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martes, 16 de diciembre de 2025

Charcos como océanos


 

Una de las cosas que más aumentan mi curiosidad a la hora de decidir si enfrentar o no según qué película, suelen ser los consensos generalizados en torno a ella, y más concretamente para desafiar mi propia percepción respecto a dicha enumeración. Todo en torno a DRACULA: A LOVE TALE ha sido un constante ir y venir del elogio al exabrupto, en un desconcertante carrusel de frases hechas, lugares comunes y, me da la impresión, tocadas de oídas. Mi sensación tras verla ha sido igualmente descompensada. Por supuesto que Luc Besson se ha apropiado desvergonzadamente de otras obras, y no sólo del Drácula de Coppola, sino de ideas tan peregrinas como la de EL PERFUME, de Tom Tykwer, de la que llega a calcar un plano famosísimo. Hasta eso se le puede perdonar a Besson, que siempre ha sido más osado que original, pero lo cierto es que este DRACULA pierde fuelle en muchos momentos, incapaz de organizarse como ente compacto e indisoluble, que además arrastra la rémora de la historia requeteconocida. Caleb Landry Jones creo que está más que correcto, aunque su caracterización e histrionismo se acerque más al Nosferatu de Kinski que a Gary Oldman. De Christoph Waltz prefiero no decir nada, porque constato que a día de hoy es una caricatura de sí mismo. Y el resto del elenco no merece la pena ni mencionarlo. Si en lugar de ir por el lado narrativo, Besson hubiese desparramado el expresionismo que siempre ha albergado, probablemente estaríamos ante un film mucho más excitante, y por tanto defendible. Esto apenas asoma en contadas escenas, pocas para las expectativas que pudiesen tener sus seguidores de largo recorrido.
Dos horas que parecen cuatro.
Saludos.

domingo, 28 de diciembre de 2014

Rincón del freak #181: Cuando la osadía no tiene límites... ¡Pim, pam, pum!...



Luc Besson era un director que solía tener su gracia, su arte y su salero. Títulos como EL PROFESIONAL le granjearon una fama que creo merecida y que le hizo ser el único director europeo capaz de competir con las grandes producciones americanas. Porque estamos ante un magnífico director de cine comercial, no nos vayamos por las ramas. Lo malo le ha venido a Besson cuando ha tomado conciencia de sí mismo y ha pretendido sublimar ese cine de la estética y la estlización hasta el punto de querer convertirlo en otra cosa, una burda reflexión filosófica acerca del origen de las cosas... Así, sin anestesia. Es curioso el paralelismo, por tanto, entre la tontorronísima premisa que sustenta a LUCY, su último film, y esa elefantiásica autoproclamación de "yo puedo con todo", que si ya era patético en Yanquilandia, no digamos en el viejo continente. Y quiero decir solamente con esto que LUCY se desbarra ella solita y sin que nadie le pregunte; empieza jodidamente bien, al estilo que mejor le va a Besson, que es el del ¡Pim, pam, pum! alocado y anfetamínico; durante un tiempo parece un cruel relato sobre extorsión, drogas y mafiosos sin escrúpulos, pero no, resulta que nos vamos a sacar de la manga a Morgan Freeman explicando el uso del cerebro humano en una conferencia y, seguidamente, a Scarlett Johansson (y aquí sí que no me la creo, con todos esos tics y gestos raros) convirtiéndose en Neo (sí, el de Matrix) porque se le ha desparramado un paquete de droga que llevaba injertado en su cuerpo. Bueno, podían haber dejado los mamporros, la escena del coche (muy bien rodada, por cierto) y a los coreanos poniendo caras mientras son acribillados (escena recurrente de hace diez años para acá). Pero no. Será que Besson se hace un poco mayor y nos lleva directamente... ¡Tachán!... ¡Al origen del universo!...
Toma ya...
Saludos.

domingo, 3 de febrero de 2013

Rincón del freak #94: Cocainómanos travestidos con enaguas y monóculos



Y eso que yo, al señor Luc Besson, lo tengo en no poca estima... Y eso que el cómic original de Tardi venía a ser el reverso irreverente de Tintín... Y eso que me cogió en un día tontísimo en el que, con toda seguridad, me hubiesen colado un gol por toda la escuadra... Pero no. Y no, porque el despropósito de Besson es tan rudo, tan claro, tan evidente y tiene tan pocos puntos defendibles... que precisamente comenzaré por ellos. Lo mejor de LES AVENTURES EXTRAORDINAIRES D'ADÈLE BLANC-SEC es que su protagonista, Louise Bourgoin, está muy rica, lo suficiente para anestesiarnos de una puesta en escena que confunde agilidad con hipertensión, y que presenta a sus personajes con la misma rapidez que los despacha, sin darles más desarrollo que la posibilidad de echarles un vistacillo y comentar que qué buenos maquilladores hay en Francia. El vestuario está bien... sobre todo cuando la Bourgoin (siempre por exigencias del cómic) se queda en pelotas... Sale Mathieu Amalric, aunque yo no logré descifrar un solo rasgo suyo... Un pterodáctilo digital... Una momia digital...Y uno tiene dos rarísimas sensaciones después de este empacho de Red Bull visual. Primero, que Besson cayó en las redes de anteponer filigrana a fibra (y Tardi es un dibujante extremadamente fibroso). Y después, y sobre todo, que Louise Bourgoin tiene pinta de que te la podrías cruzar saliendo de un after a las 11 de la mañana, y no de un museo de Historia... He conocido algunas mujeres así en mi vida, y no hubiesen encajado en 1912. Una lástima... ¿o se decía "un despropósito"?...
Saludos arqueológicos.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

