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viernes, 1 de marzo de 2024

Diapositiva del todo


 

Más allá de su calidad, sus cualidades cinematográficas, que la convierten en un pequeño acontecimiento, las dos grandes noticias derivadas de PERFECT DAYS son la recuperación de Wim Wenders, cineasta mítico, seminal sin pretenderlo, poseedor de una sensibilidad única pero tendente a la dispersión de quien puede llegar a pensar que lo tiene todo hecho y dicho; pero no podemos obviar el descubrimiento de Kôji Yakusho, actor portentoso, capaz de sostener por sí solo y casi sin palabras la peripecia de un limpiador de baños públicos en Tokio. Con una narrativa honesta, que no se queda en la acrobacia circular, Wenders se limita a fijar su cámara, límpida y paciente, al rostro de su protagonista, un hombre común, sin grandes aspiraciones, que disfruta sus pequeños momentos de placer mientras contempla los árboles de un jardín o escucha sus viejas cintas de cassette; una persona que parece trasplantada de un tiempo que ya no existe, y que parece no comprender las preocupaciones de una sociedad entregada a consumir por sistema. Sólo en su tramo final parece sucumbir Wenders a cierta complacencia narrativa, atando cabos sin que el film realmente lo necesite, pero ni siquiera eso empaña una magnífica película, obra de un magnífico cineasta que, afortunadamente, ha decidido volver a mostrarnos otro pedacito de su particular genio.
No ganará, pero nosotros sí.
Saludos.

domingo, 25 de marzo de 2012

Dinámica de los cuerpos



PINA, el documental en 3D rodado por Wim Wenders para ensalzar la figura dela coreógrafa alemana Pina Bausch, fue nominado al mejor documental en los pasados oscar, pero no ganó. Da igual. Da igual que te guste la danza contemporánea o no, que la entiendas más o menos; igual que no importa si tenías un concepto digamos "reservado" acerca del uso de las tres dimensiones, porque probablemente ésta es la película que, hasta el momento, lo ha usado con más y mejor inteligencia. Todo eso no importa para rendirnos a una de las mejores películas del año y, seguramente, una de las mejores del serpenteante Wenders. Exactamente la misma poca importancia que tuvo la repentina muerte de Pina Bausch cuando el film aún estaba en proceso; no porque no la tuviera, sino porque tanto la compañía como el cineasta estaban convencidoa de que sólo podían terminar la película, que no debían derrumbarse. Así, PINA luce como un tremendo y muy vitalista ejercicio de confrontación, insólito por cómo Wenders introduce la cámara en mitad de las complejas coreografías y le da al espectador la oportunidad de integrarse con unos bailarines a los que se les nota qué realmente disfrutan de su trabajo, por muy tortuoso que pueda llegar a ser. La muerte, sin dejar de sobrevolar toda la cinta, no es más que la constatación de la vivísima vigencia del legado de Bausch, una coreógrafa fundamental para entender la modernización de la danza contemporánea, algo que se torna cada vez más emotivo cuando entendemos que todos y cada uno de los componentes de la compañía van a ejercer de inusitados anfitriones. Y luego está la película, claro... Y la película es bellísima, no hay mucho más que añadir, porque deberían verla para comprobarlo...
Saludos colectivos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Filmando estados de ánimo



ALICE IN DEN STÄDTEN es, sigue siendo, una de las películas más apreciadas de la filmografía de Wim Wenders; no voy a ser yo quien lo ponga en duda, desde luego, tan sólo me gustaría apuntar un par de cosas que no me cuadran demasiado. Primero, me niego a ver una road movie (cualquier cosa lo es) en lo que a mí me parece que no es más que el muy ajustado retrato de una profunda depresión, la de ese periodista alemán incapaz de encontrar un solo motivo por el que quedarse en Estados Unidos primero, o regresar a casa, una vez ha sido despedido de su itinerante trabajo, consistente en la redacción de un artículo sobre las costumbres americanas. El estado de ánimo de Philip es el indicativo, el termómetro que marca la deriva de un relato que podría haber sido muy diferente. Y sin ese estado de ánimo (perfectamente delineado en los primeros quince minutos de película), a Philip nunca se le hubiese ocurrido echar una mano a esa imperdonable madre, capaz de dejar a su propia hija en manos de un extraño y en una ciudad desconocida, sólo por arrepentirse de haber abandonado a su pareja. Esto es patente en tanto que Philip ve a la madre marcharse y no hace nada, acepta para sí lo que luego parece más un suplicio que una típica aventura "en la carretera". Alice es insolente, mentirosa y parece confabularse para sacar de sus casillas al templado Philip (destacable la interpretación del actor-fetiche de Wenders, Rüdiger Vogler), cosa que logrará en más de una ocasión. Posiblemente, más allá de cierto sentimiento paternal, que lo dudo, Philip atisba ese descabellado reto (llevar a Alice con algún familiar, una vez su madre no se presenta en el lugar acordado [Amsterdam]) como su última posibilidad de mantenerse a flote, porque lo que le esperaba era una caída en picado a ninguna parte. Wenders se esfuerza notablemente para dejar constancia de todo esto sin trazos gruesos y sin lugares comunes, y a su estilizado concepto del relato ayudan un estupendo uso del Blanco y Negro, la fantástica banda sonora, que alternaba a CAN con Canned Heat o Deep Purple, y unos actores, insisto, que hacen fácil lo más complicado para un actor: parecer que siempre estuvieron ahí.
Si se quiere indagar en Wenders, ésta es una de sus piedras angulares; el resto se apoya bastante en esta preciosa película.
Saludos, ciudadanos.

