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domingo, 31 de mayo de 2026

Rincón del freak #697: Si puedes nombrarlo es que existe


 

Esta sección, denostada por algunos, alabada por otros, intocable por su creador y continuador, ha sido marco de lo más heterodoxo que se pueda encontrar en el inabarcable océano de esa cosa llamada cine. Género del más diverso, films censurados, enterrados por la incomprensión de su tiempo o joyas imposibles de amoldar a la tiranía de la amabilidad. Uno piensa en series B, incluso Z; trabajos que rozan el amateurismo; costes cero. Pero después de casi 700 títulos, lo predecible vuelve a desmoronarse y dar paso a lo inesperado. Qué decir de un film de ciencia ficción, sobre viajes en el tiempo, filmado en Hungría en 1942... ¡En plena WWII!  Y digo más, porque SZÍRIUSZ está basada nada menos que en una obra de juventud del tres veces nominado al Nobel (no lo ganó nunca) Ferenc Herczeg, uno de los gigantes, hoy olvidado, de las letras magiares. Intentemos imaginar en qué condiciones podría rodarse este film, en un país zarandeado tanto por el nazismo como por el comunismo. Pero el caso es que sale adelante, con una premisa tan loca que me atrevo a decir que Zemeckis no fue tan lejos. Un bon vivant, aristócrata soltero y canallita, acude a una fiesta de disfraces, donde aquello le sabe a poco, y por sacudirse a las mosconas se larga a su casa con otros dos amigos a darle al coñac mañanero; ve un anuncio de citas en el periódico y allí que va, disfrazado de húsar y medio curda, para pedir la mano de la hija de un científico, que por el camino le enseña la máquina del tiempo que ha construido, con la que lo llevará hasta doscientos años atrás. Como el tipo va disfrazado, encaja a la perfección en un baile donde nadie lo está, y donde conoce a la hermosa cantante italiana Rosina, de la que cae prendado. No sé si es mucho, si es poco o quizá estoy exagerando algo, pero a mí me parece una joya extrañísima, que me confirma todo lo expuesto anteriormente, mientras maravillome de la imaginación que hay que tener no para hacer una peli de viajes en el tiempo, sino utilizar esa excusa para que estemos expectantes con un melodrama romántico repleto de pelucas, abanicos y frufrús...
No te la ves venir.
Saludos.

viernes, 3 de abril de 2026

Sublimación del plano secuencia


 

El plano nos muestra la cubierta de un barco en la que dos hombres hablan; uno le da un maletín a otro. El plano continúa, sigue al hombre con el maletín hasta la barandilla, donde parece esperar algo; el otro hombre se marcha en dirección a un tren cuya vía está a escasos metros del barco atracado. Mientras, de plano a plano, sabemos quién observa, porque la secuencia no se detiene, no descansa, sólo enfoca y desenfoca para mostrarnos lo que ocurre a decenas de metros o en la garita del guarda. El guarda se aparta de la ventana, toma un aguardiente, fuma, escucha un ruido y vuelve a la ventana; algo sumamente grave ha ocurrido y él cree ser el único testigo. Han pasado casi veinte minutos de THE MAN FROM LONDON, para lo que bien podrían ser tres páginas en la novela de Simenon, estructurando un "participio subjuntivo" que en mi opinión es una genialidad, un hito de composición narrativa que corrige y aumenta el soberbio plano inicial de LA CONDENA. Aquí, la tensión del relato policíaco invita al mundo plomizo y apocalíptico de Tarr y Krasznahorkai a desafiarse mutuamente, resuelto en un puñado de largos planos lejos de cualquier belleza impostada, de una crudeza y rigor a los que es difícil sostener la mirada. Un mar de miradas, perdidas la mayoría, resueltas otras, cansadas diría que todas, incluso la del "detective" que llega para recuperar el maletín, cuyo valor ni siquiera podríamos decir que equivalga a toda la desgracia que termina causando.
Obra maestra absoluta. Terminamos aquí.
Saludos.

viernes, 27 de marzo de 2026

La vuelta de paseo


 

