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miércoles, 28 de mayo de 2025

La intención templada


 

Caminando entre dos aguas muy diferenciadas entre sí, como es la adaptación de Peter Jackson y el esfuerzo de Ralph Bakshi por adaptar lo por entonces inadaptable, la versión que, seguidamente a ésta, realizó el prestigioso tándem Rankin-Bass de THE RETURN OF THE KING. Mucho más que curioso, puesto que ambos autores ya se habían atrevido años atrás con THE HOBBIT, pero aquí abordan únicamente el último "libro" (si se puede llamar así) de la gran saga de Tolkien. Ni siquiera puede considerarse una continuación a la mutilada (abandonada, más bien) versión de Bakshi, al no tener nada que ver en fondo o forma, estando más orientada hacia un público decididamente infantil. Se trata de un largometraje muy reconocible en la idiosincrasia de esta productora, que obtuvo un estimable apoyo de animadores japoneses, que le dan un aspecto más digno de lo que cabría esperar. Pese a todo, incluso a que personalmente no me disgusta, no soy capaz de recomendarla a nadie que no sea fanático, completista o las dos cosas. El resto, al menos ha de tener paciencia con lo que es, animación infantil de 1980 con inevitables saltos de guion.
Saludos.

sábado, 4 de enero de 2025

La nota sostenida


 

¿Está mejor hecha que la de Bakshi? Evidentemente... ¿Es mejor? No... Y la batería de preguntas no desvelaría la conveniencia de hacer algo tan aparatoso como THE LORD OF THE RINGS: THE WAR OF THE ROHIRRIM, para acabar teniendo la certeza de que su aportación al ya nutrido universo Tolkien no es todo lo sustancial que podría pensarse. La impresión constante es ver al estudio Ghibli mangoneado por Dreamworks, por poner un ejemplo. Un despliegue de medios técnicos, que ha requerido de una veintena de estudios de animación japoneses, al servicio de una historia muy sencilla de narrar, pero confusa por culpa de un guion con multitud de problemas. Si los aficionados recuerdan la batalla del abismo de Helm, probablemente uno de los picos de épica de la obra maestra de Peter Jackson, cuesta reflejar en ella la narración de por qué ese lugar emblemático tomó el nombre del rey de Rohan, que resistió contra los Dunlending. O mejor dicho, que se podría haber hecho un estupendo film de animación desgajado de la mitología a la que alude, mientras que así nos queda el título menor de la saga (serie incluida), además de la certeza de que aquí ha habido un montón de pasta no del todo bien gestionada.
Lo mejor, la escena del monstruo del lago. Lo peor, que no parece Tolkien.
Saludos.

martes, 18 de junio de 2024

J. R. R. #7


 

Reconozco que me pasó totalmente de largo LORD OF THE RINGS: THE RINGS OF POWER, un poco por dejadez hacia lo televisivo, pero sobre todo por un tufillo indescriptible a desconfianza numeraria, a "Producto", con comillas y mayúsculas. El que quiera entender que entienda, pero esta versión de "todos los orígenes de lo que luego se contó en TLOTR, solo que con multitud de apuntes que nos obligaban a querer saber más", levanta suspicacias a partir del tercer capítulo (de 8), donde la producción levanta el pie del acelerador y nos vamos hacia un GOT "interiors" con aún menos riesgos en lo discursivo y, fíjense por dónde, una sucesión de diálogos en los que se cuenta lo que ya sabemos. Es complicado, porque los dos primeros capítulos están muy bien diseñados, y apenas se ven las diferencias con los largos de Jackson; Juan Antonio Bayona es su responsable, y quizá se encuentre entre lo mejor de su irregula filmografía. El resto es un poco de relleno, personajes que ralentizan la trama en una insufrible retahíla de cuitas personales e interioridades de marquetería, cuando no directamente plagiadas de su "hermana mayor" ¿Significa que es un desastre? No. TROP es al audiovisual de pantalla pequeña lo que la otra supuso al séptimo arte (ncesaria aclaración), esto es: explicitar la ceremonia del "gran espectáculo", justo en la edad de la restricción y el amagamiento formal, siempre en la superficie de un discurso susurrado incluso en los fragores del torrente de épica, a veces desproporcionada. 
La palabra para definirla es "irregular". Necesita mejorar una barbaridad para no quedar en anécdota de frikis, y por lo visto lo veremos este mismo agosto.
Saludos.

