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jueves, 24 de febrero de 2022

Donde no pasan los pájaros


 

Es necesario, vital, desescombrar la narración de IL DESERTO ROSSO de lo que vemos, o lo que Antonioni elige poner ante nuestros ojos; al menos para no caer en la tentación de hablar de una "no-narración", o de un campo psicológico que se solapa febrilmente sobre el testimonio dañado de su protagonista. Es la primera vez que el director italiano utilizaba la fotografía en color, y no es ni mucho menos casual, sino que esta decisión afecta rotundamente a lo que trasciende la experiencia cinematográfica, erigiéndose como concepto filmado del desánimo e impotencia emocional. De nuevo Monica Vitti atrapada en un mundo que no comprende (y éste mucho menos), una corroída ciudad costera, neblinosa, de aire emponzoñado por los vertidos tóxicos, y que amenaza con engullirlo todo, empezando por las personalidades frágiles. Así, nos puede parecer que sólo debiéramos prestar atención a la deriva psicológica de esta mujer, que sin embargo demuestra ser la única en su entorno con algo de sentido común, y que no encuentra bondades ni virtudes en un progreso industrial que no hace más que enmascarar el culto a la infertilidad, el rechazo a lo naturalmente genuino. Es una película admirable, pero tan árida, tan hermética en sus formas, tan enroscada en su tozudez semántica, que exige del espectador una preparación previa que quizá no tenga. Lo interesante en este caso es cómo la película nos devuelve nuestro reflejo, nuestra cansada actitud de aceptar cualquier cosa que la sociedad nos presente; y, en último término, claudicar resignados que, ya que la batalla está perdida de antemano, sólo nos queda exponer nuestros miedos, en lugar de pretender, ingenuamente, paliarlos o exorcizarlos.
No es recomendable si se está pasando por algún episodio depresivo.
Saludos.

miércoles, 23 de febrero de 2022

Flores en una servilleta


 

En una escena troncal de L'ECLISSE (posiblemente la más significativa), Monica Vitti sigue a un hombre taciturno, ya mayor, que tras arruinarse en un desplome de la bolsa, entra en una farmacia, compra un calmante que se toma en una terracita, y seguidamente garabatea algo en una servilleta de papel, que ella se apresura a tomar después de que el hombre desaparezca, puede que al final de su vida. Esta escena enlaza la deriva de Vittoria, tras la ruptura con su pareja (un circunstancial Paco Rabal), y la improbable atracción que siente por Piero (Alain Delon), un arribista corredor de bolsa. Antonioni deja que nuestro raciocinio nos diga que eran números, cifras de un dinero que se ha esfumado con la misma facilidad que ha llegado. Vittoria, en incipiente y esquivo flirteo, le dice a Piero que el hombre había dibujado flores. Venimos de una intensa escena en el interior de la bolsa, donde "un minuto vale millones", y nos encaminamos a entender cuáles son las cosas importantes en una vida dispersada entre paseos o coches, gritos o silencios. Antonioni, sin explicitar nada, nos habla de la vacuidad de ese tiempo desaprovechado, de las chispas de felicidad que se dejan ver tras una cotidianidad eclipsada por un materialismo tan indiferente como edificios en construcción, en silencio abandonados.
Saludos.

martes, 22 de febrero de 2022

Los gatos pardos


 

Ella se tiende junto a otro hombre. El hombre está enfermo, y la besa con amistad conmovedora. Sale a la calle sabiendo que su marido no va a quererla; deambula hasta un arrabal que no le pertenece, pero que la embriaga de la vida que no posee. No van a salir por la noche, pero van con seriedad hasta un club, donde una bailarina se va desnudando con una copa de Campari sobre su frente. No van a salir, pero se van igual de serios hasta la fiesta de un importante ingeniero, un potentado. Como si les llevaran las vías del tren, no darán la vuelta, no hay vuelta atrás. Allí la gente se mezcla sin tocarse, desean lo segundo, pero sólo aspiran a lo primero. Jugarán a lanzar polveras por un suelo resbaladizo, a tirarse a la piscina vestidos, a escupirse maldades con educación impenetrable. Y él la conoce a ella, una chiquilla que quiere ser adulta. Y ella le conoce a él, sin cabeza, pero con ímpetu. Y lo que a uno le falta otro lo proporciona. Y en LA NOTTE, Monica Vitti no era la protagonista, pero su personaje marca un punto de inflexión fundamental, que primero divide a ese matrimonio correctamente hastiado, formado por Marcello Mastroianni y Jeanne Moreau, para que comprendan que todo lo que no sea cabalgar la mentira hasta el final contendrá un sello de fatalidad. El amigo enfermo muere, y todos se quedan en la fiesta de amanecida, escuchando una orquesta cansada junto a la piscina. Todos, menos ellos...
Saludos.

