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sábado, 19 de octubre de 2024

Triple H de garrafón


 

Nada me ha impedido indagar en el extraño ínterin televisivo de la mítica productora Hammer, descubriendo otra miniserie de episodios autoconclusivos allá por 1984. Desgraiadamente, los trece episodios de HAMMER HOUSE OF MYSTERY AND SUSPENSE, pese a su lujoso envoltorio de pequeños telefilms de casi hora y media, no va más allá de un endeble pastiche de la serie original, más comprometida con los cánones que hicieron de la Hammer puntera en el cine de culto. Extraño, porque la nómina de directores estaba compuesta por nombres insignes de la productora, además de contar con actores y actrices de renombre. El problema está en unos guionistas que se dedican a sestear, mientras acribillan clásicos de todas las épocas, apenas barnizando las sospechas con los consabidos aliños de la época, confiando en ofrecer un producto ultramoderno, pero que el tiempo ha revelado como prematuramente antiguo. Hay algún episodio notable, como el penúltimo, en el que una familia se despierta descubriendo que toda su casa está rodeada de un extraño e impenetrable material, lo que me recordó algún cuento de Matheson y un film francés muy reciente que se presentó en Sitges. Es la excepción, y entre los caganchos tenemos a un estupefacto Dirk Benedict, que intenta en vano demostrar que podía ser un actor solvente más allá del "Equipo A", o un último capítulo que mezclaba tenis y pilotos de combate... A ver, si son nostálgicos y coleccionistas, existe una edición en DVD, un poco cara, pero con buena calidad; el resto, absténgase...
Saludos.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Rincón del freak #178: De Kenya a Lancastershire sin que se inmute un pelo de flequillo



Raudo, acudo al requerimiento (un poco sui generis, es verdad) de Mr. Lombreeze a causa del necesario rapapolvo a ciertos "affaires" de nimia repercusión en el seno de la Iglesia Católica, nido de rufianes y encoñados nenes de mamá, hijos de perra que deben recuperar el tiempo perdido en su gilipollesca juventud, por lo que persiguen a niños inocentes con aviesas intenciones. De los militares hablaré otro día, no lo duden...
El caso es que mi amigo, compadre y hermano de letras y celuloides, hizo referencia a un segundo film del mismo director, Cyril Frankel, uno de aquellos entrañables "artesanos", 4X4 de la dirección y buen y obediente realizador de los lúbricos designios de la Hammer. THE WITCHES queda perfectamente enclavada en aquello que se llamó "Country horror", término que ha vuelto a poner de moda el gran Ben Wheatley y que hallaba su sustento principal en una celebración de lo atávico, ritos ancestrales mediante y con gran querencia por los poblachos cerrados sobre sí mismos y que sólo se muestran acogedores y hospitalarios con el extranjero para su propio y arcano beneficio. Una madurita Joan Fontaine encarna a una antigua misionera que huye de sus propios fantasmas africanos refugiándose en una enigmática escuela de la campiña inglesa. Allí encontrará paz y tranquilidad, aunque el extraño comportamiento de los habitantes la lleve a sospechar que algo se cuece en los interiores de ese mar de calma, quizá no tan auténtica. Sin que se le mueva un cabello de su superlacado peinado (con algún que otro exceso de secador... Gasp!!!), la Fontaine transita un ambiguo rol de señora deseable pero difícil de no respetar, dada su imperturbable efigie y previsibles Maderas de Oriente, que siempre era algo que anulaba el acercamiento carnal. La película en sí no es ninguna maravilla, pero dos elemntos más podríamos destacar si es que se les ha abierto el apetito cinéfago. Uno es la deliciosa presencia de la sudafricana Ingrid Boulting, que con la mayoría de edad incorporó su tremendo físico a diversas revistas masculinas; otro es el orgiástico final, indetectable por la deriva misma del film, muy apegado al horror clásico británico, pero que supone un punto fuerte al tirar la casa por la ventana en un desmelene de brujería druídica más que sugerente... De la Hammer, vaya...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!