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martes, 16 de junio de 2026

Se ha escrito un misterio para tres


 

Tenía ganas de hincarle el diente a HOKUM, último film del irlandés Damian McCarthy, por el buen sabor de boca que me habían dejado sus dos anteriores propuestas, CAVEAT y ODDITY, en las que ensayaba un horror apegado a las leyendas, pero con el aliciente de unos entornos que se convierten en un personaje más. Aquí, si se quiere, esto es aún más notorio, siendo la preciosa posada rústica el centro gravitatorio de la historia. Hasta allí llega Bauman, un exitoso escritor norteamericano, con la intención de enterrar las cenizas de sus padres, que murieron siendo jóvenes en circunstancias turbias. Sin ánimo de desvelar casi nada de una película que creo que aún está en cartelera, me quedo con la maravillosa ambientación y el estimable trabajo de los actores, con Adam Scott a la cabeza. Por contra, el guion me parece un desastre, el típico encordado de conceptos que te van sonando a medida que aparecen, pero que no dan para cohesionar una historia siempre al borde del ridículo. El tono no termina por decidirse entre lo truculento, lo sofisticado o lo directamente jocoso, invocando por momentos al par de series mencionadas, "Se ha escrito un crimen" y "Misterio para tres". Es como una hermana muy menor y acomplejada de EL RESPLANDOR, aunque no podía quitarme de la cabeza un film que, dentro de su modestia, me parece muy superior: THE INNKEEPERS, del gran Ti West, que sí dominaba una comedia negra que derivaba en un terror impactante. Me deja una sensación extraña, de una multitud de ideas que no van a ninguna parte. No es una mala película para nada, pero sí una oportunidad perdida, aunque seguimos confiando en que el gran título de McCarthy está por llegar.
Saludos.

miércoles, 25 de febrero de 2026

Mejor, cuanto más cerca


 

Así rezaba el lema de un anuncio de colonia (si la memoria no me falla, masculina), hace muchos años, cuando los anuncios de colonia tenían una frase en tu propio idioma. Y así me parece que funciona mejor el cine, siempre al borde de la farsa, del griego Yorgos Lanthimos. En su idioma, sí, porque CANINO sigue insuperada, pero también cuando no abre mucho el foco, se centra en su casa de muñecas y es capaz de hacer un remake que supera en muchas cosas a la original, de la que daremos cuenta en breve. Organizada como un dispositivo ingenioso y juguetón, pero también inquisitivo y cruel, BUGONIA se abre con dos primos apicultores, de dudoso equilibrio psíquico, que están convencidos de que la Tierra sufre una invasión alienígena, y que ellos son los encargados de salvar el planeta, Para ello, secuestran a la prestigiosa empresaria Michelle Fuller, para retenerla hasta el próximo eclipse lunar, momento en el que su raza planea destruir a la humanidad. No hay mucho más que contar, y de hecho es mejor no contar nada más, porque he aquí un film con un buen guion, que se va desplegando con paciencia pero sin morosidad. Lanthimos da en el clavo al jugar con nuestra propia percepción (¿Qué era, si no, CANINO?), sin saber nunca qué posición es la correcta, en una historia que no es ciencia ficción, o sí, o a lo mejor es un afilado toque de atención, o quizá la forma en la que un nihilista levanta la última copa al aire. Excesiva, recargada, incluso bufonesca, parece un viejo anuncio de colonia, pero las miradas que se dedican unos imperiales Jesse Plemons y Emma Stone no tienen un ápice de estudiada comercialidad. Que esta película esté entre las diez de los oscar es otro misterio, tan grande como por qué hemos logrado llegar hasta aquí...
Saludos.

sábado, 22 de febrero de 2025

Coches de choque


 

