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viernes, 13 de octubre de 2023

Películas para desengancharse #122


 

Es más que curioso que una película como CABARET se abra y se cierre en completo silencio, como si todo el ruido, frenético e incesante, que contiene no fuese más que el encapsulamiento de una ensoñación, o pesadilla, según se mire. Sin ser un experto en musicales, tampoco un gran conocedor, me parece ésta una obra muy mayor, un hito cinematográfico inimitable, singular e irrepetible, lo que atestiguan sus muchas copias, todas siempre más baratas, de este poema apócrifo, o canto a la libertad antes de ser aniquilada. La bella decadencia, como afirma Sally Bowles (enorme, grandiosa Liza Minnelli), mientras el desquiciado MC (sobrenatural, Joel Grey) nos da paso a un mundo que no conoce nuestras reglas de normalidad, y que puede hacértelo pasar muy bien o muy mal. No es un musical fastuoso, de grandes coreografías, ni tampoco uno estrictamente alegre, con ese regusto agridulce de no saber si el espectáculo te señala con el dedo. Es, por encima de todo, un milagro, una extrañísima caja de resonancia que relata todas y cada una de las miserias humanas mientras se encoge de hombros y ve a toda una sociedad desmoronarse con el brazo levantado...
Obra maestra absoluta, que sólo podía perder el oscar más importante (y eso que ganó ocho) ante aquello que rodó un tal Coppola...
Saludos.

martes, 9 de mayo de 2017

Una realidad aumentada en paralelo



Reporte sórdido del descubrimiento, auge, estrellato y trágico y repentino final de un efímero destello que, visto hoy con la debida distancia, merece más atención por lo que omite que por lo que cuenta. STAR 80 fue una apuesta personal de Bob Fosse, y más un acto de justicia que de exhibicionismo. Los abismos de la imagen, en este caso los de una playmate, Dorothy Stratten, que fue descubierta en una hamburguesería de Vancouver, aunque quizá por la peor persona posible, el maníaco, arribista y narcisista Paul Snider, tan inflado de sí mismo que en realidad estaba completamente vacío, y cuya vida de derroche se vio truncada cuando Stratten comprendió el error que había cometido casándose con él, una vez que el director Peter Bogdanovich intentó convencerla de que le daría (aparte de otras cosas) una carrera en el cine "serio". Bogdanovich siempre ha sido un cachondo (en todos los sentidos), y Stratten era apenas una cara bonita, un cuerpo bonito y una personalidad demasiado infantil para asimilar ser la elegida de Hugh Hefner cuando Playboy empezaba a buscar asimismo su propia cuota de seriedad. La película, vista hoy, ha soportado bastante dignamente el paso del tiempo, y además de una Mariel Hemingway a la que el papel le venía como anillo al dedo, está la oportunidad de ver al insoportable Eric Roberts haciendo su mejor papel. Verle a él es ver a un chulo de barrio que pretendía hacerse millonario costase lo que costase... y vaya si costó. Y aunque parezca mentira, hay mucho de premonitorio en esta tristemente luminosa película, plagada fracasos y polaroids, sobre todo lo último...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!