Mostrando entradas con la etiqueta Clint Eastwood. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Clint Eastwood. Mostrar todas las entradas

viernes, 7 de marzo de 2025

Películas para desengancharse #134


 

Es necesario ver (otra vez, quizá) WHITE HUNTER, BLACK HEART para comprobar el efecto encadenante en la filmografía como director de Clint Eastwood. Se unen en este falsísimo biopic sobre John Huston y el rodaje de LA REINA DE ÁFRICA, la exposición de esa mentira de las películas, en contraposición de una verdad que termina por engullir al artista en cuanto su engreimiento, por muy sanas que sean sus intenciones, se topa con una realidad que le supera y somete. Vista hoy, ha crecido en intención, y comporta ese Eastwood que vino después, el más celebrado, con la honestidad del cineasta veterano que no reniega en modo alguno de una carrera anterior, en realidad la sólida base sobre la que asentarse sin vértigo. Así, la excusa del rodaje, eternamente pospuesto, deliberada e innecesariamente trasladado al corazón de África, tan sólo para que el director pueda cumplir su obsesión de cazar un elefante, proviene de un meticuloso tratado del ese hombre aparentemente rudo, pero incapaz de aguantar a la miríada de imbéciles que diariamente le rodean. Especialmente fulgurantes, sus tres parlamentos, que albergan la figura del pistolero de SIN PERDÓN o el veterano de GRAN TORINO; o: te estoy diciendo en tu cara que eres un cerdo (o cerda, sin distinciones antidemocráticas) tan sólo para que tú mismo reconozcas que lo eres, que es la forma en que uno evita tener que usar un Magnum... o más o menos. Es cine que ya no existe hablando de un cine aún más anterior, y es cine sintomático, de termómetro, que quizá no sea tan refinado o sofisticado, pero nos coloca a cada uno en nuestro sitio, no siempre el más alto ni el más digno.
Desengancharse de tito Clint no es sencillo, por el mismo motivo que derribar a ese viejo elefante puede que no sea la mejor idea. Aún...
Saludos.

jueves, 26 de diciembre de 2024

¿La verdad os hará libres?


 

Hay un dato insoslayable a la hora de enjuiciar (el término no es casual) JUROR #2, y es la edad con la que Clint Eastwood sigue desafiando toda lógica, al tiempo que quienes somos admiradores de su obra nos felicitamos de tenerle en plena forma, cuando hace mucho tiempo que su cine se tendría que haber agotado. Volviendo a la jerga jurídica, no seríamos justos si le exigieramos lo mismo que a cineastas con medio siglo menos, y que entregan productos desvaídos. Lo que sí creo necesario es dar cuenta de un film en principio apasionante, pero que se va quedando poco a poco en un telefilm estimable, rodado con intención, pero sin capacidad de esculpir sus imágenes con el arrebato que Eastwood ha imprimido en ese puñado de obras maestras que reconocemos al instante. No me molesta tanto lo directamente inverosímil de su premisa, en la que se riza el rizo de la casualidad, presentando como jurado popular en la causa de un hombre acusado de asesinar a su pareja nada menos que a quien realmente lo hizo, en un accidente cansinamente reconstruido y que también resulta inverosímil. Con ese salto mortal, el guion apenas nos deja centrarnos en los personajes, tan sólo para reparar también en que el elenco está un poco desaprovechado, y sólo me quedaría en el (este sí) interesante juego de verdades y mentiras, las que nos creemos y las que nos hacen creer, entre el abogado defensor y la fiscal, interpretados por Chris Messina y Toni Collette. No es, por tanto, el mejor film de tito Clint, ni falta que le hace; es, ni más ni menos, una película que nadie más joven haría ahora, al menos de esta manera. Yo me quedo con el mérito que ello conlleva y lo afortunados que somos de ser coetáneos de milagros como éste...
Saludos.

lunes, 25 de abril de 2022

Apurar las heces


 

Hay una cuestión simplemente insoslayable que recorre todo el metraje de CRY MACHO, un elefante en la habitación demasiado voluminoso como para ser obviado, y menos cuando se nos presenta en un espacio mitificado, como es la filmografía del último gran dinosaurio del viejo Hollywood. Posiblemente, Clint Eastwood debería haber hecho otra película, o no protagonizarla él. Posiblemente, esta peliculita apenas represente un ínfimo vestigio de la grandeza de un tipo que ha cabalgado libre (y grandioso) durante una barbaridad de décadas. Lo único que a mí se me ocurre es que a nadie debería importarle esto, no al menos en la manera que nosotros, simples mortales, nos aferramos a nuestras mediocres vidas mientras disertamos sobre composición de cámara o referencias de guion. Eastwood ha hecho su ¿última película? con el dedo meñique, con el mismo entusiasmo que encontraríamos en el trabajo de fin de carrera de un veinteañero, y otorgándose algunos momentos inverosímiles, tan sólo porque él decide, siempre ha decidido. Ustedes, nosotros, podemos ser tan duros e implacables como esta "nueva manera de ser" nos impone y aceptamos obedientes; a tito Clint, estoy seguro, le suda la polla una reseña más o menos, porque quizá es el único actor que a día de hoy es capaz de caminar, renqueante, eso sí, un par de pasos por delante de la muerte. Otras veces lo hemos llamado eternidad, no veo porqué ahora no...
Lo que viene siendo una historia de las de antes.
Saludos.