sábado, 21 de marzo de 2015

J. R. R. #6



Desconozco si a Peter Jackson le va a dar en un futuro por retomar a Tolkien, por ahí dicen que no. Me da igual, ésta es una saga que se explica sola, pero sólo una vez que ha llegado al final; y si hemos llegado al final, lo único que revela THE HOBBIT: THE BATTLE OF THE FIVE ARMIES es que el director neozelandés es incapaz de reinventarse a sí mismo. Que hiciera falta reinventar a Tolkien es ya una discusión demasiado larga y farragosa para iniciarla a estas alturas.
Yo puedo hacer dos cosas, hablar del film en sí, lo que es incompleto sin remedio, o echar un cierre a la altura épica de la saga de seis películas. La experiencia me dice que lo primero es refrenar el entusiasmo, y estas tres últimas películas son mucho más significativas en el contexto de la justificación, que poco o nada tiene que ver con la fantasía épica a la que alude, que de la gran puesta en escena, majestuosa, evocadora y, por qué no, ególatra. Mientras en la literatura de Tolkien las referencias se explican solas, a Jackson le cuesta un mundo hacer creíble que no nos esté vendiendo un blockbuster de mamporros más, con elfos y vaginas parlantes, con enanos feos y enanos guapos (y sólo se enamoran los primeros), con dragones fanfarrones y orcos funcionarios, que van sin pensar a su perdición por una obstinación refaccionaria que casi siempre suele acabar trágicamente ¿Pero quién se acuerda de un pobre orco mutilado y sin seguridad social? Nos han enseñado que los hobbits son gente apacible y grata de tratar, pero entre líneas hemos visto cómo se pasan su larga existencia holgazaneando, borrachos y cantando jigas; y para uno que le da por ver mundo (la endogamia severa es otra de sus bondades), cuando vuelve a casa comprueba que se la han desvalijado por incomparecencia.
Una vez visto el final de esta larga saga, lo primero que me vino a la mente es ese "¿y ahora qué?". No porque se me haya hecho corta, sino por ese sentimiento de orfandad respecto a unos personajes que bien pareciera que sólo obtuvieran solaz en el conflicto y el guerreo. No hay una paz que pudiésemos dilatar en beneficio de la historia y su credibilidad, tan sólo una sensación de que la función terminó para que otro la retome en otra parte y en otro lugar.
Y Sauron sin aparecer...
Saludos.

lunes, 24 de marzo de 2014

J. R. R. #5



Es curiosa la relación que ha tomado la saga de The Lord of the Rings, primero, y ahora con The Hobbit, respecto a los premios oscar, pues no deja de tener su gracia que se obvie de una manera tan descarada a la que probablemente sea la única genuina superproducción, enclavándola en apartados tan remotos como "Sonido", "Efectos sonoros" y "Efectos visuales" para, seguidamente, dejarla huérfana de reconocimiento alguno. No es que me moleste especialmente, el impacto de The Hobbit, reconozcámoslo, es mucho menor y admite distintas ondas de frecuencia, yendo tranquilamente hacia la franquicia como banco de pruebas para nuevas técnicas y malabares diversos. Eso es la máquina de hacer dinero, fuera de toda duda; después tocaría enhebrar con consistencia una historia que, sin perder sentido, sí es cierto que su insistencia por tocar todas las teclas la deja en un marco de "ya visto". Hay escenas muy espectaculares en THE HOBBIT: THE DESOLATION OF SMAUG, y Jackson parece haber encontrado en Guillermo del Toro el contrapunto perfecto a su jovialidad (a veces no demasiado bien entendida); el realizador mexicano es capaz de congelar sonrisas con su oscuridad, latente tras cada escena. Y si tuviésemos que organizar un itinerario para resumir dos horas y media un poco demasiado largas, tendríamos que empezar con que (otra vez) hay demasiadas persecuciones, (otra vez) se tiene la sensación de que los orcos son rematadamente tontos para cualquier cosa que hagan y (otra vez también) es bastante desesperante que toda la chicha se deja para la media hora final. Debo reconocer que ese conato de desenlace (porque no lo es) nos deja con ganas de más, y que la recreación de Smaug es acertada porque a su imponente presencia física se le une una perspicacia verbal capaz de competir con el estupendo Martin Freeman; su "enfrentamiento" dialéctico es prácticamente lo único por lo que merece la pena esta larguísima travesía. De qué será capaz el tándem Jackson/del Toro a partir de donde han dejado esta entrega es un tanto que ellos ya se han apuntado, porque es seguro que estaremos esperando hasta entonces.
Saludos.

