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jueves, 20 de junio de 2024

El virus se va a los puertos


 

Nobleza obliga, y no podía hacer otra cosa que remachar esta saga con la que es su última entrega, y que teniendo en cuenta que ya han pasado diez años de su realización, bien podríamos darla ya por finiquitada. Mejor, porque [·REC]4: APOCALIPSIS es la peor con mucha diferencia, un desastre que se nota a leguas que estaba hecha sólo con afán recaudatorio, y que excepto en pequeños detalles poco o nada tiene que ver con el espíritu que hizo mítica a la película ideada por Paco Plaza y Jaume Balagueró, que aquí toma las riendas en la dirección, fimando un producto rutinario, previsible y por momentos soporífero. Las píldoras de humor castizo son sustituidas por un manual de "peli a lo Statham", con calvos testosterónicos, mamporros mil, armas que hacen mucho ruido al cargarse y un puñadito de diálogos que parecen de una opereta decimonónica, por mal interpretados y mal montados en una trama no ya inverosímil, sino muy ridícula. A los pocos que salieron del infierno de la casa de vecinos barcelonesa, se los llevan a un barco sin rumbo, donde hay científicos, matones, monos y, cómo no, un hacker gordo que come chocolatinas. Es un desastre absoluto, donde el terror ha sido sustituido por la acción, que no aporta nada a ninguna de las tres anteriores, y que al menos detuvo la franquicia antes de ir a peor. 
La frase: "Soy de Móstoles y aquí se hace lo que me sale de los huevos", dicha por un maquinista negro, que sale poco y desaparece sigilosamente tras su breve parlamento.
Saludos.

lunes, 13 de mayo de 2024

Sin pausa


 

Fue al poco tiempo de comenzar la andadura de este blog (qué tiempos aquellos) que apareció [·REC], a la que sigo ensalzando como uno de los tíulos clave para entender el salto de calidad de un cine de género que, sin inventar nada, aprovecha los avances de la técnica sin abusar nunca de ellos. Después de tanto tiempo, es curioso que no volviese a interesarme por esta franquicia, que de hecho, y tan sólo dos años después (2009), regresó con sus mismos dos directores al mando y entregando un producto más que digno, ya no tan sorprendente pero igualmente efectiva, y que retoma justo donde la primera lo dejaba. [·REC2] aboga más por el terror físico por pura lógica, ya que todos sabíamos dónde estábamos y de dónde veníamos. Con un ritmo frenético y unos efectos especiales cojonudos, Balagueró y Plaza lograron el complicado efecto de que nos engancháramos a a trama de aquel edificio en pleno centro de Barcelona, clausurado por lo que parece una plaga que convierte a los infectados en sanguinarios asesinos caníbales. El giro aquí proviene de la inclusión de un sacerdote, cuyo cometido no desvelo aunque puede intuirse sin mayores problemas ¿El porqué de retomar esta serie de películas tanto tiempo después? Que las estoy viendo junto a mi hija, y las está disfrutando tanto como yo entonces...
Saludos.

jueves, 9 de febrero de 2023

Exta sí


 

Lucía es bailarina en una macrodiscoteca. Repentinamente, se escabulle, abre una taquilla. Ante ella, una bolsa de deportes repleta de pastillas. Lucía va a robarle a quien no debería, pero así son las cosas, así que Lucía emprende una huida a toda prisa... porque ha sido descubierta. Jaume Balagueró ha sido el encargado de inaugurar este año Sitges, y lo ha hecho con una de sus mejores películas, aunque me consta que casi nadie ha entendido el corpus fundamental de VENUS, un extático paseo por el horror lovecraftiano en un bloque semiabandonado de Villaverde Bajo, y esto es decir mucho. VENUS es lo que es, y a dios gracias, porque el cine del ilerdense gana muchos enteros cuando se descoca y no explica casi nada, dejando al espectador la tarea de reubicar las piezas que se va encontrando, y aquí son muchas, y todas caben en poco más de hora y media. Imaginemos una film de Álex de la Iglesia (aquí oficiando de productor) bien hecho, sin detenerse en regodeos autosatisfechos y con la valentía de quien aún tiene mucho que demostrar. VENUS podría prescindir enteramente del elemento sobrenatural y daría igual, porque la adrenalina disparada del arranque nos llevaría hasta un thriller fatalista y sanguinolento. O al revés, porque el terror, cuando llega, y llega tarde, da bastante mal rollo sin abusar de lugares comunes (esas vecinas de abajo...) ni golpes de efecto. VENUS es la fisicidad de la sorprendente Ester Expósito, en esta producción siempre con un pie en la serie B, de manifiesto en los ingeniosos gags de corte costumbrista, y cuyo metraje pasa en un suspiro, mientras no puedes apartar los ojos por pura curiosidad morbosa.
¿Que podría haber ido más allá? Probablemente, y a lo mejor se habría pasado de rosca sin necesidad. A mí me ha gustado, por su falta de complejos y su sentido del entertainment de calidad. No es poco para un señor que ya lleva unos años demostrando que aquí se puede hacer buen terror.
Saludos.