Pensaba estructurar esta reseña del mismo modo en que Yorgos Lanthimos lo ha hecho con KINDS OF KINDNESS, su último trabajo; esto es, en tres episodios que a simple vista pueden parecer distanciados unos de otros, pero mantienen un hilo común que, curiosamente, termina por ser el mayor lastre de esta especie de epopeya de la "incapacidad moral", siempre según el punto de vista de un autor cuyo grado de misantropía ha decrecido paralelamente a su necesidad de "hacerse entender" en un mundo tan devaluable como es el del circuito comercial. No lo haré por tanto, y me quedaré con lo mejor y lo peor, que son, por orden, el trabajo de Jesse Plemons en el primer segmento, que incomprensiblemente se desarrolla sólo a medias, dando paso a otros dos de mucho menor interés. En este inicio, el protagonista, un hombre de vida acomodada, es requerido por su jefe para realizar diferentes actos de obediencia ciega; a la negativa de uno de ellos, pierde sus privilegios, y con ellos prácticamente toda su vida. La intención de Lanthimos es clara: caligrafiar nuestros miedos y servidumbres habituales, despojándolos de sus máscaras sociales, lo que redunda en una escatología del exceso a veces estomagante, y que en este film apenas logra rozar en algunos pasajes bien ejecutados, llegando a evocar aquel shock primerizo que era CANINO, del que ahora sólo conjuga repeticiones lujosas pero sin alma. Más o menos lo que parece querer denunciar el director griego, pero cayendo en su propia emboscada. El título de la reseña hace referencia al desenlace, que me hizo resoplar, por manido y cansino.
Son casi tres horas, así que ustedes mismos.
Saludos.

martes, 3 de diciembre de 2024

Pescadores de coplas


 

Curiosa cinta ALL YOU NEED IS DEATH, que juega con el ridículo, o la comedia involuntaria, para terminar siendo un modesto y digno film de terror, internándose por aquello del folk con bastante más sentido que otros productos más ambiciosos, pero también más artificiales. No es muy larga, y le cuesta bastante arrancar, pero su escena central le da sentido a una premisa algo confusa, en la que una pareja se dedica literalmente a "robar" canciones tradicionales irlandesas, aprovechando que la mayoría no se encuentran registradas, con tal de apropiarse subrepticiamente los derechos. Sin embargo, su ambición les lleva hasta una legendaria cantante, heredera de una antiquísima estirpe, que les canta un pasaje en una lengua ignota, presumiblemente anterior incluso al gaélico, pero que alberga una devastadora maldición contra quien ose divulgarla sin permiso expreso. Y como decía, el film mantiene el interés hasta un desenlace que no por esperado es menos impactante, y que la coloca en esa interminable lista de títulos poco memorables, pero que nos podría advertir (se trata de una ópera prima) de una más que prometedora carrera en el género.
Saludos.

lunes, 11 de noviembre de 2024

El motivo gravitacional


 
Hay directores que hacen mejores a sus películas, pero también películas que se benefician poco de estar dirigidas por realizadores ensimismados. Había cierto revuelo en Sitges por ver ODDITY, el nuevo trabajo de Damian McCarthy, tras sacarse de la chistera (nunca mejor dicho) aquella inquietante aunque irregular CAVEAT. Hay cosas muy mejoradas en este nuevo film, como un guion más trabajado, o hacer al espectador cómplice absoluto de una trama que propone muchas sorpresas, pero no le importa ir desvelándolas antes de lo previsto. A su favor, de nuevo el espacio único, en un apartado caserío al que se muda una pareja, pero ella es brutalmente asesinada. Él, médico en una institución psiquiátrica, intenta rehacer su vida con otra mujer, pero la hermana de su difunta esposa le hace una imprevista e inquietante visita en el aniversario de su fallecimiento. Aquí empiezan los problemas de guion, y a McCarthy le cuesta horrores no caer en la autoparodia, no ya por integrar a la hermana, una médium ciega, sino por una trama muy difícil de creer, y no sólo por el elemento sobrenatural, que tampoco tiene una relevancia crucial. Tiene algunos momentos muy conseguidos, incluso puntualizaciones que oscilan de lo macabro a lo divertido, pero voy a permitirme pensar que este director aún tiene bastante más que ofrecer, sobre todo si es capaz de sacudirse algunos complejos que parecen autoimpuestos, como la tendencia a una sobriedad que deviene tedio. 
Es una buena película de terror, pero espero bastante más próximamente.
Saludos.

viernes, 8 de marzo de 2024

El elefante en la habitación


 