lunes, 21 de febrero de 2022

La mujer desaparecida


 

La mujer desaparecida es Monica Vitti, que nos dejó recientemente, y cuyo recuerdo va a ocupar esta semana por entero. No se me ocurre mejor manera de hacerlo que con las cuatro películas que rodó a las órdenes de Michelangelo Antonioni. La forma en que se complementaban ambos, como si Vitti fuese la extensión del pensamiento del director en pantalla, es un misterio que espero (sé que no lo haré) no resolver en unas líneas que apenas son un tributo rendido, hasta el punto de que me permito incluso volver, 14 años después, al mismo film, que podría ser otro, pero es éste. L'AVVENTURA marca varios puntos de inflexión, comenzando por el descubrimiento de la actriz, desvinculándola de lo que se espera de una diva, e imbricándola en paisajes mentales y emocionales de gran envergadura. También supone el reconocimiento internacional de Antonioni, elevándolo a un fraseo de gran autor, pedante para unos, simplemente genial para otros. L'AVVENTURA es un film tan sencillo de resumir, como difícil de explicar; una experiencia en tres actos, que se abre con la misteriosa desaparición de una joven llamada Anna tras una excursión a una isla siciliana. Aquí, queda expuesto el tapiz social, el aburrimiento e insatisfacción de la alta burguesía, sólo rota por la irrupción de Claudia (Vitti), de extracción más humilde, y amiga de la desaparecida. Seguidamente, el interludio que me parece más interesante, en el que Claudia siente una inexplicable culpabilidad, mientras se ve interpelada por el prometido de Anna, como si fuese la protagonista de una sustitución involuntaria. Finalmente, Claudia decide dejarse llevar, tras ser testigo de la infidelidad de otra amiga, y cómo no hay rastro de culpa en ello. Así, entre la inhóspita isla, los poblachos desolados, con sus enormes iglesias bombardeadas como recuerdo reciente, y las inacabables fiestas de la clase acomodada, asistimos a eso tan complicado de poner en una pantalla, el lienzo humano, femenino, de quien duda en todo y hacia todo, de quien descubrre que sólo el abandono de uno mismo, siendo antinatural, puede poner orden donde sólo hay miseria moral.
Más que una película, un monumento.
Saludos.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Películas para desengancharse #24



      -"Las rosas no deben llorar al alba. Que su rocío endulce su pena y tape esas lágrimas..."


No es poco menester ver BLOW-UP y haberla disfrutado; porque ya, de haberla entendido... Sí, la del fotógrafo que conduce un Rolls Royce y trata a las modelos como mierda y se compra la hélice de un barco... ¿o es un avión?... La del fotógrafo que deja plantado a todo el mundo en plena sesión y se va a un parque a hacer fotos. La del fotógrafo que persigue a una chica y luego huye de ella... y luego se va al cine con ella y luego ve a su mujer con otro y le da igual porque en el Swinging London, justo antes de que Pink Floyd publicase su primer disco, la gente estaba así de pirada. Digo yo... Luego es justo reconocer, también, que Antonioni consigue una obra de una belleza formal excepcional; hipnótica y malsana, parece buscar un esteticismo vacuo para tirarlo todo por la borda y acercarse a un naturalismo casi pasoliniano. En el incesante, alocado, neurótico e hiperactivo devenir de este fotógrafo (un inolvidable David Hemmings) cabe todo eso, y podríamos afirmar que casi nada de ello es en realidad tan importante como para conformar un argumento real. Yo no me atrevería a hablar de que la excusa sea el descubrimiento de un cadáver en una de las fotos que le tira a la pareja espiada; ésa podría ser su obsesión a partir de ahí, pero bien parecería que, en una metáfora sin moraleja, Antonioni intenta hacer las veces de fotógrafo él mismo, apresar un instante de gloria y exaltación, como el recuerdo de un niño antes de que se desvanezca o ese momento en el que nos creímos enamorados por primera vez. Aquél fue un momento único, según los que allí lo vivieron; por tanto, no el asesinato como elemento de intriga, sino el asesinato de lo que ese fotógrafo parece necesitar constatar para que no se le vaya. La juventud, el amor, la furia, el ruido... las imágenes...
Si después de leer esto siguen sin entender una papa de la película, es mejor que no sigan intentándolo sólo porque a los caimanitas les guste tanto y la defiendan tanto. Aprovechen y desengánchense...
Saludos.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Ser o no ser... u otra cosa



