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sábado, 23 de noviembre de 2024

Tristeza post coitum


 

No creo haber entendido bien MAXXXINE, o al menos qué lugar debería darle en una trilogía que tuvo un estupendo comienzo en X, su punto más alto en PEARL, y se cierra con un discutible paréntesis, que ni es continuación ni broche, sino un compendio de todas las obsesiones estéticas de Ti West, que siempre se sirvió de las mismas para establecer su narrativa, y no al contrario. Desde luego, este giallo posmoderno, con menos pinta de film de terror, es casi un póster metafísico, como si West filmara una película dentro de otra, hasta hacernos perder la perspectiva, o como si le interesara más "filmar el proceso mismo de filmar" que atenerse a un guion inteligible. La sensación es agridulce, porque el cine de este señor me encanta por múltiples razones, pero aquí ha patinado por no integrar su mirada de VHS en la extrañeza de 625 líneas, y más ocupado en atiborrarnos de Mia Goth (finalmente el único suceso destacable) que ficcionar un conjunto que ya les digo que no es tal, como si hablásemos de un 2 y 3/4 ¿Una mala película? No me lo parece, pero creo que habría funcionado mejor como ente autónomo, en lugar de sacarse de la manga unas sobreexplicaciones que llegan, como todo lo demás, un poco tarde. Mi impresión es que Ti West se ha visto superado por las expectativas, ha querido dar una traca final por todo lo alto, y ello ha chocado frontalmente con su naturaleza de gran gestor de bajos presupuestos. Todo ello con una afectación excesiva incluso para él, que quiere ser muchas cosas a la vez, pero todas las deja a medias. Además, alguien tiene que explicarme qué diablos significa el personaje de Kevin Bacon...
Saludos.

sábado, 29 de octubre de 2022

Sutil y grotesco


 

Sin ganar el principal galardón, podemos afirmar que PEARL ha sido la gran triunfadora del último festival de Sitges, consiguiendo el premio a la mejor dirección y a su protagonista, una Mia Goth por fin alejada de registros que no iban con su físico particularmente difícil, y que aquí borda el mejor papel de su ya imparable carrera. PEARL, ustedes saben, es la precuela de X, y nos lleva hasta los años de la WWI, para que conozcamos cómo fue la terrible juventud de este personaje, que antes vimos ya anciano. Es un origins en toda regla, sí, pero también es un despiadado descenso a los infiernos de una mente que no logra operar como debería, y que procesa cada acontecimiento de forma errónea, con una figura materna estricta y autoritaria, y un padre convertido en vegetal. El film que propone Ti West es endiabladamente controlado, y por ello sólo pierde los papeles (en el buen sentido) en su acojonante tramo final, puede que uno de los más desasosegantes del cine reciente, y cuya protagonista simplemente hiela la sangre en cada mirada, cada vez más desquiciada. Estructurada en forma de embudo, no se me ocurre mejor film para iluminar los muchos rincones oscuros que hacían de X no un trabajo fallido, pero un poco incompleto, como si necesitara algún tipo de explicación. Está todo aquí, la locura, la maldad, pero también la incomprensión y la falta de empatía que rodea a una joven literalmente aplastada por un futuro que atisba insoportable. A mí me ha parecido espléndida, con un inusitado uso del sentido del humor, un puñado de escenas imborrables y un aire, como suele ocurrir con su director, absolutamente propio y refractario a los peores clichés del cine de género americano. West lo vuelve a hacer, y a lo mejor estamos ante una sorpresiva vuelta de tuerca.
No se pierdan los títulos de crédito, aunque puede que les provoque más de una pesadilla...
Saludos.

lunes, 9 de mayo de 2022

Improvisar lo planificado


 

He dicho muchas veces que me encanta el cine de Ti West, un director que sabe imprimir su propio sello, haciendo que cada trabajo suyo ofrezca un marchamo reconocible. Y uno de los motivos por los que me gusta su cine, reconozco que es su capacidad para introducirnos por caminos recorridos multitud de veces, tan sólo para disparar mecanismos que, por mucho que intuyas, siempre acaban por sorprenderte. X tiene todo eso, e incluso más; una realización impecable, de formas que pertenecen a un cineasta que domina su oficio. De nuevo un anticlima extendido, a lo mejor demasiado, y esto le juega en contra; o mejor dicho: West tiene que desplegar todo el arsenal en los últimos veinte minutos, y puede que para los no iniciados sea mucho esperar dicho clímax. Dos pulsiones se cruzan en esta historia, sobre todo la sexual, presentando a un grupo de jóvenes que, sin más, se marchan a un lugar apartado a rodar una película porno. Es 1979, y todavía no existía una industria tan asentada como ahora, por lo que este tipo de rodajes, totalmente aficionados, proliferaron ante la promesa de poder iniciarse en un cine "más serio". Personalmente, me parece muy interesante el largo preámbulo, donde vemos todos esos anhelos condensados en un puñado de diálogos más mordaces de lo que parecen. Luego está el elemento terrorífico, porque ésta es una peli de terror, y que aparece tímidamente, hasta que West decide que se acabó la cháchara y es hora de salpicarlo todo de rojo. 
No creo que sea, ni de lejos, su mejor película, pero sí una más que digna continuación en clave de slasher un poco autoconsciente, y con un insólito poso de amarga melancolía, desafiando constantemente qué es lo que realmente esperaba encontrar aquí el espectador.
Merece la pena.
Saludos.