Antes que nada, prometo que la elección del 8 de Marzo para hablar de POOR THINGS es totalmente casual, aunque podría no haberlo sido. Se acerca Yorgos Lanthimos a un feminismo con mirada de hombre, incapaz de mirar con valentía la feminidad, y por tanto dar mil rodeos y orquestar cien arabescos más para esbozar cuatro renglones de una simpleza abrumadora. Esta película quiere ir al hueso en su discurso, pero con el único arma de la reiteración, a modo de carrusel, de ideas que caben apenas en un tweet ¿O no se ansía eso mismo desde la decisión de que la emancipación sólo es posible desde el olvido y la negación del yo? Pírrica victoria en ese aspecto, pero también deberíamos hablar de las sensaciones encontradas, por lo del "autor" que en otros tiempos (tampoco tan lejanos) extraía un exuberante discurso desde el desecado de las formas, reduciéndolas a iconos parlantes y casi automatizados. Algo de eso hay en la primera mitad de este híbrido entre "El moderno Prometeo", "Cándido" o el "Gordon Pym", al menos mientras Emma Stone aguanta en modo marioneta borracha. El problema es que Lanthimos no sabe parar, o se gusta demasiado, y alarga el exiguo motivo principal en pertrechos que convierten su desmesurado metraje en exasperante. Justo hasta un desenlace directamente sincopado y de montaje velocípedo. 
Ahora el "ejem" ¿Qué hace entonces que POOR THINGS no sea una mala película? Supongo, creo o afirmo que la ingenuidad con la que se lanza en pos de enarbolar un discurso pretendidamente profundo, para lo que emplea un crocanti de imágenes deliciosas en su composición diamétrica, pero fallidas en cuanto esperan expresar algo por sí mismas. Curioso, porque el único propósito de Bella Baxter es ése, decir algo aunque no quiera decir nada.
Me temo que puede ganar, y por partida doble... o triple...
Saludos.

martes, 26 de diciembre de 2023

Jugando a los detectives


 

Puede llegar a existir un cine inclusivo que, a fuerza de no demostrarlo groseramente, termine siendo menos relevante que el que usa dichos elementos sin camuflarlos. BARBER parece una muy típica historia detectivesca, con todos sus tics y lugares comunes perfectamente expuestos, pero que, al igual que su protagonista, parece más preocupado por líneas argumentales que no deberían mezclarse con su eje central, pero todos terminan por entrecruzarse por culpa de un guion que parece escrito por un principiante que ha visto todos los clásicos del género. Y menos mal que tiene la suerte de contar con Aidan Gillen como protagonista, un actor tocado por una especial ambigüedad, que aquí le viene perfecto. Tanto es así, que importa menos el caso al que se dedica (la desaparición de una joven de clase alta) como su circunstancia personal. Val Barber fue expulsado de la Guardia irlandesa, y al poco su mujer se divorció de él, y ambas cosas por el mismo motivo, porque para un bisexual es incluso más difícil normalizar su naturaleza que para un homosexual. Sea como sea, esta hora y media se hace pequeña, insípida, con nudos argumentales que no van a ninguna parte, para terminar siendo desentrelazados a toda prisa y escasa verosimilitud. Es un minúsculo engranaje de plataformas, pero almenos tiene a un actor soberbio que reclama papeles de mayor importancia.
Saludos.

lunes, 3 de julio de 2023

Un viejo conocido



 Hay algo en MARLOWE que sabes que no va a funcionar. Se sabía ya desde la novela de Banville, aun así muy superior a la adaptación de William Monahan, incapaz de creerse que de verdad lo que se quiere contar es una historia que sólo podría suceder en ese momento y ese lugar. Y aun así, es Neil Jordan, y yo amo a este director aunque ruede a hipidos, porque sé que lo echaremos de menos cuando no esté. Pero Jordan nunca ha sido un clásico, no uno canónico al menos, y Philip Marlowe necesita esa tragedia, esa leyenda, esa pesadumbre de quien pierde pero lo hace con convicción. Este Marlowe es lo que Jordan pretendía al traernos de nuevo a Liam Neeson, un héroe cansado, meditabundo, un poco con ganas de marcharse en cualquier momento. Así las cosas, no puedo evitar preguntarme por qué el emperre de "fidelizar" a nuestro tiempo a grandes clásicos. No me refiero a filmar con los medios contemporáneos, faltaría más, sino precisamente a evitar el conflicto, la colisión de expectativas, de la que saltan esquirlas de extrañeza visual. No lo esperen aquí, y sí un trabajo que huele a semidespedida, la de un cineasta que algún día será reivindicado como merece, aunque no lo será por este compendio de "viejos éxitos"...
Saludos.

