El padre de Matthieu lleva 25 años en la misma empresa. Es un veterano, un fijo que va con sus hijos a las monterías que organiza el dueño de la empresa. Sus hijos también trabajan allí, todo correcto. Un día, el padre de Matthieu se fuma un cigarrillo en su puesto de trabajo, es despedido fulminantemente. Así funcionan las cosas, para el padre de Matthieu y también para Matthieu. Un día, el padre de Matthieu es encontrado muerto. Habrá quien diga que no, pero Matthieu está convencido de que se ha suicidado, y hará pagar al causante. En esencia, esta es la premisa de SELON MATTHIEU, un alegato por la dignidad proletaria, la lucha de clases y la imposibilidad de traspasar todos y cada uno de los grados de separación entre quienes regentan y quienes sostienen. Es una película polémica, por cómo el protagonista se desempeña, las decisiones que va tomando, hasta desembocar en un desenlace tan desesperanzado como inconcluso, fiándolo todo a la unión de la familia cuando todo lo demás ha fallado. Benoît Magimel es el obstinado Matthieu, que al compás de Bach (demasiado evidente) fija su objetivo en la aburrida, frívola y ludópata mujer del jefe (Nathalie Baye), con resultados que, como el tono general del film, parece una oportunidad perdida para enarbolar ese puñetazo sobre la mesa que no llega, excepto en algún subrayado, que evidenciaba la bisoñez de un director por entonces (2000) aún por hacerse y consolidarse.
Curiosa, pero incompleta.
Saludos.














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