viernes, 6 de agosto de 2021

Películas para desengancharse #96


 

Hay películas que justifican muchas cosas. El amor al cine, la pasión por estar dos horas frente a una pantalla, con el convencimiento de salir siendo mejor persona de una experiencia que se desea inolvidable. Sin embargo, esto ocurre pocas veces, menos de las que podría parecer. En un mar de mediocridad, de trabajos alimenticios, de horas y horas supeditadas a la eficacia, puede que surja algo, una de esas películas que se quedan contigo para siempre, como sólo pasa con los recuerdos que son más fuertes que el presente. Es así en el caso de THE BRIDGES OF MADISON COUNTY, una historia tan bien contada que logra el milagro de la abstracción absoluta, el gran milagro del cine. Durante algo más de dos horas sólo somos los receptores de una emoción, ni hombres ni mujeres, porque nos estremecerá tanto el vuelco que da la vida de una humilde ama de casa de Iowa, como la claudicación del maverick sensible, pero refractario a echar raíces. Son tan diferentes, que cuando se encuentran no pueden más que atraerse, fundirse en un mismo acto de amor, eso que "sólo se puede sentir una vez en la vida", y que a lo mejor no es lo que mueve el mundo, pero lo hace más habitable. He visto esta película unas quince veces, y siempre he llorado, no me importa reconocerlo; no es tristeza, es un gozo por poder ver reflejados a seres humanos de carne y hueso, personas que sienten y sufren, y también aman. Clint Eastwood tenía 65 años entonces, Meryl Streep 46; me pregunto quién tendría los cojones para asumir mimbres similares hoy día, en esta feria de eternos adolescentes y filtros rejuvenecedores. En un momento dado, ella abre su bata para recibir el frescor de la noche, y he visto pocas escenas que contengan tantas sensaciones juntas, desde el deseo a la penitud, del goce de estar vivo a la tranquilidad de ese intervalo de intimidad. Al final, incluso dando un paso más allá, Eastwood remata con otra lección de composición y montaje, tomándose su tiempo en esa escena bajo la lluvia, para siempre ya historia del séptimo arte. Les aviso, es casi imposible desengancharse de esta maravilla de película, una vez se ha visto.
Obra maestra absoluta.
Saludos.

viernes, 3 de julio de 2020

Volver



Caí en la cuenta de que tampoco había hablado hasta ahora de UNFORGIVEN. Imperdonable, por supuesto. Son estas cosas que se te pasan sin que sepas muy bien por qué. Y eso que debo haberla visto un buen puñado de veces desde que la estrenaron; era la primera vez que veía un western en pantalla grande, y es por ello que amo este género, porque son películas hechas para verse a lo grande. UNFORGIVEN es muy grande y muy pequeña también, una pequeña historia que habla de cosas muy grandes; del destino, del odio, la justicia, la crueldad. Pero también habla de una forma inusual de un mundo idealizado hasta el extremo, en el que cada acto parece estar definido de antemano. No es así en el magistral guion de David Webb Peoples, que desde el arranque marca una tendencia clara: todo lo que ocurra es susceptible de verse alterado. El motor principal es el truculento episodio, en el que una prostituta es marcada a cuchillo; sin embargo, no sabemos muy bien qué tiene esto que ver con William Munny, el ex pistolero, ex asesino, retirado a una ínfima granjita de cerdos junto a sus dos hijos, y llorando en silencio ante la lápida de su mujer, fallecida a los 29 años. Y menos aún, cuando las prostitutas deciden tomar venganza por lo sucedido, porque se introduce a otro personaje (Bob "el inglés"), que sirve asimismo para dimensionar la figura de "Little" Bill, un sheriff despótico y psicopático. Es decir, que el rodeo que se toma el film para llevarnos hasta su implacable tercio final es absolutamente maravilloso, y mucho más moderno que el de otros cineastas que suelen no resistir la comparación con Eastwood. He sentido cosas muy diferentes a medida que me he enfrentado a esta impresionante película, en mi opinión la cumbre de su director y uno de los westerns más grandes de todos los tiempos, sin medias tintas; y en esta ocasión, dejando aparte las frases lapidarias, las monumentales actuaciones o los momentos de calma que preludian el desastre, me ha fascinado todo ese rodeo a modo de regodeo, pero que cobra todo su sentido a la hora de remarcar el doloroso destino de cada personaje en esta historia inolvidable, irrepetible...
Obra maestra absoluta.
Saludos.

