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martes, 19 de mayo de 2026

La montaña rusa


 

Que Sam Raimi nunca ha sido un cineasta de la sutileza, lo sabíamos. Sabíamos a lo que veníamos con SEND HELP, una de esas comedias negras como la sangre de hígado que tan bien se le dan, sobre todo cuando zarandea el buenismo de Hollywood, abrazando preceptos más cercanos al cine europeo de género, e incluso el asiático. Es lo mejor que tiene este film, desafortunadamente descompensado (la podéis ver en Disney+... ejem...), pero con algunos puntos fuertes, que no permiten que sus dos horas se hagan aburridas. A ello contribuye una pareja protagonista bien compenetrada, compuesta por un sorprendente Dylan O'Brien, que da perfecta réplica a una Rachel McAdams, verdadero plato fuerte, en cuyo intimidante registro se pueden rastrear más cosas de las que el prototípico guion plantea. Porque este guion no es de Raimi, y se nota, pero lo que sí es suyo es esa deformación de lo apriorístico, tan reconocible en unos personajes que parecen estar constantemente cruzando líneas sin retorno. Tampoco quiero desvelar mucho de su trama, porque tiene más sentido si se encadenan sus partes, que son varias. No es lo mejor de su director, estamos de acuerdo, pero es un entretenimento que queda sin esfuerzo por encima de la mayoría.
Saludos.

jueves, 17 de abril de 2025

Goku en el Oeste


 

Hay películas "divisoras", por así decirlo; capaces de obtener sus únicos méritos a base de pisar el terreno más desagradecido, aceptando las malas críticas como única explicación a su propia existencia, lo que curiosamente se hace más perentorio y significativo en un tiempo, éste, encantado con su propia (y aburrida) naturaleza de ripios idénticos y descastados. No es que venga yo a defender una película tan jodida de defender como THE QUICK AND THE DEAD, pero sí me complace reencontrarme, nada menos que treinta años después, con este western dirigido por un tipo que no sabe hacer westerns al uso, pero que estoy seguro de que le encanta el género. Concebida del mismo modo que un manga, rescatando el espíritu desvergonzado de un KARATE KID, o hurgando en las libertades irreprochables de un pulp en el que Raimi siempre ha sabido moverse, el único problema que le veo a esta película es, paradójicamente, cuando se pone seria y se aleja de sus fogonazos punkarras. La idea misma de poner a Sharon Stone como protagonista, una enigmática pistolera que llega a un pueblo dominado por el cacique local (Gene Hackman, que es lo mejor del film con diferencia), para apuntarse a un sangriento concurso de duelos a muerte, es una idea a priori cojonuda. Cuanto más despiporre mejor, lo que incluye los típicos "superzooms" de Raimi, agujeros de bala por los que podemos ver el paisaje, una colección de dientes podridos, personajes caricaturescos y recursos más propios del cómic. Luego llegan los flashbacks innecesarios, la necesidad de explotar a un por entonces Leonardo DiCaprio aún por explotar, del mismo modo que un Russell Crowe a medio cocer. Todo ese desequilibrio, ya digo, le da mucho de su encanto, pero también justifica a quienes abominan de este juguetito perverso e indomable. No será una gran película, pero sí un modelo que no debería haberse perdido.
Saludos.

jueves, 29 de diciembre de 2022

El anticlásico


 

Por extrañas razones, y siendo un gran admirador de la saga, he caído en la cuenta de que me había saltado EVIL DEAD 2, que no había vuelto a ver desde hace muchísimo tiempo, y que ha cobrado una nueva e interesante perspectiva. Es ésta probablemente una de las secuelas más improbables e inesperadas de todos los tiempos; de hecho, ni siquiera estoy seguro de poder atribuirle dicha etiqueta, pues Sam Raimi directamente se encargó de subvertir cualquier expectativa, no sólo convirtiendo el terror en comedia, sino creando un universo propio sin necesidad de autoplagiarse. EVIL DEAD 2 es, sin más, otra película, como si Ash (aquí ya forjando su icónica leyenda) hubiese sido arrojado a un multiverso desquiciado y juguetón. El personaje es el mismo, pero no el mundo que habita, por lo que es imposible no torcer el gesto al verlo dirigirse despreocupadamente a la misma cabaña para disfrutar de un romántico fin de semana. Raimi lo deja claro desde bien pronto, y lo deja todo en manos del recital de un Bruce Campbell desatado, algo así como un antihéroe patoso y obstinado, que no sabe por qué esos espíritus le hacen la vida imposible, así que él se convertirá en su mayor pesadilla. Los efectos, deliberadamente chuscos, cercanos al cartoon, tienen el sabor de una serie B consciente de su naturaleza. Los gags son un carrusel de inventiva, como si cada elemento en esa cabaña perdida obedeciese a su propio propósito. Y el final, es cierto, adelantaba ya lo que nos esperaba algunos años después; pero incluso ahí, Sam Raimi volvería a hacer lo que salía de los cojones, como el gran creador que es.
Imprescindible si necesitan descontaminarse de solemnidades.
Saludos.