jueves, 1 de diciembre de 2022

El sustento a hurtadillas


 
THE WONDER es, ya desde su planteamiento como producto, una película fallida, extrañamente desubicada. Choca ver al argentino Sebastián Lelio, cineasta de humor triste, de personajes multipolares, adentrarse en la sombría novela de Emma Donoghue, donde importa menos el motivo principal que el detallado e inmisericorde de una Irlanda rural, fanática y miserable, que poco tiene que ver con este anonadado retablo de arquetipos en falsete. No la salva ni una estática Florence Pugh, ni las nimias apariciones de Tom Burke, Niamh Algar, Ciarán Hinds o Toby Jones, de participación poco menos que anecdótica. Lo que se nos cuenta es el misterioso suceso de una niña de apenas once años, que desde hace cuatro meses ha dejado aparentemente de comer, pero se mantiene en perfectas condiciones físicas. La necesidad de demostrar que tal hecho es algún tipo de milagro divino, la cerrada comunidad decide contratar a una enfermera y una monja, para que ambas observen y corroboren la santidad de la niña. Sin embargo, la enfermera se niega a admitir lo que considera absurdo, e iniciará una investigación paralela, tan sólo para descubrir que la realidad siempre es más terrible e insoportable que los mitos. El film está correctamente facturado, tan correctamente que sufre de cierto encorsetamiento, tornando una historia fascinante en un aburrido suceder de postales intencionadas.
No es un absoluto desastre, pero tampoco ninguna "maravilla".
Ah, y es de Netflix.
Saludos.

lunes, 6 de junio de 2022

Los cuerpos extraños


 

WOLF es una curiosa película, cuyo resultado final es mucho más convencional de lo que propone en un principio, y que hubiese dado para un intento más arriesgado y menos normativo. El segundo largo de Nathalie Biancheri (cineasta italiana, pero arraigada en Irlanda), flirtea con la proposición inmersiva de "intentar" que entremos en la mente de Jacob, un joven que literalmente cree que es un lobo atrapado en el cuerpo de un humano. Todo lo concerniente a su tormento interior, las dudas que atisbamos en su rostro (el de un magnífico George MacKay), conforma el sustento de un film que, en cambio, se nota forzado a la hora de introducir al resto de personajes. Cuesta trabajo creer (más allá de una posible suposición fantástica) que exista una institución, en la que de repente se encuentra no menos de una docena de pacientes (además todos muy jóvenes), precisamente con el mismo problema que el protagonista. Como si de una versión alterada de "mutantes" se tratara, encontraremos a jóvenes que creen ser loros, ardillas, osos, perros, patos o caballos, cuando hubiese más interesante saber qué pasaría con otros enfermos mentales no tan similares. Otro patinazo es la descarada alusión a ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO, por mucho que el psicopático terapeuta interpretado por Paddy Considine sea de lo mejor del film, junto a los notables esfuerzos miméticos de su protagonista. Una película, en fin, menos compleja de lo que podría parecer, que presenta a una cineasta con futuro e ideas interesantes, pero que me parece una oportunidad perdida para elaborar un guion que hubiese exigido menos rasguños, y sí heridas más profundas.
Saludos.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Amor de madre


 