jueves, 4 de junio de 2020

Servir y proteger



Recientemente, Clint Eastwood ha cumplido años, 90 nada menos. Es un buen momento para hablar de su última película, la vigésima que aparece por aquí, aunque siempre es un buen momento para ello. RICHARD JEWELL, en contra de lo que podría parecer, no es un título menor en su amplia, indiscutible filmografía; no lo es porque Eastwood vuelve, sin pisar lugares comunes, a lo que mejor sabe hacer. De una tacada, revisa un caso que haría tambalear los cimientos de cualquier democracia, acaecido durante los JJOO de Atlanta'96, en el que un vigilante de seguridad fue injustamente acusado (y acosado) por el FBI de la colocación de una bomba casera, aunque fue él quien descubrió la bomba y alertó a la policía para evacuar el recinto lo más rápidamente posible. Sin quedarse ahí, Eastwood despliega un asombroso sistema de indagación artística, matizando cada personaje, cada frase, cada acto, sin dejar nada a la especulación, pero permitiendo que el espectador contraste lo que le es ofrecido con su propio juicio moral. Jewell era un blanco fácil, uno de tantos "americanos tipo", patriota, amante de las armas y con un acusado sentido de la justicia, lo que le lleva a ser rechazado en multitud de puestos y no poder acceder a su sueño de ser agente de policía. Se pone de manifiesto así la gran acusación de Eastwood, en la que nos vemos inmersos más hoy día que hace 25 años, y que no es otra que la manipulación de los medios para llegar a influir en la percepción colectiva de las cosas. No son trampas, son armas de director curtido, de contador de historias, de los buenos; un señor que no parece contemplar la retirada... al menos hasta que sea estrictamente necesaria.
Saludos.

jueves, 13 de febrero de 2020

Un tipo recto



THE MULE es la antepenúltima película dirigida por Clint Eastwood, un dato que no tendría mayor relevancia de no ser porque Eastwood cuenta ya con casi 90 años (los cumplirá en Mayo). Y, lejos de acomodarse en su profesionalidad y oficio, resulta que Eastwood se basa en un caso real, el de un veterano de guerra que, tras ser desahuciado y perder su negocio de horticultor, es "captado", casi por casualidad, por un cártel mexicano, que se aprovecha de su condición para transportar droga sin ser detectado. El film es sorprendentemente ágil, y uno conecta enseguida con un omnipresente Eastwood, que ya ha anunciado que será la última vez que se dirija a sí mismo. Una película que se pasa en un suspiro, y que esconde una soterrada crítica hacia el sistema de valores de la América de Trump, desde la desprotección de los más desfavorecidos hasta la enorme complejidad para conciliar la vida laboral con la familiar, aunque la nueva ocupación del protagonista sea tan controvertida, claro...
Sorprendente, es la palabra.
Saludos.

jueves, 6 de junio de 2019

Un hombre extraordinario



En otras manos, con menos experiencia, con menor intención y precisión, SULLY no habría pasado de un telefilm correcto, en el mejor de los casos. Y Clint Eastwood logra algo francamente complicado, no ya salir airoso del envite, sino asimilar la extraordinaria historia del capitán Chesley Sullenberger y su propia concepción del cine de vieja escuela, que tiene en él su mayor y quizá único exponente. Por asimilar, entiendo la metáfora: Eastwood pone el foco en el factor humano en una situación de emergencia para la que nadie está preparado, pero que en este caso incide en las incontables horas de vuelo de este hombre, cuya inesperada decisión de aterrizar en mitad del río Hudson tras perder los dos motores, desoyendo las indicaciones del control de hacerlo en uno de los dos aeropuertos más cercanos, es inmediatamente puesta en duda y sometida a una severa investigación, probablemente por la gran presión de las compañías aseguradoras, que pensaban que un aterrizaje normal aún era posible. Sully salvó la vida de 155 pasajeros y la de su tripulación, y desde ese mismo día se convirtió en un héroe popular, recibiendo multitud de muestras de admiración, pero aun así pesaba sobre él la duda de quien tuvo un extraño golpe de suerte, sin haber tomado la mejor decisión. SULLY es, finalmente, una crónica sobre la gente honesta, algo sobre lo que Eastwood lleva filmando durante décadas; una honestidad que no siempre será bien entendida, por rara en este mundo tan raro, repleto de apariencias y paliativos. No es, ni de lejos, su mejor película, y de hecho la había estado posponiendo inexplicablemente hasta ahora, pero es reconfortante volver a encontrarse con este viejo caballero, siempre lo ha sido...
Saludos.

