Mostrando entradas con la etiqueta Rob Reiner. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rob Reiner. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de enero de 2026

Donde maúllan los gatos


 

Y bueno, hasta aquí llegó el homenaje a Rob Reiner, como no podía ser de otra manera con la que finalmente ha sido su obra póstuma. Curioso, por todo lo que significaba hacer, cuarenta años después, SPINAL TAP II: THE END CONTINUES, no ya por retomar su legendario film de 1984, sino por cerrarlo todo con una mezcla de buen rollo, sarcasmo y un cariño a sus personajes que ya no suele verse. Es toda una declaración de intenciones ver a Chris Guest, Michael McKean y Harry Shearer como si no hubiese pasado el tiempo, pero mostrando cómo ha pasado el tiempo. Las mismas rencillas, las mismas amistades, el mismo humor absurdo, para acompañar a esta banda imposible en su último concierto. Por allí pasa Paul McCartney, también Elton John, y se declaran fans desde siempre; su nuevo manager (en el mejor y más retorcido chiste) es un tipo al que no le gusta la música; y también logran dar, al fin, con una gran batería que no tiene miedo a la muerte. Desde luego, si no eres un fanático de la original no vas a entender nada, pero merece la pena esta inesperada despedida, del grupo, de una manera de hacer humor y del viejo Rob, al que echaremos mucho de menos.
Ah, y sí, tocan otra vez "Stonehenge"...
Saludos.

viernes, 23 de enero de 2026

El relevo relevante pero no revelador


 

LBJ, la película que supuestamente venía a arrojar luz sobre el nudo gordiano en el que coinciden multitud de expertos, acerca de en qué momento se abrazó definitivamente el siniestro pragmatismo, en detrimento de un aperturismo decididamente ingenuo, y que como sabemos se cortó de raíz. Quien quiera saber el significado y legado del oscurísimo ascenso al poder de Lyndon B. Johnson, tras el magnicidio de JFK (vengan siglas), es mejor que no se acerque a este ridículo guiñol perpetrado por Rob Reiner y el guionista Joey Hartstone, repleto de prótesis grotescas, discursos de culebrón venezolano ¿? y un intento por lavar la imagen del 36º presidente de Yanquilandia que yo al menos no entiendo a cuento de qué. Eso por un lado, pero la película está jodidamente mal realizada, con una colección de planos en los que la espalda de un personaje tapa al filmado, sin que esto sea un recurso, sino más bien una torpeza. Yo, diez años después, sigo preguntándome para qué carajo sirve esta película. Y aún peor ¿No había un actor al que no hubiese que poner tres kilos de látex en la cara? Porque lo de Woody Harrelson y Jennifer Jason Leigh es indefendible, y eso que son de lo poco salvable junto a un Richard Jenkins que nunca está mal.
Saludos.

viernes, 16 de enero de 2026

A partir de mañana


 

Puede que sea THE BUCKET LIST la peor película de Rob Reiner, o al menos la más incomprensible, porque tener a Morgan Freeman y Jack Nicholson en un mano a mano debería bastar para componer un film al menos interesante. Ante lo que estamos es una tontería sin sustancia ni sentido, en la que Freeman interpreta a un modesto mecánico, marido amadísimo y fanático de los concursos de preguntas y respuestas, mientras que Nicholson es un multimillonario pasota y cínico, dueño de varios hospitales, a uno de los cuales van a parar ambos, y a la misma habitación por el "método de ahorro" del propio dueño, sin habitaciones únicas. Los dos sufren enfermedades gravísimas, un cáncer de pulmón y un tumor en el cerebro, y un último resultado les da escasos meses de vida. Ahora toca, tras diversas escenas de lucimiento para los dos protagonistas, tragarnos que, claro, ya que nos vamos a morir vámonos a dar la vuelta al mundo. Pero no de cualquier manera, que Nicholson es millonario, así que se tiran en paracaídas, alquilan un circuito de F1 para destrozar dos coches de carreras, visita a la pirámides (que ocupa un minuto quince segundos) o nos vamos al Taj Mahal (uno cuarenta). Todo para darnos en las narices con este descarado manual de autoayuda, más simple que el mecanismo de una cuerda, en la que ya el rizo queda rizado cuando Nicholson, como buen gamberrete, contrata a una meretriz para tentar al incorruptible Freeman. Todo ello con enfermedades terminales.
De no creerse, pero no todo va a ser bueno por ser de Reiner.
Saludos.

viernes, 9 de enero de 2026

Menta y vapor


 