sábado, 12 de octubre de 2013

J. R. R. #4



... y a Jackson no se le pasó la fiebre... Como era de esperar, por otra parte, así que se embarcó en la adaptación de aquel primigenio libro, verdadero germen de THE LORD OF THE RINGS, que no es otro que THE HOBBIT. A primera vista, AN UNEXPECTED JOURNEY, la primera de las tres partes (la segunda llegará estas Navidades y la tercera en las siguientes), puede parecer más sencilla que sus predecesoras, menos ambiciosa y un poco más relajada si se prefiere. No importa, porque el entretenimiento está asegurado, las técnicas digitales más perfeccionadas y el engranaje bien engrasado; no podemos, por tanto, más que esperar lo mejor para lo que está por venir.
La película en sí es un artefacto de dimensiones bien calculadas, con un argumento cristalino y (casi) todo el peso en los hombros de un excelente actor, el británico Martin Freeman, que me parece el más acertado Hobbit que he visto hasta ahora, y es que los Hobbits no son más que una representación más o menos arcáica de esos campechanos y borrachines irlandeses de fino sentido del humor y gran humanidad, y no una suerte de esquizoides universitarios californianos... Vale, porque Freeman insufla a su Bilbo Bolsón de gran elasticidad conceptual, ni un tontito ni un falso héroe, sino un simple Hobbit que, embaucado por un Gandalf demasiado achacoso (la edad no perdona ni a Ian McKellen), verá su casita literalmente asaltada por una docena (+1) de Enanos liderados por el orgulloso heredero del trono de Erebor, Thorin, con la intención de que les acompañe hasta su reino, situado en la Montaña Solitaria, donde desde hace años mora el temible dragón Smaug, que se apoderó del inmenso tesoro de los Enanos y expulsó a sus habitantes. Lo que seguirá es bastante similar a lo narrado, por ejemplo, en THE FELLOWSHIP OF THE RING, con la partida de los quince expedicionarios que tendrán tiempo de acabar en la cazuela de tres Trolls (como nos contaba el propio Bilbo muchos años después), "visitar" el reino subterráneo de los Trasgos y escapar milagrosamente del ataque de Azog, el gran Orco blanco, cuyo brazo amputado es un recuerdo de su épico enfrentamiento con Thorin. Aunque quizá lo más relevante de esta primera parte (en términos argumentales) sea el tremebundo encuentro de Bilbo con un Gollum aún más real que el que habíamos visto, zanjando la explicación sobre cómo obtuvo realmente el Anillo Único.
En suma, es bastante injusto valorar esta primera parte sin haber visto aún las otras dos, pero a mí me parece una estupenda película de aventuras; además, me niego a entrar en un debate que me parece baldío, como el que enfrenta la idoneidad del continuismo a la posibilidad de que la trilogía de EL HOBBIT respire un aire distinto al de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS.
Hasta ahí llego...
Saludos.