viernes, 13 de marzo de 2015

La tormenta de arena



AMERICAN SNIPER termina como debe, pero lo hace imprecisamente, con el vaivén de sus nerviosas imágenes desde la gigantesca tormenta de arena que marca la retirada definitiva del francotirador Chris Kyle del campo de batalla. Antes, en dos horas más largas de lo que deberían, Clint Eastwood tiene tiempo de repasar EL SARGENTO DE HIERRO, INVICTUS o BANDERAS DE NUESTROS PADRES, una miscelánea de sus proyectos más impersonales. Apenas reconozco al gigante con mano maestra de GRAN TORINO, MILLION DOLLAR BABY o SIN PERDÓN; pero a estas alturas yo se lo perdono casi todo, porque Eastwood se ha vuelto un "pasota con conciencia", a menudo sospechosamente reaccionaria. No es una gran película, al menos en términos estrictamente filosóficos, pero le reconozco un brío en las escenas de acción mejor que, por ejemplo, los botones de la Bigelow, que vendría a ser su reverso cerebral. En suma, una película que aporta poco a la filmografía de su director, pero que a Bradley Cooper le viene de fábula para ir quitándose poco a poco la etiqueta de actor cómico; su composición tiene algo del hieratismo (involuntario) de Stallone y la sorna asesina del mejor De Niro, un personaje que no puede salirse de su planicie moral e ideológica y cuya psicopatía siempre encuentra un conveniente escape en un patriotismo a veces desmedido y de manual del fotógrafo de postal (banderas ondeantes, el solvente contrapicado, el enemigo gritando siempre más que tú...). Además, este debe haber como quince o veinte películas mejores, aunque no todas estaban nominadas, claro...
Saludos.

jueves, 28 de marzo de 2013

Vino de ninguna parte...



Sin ser uno de sus trabajos más lucidos (y esto es algo que él mismo se encargaría de demostrar posteriormente con la que es su etapa dorada como director), PALE RIDER es para la filmografía de Clint Eastwood una especie de "mapa a disposición del usuario curioso", y en el que pueden rastrearse no ya las claves de su personal manera de entender el cine, sino también las correspondencias con un cine pretérito al suyo y del que Eastwood ha sabido extraer constantes, virtudes y ese gusto por los modos ortodoxos de dirección. Que éste es un sentido y revisado homenaje lleno de admiración a SHANE no se le escapa a nadie; sin embargo, es gratificante ver a un Eastwood en plena forma mientras pule sus obsesiones y las cataliza a lo largo de un relato trufado de mística y simbolismo. Él mismo se encargaría de dar vida a ese "jinete pálido", mucho más misterioso que su predecesor y que dice de sí mismo ser un simple predicador, aunque sus sermones se limiten a hacer justicia con la misma determinación y heterodoxia usada por el cacique que oprime sin descanso a un obstinado grupo de mineros que está convencido de la existencia de una veta de oro en el margen de un río. El film es un sólido ejercicio de aventuras, un western a la vieja usanza, con unos secundarios realmente solventes y dos o tres escenas icónicas que permanecen después de muchos visionados (apenas le quedan un par de años para cumplir treinta...), como la llegada del enigmático jinete, envuelto en un constante ruido de espuelas y casi como una aparición sobrenatural, el sangriento duelo final o el inevitable homenaje al film de George Stevens, que cambia la erradicación del tocón por una enorme piedra que no deja fluir el río y que simboliza el poder de los débiles cuando deciden unirse para enfrentar al poderoso. No ha envejecido tan bien como otras obras de Eastwood, pero sigue siendo una película que se ve sin mayores agobios; una obra de continuidad de un corredor de fondo al que, eso sí, son pocos los que le pondrían un pero a estas alturas.
Saludos del predicador.


jueves, 24 de mayo de 2012

Quien bien te quiere bien te hará sufrir



Lo primero que me llama la atención de J. EDGAR es que apenas reconozco la mano de Clint Eastwood en ella; puede que por eso la música, compuesta por él mismo, aparezca en cada rincón de este film más apesadumbrado que sombrío, que supongo que debía ser el tono buscado por un director al que, cada vez más, parecen pesarle (y lo entiendo perfectamente) los años. Y lo digo porque ésta es una película ramplona, sin grandes defectos de forma pero con un lastre en el ritmo ciertamente preocupante, sobre todo en el incesante on/off no ya temporal, puesto que no se trata de una narración lineal, sino de las permutas emocionales de un personaje tan acaparador como debió serlo en la vida real; no hay un plano que escape a la influencia de un Leonardo DiCaprio que, aun siendo lo mejor del film, no se le termina viendo totalmente cómodo. Era un reto, porque Hoover lo es, porque hablamos de un tipo que sobrevivió en su puesto a ocho presidentes y llegó a tener más influencia que todos ellos; pero también de un pobre diablo lleno de temores, complejos y hasta taras físicas (su tartamudez), con la más que alargada sombra de su dictatorial madre sobrevolando cada acto o cada pensamiento y con la imposibilidad de dar rienda suelta a su naturaleza homosexual. Anécdotas aparte (y el film está repleto de ellas), el problema de esta película es el mismo de HEREAFTER, que resulta muy difícil atribuirle un porqué al hecho de que un octogenario se ponga a los mandos de dar registro de una de las personalidades más inabarcables de toda la historia norteamericana, si no es, claro está, por un postrer impulso de recuperar el tiempo perdido. Lo curioso es que Eastwood siempre ha funcionado mejor a ras de suelo, con sus maravillosos perdedores y sus pequeñas cuitas perfectamente engarzadas; y parece que el trago de solemnidad con el que el director se toma a un personaje que, vaya por delante, de solemne tenía poco (más bien de paranoico y fascistoide), termina por imponerse a los dos o tres momentos que pretenden ser "profundos", como son las terribles charletas de una aterradora Judi Dench, el ataque de ira de Clyde Tolson (el amante y mano derecha de Hoover) o todo el caso con Charles Lindbergh, al que se vuelve una y otra vez de manera cansina. En definitiva, una película menos grande (en el más amplio sentido de la palabra) de lo que pretende ser y una pequeña decepción viniendo de quien viene, aunque sigo viendo las palabras "Beyoncé Knowles" en el próximo proyecto de Eastwood y, francamente, me echo a temblar... Ah, lo del maquillaje simplemente no tiene nombre... no señor...
Saludos federales.