jueves, 13 de julio de 2017

Un hombre y un perro



Con IN A VALLEY OF VIOLENCE, Ti West vuelve a confirmar que nos encontramos ante uno de los directores con más personalidad del momento. Un western impredecible, impensable para estos días, completamente alejado de efectismos, crossovers y adornos varios; a mitad de camino del Leone más taimado y el Don Siegel de DOS MULAS Y UNA MUJER, con la que además de un genuino sentido del humor comparte una partitura, compuesta por Jeff Grace, facsímil de la de Morricone. Mientras que en el apartado interpretativo, sobresale un Ethan Hawke que de un plumazo hace bajar a la tierra a toda la pléyade de pistoleros infalibles y todopoderosos, componiendo un personaje repleto de matices, imperfecto, con esa mirada de duda que este gran actor siempre ha poseído. El resto del reparto no le va a la zaga, con un re-recuperado John Travolta haciendo de sheriff cojo, James Ransone como su vengativo hijo y la sorprendente Taissa Farmiga, con una descacharrante vis cómica. La historia, que de primeras puede parecer de lo más sobado del género, extrae precisamente su originalidad de un depurado y sutil guion, obra del propio West, que nos coloca ante este hombre que viaja acompañado de su perro en lo que parece una huida hacia México. Tras un antológico encuentro con un sacerdote (encuentro que West vuelve a repetir a la mitad y al final del film), llega a un misterioso pueblo semiabandonado, con la intención de avituallarse y terminar su recorrido, pero no le será tan fácil, y su pasado (una incógnita apenas revelada en un mínimo y lúgubre flashback) parece querer adueñarse de su no menos oscuro futuro.
Pero no se equivoquen, IN A VALLEY OF VIOLENCE no se inscribe, ni mucho menos, en eso tan manoseado del "crepuscular", como tampoco tiene mucho que ver con la reciente corriente de westerns "esotéricos". Si acaso, comparte el buen sentido del humor del último Tarantino y esa sensación de asistir al trabajo satisfecho de un artesano que trabaja en el corazón de una industria despiadada, que desprecia cualquier atisbo de manufactura.
Es, en resumidas cuentas, una de las mejores películas que uno puede ver este verano.
Saludos.

martes, 8 de septiembre de 2015

Fanáticos sin fronteras



Hace poco me di cuenta de que había pasado por alto el último trabajo de Ti West, del que ya he hablado (bien, muy bien) en estas páginas. Me gusta su cine, el empeño en renovar el género de terror desde la aportación integral de todos sus elementos, sin que estos se disfracen inútilmente con los consabidos recursos de dicho género, que más que "modernizarlo" lo anquilosa en un pretérito perfecto. West ensaya a menudo el (perdón por la expresión) "clima cubista"; porque siempre me parece que sus partes están desparramadas, dispuestas para el ojo atento, y cuya dificultad consiste en un ensamblaje satisfactorio al final de unas películas, las suyas, que más que homenaje a grandes títulos o revisitación a modo de transfusión de ideas, más bien parecen mundos paralelos, colaterales, que miran a sus homónimos desde otra dimensión, alimentando la extrañeza en un espectador que parece creer que ya lo ha visto todo. Así, THE SACRAMENT se sustenta en el cada vez más discutido (y discutible) microgénero del metraje encontrado; y yo pensaba que West optaría por dejar muy claro que primero "hay que saber" para "poder hallar", pero desafortunadamente termina enroscándose en su premisa, creyéndose su circunstancia y gustándose como cine "de codazo y miradita". Hubiese hecho falta un giro más dislocado, una disyuntiva menos obvia para que estuviésemos hablando de un acontecimiento, pero THE SACRAMENT afloja considerablemente el nudo gordiano que componen, entre otros títulos, THE HOUSE OF THE DEVIL o THE INNKEEPERS. Esta es la historia de una secta, con un líder terrible y unas reglas aún más terribles; un grupo de reporteros va a buscar a la hermana de uno de ellos, y de paso a desenmascarar al farsante ante el mundo, pero el asunto se les escapará de las manos y se convertirá en tragedia.
Lo mejor, el escalofriante papel del mítico Gene Jones como un malvado manipulador de conciencias; lo peor es que no hay quien se crea lo de la cámara filmando constantemente o una sucesión de decisiones, a cual más estrambótica. Tiene algunas pinceladas muy interesantes, como la escena de la entrevista (en la que incluso podría haberse recreado más), pero se ve y luego no perdura, aunque, de momento, no perdemos la fe en este director. Es más, le damos un merecido voto de confianza...
Curiosa.
Saludos.