La soledad del asesino 9



En un giro radical en cuanto a lo que el cine venía ofreciendo en materia de asesinos a sueldo, el francés Luc Besson tuvo la desvergüenza de vendernos a una yonqui a la que el gobierno (aunque esto no queda muy claro) "salva" de morir, después de que fuese condenada por matar a un policía, aunque sus intenciones fuesen hacerla pasar por muerta, adiestrarla como un asesino de élite y enviarla a misiones suicidas... ¿Ustedes se lo creen?, yo tampoco; y sin embargo, NIKITA funciona no sé muy bien por qué. Será que Besson ha sido uno de los mejores directores a la hora del "(casi) todo vale"; o que sus imágenes, su misma concepción formal del cine, pese a no contar nada nuevo, bien pareciera ofrecerno algo no visto antes. El caso es que el director francés, que sólo un poco más tarde refinaría esta historia con uno de sus personajes más memorables, el interpretado por Jean Reno, ha cimentado toda su obra en estos aspectos: el riesgo y la inventiva. Sólo así NIKITA pasa de ser una demencial castaña a una película demencialmente entretenida. Aunque, digámoslo ya, esa improbable asesina, casi una salvaje adiestrada que termina teniendo exquisitos modales, encuentra perfecto acomodo en la difícil belleza de Anne Parillaud, una actriz de rasgos cambiantes y querencia al escapismo, que es puro magnetismo. Ni frágil ni fuerte, Parillaud pasa de mostrar sus curvas a retorcerse en toda su fibrosidad para escapar de sus perseguidores ¿Acaso importa que la película no se la crea ni el que la hizo, cuando la realidad nos indica que nadie antes se atrevió a dibujar un personaje así? Pues eso...
Saludos fatales.

jueves, 10 de febrero de 2011

Infalible



No tiene sentido, 17 años después, hablar sobre LÉON sin aludir a la épica de la memoria, a los contrastes entre luces y sombras, teniendo en cuenta la edad que cada uno tenía entonces, cuando nadie se la esperaba y el fenómeno de Luc Besson y su cine hollywoodense fuera de Hollywood alcanzó su punto más álgido. Sí, a mí me descolocó, porque primero me mosqueó "otra más de tiros", pensé. Aquello dejó paso a un abrupto cambio de ritmo tras una secuencia inicial llena de violencia y estridencia visual; Besson juega al despiste con una poderosa y enigmática figura, el asesino frío, perfecto, da paso a un pobre hombre sin afecto, sin vida (inmenso Jean Reno), enclaustrado en un apartamento-cápsula de extrema asepsia. Segundo giro radical: de nuevo una escena sumamente violenta introduce al segundo elemento clave de la historia, Mathilda (una estupenda e incipiente Lolita llamada Natalie Portman; un descubrimiento en toda regla), que logra escapar a la brutal matanza de su familia refugiándose en la casa (sorpresa) de su vecino, un asesino. aquí entramos en contacto con el lado humano de Léon, que se rebela contra su mentor y maestro (Aiello), también su explotador y artífice de su veta de inhumanidad. Aunque si hablamos de inhumanos, la palma se la llevaría el tercer bastión del film, Norman Stansfield, Gary Oldman en estado de éxtasis interpretativo; su terrorífica interpretación contribuye decisivamente a la elevación final de la película y choca irremediablemente con el trabajo de Reno, en las antípodas de la contención dramática. El resto tiene más de épica y leyenda que de análisis descriptivo; LÉON es una tragedia en toda regla, una constante tensión entre el bien y el mal sin asomo de moralina fácil ni falsa corrección política. Por supuesto que es exagerado, todo el cine de Besson lo es, de ahí se extraen sus mejores momentos, también sus errores de bulto; pero esta es su mejor película, la más emblemática desde luego, la que más ha persistido en nuestra memoria y ha influido después en una interminable lista de similares, en su mayor parte desafortunadas copias formales, carentes del espíritu de esta magnífica cinta de aventuras que se sigue viendo con la misma pasión que entonces. Muy, pero que muy recomendable para exorcizar fantasmas ahora que tenemos los Goya a las puertas.
Saludos profesionales.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!