TERROR TRAIN ha llegado hasta nuestros días como un film de culto, una de esas extravagancias con mayor cuidado en la producción que títulos similares, pero que apenas se sostenía reproduciendo el andamiaje de los puntales del género. Con un comienzo que alude directamente a CARRIE, un asesino enmascarado en la línea de Mr. Myers y un entorno cerrado, como el campamento de Crystal Lake, en el que las calenturas y descuidos de unos incautos jóvenes serán expiados por este psicópata despiadado. Aun así, el film funciona por el buen hacer de Roger Spottiswoode, que debutaba como realizador tras una notable carrera como montador y guionista, mientras que entre los intérpretes destacaban una Jamie Lee Curtis afianzándose como scream queen suprema, la sólida presencia del veterano Ben Johnson o la aparición estelar del mago David Copperfield, que no será recordado por sus dotes interpretativas pero intentaba camelarse a las estudiantes de medicina con sus habituales truquitos. Una película más o menos previsible, que suspende la incredulidad a base de no irse de madre durante buena parte del metraje, pero que no puede evitar despendolarse en un tramo final que se lía la manta a la cabeza y nos sugiere que el malo era el hombre de los mil disfraces. Y todo por una broma de nada... bueno, la broma se las traía...
Saludos.
