Otro repaso que finalizamos aquí, éste bastante más corto, el de los Goya, con la que resultó ganadora como mejor película, LOS DOMINGOS, tercer largo de Alauda Ruiz de Azúa, con el que termina de demostrar que su magnífico debut, CINCO LOBITOS, fue un espejismo. Esta película, tontísima, ingenua hasta las trancas, de escritura sospechosamente tendenciosa, comete el peor de los pecados (nunca mejor dicho): no tomar una sola decisión. Incluso peor, porque el único momento realmente relevante y genuinamente emocionante llega nada menos que a cinco minutos del final, tras una travesía en el desierto que sólo podría entender si esto lo hubiese financiado el Opus Dei o algo así. El beaterío vende, con Rosalía "divinizando" su chonismo mientras se/nos convence de que un gorgorito es ópera, en las cadenas autonómicas estamos constantemente asaeteados por misas que remiten a los tiempos en los que, como el único personaje cuerdo (y por tanto inteligente) del film espeta desesperada, "allí sólo van las que no tienen dónde ir". Por ello, es una mirada tétricamente ambigua, desubicada, que ni siquiera entiende los códigos y conductas de una secta, si no es desde la podrida equidistancia. Que la niña ha encontrado la vocación y se marcha a un convento, pues cojonudo, pero siempre defenderé esa frase tan lúcida de "un hijo de puta asqueroso no es defendible ni respetable sólo porque sea un viejecito de 90 años". El beaterío ha vuelto, pero sólo porque se lo hemos permitido. Recuérdenlo para tiempos venideros, que harán mejores a éstos...
Vergonzosa.
Saludos.

















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