quiere reflejarse es en Eustache reconvertido, pero, todo hay que decirlo, aniquilando el motor suicida del francés, conformándose con un inofensivo juego especular que, a mí al menos, no me funciona. En su última vertiente, Rosales ensaya un necesario (por insólito) fresco que abarque a la última generación, una generación denostada, olvidada a su suerte, a la que se ridiculiza como acomodaticia (y cuál no), quejumbrosa y, aún peor, frígida. El director catalán imagina unos jóvenes serenos, seguros, curiosos, solidarios, para seguidamente enfrentarlos a sus problemas generacionales; la incertidumbre social, la falta de asideros morales, la sensación de habitar un submundo del que desconocen las claves para acceder a ese otro mundo, que siempre verán a través de una pantalla. No hay aquí móviles, ni redes sociales, y sí una película que los jóvenes van a ver, y que en realidad es la película de sus vidas, las posibles, las reales, las prometidas, las imaginadas. Y en esa necesidad de verse para elegir qué hacer, qué decir, a lo mejor no hay más que un dejar pasar el tiempo, ver cómo se agota. La discordia es, sin revelar nada, elegir entre abandonar el entusiasmo o morir precisamente por él; puede parecer absurdo, pero las desesperaciones, en tanto que tranquilas y meditadas, son hermosas.
En mi interior, es una obra bienintencionada pero fallida de un cineasta, al menos, honesto consigo mismo.
Saludos.

viernes, 9 de enero de 2026

Menta y vapor


 

Es una sensación febril la que siempre me provoca A FEW GOOD MEN, una película capaz de hacerte decir al mismo tiempo que está primorosamente escrita y que es palmariamente tramposa. No sé, pero aquí creo que es mejor abandonarse un poco, aceptar ante qué estamos, y estamos ante un drama judicial enmarcado en los estrictos usos y códigos de las fuerzas especializadas (concretamente en Guantánamo, ahí es nada), donde se pretende desvelar la verdad sobre la muerte de un soldado insignificante, con todo lo que ello conlleva de dignidad, patriotismo y otras cosas. El guion de Sorkin, afilado, inteligente, pero también algo pomposo y pagado de sí mismo, nos propone el tablero; después es obra de Rob Reiner calzarse una serie de personajes/iconos, que han pasado a la historia por ceñirse a una hoja de ruta potente y segura de sí misma. Estos son, claro, Tom Cruise y Jack Nicholson, que apenas cruzan unos minutos de tour de force en un metraje la verdad que estirado, pero que son suficientes para legar algunos momentos que ya son historia del cine. Luego, es verdad, sabes que te han timado, que las cosas nunca pasan así, pero no sé qué haríamos con estas modestas revanchitas, quizá conformarnos con tomar vapores de menta, mientras los tipos con cara de eterna sinusitis reparten los trozos que quedan del pastel.
Es intensa, es icónica y resiste más de treinta años después. No sé qué más queremos.
Saludos.

jueves, 8 de enero de 2026

Fracasar mejor


 

De nuevo a vueltas con el último Sitges, en Panorama se presentaba IT ENDS, ópera prima del joven realizador Alex Ullom, que demuestra que se puede hacer cine muy desasosegante sin apenas presupuesto. E invoco aquí el espíritu de Samuel Beckett, que en gran parte de su obra (Godot, por ejemplo) nos acompañaba generosamente en un paseo sin salida ni motivo, con el único propósito de que experimentáramos, de primera mano, lo fútil y absurdo de nuestra existencia. El cine comercial suele estar plagado de dramas, exageraciones y fanfarronadas, pero pocas veces se intenta filmar el tedio, el hastío, el vacío de no tener ningún propósito, y lo que es peor, aceptarlo. El argumento es sencillo: cuatro jóvenes compran provisiones para pasar un finde en algún sitio sin especificar, toman una especie de atajo por una carretera secundaria, pero tras comprobar sus navegadores se dan cuenta de que llevan demasiado tiempo conduciendo y no han pasado ninguna salida hacia la autopista. Prefiero no desvelar mucho más, porque todo el meollo se descubre muy pronto, y lo que sigue es lo que decíamos al principio, una película que muta desde el género que aparenta ser (terror), para reinventarse como reflexión acerca de cosas aparentemente nimias como si merece la pena seguir adelante, si estamos preparados para transitar una vida en su mayor parte tediosa o si somos honestos cuando presumimos de amistades que creemos inquebrantables. Todo eso cabe en 90 minutos en los que apenas tenemos cuatro jóvenes actores metidos en un Jeep Cherokee que podría ser la isla de Robinson, tanto como el vehículo en el que Godot jamás llegaba. Depende, creo yo, de lo optimistas o bien informados que seamos...
Si le pillas el punto es bastante mejor de lo que parece.
Saludos.