sábado, 6 de octubre de 2012

Renovación de armario



Lo que asustaba hace treinta años ya no asusta, de lo que se puede deducir que lo truculento, a lo mejor, no es el camino. Uno de los cineastas que, sin salirse estrictamente del género, parece haberse dado cuenta de esto, es Ti West. Y a Ti West vamos a seguirle la pista sí o sí. Lo digo porque las películas de terror de hoy en día se limitan a copiar (mal) cosas que ya se habían hecho antes (mejor); y, extremando un poco el discurso, las propuestas más interesantes son las que no terminan de ingresar directamente en un género determinado y juegan con la inteligencia del espectador para ver si son capaces de descifrar estos códigos que se pretenden nuevos. West filmó THE HOUSE OF THE DEVIL, comentada aquí, que presentaba un extenso anticlímax que, paradójicamente, le servía para dotar de entidad un final que, de otra forma, habría sido mucho más previsible. En la otra punta de la crítica, lo único que se ve son bostezos y situaciones poco serias; clichés hiperestilizados y ejercicios de satisfacción onanista. No lo creo. THE INNKEEPERS supone otra vuelta de tuerca a todo lo dicho anteriormente. Una historia de fantasmas sin fantasmas, o al menos sin que éstos sean los protagonistas de la función; los protagonistas son dos estrafalarios recepcionistas de un viejo hotel, el Yankee Pedlar Hotel, que viven su última noche en el edificio antes de que éste cierre definitivamente. No voy a desvelar mucho de la trama, aunque tampoco hay ningún "gran secreto" que destapar; sólo me gustaría señalar que lo más interesante es la atmósfera de irrealidad conseguida por su director apenas un personaje sale del hotel para comprar algo; el hecho de que "salir" del entorno preconcebido ya suponga un dato de extrañamiento es todo un hito, y por un momento pensamos que no puede haber nada más allá de un hotel semivacío. Ahí, en esas claves narrativas que juegan, investigan y no se conforman, Ti West extrae el poder de su singular manera de entender el cine de género; llevarnos a mundos nuevos, a la imagen nunca antes filmada. Efectivamente, lo peor es que el terror tome forma, porque no hacía falta.
Saludos hospedados.

martes, 27 de septiembre de 2011

Posmodernidad de género



Si ya está todo contado, a lo mejor sólo queda volver a contarlo; y a lo mejor, la única forma de volver a contar las cosas (las historias; las películas) es repensándolas, como intuyó fantásticamente Gus van Sant en su temibles puntos de fuga. Estamos asistiendo (con cuentagotas, eso sí) a un desfile de propuestas que, de haber sido rodadas hace treinta años, sólo podrían haber recaudado recelo y despecho. Hoy, agotada ya la fórmula de la superproducción, y cuando el llamado cine de autor intenta huir de sus propios fantasmas, se busca al espectador como verdadero húsar totémico que habrá de reflejar sus emociones en lo que ve, compararlo con su recuerdo cinéfilo (lo hemos visto en SUPER 8, por ejemplo). No sé si esto será una tendencia reconocible dentro de otros veinte años, es imposible saberlo, pero no deja de suponer un punto de inflexión de cierto interés para el espectador curioso por naturaleza. Ahora, la película.
THE HOUSE OF THE DEVIL es un alarde técnico hasta que deja de jugar a pertenecer a principios de los ochenta y empieza a querer contar algo, en contra de lo que pudiera pensarse, esa es su tumba. Cine de género, de terror, que contiene una hora entera sin terror, pero con una atmósfera repleta de extrañeza; tiemops muertos, diálogos inconsecuentes y unas interpretaciones a caballo entre la ingenuidad de la época que pretende recrear y el descreimiento natural de la que realmente pertenece. El gran acierto de Ti West, al que habrá que seguir la pista, es insertar una severa y creciente incomodidad en el espectador, que sabe qué va a pasar, pero no acaba de verlo totalmente plasmado en la pantalla. Por desgracia, todo se va al garete en una media hora final absurdamente convencional, lo que no deja de ser irónico: la deconstrucción por la fidelidad a un método obsoleto de rodaje es lo que insufla vida a un film que es cualquier cosa menos mediocre; mientras, pensarse en la obligación de dar las explicaciones pertinentes hace que el conjunto se apolille y se torne irritantemente convencional. Y acabo con una reflexión/advertencia: si no les gustan las películas de terror les encantará la primera hora; si les gustan las películas de terror se les hará eteeeeerna... La última media hora no les va a gustar en ningún caso.
Saludos diablescos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!