Como suele ocurrir con cualquier corriente integrada en un género, se suceden los tiempos de auge, esplendor y decadencia, con la misma naturalidad con la que se agotan las fórmulas. Lo que no es tan frecuente es encontrar sucesores capaces de recoger el testigo de los creadores, aportando además una visión renovada, aunque deudora, yendo más allá del simple homenaje. Esto ocurrió con Michele Soavi, que venía de instruirse en un par de cintas de Dario Argento, y que en 1987, justo cuando su cine empezaba a flaquear y autoreferenciarse, demostró que el giallo aún podía mostrarse con energías renovadas. Partiendo de un guion del mismísimo George Eastman, se servía de un escenario único, un apartado teatro donde una compañía de tercera fila ensaya un musical protagonizado por un asesino con cabeza de búho; sin embargo, la trama se vuelve realidad cuando un verdadero asesino se coloque la cabeza y empiece a asesinar uno a uno a la compañía. DELIRIA (que era su título original, porque aquí alguien dijo que sería AQUARIUS), aun con la mismas licencias y exageraciones que cualquiera de sus antecesoras, ha quedado como un film de culto por derecho propio, manteniendo la tensión aunque sepamos en todo momento la identidad del asesino, con algunas muertes de verdad espectaculares y una escenografía magnífica en su uso del espacio, y que definiría el cine posterior de Soavi. Por contra, el film está repleto de situaciones inverosímiles y personajes estúpidos haciendo estupideces, aunque eso ya es más esperable.
Saludos.



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