sábado, 11 de junio de 2011

Alumnos y maestros #6



Penúltimo capítulo del serial, y seguro que muy del gusto de muchos indéfilos, o así lo hacen notar frecuentemente... no se escondan ahora; además, no sé si significativo o no, es el segundo film de Eastwood que aparece por aquí. Cierto es que tito Clint ha abundado en el tema de la transmisión de conocimientos a lo largo y ancho de su vasta filmografía, aunque nunca tan "contundentemente" como lo hizo en HEARTBREAK RIDGE, desafortunadamente rebautizada aquí como "El sargento de hierro". En otras manos, estamos seguros de que el sargento Highway no habría pasado de una mera anécdota; ni la trama ni los secundarios acompañaban mucho en este extraño elogio del cuerpo de Marines, trufado de palabrotas, músculos, empujones y mucha mala hostia. Sin embargo, Eastwood hace suyo el personaje y construye un icono, un coloso alcohólico y desafiante que abre el film con la que es quizá su mejor escena, en una reducida cárcel, y sigue con el encargo, ya considerablemente devaluado por sus constantes escándalos, de coger a un grupo de holgazanes desharrapados y convertirlos en verdaderos luchadores del cuerpo de élite. Así a vuelapluma, la verdad es que la película ha perdido gran parte del encanto que tuvo en su momento, y la mayoría de sus "golpes de efecto" apenas nos conmueven; además, el final, con esa improbable y cogida por los pelos liberación de rehenes en la por entonces conflictiva isla de Granada (puede que una imposición de la Warner), resulta raquítica comparada con las maravillosas imágenes rodadas en su fundamental díptico sobre Iwo-Jima. Título menor, sin duda, con mucha más mitología alrededor de la que merece; una de esas películas que jamás debes ver con tu esposa (peor aún si es novia) o un amigo gay... ustedes me entienden... yo me entiendo...
Y mañana, la conclusión. No se la pierdan.
Saludos más firmes que la picha de un marine... ejem...

lunes, 30 de mayo de 2011

Alumnos y maestros #1



Esta semana va a estar dedicada a una serie de films cuya razón de ser gira en torno a la relación alumno-maestro, muy a nuestra manera, sin imponernos trazas ni barreras, en algunos casos puede que incluso sorprenda. Se trata de reflejar cómo algunos directores han plasmado la inexperiencia y el aprendizaje, la obediencia, la resignación, la satisfacción una vez se han aceptado lo métodos (no siempre ortodoxos) del maestro (no siempre a gusto con su papel). Y para empezar, creo que nada mejor que hacerlo con uno de los directores que más ha ahondado en el tema de la transmisión de saberes y valores transgeneracionales; no son pocos los films de Clint Eastwood que giran en torno a ello (seguro que les vienen más de cinco a la cabeza), pero el más evidente fue THE ROOKIE, que es una de sus películas más flojitas ("alimenticias" es un término que me gusta más) pero que refleja perfectamente todo este asunto.
THE ROOKIE es una improbable mezcla de DIRTY HARRY, MILLION DOLLAR BABY y THE GAUNTLET; todo excesivamente al servicio de un actor tan discretito como Charlie Sheen, al que supongo que tito Clint quiso echar una mano para lanzar su errática carrera, algo que el tiempo se ha encargado de demostrar que es imposible, al menos en pantalla grande. Sí, hay algunas escenas de acción muy bien rodadas, un saludable sentido del humor (siempre proveniente del personaje de Eastwood) y un demostrado y solvente dominio de los tiempos. En cambio, sus dos horas se hacen larguísimas, hay demasiadas situaciones estiradas hasta el límite de lo concebible y, lo peor de todo, ese malo interpretado por Raúl Juliá no termino de ubicarlo, tiene pinta de hampón superpoderoso pero simplemente se dedica a robar coches, además en casi todos los golpes está él en persona, en vez de mandar a los secuaces... No sé; y encima su "mortífera ayudante" es aquel trasunto de actriz llamado Sonia Braga... En definitiva, un film demasiado convencional y demasiado apoyado en una catarata de guiños y tics mil veces vistos en una pantalla, lo que da una idea de que hasta los maestros se equivocan a veces... Ah, el rescate final protagonizado por Sheen en plan "Halcón Callejero" pertenece a los momentos de sonrojo cinéfilo absoluto.
Saludos para iniciados.