miércoles, 7 de enero de 2026

Mucho frío ahí fuera


 

No me extraña nada que Mrs. SOFFEL haya pasado tan de puntillas desde su estreno, hace ahora algo más de 40 años, teniendo en cuenta lo atractivo de su argumento y un reparto de campanillas, que incluía, además de a Diane Keaton en un registro extraño para ella, a Mel Gibson, Matthew Modine o Edward Herrmann. Basada supuestamente en hechos reales, contaba la historia de la señora Soffel, esposa del alcaide de la penitenciaría de Pittsburgh, que a principios del pasado siglo mitigaba su aburrido matrimonio repartiendo biblias entre los convictos, mientras les instaba a arrepentirse de sus pecados. Hasta que llegan los hermanos Biddle, condenados a muerte por asesinato, convertidos en leyendas por la prensa, que de inmediato ejercen una atracción poderosa sobre la buena samaritana, hasta el punto de convencerla para que los ayude a escapar. Hay que tener un gran guion para hacer creíble una historia siempre en el alambre, y no es el caso; la química entre Keaton y Gibson tampoco es la más adecuada, y cuesta creer toda esa pasión desatada, que lleva a una mujer beata y bien situada a largarse con dos tipos, qué quieren que les diga, no muy de fiar, dejando atrás incluso a sus propios hijos. Dirigía la australiana Gillian Armstrong, que siempre ha prometido más de lo que ha dado en su irregular carrera, y por destacar algo me quedo con la estupenda fotografía de Russell Boyd, responsable de algunos de los trabajos más memorables de Peter weir, como PICNIC EN HANGING ROCK, LA ÚLTIMA OLA, EL AÑO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE, y sobre todo MASTER AND COMMANDER.
Saludos.

martes, 6 de enero de 2026

¿Qué harías tú?


 

Eso se preguntaban Polanski y el ardor a principios de los ochenta, como invocando la máxima aquélla de que si un majara quiere cargárselo todo no tiene más que apretar un botón. Esto es lo que propone A HOUSE OF DYNAMITE, penúltimo intento de Kathryn Bigelow de convencernos de que su país es una mierda de país mediante el principio de transposición, que es presentarlo como único salvador de la paz mundial. Desde luego, si la intención es aleccionadora yo me bajo del barco y abomino de una nueva leccioncita sobre sistemas de seguridad, el mundo libre, las barras y estrellas y el resto de tonterías que ya no engañan a nadie, excepto a lameculos, indigentes mentales y otros cipayos. Para colmo, Bigelow ni siquiera tiene un guion bien escrito que desarrollar con su magnífico dominio visual y atmosférico, sino una broma de mal gusto que invoca la estructura de RASHOMON, pero sin que ninguna de las tres partes desdiga a las otras dos, ni nos haga reflexionar sobre los límites morales de las grandes decisiones políticas. Una verdadera lástima, porque el primer segmento (unos 35 minutos) es acongojante, planteando una espiral de desconcierto creciente cuando es detectado un misil nuclear que se dirige a Chicago desde el Pacífico, y que contra cualquier pronóstico ha evadido todos los sistemas de prevención. Corea del Norte, China, Rusia, todos hipótesis, todos posibles enemigos, todos en la mira, pero nadie se pregunta jamás cómo es eso de que te caiga un misilazo en el coco, hasta que es el tuyo. Lo digo porque absolutamente nadie ha escrito un guion sobre cierto genocidio que aún sigue candente, pero deberíamos estar muy preocupados por un supuesto, algo que ni siquiera ha ocurrido. 
Bigelow, así va a ser complicado.
Saludos.

lunes, 5 de enero de 2026

Los postulados de la libertad


 