viernes, 11 de octubre de 2013

J. R. R. #3



Cuando empieza THE RETURN OF THE KING (y sobre todo si se han visto las otras dos partes inmediatamente antes), uno tiene la sensación de que Peter Jackson está obligado a amarrar una barbaridad de cabos sueltos, más por ser fiel a un relato ortodoxo que por sérselo a sí mismo como rendido (y honrado) esclavo de una saga necesitada de tanta fiereza en sus tiempos como sutilidad en las formas. El gran protagonista de esta conclusión es "la batalla", y cada paso dado en su ramificada estructura tiene algo que ver en las razones por las que, inmediatamente después de defender el reino de Gondor, la alianza termina por consolidarse y decide que todos han de marchar frontalmente contra Mordor para desviar la atención de Sauron y dar tiempo a Frodo para destruir el Anillo.
Pero antes de todo esto, a Jackson le faltaban minutos para desarrollar las motivaciones por las que Gondor habría de recela de la ayuda de Rohan, y en la versión extendida esto queda magníficamente resuelto; tengamos en cuenta que en la gran batalla yo fui capaz de contar hasta seis alternancias simultáneas, y sin contar las que ocurrían al margen, como el complicado acceso de Frodo al interior de Mordor o la tenebrosa alianza reclamada por Aragorn como heredero del trono de Gondor al ejército de muertos vivientes que fueron maldecidos por Isildur al negarles su ayuda previamente jurada. Todo esto y la emboscada preparada por Gollum a Frodo y con una "invitada" muy especial; la espectacular acometida de los gigantescos olifantes, con la "famosa" escena protagonizada por Légolas; y por último, una escena recuperada para la versión extendida (que no me cansaré de recomendar) y que tiene su cuota de impresión: aquí precede a la última aparición del ejército de Mordor el enigmático emisario conocido en el libro como Boca de Sauron, que pese a ser una escena estremecedora tiene un fallo de raccord imperdonable y que, sin embargo, no desvelaré.
Sigue sin gustarme, sin embargo, el epílogo a modo de bondades y reencuentros, no porque esto no sea así, sino porque parece un anuncio de papel higiénico. Es algo que ni la versión extendida ha conseguido salvar...
No todo puede ser perfecto, evidentemente, pero THE RETURN OF THE KING es un perfecto colofón para una trilogía que, para algunos más que otros, ha quedado impresa en la retina de millones de espectadores y, lo que es más importante, ha puesto en imágenes un complejo universo creado por J. R. R. Tolkien, una especie de mitología aparte a la que, por fortuna, ya podemos poner rostros tangibles.
Y como esto no ha acabado... saludos hasta mañana...

jueves, 10 de octubre de 2013

J. R. R. #2



Hasta hace muy poco, THE TWO TOWERS no ofrecía discusión para mí; es la mejor, me decía, y con diferencia. Curiosamente, la versión extendida apenas ha cambiado el rumbo de esta excelente segunda parte, quizá porque no había mucho que añadir para mejorarla. Aquí se encuentran algunos de los mejores momentos de toda la saga, los que le dan su empaque y la han hecho perdurar en el imaginario de unos aficionados que ya contaban con el bagaje literario. Una difícil empresa de la que Jackson sale airoso desde su tremendo arranque, la épica lucha entre Gandalf y el temible Balrog en una interminable caída libre; mi escena favorita y uno de esos momentos que quedan grabados por derecho propio. Pero hay mucho más en este intenso ínterin que conecta con pulso la exhaustiva presentación de personajes con la apoteosis final; porque aquí se pone ya de manifiesto la rivalidad entre los caballeros de Rohan y los guerreros de Gondor, vital para entender el porqué de muchas decisiones; además de la caída de Isengard a cargo de los Ents, poderosos árboles parlantes que protagonizan el momento con mayor carga ecológica de la novela original. Pero hay otros dos momentos apasionantes y decisivos en esta película. Uno es la aparición de Gollum, un ser dominado por el poder del Anillo y que será el encargado de guiar a Frodo y Sam nada menos que hasta Mordor, sin sospechar que la verdadera intención de éstos es destruirlo en el Monte del Destino. Interpretado por el actor Andy Serkis, Gollum es uno de los hallazgos de Peter Jackson, un personaje cuya complejidad bipolar entierra los reparos que pudiésemos albergar sobre las técnicas empleadas para darle vida y que poco a poco se va convirtiendo en uno de los baluartes esenciales de la saga, uno de esos personajes destinados a ser antológicos.
Y para terminar, la batalla del abismo de Helm. Dilatado durante casi una hora, supone uno de los puntos más oscuros y terribles de las tres películas. Yo creo que nunca antes habíamos visto un despliegue igual para contar la épica resistencia del pueblo de Rohan ante un ejército veinte veces mayor, y Jackson lo filma con brío, sin resultar confuso (teniendo en cuenta las dimensiones del evento) y sin dulcificar ningún aspecto. La inesperada llegada del ejército de Elfos es uno de esos momentos vibrantes junto, quizá, a la carga final de los Rohirrim liderados por Gandalf.
THE TWO TOWERS es una película que pasa en un suspiro, que aclara multitud de asuntos que quedaban en el aire tras la primera entrega y que preparaba el terreno para un último capítulo que, este sí, necesitaba mayor extensión para no dejar un solo cabo suelto.
Saludos... hasta mañana.