martes, 15 de marzo de 2011

Una cuestión de fe



La cuestión es que a estas alturas le perdonamos cualquier cosa a Clint Eastwood, uno de los directores más importantes de toda la maldita historia del cine; pero no me parece justo darle más flores de las necesarias a un film, HEREAFTER, que no pasa de lo correcto, que comete algunos fallos imperdonables (principalmente de casting) y que se hace muuuuy larga. Lo primero que llama la atención es lo poco que tienen que ver entre sí las tres historias ¿paralelas? y lo metido con calzador que está al final que todas confluyan en el que es (y lo digo yo) el peor final rodado por Eastwood puede que de toda su carrera. Todo comienza con una catarsis que, desgraciadamente, nos suena mucho en estos días; un tsunami devasta el paradisíaco retiro vacacional de una presentadora de la televisión francesa; ésta queda a punto de ahogarse, pero se salva milagrosamente, ve (literalmente) la luz esa que sólo los creyentes dicen que existe y, claro, ya nada le importa excepto investigar sobre esas experiencias. Por otro lado, Matt Damon es un tipo sosainas y amargado que es capaz de leer en el interior de las personas, pero decide dejarlo porque no puede soportar la carga emocional, así que se dedica a ser carretillero, aunque la crisis le deja sin empleo. Por otra parte, se nos muestra la muy dickensiana historia de dos hermanos gemelos que viven con su madre en Londres; la madre es drogota y los tiene descuidados; cuando uno de los hermanos sufre un atropello y muere, el otro es dado en acogida.
Bien, creo que el problema es meramente estructural; primero porque el rollazo new age de la señora francesa no es más que un pretexto para meternos un pestiño romántico/perdicionista a lo Claude Lelouch, con pijos que lo pasan mal porque se aburren de estar bien. Atención a un par de diálogos entre la presentadora y su amante, son de sonrojo absoluto con esa musiquilla que no le pega nada... Sin embargo, la palma se la lleva, cómo no, Matt Damon, el único actor que es capaz de encarnar a una lechuga lombarda; no sé qué le pasa a su personaje, ni por qué va a clases de cocina, ni por qué le gusta tanto Dickens... Un Dickens, como dije antes, muy presente en el tercer segmento, el mejor y más logrado y en el que Eastwood debía haberse centrado, incluso haber hecho la película exclusivamente con ello. El chaval es verdaderamente conmovedor, y su desesperanzada búsqueda por intentar comunicarse con su hermano muerto es un mazazo de los que sólo Eastwood sabe dar. Una lástima, porque creo que, a fuerza de abarcar, al final le ha salido un ladrillo pseudosensorial a lo G. Iñárritu; lo que no deja más margen que el de la fe, la que le seguimos profesando a un maravilloso director que quizá empiece a dar signos de fatiga, pero también la que se necesita para no abominar de un film que tiene más bien poco sentido.
Saludos desde el más acá.

sábado, 5 de febrero de 2011

Alégrame el día #4



Parecía que se acababa, pero siete años después el propio Clint Eastwood decidió "pulir" un personaje que por derecho propio también era suyo. "Su" Harry Callahan contenía trazas de lo que posteriormente sería la mejor época de su autor; esto es: personajes taciturnos, desencantados pero con un elevado sentido de la justicia; un mal menos concreto, más abstracto y menos condescendiente. Por contra, SUDDEN IMPACT adolece de la mala leche de sus predecesoras; éste es un Callahan más reflexivo y que usa antes una aguda observación que el cañón de su Magnum. El problema viene de otro lado, fundamentalmente del raquítico y sobado guión de Joseph C. Stinson, más pendiente de los detalles escabrosos que de una buena construcción de personajes; la sobria dirección de Eastwood salva gran parte del film, pero también hay que atribuirle el error de incluir aquí a una Sondra Locke cuyos méritos para ser actriz todos sabemos desde siempre... Ella es una pintora pija-neurótica que se siente amenazada por el misterioso asesino al que Callahan ha seguido la pista hasta un tranquilo pueblo/residencial, se queja mucho del clima y de sus traumas infantiles, pero la muy pájara no pierde ocasión de meterle mano a nuestro incauto detective... Yo de la Locke es que no puedo decir nada bueno... ya saben. En fin, un correcto thriller, con menos turbulencias que títulos pretéritos pero con menos licencias; gana en buen cine policíaco pero pierde en la escala piramidal de iconos vivientes, cambiándolos por ese ente, un poco espectral, que ha ido recorriendo el cine de su autor hasta desembocar en un tal Kowalski... Pero ésa es otra historia, y yo tengo algo más que contarles mañana...
Saludos de impacto.

