Mostrando entradas con la etiqueta Lawrence Kasdan. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lawrence Kasdan. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de abril de 2025

Imprimir la solemnidad


 

A lo mejor son trampas, pero tampoco lo creo; hablamos de cine, al fin y al cabo. Puede que la participación de Gene Hackman en aquel mamotreto colosal, desmesurado y renqueante, difícil de defender, que fue WYATT EARP, oscilara entre lo anecdótico y lo testimonial. Tengamos en cuenta que estamos ante un western de más de tres horas, con un reparto brutal, en el que Lawrence Kasdan hizo una de las suyas, colgando la cámara de un Kevin Costner que venía con el piloto automático desde el baño de multitudes en los oscar de hacía cuatro años. 




De hecho, la lástima es que no aprovecharan a Hackman como némesis necesaria de un Earp que parece una especie de superhéroe invulnerable, rodeado de unos villanos sin carisma. Tanto, que alguno te llega a caer bien, sobre todo porque Costner hace que te acuerdes de Henry Fonda (aunque invocar PASIÓN DE LOS FUERTES parezca un chiste), recreando uno de los héroes más desagradables y moralmente indefendibles que recuerdo, básicamente porque Kasdan nunca ha sido hábil manejando la ironía, ahí están sus chicles moralizantes alargados, por mor de una incomprensible morriña de unos grandes estudios que hacía décadas que no existían. A mí me ha vuelto a aburrir tal y como cuando la vi en el cine hace treinta años, excepto algunos picos de épica, no muchos, y la excepcional interpretación de Dennis Quaid, en las antípodas de Victor Mature, igual de emotivo.
Saludos.

sábado, 19 de marzo de 2022

Rojo blanco


 

Hay dos debuts insoslayables en BODY HEAT. Uno, cantado, el de un Lawrence Kasdan en la cresta de la ola, firmando algunos de los guiones más importantes de los últimos 50 años, y que demostraba aquí que como director estaba dotado, además, de una voz propia y reconocible. El otro es, desde entonces, uno de los mitos eróticos más arrebatadores de todos los tiempos, y eso que Kathleen Turner, que hizo su primera película ya con 27 años, jamás quiso encasillarse como tal. En mitad de tales columnatas, lo cierto es que William Hurt, que tampoco era un actor súper conocido, es el contrapeso perfecto para este noir (nada de "neo") viscoso, resbaladizo, húmedo como las camisas de sus protagonistas, o como sus intenciones más ocultas. El film se desarrolla en Florida, y no por casualidad, porque el calor y la humedad cobran la misma importancia que la red de mentiras, deseos, tentaciones, crímenes y cosas aún peores, que componen esta exuberante historia inteligentemente trenzada por su superdotado creador. La química entre Hurt y Turner es explosiva, eléctrica, y nos pone frente a nuestros deseos más ocultos, aquellos que tememos realizar pero a los que ansiamos acceder. Tan sólo la larga introducción, en la que ambos se conocen, es un manual de instrucciones para cualquier aprendiz de guionista. El resto, brillante, mordaz, y tan meticuloso, que sólo le encuentro un pequeño fallo en una resolución que me deja alguna que otra duda, pero sería hilar finísimo en un film prodigioso en su ejecución, y del que me guardo desvelar casi nada, porque el placer consiste en ir tirando poco a poco de una madeja más enrevesada de lo que parece.
Y bueno, la música de John Barry... pues eso.
En mi opinión, una película impresionante.
Saludos.

miércoles, 10 de abril de 2013

Por amor a un género



Por amor a un género, un director puede intentar cualquier cosa, incluso poner en serio ridículo una carrera más que respetable. Le pudo pasar a Lawrence Kasdan cuando se empecinó en poner en pie SILVERADO, un western absolutamente lúdico que, sin embargo, en ningún momento reniega de las constantes usadas por los grandes maestros en sus grandes obras. Pero SILVERADO, cuidado, no es ninguna obra maestra; es mejor aún: la demostración viva, palpitante, de que todo lo pasado puede llevarse a cabo en el presente si se respeta el espíritu escondido de lo que se pretende representar, en lugar de usar diferentes materiales para terminar contando lo mismo de siempre. SILVERADO es lo mismo de siempre, pero sus imágenes límpidas, sus personajes de un solo tajo y sus tramas que no puedan resolverse con un poco de buena voluntad, rezuma ese aroma del cine comercial de qualité del que, desde finales de los setenta, el propio Kasdan fue muy responsable junto a luminarias como George Lucas o Steven Spielberg. Este film vendría a ser la respuesta en clave de western a STAR WARS o la saga de INDIANA JONES; pero un western siempre será un western, y aunque sobrevuela la tentación de cambiar el whisky por leche, o a las putas por camareras que sirven hamburguesas, esto no es EL EQUIPO A, aquí muere gente, hay malvados de los que dan mal rollo y pistoleros con sangre fría. Y luego está el reparto, otro tanto para Kasdan, porque el tándem Scott Glenn/Kevin Kline funciona estupendamente; los dos se reparten el protagonismo de un film siempre al borde de la dispersión, pero que Mr. Kasdan resuelve con su experiencia como guionista. Completan eficazmente un incipiente Kevin Costner (que supongo que tomaría buena nota de cómo rodar un western), Danny Glover, Brian Dennehy haciendo de malo absolutamente ambiguo, Jeff Goldblum, John Cleese sin desentonar en absoluto con su papel y Linda Hunt apenas poniendo un mínimo de feminidad (que ya es decir) en un reparto eminentemente masculino. Mención aparte para la inolvidable y excepcional partitura de Bruce Broughton, con un irresistible aire a lo Alfred Newman... Merece la pena echarle un vistazo, porque su sentido de la fiesta se ha echado mucho de menos desde entonces.
Saludos plateados.