JOURNEY ON THE PLAIN fue un mediometraje, filmado en soporte digital por Béla Tarr en 1995, donde el músico y actor Mihály Vig recorría de nuevo las localizaciones utilizadas tanto en SATANTANGO como en ARMONÍAS DE WERCKMEISTER. Un compendio de postales, esta vez a todo color, en las que bien podríamos estar ante paisajes distintos, dada la absoluta transformación de los mismos por un cambio de formato tan radical. Ignoro si se trataba de un trabajo de agradecimiento a la gran puszta magiar, o la posibilidad de poner imágenes a los poemas del gran poeta Sándor Petofi, recitados por el propio Vig. Una curiosidad para completistas, sí, aunque prefiero verlo mejor como un impagable marco de trabajo para futuros cineastas, tal y como el propio Tarr insistía a sus alumnos en la ECIB.
Saludos.

viernes, 20 de marzo de 2026

El diablo a todas horas


 

Una casa, decrépita, desordenada, erigida como una especie de isla de náufragos, seres sin otro lugar donde ir, cada uno por sus propias razones. La dueña es Hédi, una mujer de cierta edad, no demasiada pero enferma, que necesita los cuidados de Anna, que le oficia de enfermera y asistenta. A Anna la acompaña Miklós, su pareja, serio y educado, del que Hédi admira que la escuche de tanto en tanto; no como János, su hijo, un diletante sin oficio, que sólo aparece en busca de dinero. Como invitado de piedra, Tibor, un gris profesor, ronda a Hédi, aunque arrastra una carga que de desvelarse zarandearía una convivencia ya de por sí improbable. Lo que articula Béla Tarr en ALMANAC OF FALL es la puesta en escena de la hipocresía, los talentos al servicio de los intereses, sin principios; como fantasmas espiándose unos a otros, estos personajes podrían haber germinado de cualquier trama escindida de SÁTÁNTANGÓ. Un puñado de desheredados a la deriva, acechados acaso por un diablo que les observa, que juega con ellos, les incita y confunde, tan sólo para dejarlos en el mismo sitio que al principio, sin nada, anhelantes. Es un Tarr, ya sí, en el laberinto de travellings y composiciones, de silencios y frases como sierras mecánicas. Un director que apenas entraba en la treintena con una obra perfectamente definitoria de su sello posterior e inconfundible. La frase de Chejov que la abre es elocuente, intimidante y, de alguna manera, confortante.
Saludos.

viernes, 13 de marzo de 2026

El infierno no es nada


 

La primera gran obra de Béla Tarr, conceptualmente hablando, es THE PREFAB PEOPLE; amargo, ultrarrealista y también dolorosamente poético inyectado de instantaneidad, en el que el realizador húngaro explota su obsesión por el montaje circular con maestría, pero sin alardes innecesarios. En la escena de apertura, el matrimonio interpretado por Judit Pogány y Róbert Koltai (que lo siguen siendo a día de hoy) tiene una discusión que va creciendo, aunque desconocemos el motivo. En un momento dado, él empieza a recoger su ropa y anuncia que se marcha, para siempre; desgarradoramente, mientras sostiene a su hijo, ella le implora entre lágrimas que no se marche. En apenas cinco minutos, Tarr nos sitúa ante el abismo cotidiano: vivir, sí, pero cómo y para qué. Es el final, pero antes debemos situarnos, por lo que retrocedemos poco tiempo antes y asistimos a la fractura, cimentada no en grandes alharacas, sino en nimias insatisfacciones y desacuerdos. Ella se aburre cuidando de los niños, él llega cansado del trabajo y quizá bebe demasiado. Él le anuncia un puesto irrechazable fuera del país, son dos años y ella se derrumba, porque apenas puede soportar un par de días. Él prefiere bailar con la mujer de su amigo antes que con ella, ella lo deja en ridículo por haber tardado al comprar cerveza en una piscina. Ella aguanta, él no aguanta. El círculo se cierra con la misma escena de apertura, a lo mejor se nos había olvidado que la vida puede acabarse en un abrir y cerrar de ojos. Pero aún hay un cierre insólito, terrorífico por kafkiano: el matrimonio duda entre comprar una lavadora u otra; el camino de vuelta es en la trasera de una camioneta, en silencio.
Vivir y morir, y alguna lavadora en medio...
Saludos.

viernes, 6 de marzo de 2026

¿Quién manda ahí?