jueves, 12 de mayo de 2022

Sólido o quebradizo


 

Y otro más, porque también hubo una proliferación de directores españoles que, por aquella época (estamos en 2005), ensayaron la posibilidad de adoptar modos y formas americanas, para plasmar su propia visión de lo que el cine de terror podría llegar a ser. Pese a que ya llevaba una década rodando, no fue hasta FRÁGILES que Jaume Balagueró tuvo un mayor reconocimiento fuera de España, por mucho que viniese de hacer DARKNESS, que abría dicho patrón. Se trata de una típica historia de fantasmas, esta vez situada en un sanatorio infantil en la Isla de Wight, al que llega como sustituta una enfermera norteamericana, tras la misteriosa desaparición de su predecesora, y mientras se prepara el cierre definitivo del edificio, por sus precarias condiciones. Allí entabla amistad con una niña que le confiesa un terrible secreto, cuando es visitada por las noches por un terrorífico ser llamado "la niña mecánica", aunque nadie la cree. Así, hay muchas trazas ya de lo que Balagueró sublimaría junto a Paco Plaza en REC, sobre todo en cuestión de efectos visuales, y su habitual gusto por lo retorcido y malsano, que sin embargo adolece de un guion previsible y rutinario, y al que se le nota el descarado e innecesario trabajo de convertir a la inexpresiva Calista Flockhart (aquella efímera aspirante a estrella) en una actriz capaz de llevar ella sola el peso del film. El resultado no es del todo decepcionante, y puede considerarse como uno de esos exóticos caprichos de Filmax, recogiendo una extensa historia de coproducciones, con todo lo controvertido que ello conlleva.
Se puede ver, y luego se olvida.
Saludos.

lunes, 16 de julio de 2018

Un secreto nada inquietante



Hay algo que le falta a MUSA para tener un funcionamiento correcto. Como un reloj estropeado, pero no me refiero al mecanismo, sino a algo más cercano a la superficie, cómo queda ajustado en la muñeca, por ejemplo. El nuevo film de Jaume Balagueró lo tiene todo para convencer, pero no convence; tiene algunos momentos muy bien rodados, sobre todo algunos diálogos impecables. Los actores están bien dirigidos y la trama fluye adecuadamente ¿Qué es, entonces, lo que impera en la sombra y la deja en una película que se olvida con facilidad? Yo diría que es su indefinición dialéctica, el no aferrarse con desesperación y hambre a su idea fundamental, la que habla de las musas como seres deificados, que se introducen en el mundo a través de la engañosa inspiración que ofrecen a los artistas. Tampoco ayuda lo convencional de algunas decisiones, como que el protagonista sea un profesor de literatura, o que el misterio todo gire en torno de un solo objeto, muy codiciado pero que curiosamente ha estado intacto hasta ahora... ¿Por qué? No lo sé. Creo que Balagueró, al contrario de lo que siempre opino de los directores sin talento, se fía emasiado de unos guionistas que no dejan volar su innato olfato para lo escabroso. Aquí había material para haber hecho un espeluznante y viscoso cuento de horror gótico, pero al final parece un telefilm cualquiera, elegantemene rodado, pero sin un gramo de libertad creativa. Se confirma que el tándem, una vez separado, no rueda como debería...
Saludos.