Vaya, quién me iba a decir que me coincidiría la hoja de ruta del homenaje y recuerdo a Robert Redford con la constatación de que, actualmente, Estados Unidos está gobernado por un gilipollas sin principios, y lo que es peor, hay medio mundo aplaudiendo que se pase por el forro de sus huevos naranja la legalidad internacional. Aunque no seamos ingenuos ¿qué esperábamos tras no mover un dedo ante un genocidio? Redford escupiría a la cara a una basura de persona como ésta, incluso repudiada por el propio Vaticano ¿pero quién pide principios a quien ha violado menores impunemente? En este sentido, ha sido un soplo de aire fresco recuperar SNEAKERS, una película que hacía muchísimo tiempo que no veía, y que viene a recordarnos que siempre se cocieron habas con esto de los hackeos y zarandajas digitales. Lo que pasa es que aquí hay cables, teléfonos fijos, faxes, modems y toda esa parafernalia que a un chaval de ahora le sonará a fantasía épica, o qué sé yo. Con una premisa argumental que ahora nos parece ingenua, Martin Bishop comanda a un estrambótico pero supereficaz grupo de hackers, que se dedica a comprobar si los sistemas de seguridad de las empresas que los contratan son realmente seguras, precisamente quebrantando dicho sistema. Con una orden de detención desde 1969, Bishop es chantajeado por una misteriosa organización, que le obliga a robar una caja negra que resulta ser un desencriptador todopoderoso, pero al tirar del hilo la verdad es aún más oscura y sorprendente. Con un reparto de ensueño, que incluía a Ben Kingsley, Mary McDonnell, Sidney Poitier, River Phoenix, Dan Aykroyd o David Strathairn, el poco prolífico Phil Alden Robinson dirigía esta desenfadada mezcla de comedia, espionaje y "nuevas" tecnologías, con un tono que es de agradecer en estos tiempos tan diabólicos que estamos viviendo.
Sigo diciendo lo que digo siempre: "Contra mí no tenían nada"...
Saludos.

domingo, 4 de enero de 2026

Rincón del freak #676: ...que te van a echar el guante


 

A ver, seamos claros, que el THE RUNNING MAN de 1987 era lo que era, un vehículo ultramegaprocesadísimo y hecho a la medida de Don Arnaldo, que se lucía embutido en un hortera mono amarillo, mientras corría junto a Yaphet Kotto y un señor con gafas, por culpa de una Maria Conchita Alonso que lo putea a base de bien, provocando las dos escenas más vergonzantes de un film dirigido por uno de Starsky & Hutch, el moreno creo. Con todo en contra, un arranque cutrecillo, una presentación de personajes igual y un sentido del humor que hoy día estaría revisado con lupa, lo cierto es que el asunto mollar, el de los tortazos, mola mucho más, al ser más plan videojuego ochentero (creo que sacaron uno), con unos villanos que tenían cada uno su historia, el del fuego, el del hielo, el de los rayos, el de la sierra mecánica, dándolo todo en unas peleas previsibles pero resultonas, y que entonces eran lo más. Luego había que hacer el esfuerzo de tragarse a Schwarzenegger como cuentachistes, o flipar con los baboseos (hay que verlo para creerlo) de Richard Dawson como maestro de ceremonias de esta extraña manera de hacer una crítica a la telebasura, elevada a su máxima potencia. Aquí al menos sí salen corriendo, y además te da la oportunidad de comprobar como hubiese sido si en 2017 todos fuésemos vestidos y peinados como en los ochenta, la música se hiciese con sintes y no hubiese móviles, jeje...
Saludos.

sábado, 3 de enero de 2026

Corre, corre, corre...


 

Cosas a favor y otras no tanto de THE RUNNING MAN, la nueva adaptación que nadie pedía de otro libro de Stephen King (¿querían caldo?), en este caso remake de otro film homónimo, del que hablaremos a no mucho tardar. A favor, su director. Edgar Wright es un tipo que entiende a la perfección los tratamientos, tonos y resortes de producciones de lo más dispar. Además, les imprime su sello incluso en cosas tan impersonales como ésta. Porque no nos confundamos, si queremos ver un film revolucionario hemos errado el tiro; esto es acción, con mensaje, sí, pero acción, con volteretas, puñetazos, explosiones y malos perdiendo el tiempo como siempre. Por ahí, Wright es más que solvente, y entrega su película más comercial y palomitera; un disfrute para los que buscan dos horas de lo antes dicho, sin apreturas. Lo bueno es que Wright no puede dejar de ser Wright, y, emulando uno de esos drones en tiempo real, va trufando esta distopía (que ahora nos es hasta cercana) de perlas en forma de humor gamberro, que la salva de la mediocridad a la que podrían haber ido sus excesivas más de dos horas. Por otro lado, hay un reparto de nivel, con un protagonista, Glen Powell, que no es sólo un mueble andante, Josh Brolin como el malo retorcidísimo, Lee Pace haciendo de Némesis misteriosa y pequeñas pero vibrantes apariciones de William H. Macy o Michael Cera. Al menos sí mejora la original, pero se queda como un correcto entretenimiento, tampoco nos flipemos, que edgar Wright es muy bueno pero tiene sus cositas.
Saludos.

viernes, 2 de enero de 2026

Quien tiene un amigo...