 

Como un cuerpo extraño, el MACBETH que Béla Tarr rodó para la televisión magiar en 1982, parece obra de otro cineasta, lo que no es necesariamente una crítica, sino más bien la constatación de la versatilidad de un director que aún seguía haciéndose, buscando una voz que no tardaría mucho más en llegar. Ya sorprende su estructura, que consta de una escena inicial de poco más de cinco minutos (la brutal revelación a Macbeth) y un enorme plano secuencia (como lo oyen) de algo más de una hora. Y no, no es teatro filmado, porque Tarr emplea una sola cámara para un ingenioso juego de escenarios móviles, una mastodóntica planificación y un elaborado trabajo actoral. Es una versión "respetuosa", sí, teniendo en cuenta la anarquía compositiva de sus dos films anteriores, pero también ha quedado como testimonio temprano de lo que Tarr era capaz de proponerse y llevar a cabo, incluso en un medio austero como la televisión, o partiendo de un clásico multiadaptado, como es el shakespeariano.
Saludos.

viernes, 27 de febrero de 2026

Violinista, obrero o enfermero


 

András es enfermero en una institución psiquiátrica; un día tiene un altercado con un interno, pero es despedido por emborracharse con otro, que es alcohólico. Sin preocuparse mucho, encuentra otro trabajo en una fábrica, aunque lo que de verdad le gusta es tocar el violín. La historia de András es la de cualquiera, un joven no tan joven como para desentenderse del hijo que tiene, pero sí para creer que puede ser libre, beber, tocar el violín, conocer a otra mujer, casarse con ella, decepcionarla por no colmar sus expectativas, perderla porque se ha ido con su propio hermano. Seguir adelante, o no. Quizá terminarlo todo ahí mismo. No se sabe, porque es la vida de alguien, que ya ha pasado, que tuvo su tiempo, que quizá desperdició su vida en gilipolleces, o a lo mejor fue inmensamente feliz por no tener casi nada. SZABADGYALOG (algo así como "de libre oficio") fue la incursión de Béla Tarr en el color, cuando aún tenía su estilo por perfilar, en busca de atrapar la veracidad en largas secuencias, parlamentos aparentemente anodinos, Un tipo, gente a su alrededor, fue su tiempo, todo el mundo lo tiene...
Saludos.

viernes, 20 de febrero de 2026

El champú del pueblo


 

Aún en la escuela de cine, Béla Tarr entregó como trabajo un mediometraje que tituló como CINEMARXISME, completamente en la línea del Godard de hacía una década (estamos en 1979), al que incluso cita con su célebre frase que decía que la única diferencia entre un papel y una película es que con la última no puedes limpiarte el culo. Con el espacio único de un baño, Tarr filma a una actriz promocionando un champú desde la bañera; seguidamente, en primerísimo plano, ella cuenta cómo sobrevive rodando pequeños spots y accediendo a prostituirse, explicando los motivos que la falta de dinero provocan. En la ducha, un hombre relata su vida, consistente en pagar la pensión de sus tres hijos, que viven con la madre; intenta encontrar algún motivo de felicidad en esa cotidianidad, sin lograrlo. Por último, la encargada de limpiar el baño, tras echar la bronca a Tarr y su mínimo equipo de tres personas (él incluido), es entrevistada, desvelando una personalidad sumamente curiosa, que ama viajar y ver películas, y que su sueño hubiese sido ser maestra de escuela, lo que no pudo llevar a cabo al casarse demasiado joven, con un hombre que no la amaba "pero al menos no le pegaba", concluyendo con la desgracia de haber perdido a sus dos gemelos al poco tiempo de nacer. Todo eso cabe en estos treintaypocos minutos, que aparecieron no hace mucho tiempo en un archivo olvidado. Política, sociedad, espectáculo, economía y un poco de cine a coste cero, que de eso iba la cosa también...
Saludos.