lunes, 24 de enero de 2011

Adelantando el modelo a seguir



He repetido insistentemente mi poco apego al formato televisivo y sus cánones-bucle que apenas dejan lugar al arte; esto puede ser susceptible de cambiar, siempre y cuando pueda encontrar motivos suficientes para revertirlo. Difícil pero no imposible. Y hablando del tema, uno de los autores literarios que más ha contribuido a la metamorfosis sufrida por las series desde hace años, y que actualmente tiene su máxima expresión en títulos como LOST, PRISON BREAK o la reciente THE WALKING DEAD, es Stephen King; esto no hay quien lo dude, aunque él niegue la mayor en otro alarde comercial a los que nos tiene acostumbrados. Aunque ya no venda como antes (¿Y quién sí?), King posee un fondo de armario tan tramposillo como descomunalmente amplio, por lo que periódicamente siempre sale algún que otro director en busca de historia que, previo talonariazo, recurre a los cuentos del oligofrénico escritor de Portland. Dicho esto, hablemos de DREAMCATCHER, la extraña película que un irreconocible Lawrence Kasdan dirigió hace ocho años y que volví a ver hace unos días sólo para descubrir que me seguía dejando con un palmo de narices ¿Cómo si no se puede comenzar un film de una forma tan brillante, reventar después cualquier suposición que un espectador medio pudiese hacerse a partir de ahí y terminar con un final simplemente sonrojante? Así es, porque DREAMCATCHER empieza muy en la línea del King de The body, que inspiraría STAND BY ME de Rob Reiner; es decir, un polisémico retrato sentimental de un grupo de chavales aprendiendo lo dura que es la vida. Esta camaradería es reflejada un rato después con los personajes ya creciditos y reunidos en una cabaña en mitad de un bosque nevado. Todo ello cohesionado (es un decir) por la extraña figura de un niño llamado Duddits al que el grupo salva la vida y que guarda más de un secreto; esto saldrá poco a poco en la segunda parte de un film pelín largo y que se desmadra donde se desmadran todas las pelis americanas que pierden el norte: cuando tiene que justificar presupuesto.Y es que ¿qué sentido tiene para un productor norteamericano pagar los carísimos derechos de la novela de Stephen King y aliñarlo con las importantes presencias de Morgan Freeman, Damian Lewis, Jason Lee, Thomas Jane, Tom Sizemore o Mark Wahlberg, si no es para mostrar unos cuantos de bichitos del espacio exterior? La respuesta parece clara, aunque algunos no terminen de asimilar que un nombre también puede ser un buen actor. En fin...
Saludos soñados.

viernes, 15 de enero de 2010

El aburrimiento y cómo sacarle provecho

Hace no mucho, hablaba aquí mismo acerca de un film que obtuvo parabienes y galardones y que a mí me parecía un tostón de mucho cuidado; me refiero a CRASH, de Paul Haggis, y hoy quisiera retroceder diecinueve años, hasta el momento en que se realizó una película culpable de tanto mamoneo cinéfilo yanqui. Y aun así, sigo creyendo que ingenuamente culpable. Lawrence Kasdan rodó GRAND CANYON con la esperanza de poder mostrar lo que se llevaba tiempo atisbando: el sueño americano se desvanecía, y con él sus héroes y arquetipos ¿Que roza el panfleto autoindulgente? ¿Que sus personajes y situaciones son forzadas y arquetípicas? No seré yo quien diga lo contrario, pero hay algo fundamental que la distancia enormemente de la antes citada, por ejemplo. GRAND CANYON es entretenida y puede pasar tanto por drama social como por comedia costumbrista; los Kevin Kline, Mary McDonnell, Danny Glover y Steve Martin (especialmente este último) se esfuerzan por dejar atrás sus registros habituales y conforman un atractivo mosaico al que asistimos desde "el otro lado". Y es que Kasdan nos habla de esos ciudadanos ejemplares, bien situados, intachables, y les enfrenta al horror vacui tras hacerles pasar por una situación límite; el discurso aquí puede molestar por centrarse en esos "niños bien" ya en su madurez, pero su mensaje sigue inalterable hasta nuestros días y también habla de esa sonrisilla cruel ante la desgracia ajena según la clase social, pues para dar pena están los pobres mientras que un rico "lo tenía merecido". El ejemplo perfecto de todo esto se encuentra condensado en el estupendo trabajo de Steve Martin; pasamos todo el film queriendo pegarle un tiro a ese insoportable y ostentoso ricachón, que se jacta continuamente de lo bien que le ha ido la vida habiendo dejado de lado los escrúpulos; y, sin embargo, cuando esto ocurre realmente (Martin es tiroteado), nos enfrentamos a nuestra mala conciencia, porque nadie es ejemplo de rectitud moral, ni siquiera nosotros. Yo a eso le llamo un guión lleno de intenciones, y nos encanta que nos manipulen.
Saludos panorámicos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!