sábado, 9 de julio de 2022

Sinaptogénesis


 

Uno va a una escuela para aprender, pero sólo de determinada manera. Lo que importa no es dónde, sino cómo. Lo sabemos, pero existen los planes de estudio. DOCTOR STRANGE IN THE MULTIVERSE OF MADNESS es una película que va de lista en un mundo donde eso no está necesariamente mal visto. Aquí hay muchos mundos, universos para ser más exactos, por lo que cualquier cosa debería estar permitida, ya que las reglas"de aquí" no deberían importar un comino en "otro lado". Es el problema, que el Universo Marvel cada vez se autoimpone más muletas, en lugar de olvidarlas y dedicarse a refinar el bruto sin aditivos. Siendo así, esta nueva entrega del doctor Stephen Strange no es ninguna vergüenza, sino un entetenimiento de lujo, uno más, que además se beneficia del desparpajo ochentero de Sam Raimi, que le da un tono más dinámico y aventurero. Por ahí muy bien, pero me da que aquí había material para dar un paso más y haber explorado el lado oscuro de los superhéroes, que también lo tienen. Personalmente, y porque me parecen complemento perfecto, les recomiendo esa maavilla que es WANDAVISION, sin la cuál esto se entiende menos.
Bien, y no es poco.
Saludos.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Benditos inconscientes



No podría describirle a un espectador de nuevo cuño, de los que han nacido amamantados por filamentos digitales y dimensiones necesitadas de Alka-Seltzer, qué tipo de sensación es esa que recorre la espina dorsal cuando, apagadas las luces y menos las toses, el cine consigue alcanzar su raro estado de magia absoluta. Ocurre sobre todo cuando hemos ido a ver algo y nos hemos encontrado otra cosa... pero mejor; y además no ocurre tantas veces como podríamos pensar. Un ejemplo claro de esto es lo que se sacó de la manga Sam Raimi cuando decidió darle la vuelta por completo (y "por completo" es quedarse cortos) al género que él mismo había inventado más de una década antes. El género es el de los muchachos que van a una cabaña en el bosque y... Sí, EVIL DEAD sigue siendo la piedra angular del horror moderno, y ha sido sobada hasta la extenuación, así que su creador se vio en el derecho de poner varias cosas en su sitio y reírse de todos los que se toman el cine tan en serio que son incapaces de reconocer una parodia; y en este sentido, ARMY OF DARKNESS es una de las mejores (auto)parodias que se han hecho jamás.
Los fans recordaban a Ash huyendo del mal sin nombre que le persigue desde hace años y convertido en el único hombre capaz de enfrentarlo; para colmo, Raimi filmó otra secuela, EVIL DEAD II, en la que ya se atisbaba la deriva a la que iba a llegar sólo cinco años después, pero considero que las tres son artefactos diferentes, autoconclusivos en su indefinición y que apenas si se deben nada unos a otros. Como película, ARMY OF DARKNESS descoloca al más pintado, y es mejor no dárselas de listillo con un guion que tiene la desvergüenza (o la inconsciencia) de reírse del por entonces incipiente wu xia, enclavar la acción en la Edad Media por la cara o el punto cumbre de la función, que es el mejor y más extenso homenaje que el cine le ha dado a un genio como Ray Harryhausen. Escenas como la llegada al molino abandonado definen el concepto "delirante" en toda su amplitud; mientras que la batalla final, con el ejército de esqueletos más descollante de la historia, ha quedado en la retina de los aficionados como un puro gozo y la demostración de que la sorna inteligente siempre ha sido patrimonio de los descreídos que nunca se han tomado en serio ni a sí mismos. Imprescindible.
Saludos.

sábado, 7 de septiembre de 2013

¡Pues cómo ha cambiado el cuento!



