Es más que curioso que una película como CABARET se abra y se cierre en completo silencio, como si todo el ruido, frenético e incesante, que contiene no fuese más que el encapsulamiento de una ensoñación, o pesadilla, según se mire. Sin ser un experto en musicales, tampoco un gran conocedor, me parece ésta una obra muy mayor, un hito cinematográfico inimitable, singular e irrepetible, lo que atestiguan sus muchas copias, todas siempre más baratas, de este poema apócrifo, o canto a la libertad antes de ser aniquilada. La bella decadencia, como afirma Sally Bowles (enorme, grandiosa Liza Minnelli), mientras el desquiciado MC (sobrenatural, Joel Grey) nos da paso a un mundo que no conoce nuestras reglas de normalidad, y que puede hacértelo pasar muy bien o muy mal. No es un musical fastuoso, de grandes coreografías, ni tampoco uno estrictamente alegre, con ese regusto agridulce de no saber si el espectáculo te señala con el dedo. Es, por encima de todo, un milagro, una extrañísima caja de resonancia que relata todas y cada una de las miserias humanas mientras se encoge de hombros y ve a toda una sociedad desmoronarse con el brazo levantado...
Obra maestra absoluta, que sólo podía perder el oscar más importante (y eso que ganó ocho) ante aquello que rodó un tal Coppola...
Saludos.