viernes, 13 de febrero de 2026

La familia feliz


Béla Tarr exponiendo, cuando nadie lo hacía, las bases podridas de su país; cualquier país, de hecho. Denunciando el machismo institucionalizado mucho antes del #MeToo. Sin filtros, sin endulzar nada. Adelantando los primerísimos planos que luego se adjudicaría, por ejemplo, von Trier; con largos planos secuencia, aún no tan virtuosos, para "arañar" algo de esa realidad tan esquiva. Filmando con sólo 24 años su primera película, NIDO FAMILIAR, con una madurez insólita, que asusta cuando regresamos a nuestro infantilizado presente de redes asociales y sumisión a la etiqueta. La problemática de la falta de vivienda merodeando un subtexto mucho más cruel, el de las mujeres sometidas, falsamente acusadas para encubrir la violencia doméstica, la hipocresía de las moralidades intachables, las violaciones. La cámara de Tarr es implacable, un bisturí que desecha la demagogia, enarbola la inocencia y pureza del plano sostenido. Y su discurso nunca es impostado, no busca enarbolar ninguna causa, y sí que nos avergoncemos de nuestros paraísos artificiales, que callemos de una puta vez y escuchemos al oprimido, al desposeído, al que sufre. Su cine nos refriega nuestra basura por la cara, nos obliga a mirar donde no queremos. Aquí está Pasolini, y los Dardenne, y Eisenstein.
Aquí están la vergüenza y la dignidad y la justicia, que también es el cine.
Saludos.

viernes, 6 de febrero de 2026

La razón



 ¿La razón la tiene el que la tiene? ¿el que la sabe vender? ¿el que la camufla, la ostenta, la engancha de una pena que puede ser nostálgica, reparadora, intocable? Es el gran tema del cine de Béla Tarr, que nos dejaba hace pocas fechas, aunque como él mismo nos advirtió antes de ello, ya no quería hacer más cine. El gran maestro húngaro, imposible compararle, imprescindible buscar su inabarcable influencia. El maestro que huía de las cátedras y los dogmas en esta piltrafa de sociedad de la posverdad, donde la razón es menos que una puta, apenas un niño que yace con la cabeza machacada mientras la gente continúa su camino con indiferencia. El maestro que no paraba de aprender, por eso esa curiosidad infinita en sus imágenes, evocando esa fragilidad de la vela encendida en mitad del temporal, que, a diferencia del incomprensible optimismo que nos rodea, él filmaba hasta que se apagaba. Tarr puso en imágenes el desconcierto de los derrotados, la rabia del moribundo y la belleza de la mugre, del mismo modo que su compañero, amigo y colaborador, László Krasznahorkai lo implementa en sus soberbios párrafos inacabables, los más hermosos de la literatura europea reciente. En este año pasado de tantísimas pérdidas, uno se fue y el otro era justamente encumbrado; y ni una cosa ni la otra impedirá que los que quieren llevar la razón a toda costa sigan adornando sus salones con las cabezas de los desposeídos del mundo que ellos mismos han construido. Nos ponemos por tanto con Tarr, con lo suyo que nos quedaba por comentar. Y lo primero que hizo fue HOTEL MAGNEZIT, un corto que apenas pasaba de los diez minutos, en el que un grupo de hombres discutía en la miserable pensión en la que conviven sobre la conveniencia de expulsar a un anciano, veterano de guerra, al que acusan de haber robado un motor. La miseria, la dignidad, las razones...
Saludos.

domingo, 14 de septiembre de 2025

Rincón del freak #660: El asesino de todos los días


 

En su momento dimos cuenta del director húngaro György Pálfi, con una segunda obra tan polémica como desconcertante, titulada TAXIDERMIA. En su ópera prima, HUKKLE, de 2002, Pálfi ya dejó constancia de su capacidad para captar imágenes "únicas", que parecen provenir de un imaginario onírico y algo destartalado. El reto aquí consiste en hilvanar una narración más o menos inteligible, pero sin recurrir a las palabras. En el entorno cerrado de un pequeño pueblo, todo comienza con un anciano que se levanta con hipo (a lo que alude el título), y que se sienta como todos los días en la puerta de su casa para observar la vida, aunque el hipo sea una constante. Con un lenguaje visual tremendamente ingenioso, el film nos lleva por cada rincón del pueblo, los quehaceres diarios, las comidas familiares, los niños descubriendo la naturaleza. Hasta que un suceso, aparentemente banal, desencadena una serie de desgracias que ponen al pueblo en alerta. El film vendría a ser una especie de falso thriller en la piel de un documental rural, con la atención a los detalles más nimios de un Lynch, pero con un sentido del humor completamente deudor del Jacques Tati más descacharrante. Una película inclasificable, conscientemente extraña, que igual te muestra una cabrita triturada por una cosechadora, los enormes huevazos de un gorrino en primer plano o un avión supersónico volando a ras de tierra... Básicamente como si el diablo se sentara junto al anciano y le diera por quitarle el hipo...
Extraña no, lo siguiente.
Saludos.

