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viernes, 9 de febrero de 2024

Poema de fuego helado


 

Partir con un hándicap tan severo no parece tarea fácil para una serie tan a contratiempo como HOUSE OF THE DRAGON, pero caeríamos en un error común para los fagocitadores de este tipo de productos. A esta precuela que nadie esperaba de JUEGO DE TRONOS le cuesta una enormidad ubicarse, encontrar su propio camino al margen del mastodonte en el salón; pero una vez lo hace, puedo afirmar que es un producto superior, si no en volumen sí en el carácter, más adulto y refinado. Muchos se preguntaban para qué irse 200 años atrás, cuando hubiese sido más excitante explorar las consecuencias de la serie matriz. La respuesta está en la diabólica intriga política desatada en su interior, quizá menos sangrienta, pero más descarnada y, llegado el momento, amoral. De ahí se desprende la gran diferencia, que hace a HOTD más farragosa de seguir que GOT, aun abarcando una menor cantidad de localizaciones y personajes. En sólo 10 episodios, y apoyada en un reparto imponente (fantásticos Paddy Considine, Rhys Ifans y Matt Smith), la serie (de la que se espera la T2 este mismo verano) se vertebra alrededor del débil reinado de Viserys Targaryen, a cuyo alrededor se va congregando un número mayor de ávidos pretendientes, cada uno esgrimiendo sus derechos a la corona. Más que en los reinos en sí, la serie se centra en los individuos, alentando una intriga política que culmina en sus tres últimos impresionantes episodios, tan indescifrables como prometedores. En definitiva, una magnífica serie, que ha de verse con suma paciencia y sin mirar de reojo hacia donde ya sabemos, porque allí encontraremos pocas respuestas a los muchos interrogantes que van floreciendo en su hábil guion.
Saludos.

lunes, 18 de abril de 2022

Cuidado ahí fuera


 

Hay cosas muy buenas, y otras no tanto, en una película tan desarticulada (y desaprovechada) como FINCH; un film que se intuye prácticamente como una especie de apuesta personal entre conocidos, lo que queda reforzado por lo insólito de que una megaestrella como Tom Hanks se eche casi todo el peso de una historia siempre al borde de la autoparodia. Lo que tiene de bueno, curiosamente, proviene de lo que no se ve, en este caso del excelente trabajo de Caleb Landry Jones, un actor cuya presencia física suele incomodar, pero al que le viene como anillo al dedo la matización en la voz robotizada del otro protagonista de la función. La historia, para nada original, nos sitúa en un planeta devastado, sin capa de ozono, en el que apenas sobreviven puñados de gente a muy duras penas. Y aquí viene lo malo, porque ese contexto post-apocalíptico no termina de cuajar, y cuesta un mundo pensar en un entorno hostil cuando la totalidad del film busca el lucimiento de Hanks, cómo no. Es decir, que por un lado tenemos la humanización del robot que este hombre, enfermo por la exposición radiactiva, construye con el único propósito de que cuide a su perro cuando él muera. Por el otro, tenemos un viaje a la costa Oeste, que se hace ligeramente cansino y reiterativo, aunque el propósito, temiblemente conductista, es apretujar nuestra sensibilidad, ya tocada, hasta un desenlace descaradamente lacrimógeno. Y es una pena, porque podríamos haber asistido a una fábula desgarradora acerca de la posible humanidad de una máquina prevaleciendo sobre la estupidez humana. Luego nos acordamos de aquello del náufrago, y todo encaja...
Saludos.