sábado, 18 de junio de 2011

Matar al padre; renacer como otro



Nunca he sido un fanático de Wim Wenders, su cine, escarpado, repleto de meandros que considero en su mayoría impostados, me agota por su espesa morosidad y sus puertas hacia ninguna parte. Y de vez en cuando, supongo que cuando al director alemán le da la real gana, se destapa con una genialidad que probablemente ningún otro director tuviese la capacidad de realizar, al menos en la imprevisible dirección tomada por Wenders. Aparecieron aquí las que a mi juicio son sus dos obras cumbre, PARIS TEXAS y LIGHTNING OVER WATER, tan diferentes entre sí; a las que sumo hoy un tercer elemento, discordante también si se quiere, como fue aquella demencial adaptación de las aventuras de Tom Ripley, el amoral antihéroe creado por Patricia Highsmith. Me cuesta pensar en DER AMERIKANISCHE FREUND como una adaptación al uso, porque creo que Wenders únicamente coge el armazón, los motivos y excusas, y vuelve a crear, hace suyo a Ripley, aquí un excelente Dennis Hopper, y lo convierte en una especie de figura mítica (ex libris) que trasciende al mero chantajista y ocasional asesino. Y pese a que el tour de force interpretativo, mano a mano con un enorme Bruno Ganz, ocupa la casi totalidad del film, todo parece cuidadosamente planeado para llegar a su inesperado final, que es cine en estado puro. Wenders se aleja lo suficiente del universo asfixiante y mordaz de Highsmith y se acerca más a los frescos intimistas de Ionesco o la piedad forzada de Gide. Suya, finalmente, DER AMERIKANISCHE FREUND otorga asimismo a Wenders un status creativo que le empieza a destacar como uno de los nombres a seguir en el panorama cinéfilo europeo.
Saludos amistosos.

miércoles, 12 de agosto de 2009

¡Corten!

Nicholas Ray llamó a su pupilo y amigo Wim Wenders cuando el cáncer sólo le daba ya las buenas noches; su pretensión era la de un hombre imbricado en el cine incluso poco antes de morir; el resultado es una obra maestra semidesconocida, para mí el más grande trabajo del irregular Wenders.
LIGHTNING OVER WATER parece un documental, pero no es esa la intención si atendemos al singular juego de correspondencias entre Ray y Wenders. El alemán se pliega ante el último deseo de su mentor y maestro y filma con respeto, aunque la agonía traspasa la pantalla y casi deseamos que el saco de huesos en que se ha convertido el director de JOHNNY GUITAR expire de una vez; el verdadero espectáculo de la muerte no es fácil de digerir, y aquí no hay trampa ni cartón, Ray se muere. Pero por otra parte, es el propio Ray quien pone las gotas de humor, escudado en su parche y fumando a cuentagotas, es capaz de arrancar risas a sus familiares, presentes en toda la grabación y al circunspecto Wenders, probablemente uno de los directores con más suerte del mundo, este documento es algo tan improbable como valioso. Concebido como una larga charla sobre la insignificancia final de la vida, los logros, el éxito, las envidias y rencores, más que testamento parece LIGHTNING OVER WATER un extraño manual desmitificador y valeroso, imposible de rodar actualmente, en estos tiempos en los que la muerte sólo existe muy de lejos, en los tifones y los terremotos, en las guerras y los accidentes de tráfico, como si nadie muriese de viejo, como si concebir siquiera la decadencia física fuese una especie de decadencia moral. Y no lo es en absoluto; y esta magistral filmación, respetuosa y cínica a partes iguales, lo demuestra sin que su resultado final se resienta.
¿Qué son si no los últimos deseos de un moribundo sino un transparente canto a la vida?
Saludos relampagueantes.

lunes, 9 de junio de 2008

Desiertos

Éste podría ser un artículo ciertamente mosqueante, donde la gente tuerce el gesto, se buscan volubles complicidades y hasta puede que haya algún que otro pataleo.
Intentaré explicarme.
PARIS TEXAS pertenece a ese tipo de películas sin género ni gracia; con cierto aura pero carente de alguna definición tremenda y universal... Es decir, ese tipo de películas que se llaman (porque no se les puede llamar de otra manera) de culto y que nadie se atreve a criticar porque les cambió la vida la primera vez que la vieron.
Y es más que probable que todo esto sea cierto, también yo guardo un enorme respeto por esta etapa del esquivo Wenders, aunque quizás prefiera DER AMERIKANISCHE FREUND y, sobre todo, esa obra incomparable de lo instantáneo que es LIGHTNING OVER WATER.
Por mucho que quiera, no puedo encontrarle un sentido intrínseco a PARIS TEXAS, realmente no sé de qué va, o mejor dicho, qué quiere contarnos en realidad el director. Es verdad, también yo caí en su momento cautivado por su hechizante autismo formal; recuerdo (tendría unos catorce años) mirarme a un espejo tras verla y decirme: "Qué buena película has visto". Lo cuál resulta bastante curioso al tratarse entonces de una mirada infinitamente más inocente que la que ahora poseo... ¿gana el film con ello? Muchas películas tratan de incluir ese elemento fascinador tan escurridizo y que parece más fruto del azar que del talento. Sabidas son las dificultades que tuvo Wenders para filmar semiclandestinamente en la frontera de México y lo poco que los actores sabían del guión a desarrollar. Por ahí podría ir la cosa.
Sí, seguro que hay películas mucho más crípticas, pero el problema, según mi punto de vista, no es ése, sino la imposibilidad, 20 años después de verla por primera vez, de que esta historia de desencuentros, soledades, incomunicaciones y desiertos varios me haga conmoverme más allá de la pura razón. Eso que los entendidos llaman eternidad y que pertenece al club de los Ford, Hawks, Walsh, Huston o, precisamente, el propio Ray, el gran ídolo de Wenders. Y es que esos, fíjense bien, hasta te contaban una historia.
Saludos desde la frontera.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!