miércoles, 8 de enero de 2025

Los solitarios sueñan juntos


 
Endre trabaja como director en un matadero; tiene un brazo inutilizado y vive solo. María llega como responsable de calidad, pero su carácter, rozando lo maquinal, provoca el rechazo, y también el temor, de los empleados. Un robo hace que el protocolo de seguridad de la empresa haga pasar a cada empleado por un test psicológico, en el que se incluye el relato de su último sueño. Endre y María sueñan lo mismo, y no un sueño cualquiera: sueñan que son una pareja de ciervos y pasan el tiempo en el bosque. La metáfora implícita en TESTRÖL ÉS LÉLEKRÖL (EN CUERPO Y ALMA) nos exige que encontremos las correspondencias entre dos desconocidos que se aman sin saberlo, y que tampoco saben cómo acercarse el uno al otro, excepto en sus sueños. Afortunadamente, la directora y guionista Enyedi Ildikó rechaza acomodarse en un romanticismo vacuo, transitando su relato desde un realismo social, el del matadero, hasta una hondura psicológica trazada con gran sensibilidad, deteniéndose en el hartazgo de mediana edad de él, pero sobre todo en la terrible soledad de ella, incapaz de construir una vida presente, porque su memoria prodigiosa la obliga a retornar a un pasado del que no sabe salir. 
Es una película que pide paciencia, y durante muchos momentos de sus dos horas asoma una cursilería cultureta de la peor calaña. Nada de eso, porque este es un film extraordinario, que respeta tanto a sus protagonistas como a sus espectadores, y que tiene un final hermosísimo, brutal y tierno al mismo tiempo, que nos habla de lo separados que estamos de las personas que más nos quieren, y cómo una simple frase en el momento justo puede marcar nuestro destino sin que lo sepamos.
Un descubrimiento.
Saludos.

lunes, 22 de julio de 2024

El triunfo del mal


 

Hablemos de lo extraordinaria que es WERCKMEISTER HARMÓNIÁK, de cómo Béla Tarr sublima el sobrecogedor texto de Krasznahorkai, para construir una película que, con claridad meridiana, expone cómo el mal más abyecto surge del modo más inesperado, adueñándose de los mediocres y aniquilando a los inocentes. No es más, ni menos, aunque haríamos mal en detenernos en el virtuosismo del maestro húngaro, y donde debemos detener la mirada es en la simetría (ampliamente bien/mal) construida en torno de Janos, el inocente, que encuentra la armonía celestial en una taberna repleta de borrachos, que admira el callado trabajo de artesanos y sirvientes, que escucha sin comprender al descreído musicólogo, que vendría a representar su faceta oscura. Lo que supone el desastre definitivo proviene de varios acontecimientos. La llegada de la tía, con una fatídica misión, y la surrealista función ambulante, consistente en una gigantesca ballena disecada y un misterioso personaje "El Príncipe", que ejemplifica lo peligroso esa "propaganda invisible", capaz de penetrar por cualquier rendija en cuanto una sociedad se descuida. No se me ocurre una película tan certera para representar el fascismo desde su concepción más primigenia, tan terrible en su evocación de la derrota de quienes defienden la libertad (la que no cae como saliva de comisuras satisfechas), tan bella y tan difícil de mirar. Su tramo final nos pone en una disyuntiva complicada de digerir, pero es verdad que hay que tener entendederas, y eso siempre ha sido doloroso...
Aldabonazo de lucidez sobre una Europa podrida.
Saludos.

lunes, 6 de mayo de 2024

El círculo de la vida


 

