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miércoles, 15 de abril de 2026

El sexo es revolución


 

He pensado que tampoco era para tanto lo de VIVA MARIA!, donde dos polos tan opuestos como Jeanne Moreau y Brigitte Bardot confluían, en el papel de una cabaretera (Moreau) que recorre el salvaje México de principios de siglo (XX), a cuyo destino se une una joven terrorista irlandesa (Bardot), que ha huido tras la trágica muerte de su padre. Con este hardcore planteamiento, Louis Malle y Jean-Claude Carrière se servían del oscurecimiento proverbial de LOS CABALLEROS LAS PREFIEREN RUBIAS, nada menos que para adelantar un mix de DOS HOMBRES Y UN DESTINO y GRUPO SALVAJE, sin tener mucho que ver, o sí. Es, desde luego, una película tan libre como sus protagonistas, mujeres que se van con quien quieren, vuelven cuando se les antoja y disfrutan de la vida una vez entienden el influjo que ejercen sobre los hombres, que aquí son ridiculizados e infantilizados. Es una especie de western con tintes de comedia romántica, con una fuerte carga sexual, que en su ingobernable tramo final parece un cómic de Tintín escrito por los ZAZ. Todo eso cabe en esta majadería de 1965, para desdecir a quienes, en su cortedad de miras y entendimiento, piensan que el cine sin prejuicios lo inventó Netflix...
Saludos.

viernes, 26 de junio de 2009

El ignorante

Algunas veces me da por revisar cómo fue algún que otro año la cosa esa de los oscar, más que nada por comparar, pues mantengo mi teoría de que la calidad de las premiadas ha ido en picado. El año 1975 fue tremendo, la ganadora absoluta fue uno de los mejores films de la historia, así de simple ¿Les suena THE GODFATHER II? Eso es por no hablar de que en el apartado de habla no inglesa una obra maestra se quedó sin estatuilla ¿Saben quién se la arrebató? Un tal Federico Fellini con AMARCORD, minucias... Pero la película a la que me refiero hoy es otro título mayor, LACOMBE LUCIEN, o cómo retratar la ambigüedad sin ambigüedad.
Louis Malle da una lección de cristalina narración resucitando al maestro Renoir y cargando todo el peso en un joven, Pierre Blaise, del que nos maravillamos de su naturalidad... Simple, Blaise ni siquiera era actor. Natural, sí, pero grandísima interpretación cargada de honestidad y de una brutalidad nunca gratuita sino al servicio de una historia francamente impactante. La historia de un trepa, sí, aunque les choque; un tipo mezquino que, sin embargo, no creemos que pueda ser consciente de su mezquindad, y supongo que la confortabilidad de la ignorancia ayuda a reforzar esa inquietante atmósfera de ambigüedad, sobre todo moral. Les explicaré que el tipo en cuestión es un pueblerino que trabaja en el campo en plena ocupación nazi y que irá poco a poco convirtiéndose en una especie de espía, chivato sería la palabra correcta, de un grupo de franceses colaboracionistas con los alemanes ¿Y por qué? Olvídense de grandes gestas ni complicados juegos psicológicos, lo que Lacombe Lucien busca es sobresalir de la forma que sea, y para ello no dudará en delatar a sus vecinos, resistentes clandestinos; incluso irá por todas partes pavoneándose de su nueva condición de "agente de la policía". Pero todo cambiará cuando se enamore, o se encapriche, todo en este personaje parece surgido del puro capricho, de la hija de un sastre judío, momento en el que asistimos a la tremebunda confusión de un tipo que sólo es maligno en su inconsciencia, que se da cuenta de la miseria y maldad de la guerra cuando debe evaluar de qué lado está. Actualmente, un relato así sólo podría ser visto desde cierta frivolidad panfletaria y lacrimosa, todo sea por el espectáculo; lo digo para que no se ilusionen demasiado pronto con el último show de Tarantino y, si la ven, al menos acompáñenla de esta obra maestra que tuvo la mala suerte de tener que convivir con demasiados títulos grandes.
Saludos francos.

domingo, 19 de octubre de 2008

Hola, adultos

Decía el maestro Hitchcock, en una de sus indiscutibles máximas, que había que evitar a toda costa el trabajar con niños. Llevo casi toda la vida dándole vueltas a lo que el orondo director británico quería decir en realidad con esto, pues algunas de las películas que más me han emocionado contaban con tiernos infantes entre sus actuantes; por no decir que chavales sin noción alguna de lo que se llama "la profesión" han dejado en pañales a sus partenaires adultos... en fin.
Cuando un director afronta un film donde sus actores son en su mayoría niños y, además, éstos soportan todo el peso del mismo, se corre el riesgo de, pese a las buenas intenciones, caer en la melosidad, la sobreactuación, la autoindulgencia... AU REVOIR LES ENFANTS es una obra maestra de las varias que Louis Malle filmó en Francia (en EEUU dejó lo suyo también); y eso que el director se la juega en todos los frentes. No sólo en cuanto a lo antes reseñado, la historia de camaradería infantil, en tránsito hacia la adolescencia, en medio de la segunda guerra mundial, enclavada en un internado ultracatólico, con un muchacho fascinado por la personalidad libre y original de otro que resulta ser judío... ¿a que les suena a culebrón de sobremesa? Claro, y a mí. Pero antes quise dejar claro que precisamente la insalvable brecha entre maestros y aficionados reside no en los temas a tratar, sino en la forma de tratar dichos temas, sean éstos los que sean. AU REVOIR LES ENFANTS es puro cine de autor y, sin embargo, nunca elude su misión entretenedora, cómplice; diríase la hermana mayor y sabia de la obvia LES CHORISTES, que no llega a la altura y profundidad de la obra de Malle.
En definitiva, una de esas películas que nunca hay que hacer caer en el olvido. Ninguna del prematuramente desaparecido Louis Malle, diría yo. Gran cine.
Saludos, muchachada.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!