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viernes, 17 de enero de 2025

Películas para desengancharse #127


 

Pocas películas más modernas que THE WIND, que cumple 97 años en estos días. Lo es por su sencillez argumental, entrando en la psique de sus personajes sin que éstos necesiten tan siquiera hablar. Lo es también por su acertado empleo del simbolismo, que le da ese aire de fábula intemporal, de tratado sobre la inocencia acechada, pisoteada por intereses de todo tipo. La joven Letty llega hasta una casa familiar donde no es aceptada, y se ve empujada a aceptar un matrimonio con un hombre al que apenas conoce, aunque su verdadera amenaza la encarna un siniestro ganadero, que la embauca con mentiras. A Victor Sjöström le basta el espacio único de una destartalada cabaña, la mirada desquiciada de una Lillian Gish que nunca estuvo tan expresiva, y, sobre todo, el viento. Un viento omnipresente, incesante, que empuja los cuerpos y desordena todo a su paso; el viento como demonio de los celos, de la envidia, la violencia, la rudeza que enmascara los buenos sentimientos. Hay muy pocas películas que sean capaces de expresar tantísimas cosas con tan pocos elementos, pero aún menos que se mantengan plenamente vigentes a lo largo de los años, conformando un manual ideal para contextualizar el sobrecogimiento de lo desconocido, o el tortuoso camino hacia la justicia.
Y aprovecho esta oportunidad impagable para rendir homenaje a una señora llamada carmen, que era (siempre será) mi abuela, y que se marchó (quién sabe si con el viento) con la misma edad que esta gran obra maestra. Para ella...
Saludos.

martes, 3 de julio de 2012

Por qué hacemos lo que hacemos



El título no es pregunta, sino, efectivamente, afirmación ¿Por qué los seres humanos nos seguimos chocando de frente con nosotros mismos? Entre nosotros, contra nosotros. Un sinsentido que parece resistirse a ser erradicado y que es como una pesada losa que nos mortifica, que no permite que seamos felices aunque su remedio nos petenezca sólo a nosotros. Y es que bajo las subyugantes imágenes de KÖRKARLEN (LA CARRETA FANTASMA), gran obra maestra del realizador sueco Victor Sjöström, importa menos la monocausa impar del condenado a conducir el carromato destinado a recoger las almas de los muertos, como la idoneidad del momento preciso y decisivo, el que marca el destino. Así, y teniendo en cuenta la importancia que para Ingmar Bergman, alumno aventajado de Sjöström, tenía la reflexión sobre el imparable paso del tiempo, nos encontramos primero con la inconsciente iniquidad de David Holm, alcohólico que disfruta fustigando a su propia familia, para seguidamente arrepentirse cuando su hora ha llegado. No es tanta venganza o reprimenda, como sí un frío discurso sobre la fugacidad humana, de lo poco importantes que son sus cuitas al lado del implacable y paciente reloj de arena. Evidentemente, para un film ya cercano a los cien años, sus hallazgos visuales (el juego de fotogramas superpuestos al aparecer la carreta es simplemente apabullante) siguen siendo objeto de estudio y admiración, así como una puesta en escena tan sobria como milimétrica, o una grandísima dirección de actores, comenzando por el propio Sjöström, que borda un papel sumamente complejo. Sin embargo, el gran dardo que nos envía un film tan actual como KÖRKARLEN es, precisamente, el que nos inquiere acerca de nuestros actos, de lo idiotas que somos y cómo apenas podemos darnos cuenta de las consecuencias de nuestros actos. En este sentido, la parte final es un ejemplo de cómo el montaje queda a disposición de un crescendo emocional que en este fantástico film alcanza cotas de crispación casi insoportables. Un clásico con mayúsculas que ha sido lanzado hace pocos meses en DVD por  "Acontracorriente" y que a su recuperación inédita de metraje hay que sumarle unos edificantes comentarios del gran Jesús Palacios. Una joya.
Saludos fantasmales.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!