En Sitges también hubo animación, y una de las propuestas más exóticas fue FOUR SOULS OF COYOTE, de la que me reservo el título original por ser el húngaro un idioma tal que sí. No debería ser un problema, pero estamos ante un film húngaro que basa su argumento en una leyenda nativa-americana, por lo que hay que hilar fino. Lo mejor, un aspecto técnico bien cuidado, que mezcla 2D y 3D, y que ilustra convincentemente esta epopeya ecologista, bienintencionada, pero irremisiblemente rutinaria, sobre todo a la hora de hacer avanzar un guion que hemos visto cientos de veces. En este caso, la excusa proviene de una multinacional sin escrúpulos, dispuesta a destruir una montaña milenaria, a través de cuya historia original conoceremos la difícil armonía entre la naturaleza y los hombres, siempre mirados con recelo por los animales desde que el pérfido Coyote decidió modelarlos. Curiosamente, es menos adulta de lo que aparenta, y más discursiva que dinámica, por lo que sus casi dos horas pueden resultar poco gratificantes, y sólo la recomendaría a completistas muy curiosos.
Saludos.

lunes, 5 de febrero de 2024

Amorgue


 

En Noves Visions, la triunfadora moral fue la película húngara ÁTJÁRÓHÁZ (algo así como A MITAD DE CAMINO DE CASA), que destilaba desparpajo, buen rollo y algún que otro apunte interesante sobre hacer una comedia romántica sin hacer el ridículo. Con una estética ligeramente steampunk, ver un titubeante arranque entre REANIMATOR y AMELIE no presagia nada bueno, pero hay que tenerle paciencia a este encantador relato de amor después de la muerte, en el que un joven descubre que los muertos tienen una segunda existencia justo en su turno como vigilante de la morgue. Enamorado de una encantadora chica, una cadena de casualidades terminará con ella fallecida, perocon esa segunda "vida" justo para echarle en cara a él por qué nunca acudió a su cita, y que tuviese que coger ese fatídico autobús. Pero aún habrá una posibilidad de que estén juntos, el problema es el cremador, un misterioso y maligno personaje, empeñado en hacer desaparecer hasta el último vestigio de los finados. Cine fantástico, imaginativo, con un punto naif que le cae muy bien y un trasfondo romanticón pero nada empalagoso. Una pareja con química y un montón de sorpresas de guion... No sé si se puede dar más, pero aquí todo eso cabe, y pasa uno una tarde la mar de entretenida.
Saludos.

sábado, 4 de junio de 2022

Lo real y lo ideal


 

Empezaré por advertir que no verán aquí el título original de esta película, por no enredarme en trabalenguas imprecisos y prescindibles. La película se titula PREPARATIVOS PARA ESTAR JUNTOS UN PERIODO DE TIEMPO DESCONOCIDO, y el año pasado ganó la Espiga de Oro en Valladolid, además de los premio a la dirección novel y su protagonista, la actriz Natasa Stork. Tras su dicreto debut en 2015, la directora Lili Horvát se adentra en los farragosos territorios del drama psicológico, para introducirnos en la enigmática mente de Márta, que a los 40 años decide abandonar una brillante carrera como neurocirujana en New Jersey, volver a Hungría 20 años después, incluso aceptando un puesto por debajo de sus posibilidades, y todo por un misterioso propósito. Márta quiere encontrarse con el hombre que ama, y constantemente se repite cómo fueron los momentos que pasaron en América, jurando volver a verse. Sin embargo, cuando al fin logra dar con él, este hombre dice no conocerla, no saber nada de ella; a partir de ahí, averiguaremos si la razón la tiene ella o él, o si todo es fruto de la imaginación... o algo aún más extraño. Como guion, es encomiable que Horvát haya logrado el equilibrio entre concisión y complejidad, mostrando la fragilidad de una mujer capaz de dejarlo todo atrás, y haciéndonos partícipes de su impenetrable misterio, donde cada cosa que ocurre deja la posibilidad de que ni siquiera haya ocurrido. Lo único que le echo en falta es mayor enjundia, menos ensimismamiento, aunque puede que haya una magnífica directora de cine despertando desde este mismo momento.
Saludos.