Volviendo a Sitges, también se pudo ver SON, una atípica coproducción entre Irlanda y Estados Unidos, y que dirige el también irlandés Ivan Kavanagh, que ya llamó la atención hace un par de años con NEVER GROW OLD, un western de formas novedosas. SON es lo que parece ser, un relato de terror, solo que embebido de unas formas muy alejadas de cualquier estridencia, y más centrado en el factor psicológico, que aquí cobra dimensiones insoslayables. Tiene un punto muy fuerte, que es la expectativa de que siempre puede ocurrir algo extraordinario, que dé sentido a lo inexplicable o termine por retorcer una realidad cada vez más enrarecida. Pero también un punto flojo, que es la propia dificultad de su moroso guion por hacerse entender, lo que curiosamente entreteje  momentos de alta intensidad con otros directamente anodinos. Con la premisa de las sectas, y las secuelas que suelen dejar en sus antiguos integrantes, se nos presenta la historia de Laura (Andi Matichak, un descubrimiento), que vive sola con su hijo, hasta que éste comienza a manifestar una serie de extraños síntomas, que ningún médico acierta a explicar. Con la amenaza latente de su pasado, Laura se debate entre proteger a su hijo o enfrentarse a su pasado, ciertamente escabroso. Así, el film llega a un punto en el que necesita de toda la colaboración de un espectador que ha de volverse forzosamente crédulo, si pretende dotar de verosimilitud a la segunda y controvertida parte del film. Ahí gana enteros, y sus locos giros al menos son solventes; el problema lo tiene si la intención es lineal, y se quiere abordar como un guion convencional. Entonces, es una película de terror al uso, más o menos entretenida, pero nunca una genialidad. Ah, y el niño da bastante mal rollo, y con razón...
Saludos.

sábado, 5 de junio de 2021

Sobre lo que nos hace iguales


 

Si hay algo que deberíamos aprender del visionado de WOLFWALKERS, no es otra cosa que su hermoso mensaje de hermandad, de comprensión mutua y entendimiento al "diferente". Incluso a través de esa fábula que se arriesga a parecer ingenua, pero que se coloca finalmente en el lado más incómodo, para que experimentemos en primera persona qué significa ser cazador o cazado. El extraordinario film de Tomm Moore va mucho más allá del relato épico de aventuras, por supuesto, y hace hincapié en un abanico de valores que nunca tendríamos que haber abandonado. Es la historia de dos niñas que no comprenden el mundo que les rodea, cada una a su manera, en entornos diferentes, pero con una actitud rebelde y contestataria, alejada de un conformismo organizado, aceptado e impuesto a mayor beneficio de los miedos con los que el señor feudal administra las miserables vidas de sus siervos. Robyn es de origen inglés, y junto a su padre ha de escuchar el desprecio de los otros niños, irlandeses, mientras sueña con ser una gran cazadora, y no acabar fregando una cocina. Mebh es una wolfwalker, un ser mitológico que habita las profundidades del bosque; medio loba y medio humana, encarna una filosofía de libertad y respeto por el entorno, aunque eso signifique mantenerse siempre ocultos en una especie de bosque secreto. WOLFWALKERS habla de todo ello, y pese a desarrollarse en un tiempo pretérito, sus temas son actuales, y nos inquieren sobre fronteras, murallas, miedos, incertidumbres, y de esa invisible ignorancia, de la que sólo podemos salir siendo un poco más esclavos, aquí y allá...
Saludos.

viernes, 26 de junio de 2020

Miedo a salir de casa



Como lo prometido es deuda, aquí está CITADEL, el prometedor debut de Ciaran Foy, de 2012, y en la que puede verse claramente su valía como constructor de atmósferas insanas, pero también sus constantes y similares tropiezos, que se han vuelto a repetir en sus trabajos posteriores. Pese a durar escasa media hora, podríamos afirmar que le sobraría casi la mitad del metraje, y es que 45 minutos hubieran sido perfectos para poner en contexto lo que de verdad importa en esta cinta repleta de sugerencias, pero que desbarra cuando trata de ser explícita. El arranque es impactante, y nos muestra a una pareja joven, ella está embarazada, pero (en una angustiosa y magníficamente filmada escena) son atacados por un extraño grupo de niños encapuchados, lo que deja a la mujer en coma, aunque los médicos logran sacar a la niña sana y salva. Se abre ahí el infierno personal de este joven, desolado, con un miedo atroz a salir de casa y con la amenaza constante de que estos seres vendrán a llevarse a su pequeña. Foy, autor del guion, no explicita que nos encontremos en una especie de futuro, pero lo parece, un futuro realmente entristecido, de calles vacías y edificios abandonados, con constantes cortes de energía y una insolidaridad traducida en miseria moral. Un film que se va desinflando lenta pero inexorablemente, y que contiene momentos francamente interesantes y de gran madurez en un director que contaba por entonces con poco más de 30 años.
Saludos.