jueves, 14 de junio de 2012

Esos edificios donde nunca vivirás



El problema de MIENTRAS DUERMES (sí, no me miren así, que tiene algún problema) no es la historia que cuenta en sí misma; Balagueró ha demostrado suficiente solvencia para dotar de entidad a argumentos que hemos visto muchas veces, sea por sus atmósferas inquietantes, por darle tiempo a cada personaje o por su falta de prejuicios semánticos, puesto que no se pilla los dedos por tener que meter un chascarrillo si éste le sirve para hacer avanzar la historia. El problema (el síntoma, en el caso del cine español) es la nueva oportunidad perdida de haber indagado algo más en lo que yo creía intuir agradablemente en REC por detrás de los maquillajes y las hemoglobinas. Y es que el escenario es idéntico, y no puede ser casual (no debe), porque no hay contraplano en el caso del edificio: todo ha de transcurrir de puertas para adentro. Así, la excusa del virus y el contagio nos lleva a los terrenos de la insolidaridad, el racismo y un clasismo rancio pero que late tras las piedras de viejos edificios céntricos. En MIENTRAS DUERMES, Balagueró nos invita a quedarnos al lado de César, que es el psicópata, y no de la riada vecinal, tópica, sí, pero que no lo es por casualidad. Y me interesan menos el suspense, la truculencia y la atmósfera, menos que esa ambigüedad moral mediante la que un tipo tan despreciable como César podría llegar a tener incluso sus motivos para llegar a hacer lo que hace. Eso descoloca aún más que las visitas nocturnas y las trampas milimétricamente diseñadas, pero no olvidemos que Balagueró es español y no francés, así que el contenido rostro de Luis Tosar no "da paso a...", sino que "soporta a"; y todos esos maravillosos secundarios, en vez de dar cuenta de un estado de las cosas deplorable, decadente y miserable, quedan como comparsas de las increíbles andanzas de un majara solipsista y de paciencia casi ilimitada. Una lástima, porque los vestíbulos ya los conocemos, ahora nos hubiese gustado visitar algunos rincones más íntimos...
Saludos mientras tanto...

lunes, 26 de enero de 2009

Aspiraciones colmadas

Del cine español podemos esperar ya cualquier cosa, incluso agradables sorpresas enclavadas en el siempre ingrato mundillo de los films de género. A esta categoría pertenece [REC], afortunado glosario del terror según Chicho Ibáñez Serrador pasado por la incipiente moda del reality show y adornado con algunos de los magníficos trucos visuales que han dado relumbrón a Jaume Balagueró y por extensión a Filmax, que a base de arriesgar en su propuesta parece ir superando su larga lista de títulos totalmente prescindibles, de los que Balagueró es responsable en su mayoría.
En [REC] asistimos a la enésima vuelta de tuerca al mito zombi, pero el tándem Balagueró-Plaza acierta de pleno al dejar caer suavemente los planos desde el principio; comenzando por el trampantojo del programa de televisión en el que se incluyen supuestos planos off the record (se avisa así de cómo se pretende crear tensión). No importa desvelar las claves de rodaje, pues éste es sencillo hasta lo infantil; se trata de lo que la mayoría de directores obvia incomprensiblemente, esto es: el fuera de campo. Cuando [REC] asusta de verdad es cuando no vemos nada, y esto ocurre en su máxima expresión cuando ese único nexo entre actores y espectador, la cámara, se apaga de repente. Cuando vemos a los afectados por el extraño virus, el terror es más familiar, es el terror de lo visible, y eso nos tranquiliza; cuando (literalmente) no vemos nada, pero seguimos escuchando la voz de la reportera, lo que nos recuerda que seguimos en la misma escena, el resultado es espectacular, porque sabemos que la cámara, tarde o temprano, volverá a encenderse, pero no qué vamos a ver... ¡Eso es cine!
Más allá, como digo, de su trepidante ritmo y creíble trama, o de la veracidad de la propuesta, lejos de la fantasmada de CLOVERFIELD, lo que llama poderosamente la atención en [REC] es la absoluta falta de complejos con la que se encara un género, el de terror, que muy poquitas veces es capaz de superar la histeria de tener que asustar a toda costa, un mal que suele provocar el efecto contrario.
Saludos grabados.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!