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sábado, 13 de junio de 2015
Un endocrino visual
Creo que, de las películas que he visto recientemente, SEVENTH SON debe ser de las más fáciles de resumir, y no sólo argumentalmente, sino (y precisamente) como concepto o producto inexcusablemente vendido a la causa del blockbuster más vulgar y autoindulgente. Y el título no es casual. Un endocrino es un señor que se llena los bolsillos diciéndole a usted que se nutra de forma antinatural, a cambio obtendrá un cuerpo digno de figurar en cualquier catálogo de enfermedades tropicales. Pero sarna con gusto... Así pues, yo me imagino a los productores de este film inane y aséptico rascándose la cabeza para poder salirse de la norma; y la idea, en un principio, no es mala: contratar actores de los buenos... ¿Qué digo?... ¡Contratar a los mejores! ¿O es que acaso puede ser mala una película que tenga a Jeff Bridges como protagonista y a Julianne Moore como antagonista? La respuesta no es sí; la respuesta es: por supuesto que sí. Los actores, de vez en cuando (por no decir siempre) necesitan ser dirigidos, que sepan qué es lo que quiere el director de ellos. Sergei Bodrov, con una carrera que abarca ya 25 años y que comenzó esperanzadoramente bien, ha preferido los cantos de sirena del digital, en detrimento de guiones potentes; su papel en este despropósito es más anecdótico aún que el de una Julianne Moore inexpresiva bajo toneladas de maquillaje y un Jeff Bridges autoparódico, que parece estar a punto de abandonar el rodaje en cualquier momento. Lo demás es un puñetero refrito de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, HARRY POTTER... y cualquier fantasía épica (denominación recurrente donde las haya) que se les ocurra. Sí, hay espadazos, dragones, brujas, monstruos raros hechos por ordenador y recursos que hemos visto cientos de veces; pero lo peor es esa absoluta ausencia de humor, y eso que a mí me parecía que la única forma de salvar algo del naufragio era en plan Rob Reiner... Pero qué pena, porque aquellas princesas nos prometieron que nunca más volverían...
No pierdan el tiempo con ella.
Saludos.
martes, 11 de noviembre de 2008
Principales problemas de la falta de identidad
Ahora mismo, en cuanto a cine se refiere, seguir mirando al caduco modelo de superproducción americano, cuando el mismo se encuentra fanáticamente buscando nuevas vías de solución a su ya nula capacidad de contar, resulta, además de desesperanzador, incomprensible.De visita por el festival de cine europeo de mi city me encontré con una curiosa cinta que representa a Kazajistán (ni más ni menos [me pregunto qué pensarán los pocos yanquis que vieron BORAT]) en los oscar. Se pretende contar en un par de horas la historia de Genghis Khan; el director es ruso y el protagonista japonés. De entrada uno piensa en RAN o KAGEMUSHA (thanks, Charly) como líneas maestras del cine histórico con grandes batallas, cuidadas interpretaciones y todo sin filtrar por el canon estadounidense. Nada de nada.
Lo primero que llama la atención es el comienzo, con esa ya hastiante cámara que no existe, al tratarse del enésimo truco virtual que sobrevuela una ciudad igual de virtual. Continúa alargando hasta el paroxismo la etapa de niñez de Temudgin, que a la postre se convertirá en Genghis Khan. Y aquí los expertos en historia se echarán las manos a la cabeza, pues nada se sabe de dicha etapa y sólo se han contrastado los datos referentes a sus grandes conquistas. Un halo de misticismo impregna cada imagen; los personajes tienen gran peso en un momento dado para luego desaparecer sin empacho del director; el tiempo de narración está tan mal distribuido que la primera hora se eterniza hasta llegar al tedio y la segunda va a toda prisa, con una urgencia que antes no existía. En el intervalo que va desde la penúltima tribulación del señor Khan hasta su recolección de adeptos para formar un gran ejército y poder mostrarnos una sonrojante batallita (también virtual) de última hora, simplemente no pasa nada, es decir: un tipo pasa de ser un esclavo encarcelado al señor de los mongoles por la cara, sin que se nos explique nada ¿?
Pero eso sí, el ruso Sergei Bodrov no escatima los chorritos de sangre a lo ZATOICHI ni las continuaciones al primer plano a cámara lenta.
¿Lo único bueno? El corte de pelo del malo, adelantado a su época.
Saludos desde Mongolia.
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... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...
¡Cuidao con mis primos!