lunes, 22 de junio de 2020

La vida que vivimos



Una pareja se encuentra al salir del trabajo. Son jovenes. Ella es maestra en un jardín de infancia, él parece que se dedica a la jardinería. Se van hasta una especie de inmobiliaria, quizá estén buscando un piso, una casa, tener su propia vida. El vendedor les lleva hasta una urbanización donde todas las casas parecen iguales; igualmente asépticas, igualmente impersonales. Cuando se dan cuenta, el vendedor ha desaparecido; se montan en el coche, pero no logran encontrar la salida a la urbanización, siempre aparecen frente a la casa que les han enseñado, el número 9.
Adelantar algo más de VIVARIUM sería jugársela a derribar el ingenioso e inquietante castillo de naipes sobre el que se sustenta, porque el irlandés Lorcan Finnegan, en su segundo largo, prefiere que saquemos nuestras propias conclusiones sobre lo que vamos viendo, aunque ya les digo que nada de lo que veremos es ni medio normal. Estamos ante una película más sugerida que narrada, con diversos golpes de efecto bien ensamblados, y que despiertan tanta curiosidad como desesperación, a través de una trama repetitiva, exasperante, pero que cobra sentido justo a tiempo, cuando ya empecemos a vislumbrar qué diablos nos están contando. No debe haber costado una barbaridad, y los actores Imogen Poots y Jesse Eisenberg, de hecho, son productores ejecutivos de esta extraña distopía, que podría ser un cuento de terror cósmico o bien un relato marciano de Bradbury. En todo caso, una más que interesante propuesta, sin ser tan osada o pedante como otras menos dotadas, y que sirve (que no es poco) para pasar hora y media de entretenimiento más o menos inteligente.
Por cierto, atentos a las imágenes con las que se abre el film.
Saludos.

martes, 9 de junio de 2020

Tarantineces



No es un recién llegado Ant Timpson, y se le nota en lo claras que tiene algunas cosas, incluso para alguien que, con más de 50 años, se ha decidido a debutar en la dirección. Con una larga carrera como productor, el neozelandés puso en las manos del guionista Toby Harvard una idea que llevaba rondándole la cabeza mucho tiempo atrás, y que puede parecer muchas cosas, pero desde luego no una sola. COME TO DADDY es, ante todo, sorprendente; una amalgama de géneros con un guion endiablado, no porque nos cuente nada que no hayamos visto ya, sino porque contiene la maravillosa cualidad de "guiar" al espectador por donde cree tener el control, para seguidamente ir hacia otro sitio completamente distinto. A grandes rasgos, comienza como una comedia negra, algo estrafalaria, en la que un treintañero (un estupendo Elijah Wood) visita a su padre por primera vez desde que éste lo abandonara siendo un niño, y lo que encuentra es un tipo sombrío y alcoholizado, aunque termina por despertarle una mezcla de curiosidad y condescendencia. Sin embargo, aviso: cualquier camino que pensemos que puede tomar la película a partir de ahí es probable que no se corresponda con el que finalmente ocurre. Y me cuido mucho de desvelar nada más, excepto que la sombra del Tarantino más desatado sobrevuela todo el metraje, o que podamos rastrear a grandes renovadores del género negro, como Jeremy Saulnier o S. Craig Zahler, que no es poca cosa.
Muy recomendable.
Saludos.