 

"No hay mejores amigos como los que tuve a los 12 años", escribe en la pantalla Richard Dreyfuss, mientras rememora aquel fin de semana en el que, junto a sus tres mejores amigos. fue a buscar un cuerpo, el cuerpo de un chico muerto en mitad de ninguna parte. Hay pocas alegorías más hermosas, potentes y certeras en la historia del cine para describir el paso decisivo en que dejamos atrás la inocencia, para adentrarnos en una vida más monótona y predecible. Rob Reiner lo clavó en STAND BY ME adaptando (vaya semanita nos ha quedado) a Stephen King, en la que es su novela más reflexiva, y donde da rienda suelta a todos sus fantasmas sólo para exorcizarlos con ese infalible sortilegio de la amistad inquebrantable. Es ésta una película sencilla, icónica, emocionante, que ves con una sonrisa y acabas con una lagrimilla. Esa película que responde a su propia estructura itinerante, porque la historia, la excusa, es una chorrada para lo que importa, ese canto a la amistad forjada en torno a ritos, cantinelas, chistes prohibidos, evocaciones de las tetas de nosequién, historias ante una fogata y no dejar atrás al rezagado. La historia es lo de menos, porque llegar es tener que volver. Por cierto, irrepetible el trabajo de River Phoenix, Wil Wheaton, Jerry O'Connell y Corey Feldman, porque te encantaría caminar junto a ellos por aquellas vías.
Se te queda pegada como una sanguijuela al... ¡ups!
Saludos.

jueves, 1 de enero de 2026

Feliz año nuevo


 

Efectivamente, aún no por algunos meses, pero contra cualquier pronóstico, con mil historias raras, vicisitudes y dudas razonables, hemos llegado vivitos y coleando al año de la mayoría de edad de este blog; de manera paralela a la de mi hija, debo añadir, que es el motivo en la sombra de ponerse uno a teclear diariamente con más regocijo que pesadumbre. Y como la última peli que vi con ella fue THE LIFE OF CHUCK, y hoy tocaba otro paseíto por Sitges, no cabía otra. Y empiezo, claro, por el final: están tardando en ver la mejor película de Flanagan y una de las mejores del año pasado. Con una distribución que nadie ha aclarado, pero que la ha mantenido un año sin estrenarse, la película adapta un relato no especialmente brillante de Stephen King (otra vez, por Ouroboros), en el que lo más simple que podamos imaginar se convierte en una epopeya vital tan elocuente como finalmente repleta de humildad y humanidad. Una película que va de engañosa, pero qué pone sus cartas sobre la mesa desde el principio, sin trampas de guion ni truquitos cuquis de última hora, para nada. Está dividida en tres actos, pero no por solemnidad narrativa, sino porque así se entiende mejor lo que se cuenta, y lo que es más importante, permitimos que nos cale y mida cuánta empatía intacta nos queda en este mundo de farsantes alentejados y cobardes con emblema. El primero es la historia del fin del mundo, sin más: un hombre siente la necesidad de buscar a su exmujer, mientras el planeta colapsa poco a poco. Los territorios caen al abismo, hay plagas exterminadoras y hambrunas devastadoras. Lo curioso es que no vemos casi nada de eso, excepto por las noticias, que pronto desaparecen al caer internet. Y en mitad de un caos que parece no tener vuelta atrás, proliferan extraños anuncios por todas partes, en los que se agradecen los 39 años de servicio a un tal Chuck, con pinta de gris funcionario, pero nadie sabe quién diantres es. En el segundo, conocemos a Chuck mientras camina, suponemos que hacia su trabajo, por un complejo comercial, y una joven que abandonó Juilliard planta su pequeña batería para intentar sacar unos dólares, pero el ambiente está soso, excepto por ese improbable señor con traje, corbata y maletín que se acerca, y que al escuchar un insignificante toque desencadena una de las escenas más bellas del cine reciente. Insisto: lo que hace Tom Hiddleston es explicarnos sin palabras la poesía de Fred Astaire o Gene Kelly en pocos minutos ¿Pero por qué haría algo así este hombre? Ni él lo sabe, pero quedará explicado en el maravilloso tercer acto, el más complejo y emocionante, en el que nos vamos hasta la niñez de Chuck, marcada por una terrible tragedia, en compañía de unos abuelos que se quedan con nosotros para siempre, y con esa gran incertidumbre flotando sobre él, y que es la piedra filosofal para entender este precioso cuento repleto de cariño y buenos sentimientos, pero que jamás cae en la sensiblería gratuita, porque de haberlo hecho seguro que se hubiera estrenado antes en este mundo repugnante e incomprensible, pero en el que tanto nos gusta vivir... hasta que desaparezca del firmamento.
Llorarán.
Saludos.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Yo te digo mi verdad


