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domingo, 25 de diciembre de 2022

Rincón del freak #534: Todo lo que no querrías para Navidad


 

Es encomiable asistir a cómo se desarrollan miradas nuevas e inconformistas, desafiando a la gran industria, sin perder la perspectiva del género. Ahí se encuentra Joe Begos, un iconoclasta desprendido, realizador de algunos títulos que van dando forma a este nuevo cine, con un pie en la serie B, pero con otro en el entretenimiento de calidad. En Sitges se vio su último film, CHRISTMAS BLOODY CHRISTMAS, que le confirma como esa eterna promesa, pero que le deja margen para un futuro título con mayor enjundia si cabe. Magnífico el arranque, un largo preámbulo que nos lleva hasta una tienda de discos el día de Navidad, donde la propietaria y su empleado están a punto de cerrar. Entre multitud de citas musicales, espiando un poco de reojo al mejor Tarantino, deciden mandar al carajo las convenciones y emborracharse sin más. Hay un flirteo bien resuelto, y que podría haber dado una película diferente, más desencantada y bohemia; pero Begos nos prepara para lo siguiente, un slasher robotrónico y de colores saturados, con un Santa Claus biónico que se ha convertido en un despiadado asesino gracias a un defecto de fábrica. La pena es que nos quedamos sin saber qué hubiese pasado con un guion más elaborado, que desbarra en la parte final y sólo se interesa por la sangre y los desmembramientos de este Papá Noel, que recuerda sospechosamente a un Terminator estrafalario. En cada película suya me ha pasado lo mismo, porque veo un cineasta interesante, al que no le hace falta un gran presupuesto para contar una historia decentemente. A lo mejor un día deja de lado el género y vemos esa próxima gran película suya. Hasta entonces...
Saludos.

sábado, 15 de febrero de 2020

Brocha gorda o pincel fino



Uno de los retos más difíciles para un director que aspira a retorcer el género, consiste en encontrar el equilibrio sobre el desajuste. Dicho en otras palabras, no perder la línea ni la perspectiva de lo que se cuenta, al tiempo que la narración muestra puntos de fuga que la hagan imprevisible y estimulante. La premisa contenida en BLISS, último film de Joe Begos, mejora una barbaridad lo que este director, que siempre se ha movido en la serie B, ha venido mostrando en sus tres films anteriores. Vendría a ser un estroboscópico refrito de otros tantos títulos que el buen cinéfilo no tardará en descubrir, aunque esta referencia constante le resta empaque y entidad propia, quedando como un buen film de bajo presupuesto, pero que no va a ser citado de aquí en adelante. Dezzy (una intensa Dora Madison) es una joven pintora que pasa las horas muertas ante un lienzo empezado, pero al que se ve incapaz de continuar pintando. Acuciada por las deudas y un agente que se niega a seguir trabajando con ella, se hunde en una noche repleta de drogas, alcohol y sexo desenfrenado. Tras comprar una extraña droga, comienza a confundir sueño y realidad, pero a medida que crece su desconcierto, ve cómo el lienzo va tomando forma, aunque sus noches son algo más inquietantes de lo que parecen. Mezcla de psicopatía, vampirismo y la eterna leyenda del artista maldito, BLISS recuerda a esos títulos que van aflorando a medida que desarrolla su, por momentos, incontrolable argumento. Una película que podría ser mejor de lo que es, pero que al menos se toma lo suficientemente en serio a sí misma para no caer en la autoparodia.
Saludos.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Rincón del freak #334: Psicokinéticos de chichinabo



El tema ochentero se nos está yendo ya de las manos, hasta el punto de que proliferan como setas subproductos de nulo interés que sin embargo apuestan por irse tres décadas atrás de la forma más inexcusable que se pueda imaginar. Sí, con lo de STRANGER THINGS en la retina, de repente nos encontramos con memeces sin un gramo de originalidad u oficio, pero que nos quieren convencer de que las sobreactuaciones, los efectos especiales de teletienda y los guiones sin pies ni cabeza pueden ser un homenaje adecuado, cuando en realidad apenas enmascaran la incapacidad fílmica de sus perpetradores. Eso sí, la musiquilla con organitos vintage que no falte nunca, claro. En esa línea va THE MIND'S EYE, indisimulado homenaje a la magnífica SCANNERS, solo que lo que en David Cronenberg era un festín de economía de medios y guion inteligente, aquí es un arrastrar tremebundo y pellejudo, una gilipollez sin nada original que rescatar. Cuenta (a duras penas) una serie de experimentos (que no se sabe quién hace ni por qué) en los que se potencia la capacidad mental de unos individuos hasta límites insospechados, por lo que son capaces de mover objetos y manipular a la gente. Luego ya da todo igual, porque a las interpretaciones de saldo y los diálogos de jardín de infancia se le suma una ristra de gestos y muecas a cual más imbécil, que es con lo que nos dicen que estos tipos están en plena explosión de sus habilidades mentales, pero más bien parece que sufren de diarrea incontrolable. Lo juro. Una tontería que tenía potencial para haber sido más interesante, pero que es difícil de soportar duran una hora y media simplemente eterna.
Terrible.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!