jueves, 22 de agosto de 2019

La sartén por el mango



Ante la imposibilidad de encontrar financiación adecuada en su país natal, Estados Unidos, Whit Stillman pudo llevar a cabo su último film hasta el momento (lleva cinco en tres décadas) gracias a una coproducción entre Francia, Holanda e Irlanda, y rodando íntegramente en este último. LOVE AND FRIENDSHIP es, aun a sabiendas de lo deliciosamente anacrónico que es el propio Stillman, un film que sólo puede calificarse de insólito, no porque no se haya adaptado antes a Jane Austen, sino porque uno cree firmemente estar "leyendo" a la escritora británica. Tal es el grado de fidelidad con el que el director ha guionizado el maravilloso relato "Lady Susan", en el que, sin señalar directamente a nadie, se ponen de manifiesto la aceptada hipocresía de los estratos más conservadores de la sociedad georgiana de finales del XVIII. Todo parte del personaje central, la joven viuda Lady Susan Vernon, despreciada sesgadamente por la familia de su fallecido marido por su supuesto arribismo; en lugar de retirarse a llorar su infortunio, decide instalarse en el mismo centro de dicha familia política, manejando con mano maestra a cada miembro y con el único objetivo de dejar casada a su hija con el gran heredero al tiempo que se procura un nuevo, inesperado y (por supuesto) acaudalado marido para ella misma, solo que éste es tan imbécil que es inacapaz de notar unos cuernos legendarios. Y todo ello con unos diálogos que son ambrosía para nuestros castigados oídos, de tan bien dichos en toda su intención, casi siempre segunda. Un trabajo no tan ambicioso como parece, aunque sí magníficamente cuidado, y al que seguramente sólo se le puede achacar un cierto halo de intrascendencia, como si lo que se nos contara estuviese destinado a olvidarse más bien pronto... ¿Pero no está acaso ahí su encanto?...
Saludos.

jueves, 18 de julio de 2019

Mirar en la dirección adecuada



Personalmente, Lenny Abrahamson me parece un buen director; no un visionario, ni nadie que vaya a establecer las bases del cine de los próximos años, pero sí un tipo con los suficientes mimbres como para ir forjando una filmografía sólida y personal, que no es poco hoy día. Como los buenos clásicos, el director irlandés imprime una entidad reconocible a cada trabajo suyo, comenzando por una fantástica dirección de actores y una cuidada ambientación, y buscando ese pasito más allá en la resolución de tramas que a veces parecen casi dilemas existenciales. Había mucho de eso en GARAJE y en LA HABITACIÓN, los dos trabajos suyos que he podido ver, y que me dejaron fascinado y con ganas de más. THE LITTLE STRANGER intenta desmarcarse de dos películas que tampoco tienen mucho que ver entre sí, y el resultado es, cuanto menos, extraño. En sus casi dos horas, Abrahamson parece tener en sus manos un modulador de ritmos y emociones, alcanzando momentos arrebatadores, de gran cine, en los más calmos, y perdiendo levemente el norte cuando se imprime algo de acción, que no es mucha tampoco. Durante el tiempo que dura este relato pausado y detallista, tenía la sensación de haber recuperado algo de la esencia de ese cineasta irrepetible que fue James Ivory, sentenciando cínicamente toda una escala de valores sociales, basados en las apariencias y el pensamiento endogámico. Lo que yo siempre he llamado "el trastero de los pijos". Ahí, en la imposibilidad de acceder a un estatus social más elevado, se encuentra Faraday (inmenso, inmenso Domhnall Gleeson), que desde niño ha deseado formar parte de la familia Ayres y vivir en la mansión de Hundred Halls. Ya adulto, y ejerciendo como médico, es llamado a atender a la doncella de dicha casa, donde experimenta de nuevo el placer de estar en un lugar al que cree pertenecer, y del que no se quiere ir tras caer rendido ante Caroline, la hija, aunque no contará con la aprobación de su hermano, desfigurado en la guerra, ni de la madre, que cree sentir la presencia del fantasma de su hija Susi, fallecida siendo una niña. Y contando este preámbulo es mejor detenerse, no porque se cuente mucho más, sino porque se trata de una típica historia de intriga, en la que los sucesos van determinando unas explicaciones que al final devienen desesperadamente retorcidas. El problema es que al tratarse de una adaptación, Abrahamson no puede o no quiere tocar dicho desenlace, que no es que esté mal ni mucho menos, pero hubiese sido una delicia seguir asistiendo a ese tira y afloja emocional entre el enamorado de clase baja y la ingenua pijilla, que aun arruinada es capaz de rechazar a alguien que no tolera náuticos sin calcetines... Ustedes saben.
Saludos.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Las entrañas del asesino