domingo, 11 de agosto de 2019

Rincón del freak #366: La imbecilidad a través de las generaciones



Me he topado por casualidad con TAXIDERMIA, la polémica película del húngaro György Pálfi, que fue la gran sensación del festival de Sitges'06, dividiendo al público de tal manera que no hubo nadie indiferente, tan sólo quienes la odiaban con todas sus ganas y quienes la encumbraban como una obra maestra de la escatología. Y, la verdad, después de verla me quedo con una tibia reflexión: Qué difícil debe ser intentar ser Béla Tarr sin parecer Béla Tarr. Lo digo porque las imágenes de Pálfi contienen una expresividad notable, pero lamentablemente todo queda ahí, en una sucesión de puñetazos visuales que terminan por agotar, por incesantes, pero también por un mal gusto excesivamente rebuscado. Como si de un rápido vistazo a tres generaciones se tratara, se nos cuenta (o eso creo) una especie de enfermedad congénita, casi una maldición, proveniente del primer progenitor, un imbécil de labio leporino que pasa el crudo invierno como supuesto protector de una granja en mitad de la WWII. Entre pajas flamígeras y fantasías con un par de doncellitas, logra beneficiarse a una oronda carnicera de cuya unión nace el que será campeón mundial de comer... (sí, comer, pero a lo bestia). Y de la yunta de éste con su homónima femenina llegaremos al taxidermista del título, que es flacucho y vive entre cuidar los 400 kilos de su anciano padre y tirarle los tejos a una cajera que lo ignora. Y poco más, excepto prevenirles de la sinfonía de vómitos, eyaculaciones, flatulencias y desmembramientos que, no sé cómo, se llegan a vislumbrar como una especie de obra de arte macabra, como la que cierra un film que no es malo, pero sí muy raro, de verdad.
Saludos.

sábado, 12 de marzo de 2016

Sensación definitoria/definitiva



Varias cuestiones. Primero, la extraña sensación de ver al alumno triunfando donde el maestro ni siquiera parece poder asomarse. Después, otra sensación, la de estar ante uno de esos escasos momentos en los que el presente queda definido a través de una mirada al pasado, intentando desesperadamente que no olvidemos para no tener que recordar. El debutante László Nemes da un paso más allá en la representación del horror de los campos de concentración nazis, y lo hace con un pie en lo sublime y otro en lo ridículo, que parece inherente y reservado a las grandes obras, las que perdurarán pese. o gracias, a su propia circunstancia irrenunciable. SAUL FIA (EL HIJO DE SAÚL) es una obra refractaria a cualquier exhibicionismo, casi se puede decir que es una especie (y espero que me perdonen) de "selfie" incesante; la cámara respira, y la cámara cae y se levanta como su único y omnipresente protagonista, un sonderkommando que en un súbito ataque de lucidez, o locura, si es que ambas cosas no son lo mismo, planea un acto descabellado: enterrar a un niño, el único superviviente de un gaseamiento masivo, tras ser asfixiado por un médico nazi. Sin cuidado, o sin verdadero valor, Nemes habría caído en el ridículo, pero esta es una película dolorosamente sublime, y nosotros, atónitos, asistimos al desenfocamiento del horror, reducido a "algo" que ocurre en segundo plano, y que parece ser, por mucho que nos asquee, la única forma de mantenerse en pie y seguir ¿Seguir a qué? Esa cuestión crucial nos es planteada mientras el objetivo, la misión, se transforma en una especie de escudo absurdo que protege a este hombre mientras miles de personas son aterradoramente exterminadas. Quizá no sea la definición más ajustada, pero quien fuera asistente de Béla Tarr ha logrado insertar una cámara en el corazón del horror, en lo irrepresentable.
Magistral.
Saludos.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Rebelde e incomprendido