Es una sensación febril la que siempre me provoca A FEW GOOD MEN, una película capaz de hacerte decir al mismo tiempo que está primorosamente escrita y que es palmariamente tramposa. No sé, pero aquí creo que es mejor abandonarse un poco, aceptar ante qué estamos, y estamos ante un drama judicial enmarcado en los estrictos usos y códigos de las fuerzas especializadas (concretamente en Guantánamo, ahí es nada), donde se pretende desvelar la verdad sobre la muerte de un soldado insignificante, con todo lo que ello conlleva de dignidad, patriotismo y otras cosas. El guion de Sorkin, afilado, inteligente, pero también algo pomposo y pagado de sí mismo, nos propone el tablero; después es obra de Rob Reiner calzarse una serie de personajes/iconos, que han pasado a la historia por ceñirse a una hoja de ruta potente y segura de sí misma. Estos son, claro, Tom Cruise y Jack Nicholson, que apenas cruzan unos minutos de tour de force en un metraje la verdad que estirado, pero que son suficientes para legar algunos momentos que ya son historia del cine. Luego, es verdad, sabes que te han timado, que las cosas nunca pasan así, pero no sé qué haríamos con estas modestas revanchitas, quizá conformarnos con tomar vapores de menta, mientras los tipos con cara de eterna sinusitis reparten los trozos que quedan del pastel.
Es intensa, es icónica y resiste más de treinta años después. No sé qué más queremos.
Saludos.

viernes, 2 de enero de 2026

Quien tiene un amigo...


 

"No hay mejores amigos como los que tuve a los 12 años", escribe en la pantalla Richard Dreyfuss, mientras rememora aquel fin de semana en el que, junto a sus tres mejores amigos. fue a buscar un cuerpo, el cuerpo de un chico muerto en mitad de ninguna parte. Hay pocas alegorías más hermosas, potentes y certeras en la historia del cine para describir el paso decisivo en que dejamos atrás la inocencia, para adentrarnos en una vida más monótona y predecible. Rob Reiner lo clavó en STAND BY ME adaptando (vaya semanita nos ha quedado) a Stephen King, en la que es su novela más reflexiva, y donde da rienda suelta a todos sus fantasmas sólo para exorcizarlos con ese infalible sortilegio de la amistad inquebrantable. Es ésta una película sencilla, icónica, emocionante, que ves con una sonrisa y acabas con una lagrimilla. Esa película que responde a su propia estructura itinerante, porque la historia, la excusa, es una chorrada para lo que importa, ese canto a la amistad forjada en torno a ritos, cantinelas, chistes prohibidos, evocaciones de las tetas de nosequién, historias ante una fogata y no dejar atrás al rezagado. La historia es lo de menos, porque llegar es tener que volver. Por cierto, irrepetible el trabajo de River Phoenix, Wil Wheaton, Jerry O'Connell y Corey Feldman, porque te encantaría caminar junto a ellos por aquellas vías.
Se te queda pegada como una sanguijuela al... ¡ups!
Saludos.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Long live R'n'R!!!


De nuevo una desaparición completamente inesperada nos ha sacudido, nos ha cogido por sorpresa y nos hace replantearnos un par de cosas sobre lo fugaces e insignificantes que somos. Siempre ha sido Rob Reiner un director al que he tenido especial simpatía, uno de esos tipos brillantes y bonachones a partes iguales, una rara avis en ese Hollywood repleto de egos y fantasmones a cual más insoportable, donde el neoyorquino parecía trasplantado desde un mundo donde imperaban Capra y Lubitsch a partes iguales. Era esa insospechada inocencia la que hizo de sus mejores trabajos verdaderos clásicos instantáneos, films que han soportado el paso del tiempo estoicamente, sin ínfulas, demostrando que el corazón de la industria americana aún podía ofrecer soplos de aire fresco donde nadie parecía querer mirar. Le vamos a dedicar, a nuestro pesar, un merecido homenaje en las próximas semanas y que no podía abrirse con otra cosa que THIS IS SPINAL TAP. Efectivamente, el mockumentary por antonomasia, en mayúsculas; y en su cuarenta aniversario, no está de más este afiladísimo y superdivertido paseo por el anacronismo, irresistible y desarmante, de todas las gilipolleces de ese mundo repleto de niñatos inmaduros y caprichosos que es el rock y sus derivados. Lo increíble de esta película es su intención, cómo busca la complicidad del espectador sin restregarle las habituales e innecesarias sobreexplicaciones, con un resultado que sublima el mero objeto del sketch, y en mi opinión uno de los trabajos de metacine más finos e inteligentes que he visto. Nos cuenta la historia de Spinal Tap (no, no puedo poner una diéresis en una N...), un horterísimo grupo de cuarentones británicos, de dudoso talento musical, que inicia una gira por Estados Unidos para promocionar su último disco, topándose con la realidad: no les conoce ni Perry. Sin embargo, lejos de desanimarse, hacen de la necesidad virtud, y así los conoceremos, repletos de entusiasmo, compartiendo con el propio Reiner (en el papel del supuesto documentalista) su desopilante epopeya, desde sus inicios en los sesenta (como los Beatles), sus escarceos con la psicodelia (The Byrds), un trasfondo progresivo (por ahí asoman Yes o los Tull) y que ha cristalizado en unos estrafalarios heavy metal, que sería como si metieras en una turmix a Sabbath, los Maiden y AC/DC, pero con la misma destreza de un sinfonier. En apenas 80 minutos, Reiner, junto a los actores y guionistas Chris Guest, Michael McKean y Harry Shearer, que nunca estuvieron mejores que aquí, alterna las surrealistas entrevistas con los miembros del grupo con unas actuaciones que para mí son historia del cine, porque dan vergüenza ajena pero por alguna razón no puedes dejar de mirar. Por favor, si están un poco de bajona acérquense a esta patada en los cojones del star system, así en general. Y por nada del mundo se pierdan el fragmento de Stonehenge, están avisados...
Obra maestra.
Saludos.