En teoría, la adaptación libérrima de un tipo tan libérrimo como Sam Raimi de la inmortal novela de L. Frank Baum debería contener suficientes estímulos como para hacernos olvidar la versión de 1939 y situarnos durante un par de horas en plena era digital. En teoría. En realidad, OZ: THE GREAT AND POWERFUL (título grasiento donde los haya [parece un anuncio de vibradores]) es una película tan dislocada, tan mal montada, tan incontrolada por un director al que se le nota que no cree ni un gramo en lo que está haciendo (aunque seguro que sí en el jugoso cheque disneyano que le financie futuramente), que, en un momento dado, uno no sabe si esto es para niños, para bipolares, o sencillamente retrasados mentales. Yo hice la prueba y fui con mi hija a verla, la conclusión es que los niños no han cambiado tanto, lo que ha cambiado es la percepción que los adultos tenemos sobre ellos, y para un niño un bluff aburrido lo es ahora igual que lo fue antes. Es sonrojante ver la deriva de un film que sobrepasa (innecesariamente) las dos horas y que comienza con un rayo de esperanza, con James Franco haciendo de lo que mejor se le da, un embaucador pendenciero y mentiroso, un tipo embargado hasta las cejas que lo pierde todo y cuya desolación constituye, quizás, el único momento de verdadera enjundia cinéfila. Error. Llega el tornado, el tono sepia da paso a una chillona paleta de colorines y la factoría del ratón toma el mando. Lo que sigue es un montón de chillidos, ruidos, explosiones y narices de goma (Mr. Lombreeze dixit) que constituyen todo un narcótico para cualquier sensibilidad medianamente desarrollada; no digamos para un pobre infante que no sabe si está viendo "Un mundo de fantasía" o "Un mundo de LSD y detergentes"... En fin, aunque me cueste admitirlo, no puedo culpar al 100% al señor Raimi, se nota que esto, por muy "industrializado" que esté en estos momentos, no tiene nada que ver con el imaginario del creador de joyas como DARKMAN o EVIL DEAD... ¿De verdad que es el mismo tipo?...
Saludoz.

sábado, 4 de diciembre de 2010

La avaricia rompe el saco



A SIMPLE PLAN es la mejor película de Sam Raimi, un tipo que de vez en cuando demuestra que sabe dirigir y la mayoría de las veces parece empecinado en lo contrario. Enclavada justo entre sus maravillosas locuras de juventud y la claudicación a la industria en la que se encuentra actualmente, esta terrorífica película, que paradójicamente no es de terror, da buena cuenta de las miserias del ser humano en clave trágica. Tres tipos que viven en un pueblecito en algún lugar de la deep America encuentran un avión estrellado y cubierto por la nieve; dos de ellos son hermanos, y uno de los hermanos es el típico tonto del pueblo con pocas luces, o eso parece. Resulta que el avión, además de un piloto muerto, contiene nada menos que 4.500.000$: el principio del fin. Lo que en un principio es un regalo de los dioses se convertirá en una maldición cuando los tres decidan no devolver el dinero y guardarlo un tiempo antes de repartirlo. Billy Bob Thornton está estupendo en su papel de idiota que irá revelándose como el único personaje capaz de pensar con elocuencia; mientras que Bill Paxton encarna con igual fortuna a un esposo diligente y abnegado que trabaja como contable y que parece el más inteligente de los tres (el tercero en discordia es un borracho sin trabajo conocido), pero que no es más que un soplapollas sometido a la pérfida tiranía de su mujer (¿qué diablos ha sido de Bridget Fonda?), un maquiavélico personaje disfrazado de ángel capaz de dictar órdenes en la sombra incluso horas después de dar a luz. Los tres acuerdan a regañadientes que sea Paxton quien guarde el dinero, dejando pasar el tiempo suficiente para que el avión sea descubierto y esperar acontecimientos. El gran acierto de A SIMPLE PLAN es la fluida adaptación que Scott B. Smith, moroso autor de sólo dos novelas, hizo de la que fue su primera y aplaudida obra, y que obtuvo la nominación a los oscar; una narración en caída libre que logra poner en pie una vorágine de situaciones que siempre bordean lo ridículo y lo impensable, y sin embargo conforma una hipnótica película de dos horas, a cuyas cotas de calidad no ha vuelto a asomarse un Sam Raimi más pendiente de los dictados de la taquilla que de aquel antiguo desparpajo que nos cautivó en sus primeros trabajos. Rescátenla ahora que aprieta el frío.
Un buen saludo para todos ustedes.