martes, 3 de noviembre de 2015

Los detectives salvajes II



Sí, hoy vamos a hablar de la segunda temporada de TRUE DETECTIVE. Varias conclusiones, la primera es que si le hubiesen puesto otro nombre (aparte de cambiarle necesariamente la cabecera) a la gente le hubiese gustado más, porque esta temporada no tiene nada que ver con la primera. Es otra cosa, más cine negro clásico, con unos malos bien reconocibles, con una trama principal muy terrenal y un montón de subtramas que, en vez de allanar el camino, lo que hacen es desviar la atención para desmoralizar a un espectador no entrenado ni con capacidad de concentración. De hecho, creo que en el primer o segundo episodio hay un momento (que no desvelaré) en el que uno dice "ya está, he aquí el comienzo de la conexión sobrenatural y misteriosa con la primera temporada"... Y no. A mí me quedó claro que esta era una historia sobre la corrupción y la miseria moral, de la imposibilidad de combatirla con métodos legales y transparentes, porque todo el mundo (¡ojo, todo el mundo!) está metido en algún asunto turbio. Es significativo el papel de Vince Vaughn, pues la investigación sólo consigue esclarecerse y avanzar gracias a él, un mafioso que se ve obligado a sacudir los cimientos de Vinci, ciudad del pecado, para evitar su propia e inminente ruina. Una cosa positiva y otra negativa: la compleja ambigüedad con la que Nic Pizzolatto manosea a sus personajes y los deja dolorosamente desamparados, a merced de un destino que se va tornando cada vez más cruel. Pero, por otra parte, las ocho horas se hacen largas por inconcreción, el último episodio, sin ser malo, intenta recuperar a toda prisa una miríada de cabos sueltos que, francamente, yo ya daba por perdidos; y son estos pequeños e involuntarios mcGuffins los que le bajan la nota a una temporada que, sin ser memorable, es un excepcional ejemplo de cine negro de la vieja escuela, y eso por aquí siempre lo hemos valorado mucho.
... ¿Los actores?... Bueno, he conseguido reconciliarme en parte con Colin Farrell, Vaughn es toda una sorpresa, Rachel McAdams compone un personaje femenino atípico y Taylor Kitsch... No, en serio, si hubiesen prescindido de su personaje nadie lo habría echado en falta...
¿Habrá tercera temporada?...
Saludos.

viernes, 3 de enero de 2014

En busca del órgano perdido



A medio camino (pero muy al medio) de distopías más o menos reconocibles como BLADE RUNNER, la fanfarria de TOTAL RECALL, la reflexión útil de HIJOS DE LOS HOMBRES o el dinamismo de LOOPER o la reciente ELYSIUM, lo que finalmente uno consigue rescatar de una película tan mal dirigida como REPO MEN es su desenfado y atrevimiento al cruzar (puede que involuntariamente) el género de ciencia-ficción con un gore más o menos justificado por su sangrienta trama. REPO MEN trata de un futuro muy jodido en el que el tráfico más importante es el de órganos... sólo que se trata de un tráfico absolutamente legal y controlado por entero por una siniestra corporación que tras la sonrisa del vendedor que hará posible un futuro más largo, esconde el dudoso método por el que (insisto, legalmente) podrá reclamar la "devolución" de aquello que no ha sido completamente pagado. Imaginen: un cuerpo especializado en localizar a un tipo que contrató un corazón artificial para vivir más tiempo pero no lo pagó, anestesiarle y, sin más, sacarle el órgano. Un asesinato legal y aprobado por la justicia, ante el que nadie puede hacer nada. La novela original de Eric Garcia proponía un juego enrevesado cuando, tras un accidente, el agente interpretado por Jude Law recibe un trasplante que le salva la vida, pero que poco después le convierte en un fugitivo al no poder pagarlo. El salvajismo imprimido por Jude Law y Forest Whitaker a sus personajes son, con mucha diferencia, lo mejor de una función que se viene abajo cuando toca estructurar el guion, hacerlo inteligible y, además, compatibilizarlo con unas escenas de acción que casi se podrían haber ahorrado. Se nota la inexperiencia de Sapochnik, que a duras penas consigue que lleguemos al final de una historia que, pienso yo, no tendría por qué haber sido tan previsible y monótona. Puede servir para una sesión doble solitaria, poco más.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!