sábado, 9 de octubre de 2010

Decadencia y espectáculo





Pues sí, hombre... también Clint Eastwood tiene su reverso tenebroso calculado en una serie de películas que han pasado sin pena ni gloria por méritos propios; y la que me parece la peor de todas es, sin duda, BRONCO BILLY. He aquí una bienintencionada aunque fallida parábola sobre el mundo del circo, sus miserias y dificultades; el propio Eastwood da vida al dueño del anacrónico y destartalado Circo del Oeste, un tipo idealista con una puntería envidiable y un sentido del humor nada complaciente. En el Circo del Oeste hay amazonas, lanzadores de cuchillos y hasta un jefe indio, una especie de extracto virtual de aquel mítico tiempo que no volverá jamás. En uno de sus periplos se les unirá una improbable Sondra Locke, que es nada menos que una heredera (hay que ver lo que se llevaban las herederas ricas y guapas en los setenta y los ochenta; luego vino Paris Hilton y todo se fue al garete) abandonada en su luna de miel y que quedará fascinada de inmediato por los encantos del circo y del propio Bronco Billy, especialmente los de éste último (nada nos indicaría esto tras leer las armas arrojadizas de la Locke contra su ex-marido... en fin). Luego está la película en sí, que es una especie de comedia costumbrista sin mucha chicha donde Eastwood no termina de verse cómodo como defensor de una serie de valores (el honor, la lealtad, el amor por el trabajo frente a las penalidades), mientras su troupe actúa para niños huérfanos y desempleados; demasiada moralina familiar para quien sólo un poco más tarde iba a revelarse como el gran maestro que es, precisamente subvirtiendo todos y cada uno de estos códigos de conducta, o más bien mostrando sus rincones oscuros. En suma, un título prescindible y olvidable que poco o nada empaña una de las trayectorias más interesantes y coherentes que podamos atribuir a un cineasta vivo.
Saludos broncos.

jueves, 24 de junio de 2010

El perfume de una flor

Hay momentos en la vida que parecen quedar suspendidos para siempre en la memoria; esto puede suceder por varios motivos, y nuestros sentidos juegan un papel fundamental, filtrando, acomodando, coloreando y ajustando lo que luego ya no existe sino únicamente en la memoria. Una de las muchas virtudes achacadas al maestro Eastwood es, precisamente, la de trasladarnos a golpe de sensaciones a muchos de esos recuerdos que, en lugar de lo que otros directores más torpes hacen (que no nos identifiquemos jamás con sus trabajos), de repente nos salpican y tornan esos momentos en jugosa felicidad. Uno de los títulos de Eastwood que más asocio con esta parrafada que me acabo de marcar es MIDNIGHT IN THE GARDEN OF GOOD AND EVIL, una deliciosa, refinada y precisa amalgama de brillantes diálogos, envidiables localizaciones y una sorna muy parecida a la que explota, por ejemplo, en GRAN TORINO. Así, podríamos dejar esta preciosa y descarnada película "sureña" muy al lado de ese juez Priest de Ford, reivindicando constantemente la sensualidad y carnalidad de Savannah mientras, sibilinamente, una compleja trama de engaños y abusos va desmadejándose tranquilamente a lo largo de sus bien distribuidas dos horas y media. Magnífico está John Cusack como el incauto escritorzuelo que se ve enfrascado en un torbellino de personajes y situaciones que parecen querer atraparle de por vida; como magnífico está Kevin Spacey, que atravesaba entonces su mejor momento, dando vida a un personaje tan ambiguo como atrayente. Un film muy "de antes", sin explosiones ni persecuciones, con una paciencia fílmica encomiable y un uso de los tiempos simplemente arrebatador. Un film que sin embargo muy pocos vieron entonces y menos apreciaron; un film al que habrá que volver ahora que Eastwood es indiscutible y sus trabajos supuestamente menores (y no creo que sea éste el caso) se disfrutan mejor con la distancia adecuada.
Saludos buenos y malos.

