Ha muerto José Luis García Sánchez, engrosando una lista que ya me parece desbordada. Pero aquí estamos, una vez más, para hacer justicia y, cómo no, alimentar nuestra insaciable cinefilia. García Sánchez siempre me ha parecido un cineasta de la reconciliación, como queriendo pasar página al mismo tiempo que reivindicaba a sus mayores. Esto queda patente en su inclasificable debut en el largo, tras varios cortos y colaboraciones con el gran Martín Patino. EL LOVE FEROZ O CUANDO LOS HIJOS JUEGAN AL AMOR, parece berlanguiana en sus tramos corales, coetánea del Garci de chaqueta de pana cuando se pone seria, pero despendolada hasta lo ridículo en los accesos de comedia a lo Mariano Ozores. Guardada celosamente en un cajón del productor José María González-Sinde, que sabía que no podría estrenarla tal y como estaba rodada, vio la luz a finales de 1975, con la censura aturdida por otros menesteres, lo que no creo que le sentara tan bien como pareciera. Es una comedia generacional, en torno a una familia acomodada, de chalecito en la sierra se comprende, que ven su tranquila vida desbordada por la vida de su hija menor, Adela, que ha despertado al amor (y otras hierbas) con Dioni, de clase trabajadora, pero ideas digamos volubles. Más resolutiva como involuntario retablo de la España que se iba, y que a muchos tanto les costó aceptar, que como comedia romántico-generacional, es de ese cine entablillado, como pudoroso por estar en ese imaginario pero pesado Ecuador que fue la prototransición. Tiene imágenes directamente ridículas, un José Sazatornil desaprovechado, una extrañamente melancólica Concha Velasco, que parece como dirigida por Saura o Erice. Valga la imagen que ilustra esta reseña/dedicatoria, exactamente la última del film, tan inquietante que si te dicen que es de una película de terror no habría disenso.
Saludos.















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