viernes, 12 de mayo de 2023

Películas para desengancharse #102


 

Rara avis, aunque generadora de infinidad de referencias posteriores, THE PRINCESS BRIDE se eleva fácilmente sobre la categoría de mera película, enarbolando orgullosamente un culto que le pertenece por derecho propio. Ya el libro de William Goldman es francamente bueno, pero lo que él mismo hace en el guion es una mezcla inaudita de géneros, transitando desde la comedia absurda al romanticismo exacerbado, las historias de espadachines o de piratas. Incomprendida en el momento de su estreno, ahora es objeto de análisis que le den sentido a esta fórmula perfecta, tan encantadora como divertida, tan desprejuiciada como romántica. Pocas veces se ha logrado reunir un elenco tan bien ensamblado, inesperadamente podríamos afirmar. La princesa Buttercup, en la que no concebimos a nadie que no sea Robin Wright, o ese papel perfecto (el único de su errática carrera) para Cary Elwes como el enamorado Westley; la otra pareja, inolvidable, un gran Mandy Patinkin como Íñigo Montoya buscando vengar a su padre, junto a André el gigante, al que quieres abrazar cada vez que sale en pantalla. Perfectos también los secundarios, encabezados por Chris Sarandon componiendo un malvado deliciosamente de opereta, junto a Christopher Guest, Wallace Shawn, Peter Cook (véanlo en versión original) o Peter Falk narrándole a su reticente nieto una historia que luego se le torna tan irresistible como a quienes la hemos visto, primero como niños, volviendo a esa infancia años más tarde.
Y para rematar, una inolvidable partitura a cargo de Mark Knopfler y Willy DeVille, ni más ni menos...
No conozco a nadie que no le guste, a lo sumo que ya no le otorgue ese aura de mito infalible, pero es indudable que llegó un día sin que supiéramos de dónde había salido, pero sobre todo por qué ya no se hacen películas así...
Maravillosa.
Saludos. 

jueves, 14 de julio de 2022

La fan Nº1


 

Ha muerto James Caan, uno de esos actores "de toda la vida", cuyo rostro nos ha acompañado en multitud de películas, y que siempre ocupó un lugar entre "los discretos", actores sumamente profesionales, cumplidores, que, como en el caso de hoy, siempre parecen a punto de sentar cátedra. Caan ha aparecido en este blog infinidad de veces, pero hoy me gustaría recordarlo con uno de sus mayores éxitos. En MISERY, daba vida a Paul Sheldon, paradigma del escritor de talento pero sin éxito crítico, atrapado en otro éxito que no desea, el de una longeva serie de novelas románticas para un público eminentemente femenino. MISERY es una estupenda novela de Stephen King, y Rob Reiner consiguió capturar el espíritu opresivo y repleto de crueldad, en una película con dos grandes baluartes: las interpretaciones del propio Caan y la de una Kathy Bates que compone un esforzado retrato psicopático. Aquí, Sheldon decide terminar con esa carrera que no le satisface, desoír a su editora (una fugaz Lauren Bacall) y comenzar su deseada etapa "seria". Por desgracia, sufre un accidente que podría costarle la vida, de no ser porque es rescatado por una mujer, Annie Wilkes, que lo acoge en su apartada casa hasta que se recupere, y que además es "su fan nº1"... Han pasado más de 30 años de esta espléndida película de terror, y sigue estando vigente su estructura de cámara, con un tour de force interpretativo de altura (a Bates le valió el oscar), y una metanarración más que interesante, la que solapa el terrorífico cautiverio de Sheldon con el que King deja caer con astucia: el de los escritores encadenados a una escritura mediocre, pero de gran éxito. No ha perdido un ápice de su vigencia, y todos recordamos sus escenas más escabrosas, como la de la maza, que sigue poniendo los pelos de punta.
Un estupendo film con el que honramos la memoria de un estupendo actor, como no puede ser de otra manera...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!