miércoles, 9 de octubre de 2013

J. R. R. #1



Alguien me dijo a lo largo de este año "Espera a Navidad"... Teniendo en cuenta que la Navidad me la trae floja y que a Peter Jackson aún habría que esperarlo un año más para que complete la trilogía de "El Hobbit", este Octubre me parece un mes tan bueno como cualquier otro para acometer la que probablemente sea la saga cinematográfica más famosa de todo lo que llevamos de siglo, seguro, y de toda la historia del cine, dependiendo de con qué la comparemos. THE LORD OF THE RINGS es, para situarnos, primero un libro dividido en tres, mas otro volumen (que es con el que Jackson está ahora mismo) y una especie de guía, "El Silmarillion", que no tanta gente ha leído y que es totalmente esencial para comprender el "qué" y el "porqué" de esta superaventura que lleva cautivando a millones de personas unas cuantas décadas. Y como no suelo dilatarme mucho en las reseñas, comenzaré con datos subjetivos, pero que me parecen cruciales. He visto la trilogía cuatro veces y sólo me he convencido por completo al ver el "director's cut", más de doce horas de montaje que cobran mucho más sentido que la versión que se nos presentó oficialmente entre 2001 y 2003 ¿El motivo? Se rellenan multitud de tiempos muertos y/o saltos narrativos que raquitizaban la impresionante narrativa original de Tolkien, hay personajes que por fin tienen el peso adecuado a su dimensión en la historia (me acuerdo, por ejemplo, del Rey Théoden y la gran cantidad de adláteres que termina por arrastrar), pero sobre todo porque (y no es cuestión baladí) porque si la primera entrega es una excepcional y muy concisa introducción, lo importante no podía dejarse para la segunda, así que esta nueva versión extendida culmina en todo su esplendor y la tercera entrega es una auténtica obra maestra.
Por el principio, THE FELLOWSHIP OF THE RING es una exhaustiva introducción de personajes, desde los iniciales (e imprescindibles) Bilbo Bolsón y Gandalf, pasando por la cuadrilla de Hobbits, Frodo, Sam, Merry y Pippin, y estallando en múltiples direcciones, al igual que su estupendo sentido de la simultaneidad (algún día alguien establecerá las uniones entre esta saga y STAR WARS...). Desde la primera vez que los vemos, personajes como Aragorn, Légolas, Gimli, Boromir, Arwen... (la lista sería demasiado interminable) se nos incrustan en el subconsciente para permanecer, perfectamente ubicados, en esta clarísima dicotomía entre un bien y un mal que cualquiera identificaría de inmediato con la WWII, con los aliados por un lado y el mal emergente del Este por el otro. Un mal, por cierto, que curiosamente aquí no tiene un rostro identificable, ya que Sauron es más maldad intrínseca (ese ojo que todo lo ve y todo lo controla) y manipuladora; en su lugar, el renegado Saruman (un terrorífico Christopher Lee) será su siervo más destacado, sin olvidar a orcos, trolls, trasgos y los impresionantes Nazgûl, los incansables perseguidores del Anillo y su portador.
La historia, supongo, ya la conocen, y sólo pondré sobre la pista a los pocos (¿aún queda alguno?) que no sepan de qué va esto, que en la Tierra Media se repartieron los Anillos de Poder entre hombres, enanos y elfos, pero Sauron, haciendo honor a su apodo de "Señor Oscuro", forjó en secreto el más poderoso, el Anillo Único, con el poder de gobernar y someter a todo el mundo. Derrotado por un hombre, el Rey Isildur, el anillo le fue arrebatado, aunque se perdió durante dos eras, hasta que por casualidad cayó en las manos de un tipo insignificante y de nombre Sméagol (del que hablaremos abundantemente en los siguientes días) y de éste pasó, también por "casualidad", a un Hobbit de nombre Bilbo... Y ahí comienza la aventura, justo cuando es creada "La Comunidad del Anillo", que emprenderá un gigantesco viaje por toda la Tierra Media para destruir el Anillo antes de que Sauron lo localice...
Saludos... hasta mañana.

