Me he quedado descolocado, a cuadros, como se suele decir, con EL LLANTO, ópera prima del director vallisoletano Pedro Martín-Calero, que venía avalada por su éxito en San Sebastián (mejor dirección) y la nominación en los Goya a mejor dirección novel, en 2024 ¿Por qué? se preguntarán. Película española, de género (terror); una coproducción (con Argentina y Francia) que obliga a cumplir ciertas cuotas; y por último, el socorrido desfile de rostros "de actualidad", que dan caché pero no peso. Si la vemos como lo que es, EL LLANTO es carne de plataformas, con todos y cada uno de los elementos del dichoso clickbait correspondiente en el inabarcable marasmo de ofertas. Pero ocurre algo extraño aquí, casi paranormal: el desastre de su estructura (episódica de la manera más burda) le juega a favor en un momento dado, justo cuando los vergonzosos primeros 45 minutos, protagonizados por Ester Expósito chateando con su churri, mientras vemos el texto ocupando la pantalla (tierra trágame), son sajados de sopetón, y la misma trama se traslada a Argentina, pero 25 años antes, en 1998. No sé si sería por el cambio de equipo técnico, pero pareciera que estamos ante otro film, con otra estética, incluso mejor narrado, pasando del cuento de maldiciones simplón a un reto más sofisticado. Aquí, una joven estudiante de cine, que se cree mejor de lo que es, se dedica a obtener imágenes de manera vagamente ilícita, hasta que cae prendada de una chica a la que graba, de origen francés. Entonces, el sentido pasa a lo casual, ingresando en terrenos que trascienden el terror y van a la fascinación por la imagen robada, ensayando a luminarias como KAIRO o BLOW UP; con reservas, sí, pero al menos con algo más de intención artística. Dura poco, y es una pena, pero ese "fallo de sistema" puede indicarle a este cineasta que a veces el valor no está en lo que "se enseña".
Saludos.













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