I AM NOT A SERIAL KILLER también se presentó en Sitges hace un par de años, recibiendo un aplauso bastante unánime y descubriendo al irlandés Billy O'Brien como un director con cierto talento, teniendo en cuenta una trayectoria apenas salvable de lo mediocre. O'Brien adapta la novela de Dan Wells intentando captar el ambiente frío y malsano de la pequeña ciudad en la que se suceden unos crímenes imposibles de resolver, hasta que el joven John Cleaver descubre al autor e inicia una especie de caza al cazador. El punto fuerte es la personalidad del propio Cleaver, diagnosticado como sociópata y obsesionado con la muerte, a la que tiene excepcionalmente cerca por el negocio familiar, la morgue local, regentada por su madre. La tensión creada por este juego del gato y el ratón es lo mejor del film, mientras la credibilidad (y un apabullante Christopher Lloyd) aguanta, pero una serie de decisiones incomprensibles (ese desenlace, por dios) la dejan en una cinta no tan brillante como se la supone, que se hace demasiado larga y que al final parece un remedo/refrito de otras bastante mejores, con un mayor sentido de la crueldad y del humor, lo que se echa en falta entre tanta circunspección que huele a impostada.
Curiosa, sin más.
Saludos.

lunes, 28 de mayo de 2018

Ángeles y demonios



Una mujer contacta a un hombre, intenta contratarle, pero no le convence de primeras. Ha comprado una casa en Gales, en mitad de la nada, ha gastado una suma considerable y aún debe pagarle, pero el hombre no está convencido. La mujer quiere realizar un rito de ocultismo para contactar con su hijo, muerto algunos años atrás... O al menos eso es lo que dice para convencerle...
A DARK SONG es, sobre todo, y además de un sorprendentemente maduro debut, un ejercicio de construcción narrativa encomiable. En estos tiempos de premura y trazo grueso, el irlandés Liam Gavin se toma su tiempo para erigir esta oscura historia sobre ritos, iniciaciones, deseos y secretos; un cóctel que funciona mientras las excepcionales interpretaciones de Steve Oram y Catherine Walker se mantienen como único nexo entre el críptico argumento y la creciente curiosidad del espectador, que no debe esperar un film de terror al uso, sino un audaz acceso a las tinieblas de lo que permanece en las sombras. El final, es cierto, puede resultar alargado e incluso algo descabellado, con algunos apuntes beatillos que desentonan con el montante; por contra, la excelente química entre la tensión acumulada por ella y la lenguaraz sabiduría de él, supone el gran punto a explotar de este más que prometedor debut, truculento en su justa medida y al que quizá le falte algo más de valentía a la hora de desarrollar y expandir las emociones, expectativas y frustraciones de sus protagonistas. Aun así, un muy buen film de género que intenta salirse de las convenciones del género.
Saludos.

jueves, 4 de mayo de 2017

Vive otro día



TRADERS es una película irlandesa, con no demasiada repercusión, y que parte de una interesante idea que, poco a poco, va cayendo en una inexplicable monotonía, teniendo en cuenta el escabroso material que la sostiene. El argumento gira en torno a los problemas económicos de un hombre al que todo se le ha torcido tras caer en desgracia debiéndole una fuerte suma a un prestamista; entonces aparece un conocido que le propone un negocio tan suculento como descabellado: meter todo el dinero que pueda reunir en una bolsa y concertar una cita con un desconocido para, simple y llanamente, quedar para matarse. Sin reglas, excepto la de que el ganador (evidentemente) se quedará con ambas bolsas. Casi como un híbrido de EL CLUB DE LA LUCHA y un capítulo testosterónico de BLACK MIRROR, TRADERS tiene un par de momentos francamente interesantes, pero pronto cae en la incongruencia al banalizar un hecho, el homicidio consentido, y mostrarlo como un espectáculo visual casi rozando el exhibicionismo más burdo. Una película pequeña, que probablemente va a quedarse sólo en eso. Una lástima.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!