martes, 17 de junio de 2008

La técnica emotiva

A estas alturas, supongo que habrán quedado avisados todos los que pensaban encontrar la típica pagina sobre cine, con los típicos comentarios chorras y las películas de siempre ara no variar.
Hecha esta aclaración, hablaré sobre THE LORD OF THE RINGS, la obra maestra de J.R.R. Tolkien.
¿El capricho de un friki hecho realidad que es, ni más ni menos, la irregularísima cinta del neozelandés Peter Jackson? No, gracias. No al menos mientras se pueda hablar de la versión animada que Ralph Bakshi realizó 25 años antes y de la que, estoy seguro, casi nadie se acuerda.
Vi esta trepidante epopeya (que de infantil no tiene nada) con apenas diez años, y el impacto fue tal que seguidamente hice todo lo que estaba en mi mano para dar con el libro. Lo máximo que mi corta edad me permitió entonces fue acceder al cómic de Luis Bermejo, lo cual no está mal, creo yo. En plena adolescencia leí, al fin, los preciados tres volúmenes del genio sudafricano y los continué, un poco más tarde, con el prescindible "The Hobbit" y el imprescindible "The Silmarillion". El haber tenido una amplia perspectiva sobre una obra tan compleja como ésta desde bien pronto fue, probablemente, la causa de que lo que otros entendieron como una maravilla (lo de Jackson) yo lo recibiese de manera más bien tibia. Mucho lujo pero poco corazón... ¡Ah! y unas cuantas escenitas robadas por la cara al experimento de Bakshi.
Experimento porque se innovó con una técnica que mezclaba dibujos y personas físicas; y lo que muchos no han entendido aún de esto es la intención, legítima a todas luces, de separar de la manera lo más explícita posible a los humanos de los personajes más fabulosos. Más discutible, aunque no por ello pierda su fuerza, sería el empleo de dicha técnica en personajes no humanos, como los orcos o los Nazgûl, que encabezan esta reseña.
Sirva como ejemplo y defensa de lo que digo, la comparación visual de la emblemática escena del enfrentamiento entre Gandalf y el Balrog, y luego busquen las siete diferencias... si es que las hay.




Bonita ¿eh? Y ahora la otra. Sí, claro que es mucho más espectacular, hasta ahí podíamos llegar; pero la copia es burda e infame hasta no poder más, y eso sí que se lo podía haber ahorrado Jackson.





Bueno ¿y ahora qué? Yo sigo pensando que un director tan supuestamente transgresor como Peter Jackson (¿alguien ha visto BAD TASTE o BRAINDEAD?) podía y, sobre todo, debía haber subvertido los vomitivos cánones de la Disney y haber sublimado el carácter sangriento del texto original, pero ya se sabe "¿Qué sería usted capaz de hacer por dinero?".
En cuanto a la modesta (por comparación) aventura animada de Bakshi, el encanto sigue siendo mayor, por no hablar de la maravillosa música de Leonard Rosenman o esa animación "de las de verdad" que las nuevas generaciones ignoran tan burdamente.
Espero que alguien me diga lo contrario, pero yo sigo inamovible.
Saludos desde la comarca indéfila.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!