viernes, 5 de marzo de 2010

Las cosas del poder

Aprovechando que el gran Clint Eastwood acaba de estrenar una película de las que a los pedantes les gusta denominar "menores", hoy les voy a hablar de un Eastwood "menor", tibio y comedido, ese Eastwood pre-MYSTIC RIVER y post-UNFORGIVEN, un Eastwood que toca grandes temas pero se olvida de que sus virtudes, las que le han colocado en el olimpo cinematográfico por derecho propio, emanan directamente de su particular intimismo, el que ha hecho grandes los títulos que todos tenemos en mente y que en otras manos no hubiesen pasado de mera anécdota.
Y ABSOLUTE POWER es un buen ejemplo de todo esto. Con una fascinante escena inicial, con una maestría inusual en lo tragicómico, adelantando grandes título que estaban por venir (GRAN TORINO, sobre todo), esta delirante historia sobre un tipo despreciable que se ve envuelto en un terrible asesinato y que es... ¡El presidente de los Estados Unidos!, patina precisamente por sus altas pretensiones que van derivando en una desgana narrativa impropia de este gran cineasta. Aquí, Eastwood interpreta a un adorable ladrón que es testigo de tan escabroso suceso, pero dicha escena (lo mejor de largo de la película) da paso a una interminable sucesión de dimes y diretes de telefilm que desembocan en un preocupante tedio. Y es curioso, porque lo mejor, en este caso, es un elenco de lujo que tampoco parece ser aprovechado. Aquí estaban Gene Hackman, Ed Harris, Laura Linney, Scott Glenn...; pero ninguno, ni siquiera el propio Eastwood, brilló en un film de impecable factura, muy cerca de Frankenheimer o Siegel, pero que pasa por ser uno de los más olvidados (creo que justamente) de la última etapa del maestro.
Poderosos saludos.

martes, 16 de febrero de 2010

La base de lo correcto

Aclaración número 1 para no caer en malentendidos innecesarios: INVICTUS no es una película de Clint Eastwood, al menos no de esta última e insuperable hornada, que comprende sus títulos maestros. INVICTUS es antes una película de Morgan Freeman, verdadero impulsor del proyecto; y antes aún, una apasionante novela de John Carlin; y si nos ponemos, INVICTUS no es más que la culminación del sueño que una vez tuvo un hombre llamado Nelson Mandela. Ahora hablemos del film.
INVICTUS contiene momentos de emoción pura, de historia a la vieja usanza, con los típicos elementos de superación, camaradería y respeto ganado a través de la honestidad; pero, al mismo tiempo, Eastwood se parece demasiado a algún cazurro compatriota suyo y olvida (no sé si deliberadamente) que esta historia ya nos la sabemos de memoria y que el legado de Mandela, así como la épica final de Rugby entre Sudáfrica y Nueva Zelanda, forma parte indeleble de la historia más reciente. Así, separada en facciones, INVICTUS posee un agradable aroma que logra que sus dos horas pasen en un suspiro; sus personajes están bien dibujados (mención especial para el prodigioso trabajo de Freeman) y sus motivos y mecanismos funcionan bien engrasados. El problema es que le pidamos más de lo que es capaz de ofrecer sólo por contar con Eastwood en la dirección, porque no hay rastro aquí de sus obras "mayores". Al igual que en FLAGS OF OUR FATHERS, el maestro se pone el mono de trabajo y es honesto con su público: aquí hay una historia nítida y solvente, un bien escaso hoy en día.
Como última reflexión me pregunto: ¿Para cuándo un retrato a la altura de ese coloso irrepetible y genial que es Jonah Lomu? Porque la suya sí que es una historia de superación personal.
Saludos entre palos.

jueves, 15 de octubre de 2009

Reflejos a media luz

Debe ser Clint Eastwood el director que más veces ha sido convocado en este blog; para mí, un honor además de un placer; para ustedes, espero que no suponga un latazo. La cosa es que Eastwood se ha convertido en el director vivo del que más veces reviso su impresionante obra; obra que él mismo no cesa de ampliar no sólo en cantidad, sino cualitativamente. Y uno de sus trabajos más redondos (cumple, aunque parezca mentira, seis años) fue MYSTIC RIVER, devastador compendio de traumas, miedos, miserias y un complejo (y completo) tratado acerca de la sordidez humana.
MYSTIC RIVER abre varios frentes como si tal cosa y los pone todos a funcionar. Por un lado, el espectador se topa de bruces ante un misterio que no ha sido resuelto a lo largo de varios años, lo que es consecuencia asimismo del trauma sufrido por uno de los tres niños que son la columna vertebral del film, tres personalidades tan diferentes como bien definidas.
Cualquier otro autor de hoy en día, tal y como se despachan, con tan poca paciencia, las historias, hubiese tenido los mimbres perfectos para perpetrar el dramón del año, ablandar los lacrimales, llevarse el oscarcillo de turno y engrosar la interminable lista de DVD's de medio pelo que sólo alquilan solteronas/es los sábados por la noche, tarrina mastodóntica de helado de por medio. Nada más lejos. MYSTIC RIVER supone un aterrador y desasosegante viaje a las esquinas que ni siquiera las cámaras se atreven a doblar; nada de crípticos mensajes donde "todo está en la mente", porque aquí el dolor se nota a ras de piel, las heridas se muestran tal y como son. Mención aparte merecen unos actores verdaderamente implicados, espectaculares en el caso de Sean Penn y Laura Linney y simplemente sublimes (dificilísimo lo suyo) si hablamos de Marcia Gay Harden y Tim Robbins.
Se puede (se debe) seguir revisitando MYSTIC RIVER, posiblemente el trabajo más oscuro y pesimista de Eastwood; no sólo no perderá interés y vigencia, el mazazo estará ahí, esperando para darnos donde más nos duele.
Saludos frente al río.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!