 

Yo te digo mi verdad, hermano, que digo yo que qué diantres quisieron hacer en THE LITTLE DRUMMER GIRL, aquella olvidadísima película en la que Diane Keaton (con el peor peinado de su carrera) interpretaba a una muy liberada actriz de teatro clásico que (agárrense al sillón) tras asistir a una estrafalaria declaración propalestina a cargo de un señor vestido de Gucci y pasamontañas, decide caer en sus redes, largarse a Grecia a rodar un anuncio y terminar descubriendo que el galán palestino, que estaba por allí, era miembro de una célula sionista. Yo, verán ustedes, esto es de John Le Carré, un señor pulcro hasta lo enfermizo, pero no he leído su novela, aunque se intuye que Loring Mandel, normalmente un muy buen guionista, no ha entendido nada. Aun así, más extraña es la dirección de George Roy Hill, un director capaz de maravillar y desconcertar, y que aquí parece ir dirigiendo según dónde se desarrolle la acción; en unos sitios parece una película de espías, en otra un drama romántico empalagoso, y hasta una comedia absurda. Más de dos horas para enseñarnos besos, maletines bomba, mensajes en clave y a la pobre Diane metida a guerrillera... Yo, por un momento, acabé desorientado con un film flojo muy flojo. Y con Klaus Kinski, por añadidura. Y otra curiosidad, otra vez con música de Grusin. Y dos pelis sobre dos conflictos inacabables en sólo tres días, no está mal para terminar este año y dar la bienvenida al que marca nada menos que la mayoría de edad de este blog, que tampoco es moco de pavo...
Saludos.

martes, 30 de diciembre de 2025

Superwoman no existe, pero...


 

Les vuelvo a advertir de mi poca paciencia con el tema de las series, sólo para recomendarles, si no la han visto ya (que es de 2021), MARE OF EASTTOWN, o cómo transgredir el género policíaco, vertiente asesinatos truculentos, no ya sin mutar su esencia, sino introduciendo otros tantos géneros, como el drama familiar, la comedia inteligente, el sarcasmo antirromántico, para terminar creando una fascinante y absorbente trama que, sí, crees haber visto muchas veces, pero puedo asegurar que no hay otra serie como ésta. No al menos que sea capaz de condensar tantísimas cosas en unos exiguos siete capítulos que son ya historia del audiovisual. Asesinatos, violencia familiar, sustancias a cholón, rencillas frescas, odio al diferente, odio al de fuera, odio al que saque un poquito la cabeza. El clima creado por Zobel e Ingelsby (qué maravilla tener un solo director) es más que asfixiante, es venenoso, irrespirable, cargado de unos secretos que empiezan a salir a la luz sólo tras el brutal asesinato de una joven de 17 años, que unido a una serie de desapariciones de otras tantas jóvenes crean un marco laberíntico y opaco en uno de esos apacibles pueblitos de los que el maestro Lynch nos recordaba toda la podredumbre bajo su fachada. Y luego está Kate Winslet. El despliegue de Winslet en esta serie no es de Globo de Oro, que lo ganó, sino directamente de oscar. La capacidad de la actriz británica para sostener cada recoveco de este complejísimo entramado no es lógico en el mundillo de las series, donde el peso suele quedar más repartido, pero es ella quien da sentido a todo. Es Mare, esa detective amargada, cínica pero justa, práctica pero a veces irreflexiva, con un entorno familiar ingobernable, una vida personal desastrosa y la necesidad de demostrar que puede resolver este extraño caso, aunque una chica lleve desaparecida un año y no haya una sola pista sobre ella. Me resisto a contar más, porque es una serie que es necesario descubrir a pequeños pasos, con ayención sumaria a cada detalle, por nimio que parezca. Aquí no hay malentendidos ni trampas de guion, sino uno magistralmente estructurado, estupendamente dirigido y prodigiosamente interpretado. 
Es un lujo, es un cañón y está en HBO, como si no lo supiéramos...
Monumental, y lo de la Winslet, insisto, es de no creérselo.
Por cierto, si son muy aprensivos no vean la última media hora.
Saludos.