Hace poco me volví a acordar de PROFESSIONE: REPORTER, la aventura existencialista (una más) que Antonioni emprendió hace ahora exactamente treinta y cinco años junto a un Jack Nicholson que empezaba a ser un indiscutible de la interpretación. Me acordé de su críptica estructura, de su misterioso mensaje, de sus escenas imposibles (sobre todo la última) y sus reveladores diálogos, que aparentemente no van a llevarte a ninguna parte pero que van tallando sutilmente la personalidad de ese reportero que no lo es, o que no quiere serlo, o que es incapaz de vivir una sola vida. Si no la han visto, PROFESSIONE: REPORTER habla de un suceso casual y narrado con la mayor naturalidad; un reportero un poco quemado (Nicholson) se encuentra en un mugriento hotel africano para realizar un reportaje sobre dictaduras tercermundistas, allí coincide con un misterioso compatriota con el que entabla una proverbial empatía, hecho que durará poco pues el recién conocido fallecerá súbitamente mientras duerme. El reportero tiene una especie de iluminación y decide, en un arrebato, hacerse pasar por el muerto y, por tanto, fingir su propia muerte; esto le llevará nada menos que a Barcelona, donde conocerá a una joven tan desarraigada como él (Maria Schneider) y a Sevilla, donde encontrará una paz algo fúnebre que parece predestinada incluso para su furibundo ejercicio de suplantación.
Aunque Antonioni mantuvo aquí sus grandes constantes (soledad, muerte, ausencia...), me gusta mucho el tesón por encontrar "la historia", la narración aun en fuga, lo que la dota de algo que en otras cintas del maestro italiano se puede echar de menos y que aquí es parte integrante de una historia mucho más truculenta de lo que pudiese indicar su confuso principio. Y, claro, no se pierdan esa última escena que es un clásico de inventiva visual: cómo mostrarlo todo sin casi mostrar nada... o más o menos.
Saludos de profesión.

lunes, 22 de diciembre de 2008

La historia que no se cuenta

Una de las preguntas más recurrentes a lo largo y ancho de la blogosfera suele ser una de difícil respuesta: ¿Qué es arte?
El cine es arte, una parte del arte, y por tanto le toca una porción sustancial de dicha explicación.
Michelangelo Antonioni ha sido uno de los cineastas que mejor ha empleado la noción de arte en su cine, empapando, de paso, a gran parte de seguidores, cuando no imitadores: la escuela "antoniniana".
En L´AVVENTURA, Antonioni exige un alto concepto del espectador como receptor y deglutor único y decisivo de las ideas de un artista. La mínima historia de la joven desaparecida misteriosamente en una excursión a una remota isla es, probablemente, lo menos interesante de este ensayo acerca de ausencias y repercusiones; todo un complejo estudio psicológico que pocas veces se ha visto fuera del ámbito literario. El director italiano nos muestra no sólo el imprevisible e intrincado comportamiento de un amplio abanico de personajes, sino también cómo podría ser dicho comportamiento teniendo en cuenta aleatoriedades, coincidencias y caprichos. Lo fácil, en este caso, es decir que Antonioni es un director aburrido y ensimismado y que sus películas son lo más parecido a una paja mental. Ése es un argumento vacío, que no dice nada de Antonioni y sí mucho de una clase de espectador que no está dispuesto a realizar esfuerzo alguno, acostumbrado a la papilla visual, precocinada y envasada al vacío de ideas, de cierto cine comercial. No sólo es que Antonioni sea una figura esencial para entender el séptimo arte, es que hablamos de un paso decisivo en la modernidad como asidero humano, como referencia tanto intelectual como social y hasta filosófica, teniendo en cuenta que la filosofía no puede enseñarse de ninguna manera: se construye mediante los actos humanos. He aquí una de las obras fundamentales para entenderlo, para intentar entenderlo.
Saludos aventureros.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!