viernes, 2 de abril de 2010

El pegote

Hace ya algunos días, no sabría calibrar cuántos, vi DRAG ME TO HELL, lo último de Sam Raimi. Me comí una bolsa entera de patatas fritas... ¿?
Sí, con Raimi también estamos en lo de siempre... ¿Qué aporta esto a nuestras vidas? A la cuenta bancaria de Raimi ya sabemos que sí le aporta algo, pero ¿qué diferencia esta película de otra que sale directamente en DVD? ¿que tiene mejores efectos especiales?
A ver, títulos como éste, que te dejan los oídos hechos polvo con una serie de estridencias sopetoneras que hay gente que dice que es música; que carece de movimientos de cámara porque cada imagen es tratada y re-tratada digitalmente, hasta que dudamos de nuestra propia percepción; que su único giro argumental esté tan sobado como: "el malo jode al bueno ¿se salvará el bueno?"; que también hay gente que dice que tiene gracia, pero no la tiene; que sus personajes son el colmo del arquetipo de tan planos o que tienen la desfachatez de autoproclamarse "gamberras" o "desprejuiciadas", cuando encierran una serie de logos, mantras y pop-ups hirientemente conservadores (y explicaré esto: LOS FANTASMAS ATACAN AL JEFE es el extracto suave-dickensiano que intenta advertir de lo vendido que está todo el mundo en Hollywood; aquí, Raimi ni se lo plantea, porque el tipo al que Alison Lohman le disputa el puesto no es más que un patán sin peso en la trama... ¿he dicho trama?); como decía, títulos como éste los hay a miríadas; con carátulas diferentes, actrices diferentes, monstruitos diferentes, sustos diferentes, ruidos igual de altos... Pero hay algo que me molesta más y que hace que me sienta estafado: Demasiada gente se ha creído que Sam Raimi es un director con talento, y eso le ha dado una especie de cheque en blanco con el que, de vez en cuando, mete cosas como ésta, que es lo que pasa por haber recaudado tanta pasta con SPIDERMAN, que es aún peor; porque sus mejores películas, las que sólo han visto unos cuantos, las hizo siempre con cuatro duros.
Saludos arrastrados.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Con un par... de duros

Para que vean que no me olvido de esos entrañables frikis, amantes insomnes de lo bizarro y/o antinatural; nadando contracorriente, o mejor, flotando... ¿Qué sería de la blogosfera sin ellos?, pregunto.
THE EVIL DEAD. Hay dos cosas casi imposibles de lograr en una primera película: hacer reír o provocar miedo (llorar se llora mucho por lo pésimo...). En 1981, Sam Raimi decidió que con un presupuesto mínimo, unos actores sin experiencia, una única localización y algunas caretas podría hacer temblar a toda una generación. Y a fe mía que lo consiguió. El truco está, creo yo, en no atiborrar de tópicos el film, pese a que el mismo instigase posteriormente una interminable serie de tics imitados hasta la saciedad, y dejar las explicaciones profundas para otros más ilustrados.
THE EVIL DEAD nos cuenta la historia de unos chicos repletos de hormonas que dan a parar a una tétrica cabaña, donde encuentran un magnetofón que una vez puesto en funcionamiento desata unas fuerzas infernales que se apoderan de los chavalines, haciendo que se lastimen unos a otros... Hasta aquí nada nuevo, pero Raimi logra momentos de extrema tensión jugando con encuadres inverosímiles y efectos de montaje francamente ingeniosos, como el retroceso para dotar de antinaturalidad a los movimientos de los demonios. El resultado es un clásico extraño, que dio lugar a dos secuelas de vertiente humorística aún más extrañas y que confirmó a su autor como la enésima esperanza del fantástico, aunque, qué quieren que les diga, tras ver su videojuego de telarañas y correspondencias, no creo en la existencia (una vez más) del talento infinito.
Saludos malos malosos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!