lunes, 29 de diciembre de 2025

El principio de una corta amistad


 

Gran parte de la mala prensa que siempre ha tenido HAVANA proviene, supuestamente, de sus sospechosas y no asumidas correspondencias y similitudes con CASABLANCA. Entrar en el patio de un tótem implica aceptar las consecuencias, pero no creo que a Pollack y a Redford les importase demasiado dicha circunstancia. En este caso, la acción se traslada a la capital cubana, en plena crisis del régimen de Batista, tan sólo unos días antes de que estallara la revolución en el año nuevo de 1959. Jack Weil es un buscavidas, un jugador de póquer que sólo quiere hacer dinero, pasárselo bien y salir pitando si las cosas se ponen feas. Justo hasta que se cruza en su camino Roberta, la esposa de un médico revolucionario, de la que queda hechizado, momento en el que todos sus planes empiezan a toparse, por primera vez, con la cruda situación del país. Es cierto que la química entre Robert Redford y una gélida Lena Olin no sea la más epatante, o que uno tienda a dudar de que un jugador profesional ponga en riesgo su vida en varias ocasiones por una mujer, por lo que se sugiere (lo que es menos verosímil) una supuesta adhesión a la causa. El único motivo por el que me parece un film correcto es la convicción con la que Redford impone su propio magnetismo al personaje, convirtiéndolo en un camaleón indescifrable y autosuficiente, pero que revela, ya al final, un código de honor insospechado. Un personaje, si se quiere, aún más díscolo que el de Bogart, pero que siempre sabe "jugar sus cartas".
Por cierto, si la ven díganme a qué otra banda sonora les recuerda la de Dave Grusin, o me estoy volviendo loco...
Saludos.

domingo, 28 de diciembre de 2025

Rincón del freak #675: El principio lo explica todo


 

Cuando no tengamos a Stephen King (entérense, insensatos), sabremos la sensación de quedar huérfanos, o como te falta un miembro (el que sea) que siempre estuvo ahí. Por eso, aprovechémoslo, celebrémoslo, regodeémonos en su inacabable universo y dejémonos de gilipolleces como que MAXIMUM OVERDRIVE es una puta mierda. Yo digo ¿y qué? Si en alguna corrida (de toros) indultan algún astado, yo digo que en peores plazas hemos toreado, y que esta peli es una ida de olla hecha por la cara, en "máximo" estado de sustancias varias, con un King que reclamaba su derecho a desolemnizarse a sí mismo antes de que cualquier atrapaliendres lo hiciese por él. Lo de menos es el guion, quién lo diría, y aquí lo que prima es la juerga barroca, con camareras empuñando bazookas, máquinas lanzando latas de Pepsi, Emilio Estévez haciéndose pasar por héroe de acción y un camión con la cara del Duende Verde, que no se puede molar más que ese camión. Como si esto fuese la antesala anfetamínica de LA NIEBLA, el grupo más heterodoxo y grasiento posible se refugia en una gasolinera, mientras los camiones los circundan amenazantes, movidos por una fuerza misteriosa proveniente del espacio. Sacar a la pobre Ellen McElduff gritandono una, sino dos veces, "¡Nosotros os hicimos!", antes de sucumbir a una simpática metralleta giratoria, es historia del cine. Pero no hay un plano más elocuente que el de apertura, donde un Stephen King en imprescindible autocameo se acerca a un cajero que le espeta un contundente "Fuck you!". En fin, pequeños, grandes y medianos, disfruten de esta epopeya del desconcierto y asistan a una de esas locuras que hoy, literalmente, no podrían hacerse... Y lo produjo De Laurentiis... Y la música es de AC/DC, que es el despiporre ya...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!