Quinta referencia del SEFF'14. Empiezo a ver FEHÉR ISTEN (WHITE GOD) como segundo plato de una intensa jornada, es decir: con el entusiasmo justo y el primer asomo de fatiga visual (saturación). El comienzo es apabullante, bellísimo y brutal al mismo tiempo; uno no sabe si sentir temor, curiosidad o estupor. Una niña avanza en bicicleta por las calles (literalmente) desiertas de Budapest; al doblar una esquina, cientos de perros aparecen y la persiguen, o eso parece, con el trasfondo de una música apocalíptica. Parece el fin del mundo. Glorioso. Excelso. Terrorífico.
Lo que sigue es una película convencional, bien escrita, bien dirigida como entretenimiento de calidad e inscrita, casi milagrosamente, en el cine de género más reconocible, teniendo en cuenta el país de donde procede, Hungría... Pero, no, no es Béla Tarr; no le busquen ni rastreen aquí, porque esto es otra cosa. WHITE GOD prescinde del elemento desestabilizador y se acoge al confortable hilado de líneas cognitivas de cualquier novela de suspense. Curiosamente, su tramo final, sensiblemente mejor que su primera parte, le hace un flaco favor al conjunto; una vez las cosas se desmandan y la peripecia de este perro (casi salido de 12 AÑOS DE ESCLAVITUD) epata con los deseosos de emociones fuertes, todo lo que hemos visto antes nos sobra de alguna manera que no puedo explicar, pero que contribuye a que su metraje se eternice innecesariamente. Una pena... a medias.
Saludos.

jueves, 19 de septiembre de 2013

La expulsión del reino



Lo dije una vez, pero no recuerdo dónde ni a propósito de qué, pero me parecía clara la línea narrativa y filosófica de algunos cineastas contemporáneos, más ocupados en hacer avanzar la pesada rueda de la creación artística que de lamentarse por la dificultad de llevar a cabo sus proyectos. No hay duda de que habría que inscribir a Béla Tarr en la punta de lanza de dicho no-movimiento, al mismo tiempo que los que hemos seguido su personalísimo cine, hemos comprobado el significativo y curioso repliegue desde una exuberancia formal hasta la seca parquedad repetitiva de su última obra. Y en mitad de todo, como un monstruoso minarete que pudiese contener todas las inquietudes de un artista incontenible, se encuentra una granítica obra de siete horas, bajo cuyas apabullantes imágenes palpitan tanto los deshumanizados monitores de sus comienzos como el oscuro y gradual apocalipsis que, según él mismo, ya es su epitafio cinematográfico. Intentar describir SÁTÁNTANGÓ de una forma común es complicado y probablemente pretencioso, pero este críptico cuento ideado por Laszlo Krasznahorkai contiene algún tipo de mensaje que en sus larguísimos y elaborados planos-secuencia, en su descarnado retrato de un lugar que parece condenado al inmovilismo y el odio acérrimo de sus habitantes (esa granja/lodazal que abre en horizontal con un plano repleto de animales), nos lleva primero a la constatación de que ese sitio ya no podrá albergar más vida y después a una expulsión voluntaria disfrazada de tierra prometida. Tenemos a los padecientes y expulsados; a la figura del médico que, incapaz de curarse a sí mismo, es el único que quedará atrás; los dos heraldos/pordioseros, que anunciarán el éxodo; y por último al profeta-charlatán-gurú, Irimías, que posee el don de la palabra y el dominio de unas mentes demasiado acostumbradas a subsistir como para pensar. Al mismo tiempo, dos extremos más se abren: la existencia de una importante cantidad de dinero que está repartida entre los habitantes de la granja, cuyo origen nunca sabremos si es fruto del trabajo o de alguna fechoría y cuya custodia reclamará Irimías, provocando una irreparable escisión en un grupo no demasiado homogéneo. Por otra parte, el único contacto que Tarr nos permite con la inocencia y pureza, queda encarnado en la pobre niña (Erika Bók, el fascinante rostro que repetiría en EL CABALLO DE TURÍN), cuyo fatal destino termina con las pocas esperanzas de quedarse en la granja. Existe también un punto discordante, el diletante que, sin embargo, no puede más que palidecer, claudicar y marcharse a su suerte (evidentemente, sin dinero). Tarr lo filma todo como un novelista, recreándose en los detalles, haciéndonos masticar cada escena y dándonos a entender, sobre todo, que el tiempo no es una tarea fácil y que el motivo principal de un cineasta es la modulación del mismo en una fútil búsqueda de concisión, que no deja de ser el regalo que se le hace a la digestión del espectador ¿Que si es farragosa? No jodas, son más de siete horas de película con algunos planos de quince minutos ¿Que si es aburrida? No, aburrido es SyFy. Punto final.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!