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sábado, 30 de agosto de 2025

Las mil caras del corazón


 

También se fue Eusebio Poncela en esta semana chunga. Un rostro que siempre estuvo ahí, un actor sereno y fiero, de los dignos, los que no se vendieron a nada porque fue de los que lo construyeron todo. Poncela era un grande, un seguro de vida que elevaba el nivel de cualquier cosa en la que estaba, que podría haber sido mucho más, pero tampoco creo que le hiciera falta más que el reconocimiento de un público que siempre le mostró su admiración. Aquí, como no podía ser de otra manera, ha aparecido en multitud de ocasiones, tanto en su deslumbrante primera etapa, la serenidad de sus últimos trabajos, una dignísima carrera en Argentina o junto a los grandes nombres del cine español. Uno de los más famosos fue en LA LEY DEL DESEO, probablemente el gran título de transición de Pedro Almodóvar, donde sus obsesiones primerizas iban dando paso a un fetichismo visual, más evidente si se quiere, pero igualmente interesante. Decididamente provocadora en su fassbenderiano arranque (de mis escenas favoritas de su autor), cobra fuerza con el estupendo alter ego compuesto por el propio Poncela, infinitamente mejor que el posterior de Banderas, que vuelve a relegarse como trastornado, que por su apariencia parece una representación de la culpa homosexual. Exceptuando algunos "sketches" más o menos memorables (el de la manguera, por supuesto), la película se interna en su tramo final en un thriller previsible y menos interesante. Aun así, sigue siendo de los mejores títulos de un director que siempre me ha parecido sobrevalorado, y se demuestra en su incomprensible autocensura, escudando en el humor costumbrista el freno que no nos ha dejado tantos de sus trabajos en un quiero y no puedo. Y me pregunto por qué no tuvieron, actor y cineasta, una relación más fructífera. Seguiremos disfrutándole, por supuesto.
Saludos.

lunes, 9 de junio de 2025

Imitación al cine


 

Mientras Almodóvar idealiza una América idílica, donde una fila interminable de lesbianas acude a la firma de ejemplares de la escritora de moda, en una librería con olor a aula sospechosa; o hace que Tilda Swinton declame con mirada perdida el día que (ya que, como no podía ser de otra manera, era corresponsal de guerra) supo que su fotógrafo era amante del religioso al que fueron a ver un día en zona de guerra, sin que este detalle tenga mayor relevancia que poder darle un papel a Juan Diego Botto y Raúl Arévalo hablando en inglés ¿?; continúa con los homenajes al reproducir impúdicamente tres constantes lynchianas (la llanura de Montana, un coche de bomberos a cámara lenta y una casa en llamas en mitad de la nada); seguidamente nos lleva, cómo no, hasta un Sirk mermeloso, donde Iglesias hace de Skinner y Grau de Metty, en una cabañita idílica para ver árboles y escuchar pájaros; rematando con dos sonrojos: el amenazante pero inocuo personaje de Nivola y un epílogo que no hace justicia a la hondura joyceana a la que alude, implorando el fundido, siempre tan socorrido, a Hopper.
Almodóvar, esa América no existe, sólo era nuestra Arcadia de celuloide. Ni un solo chiste, ni un solo susto, ni un sobresalto en un discurso autosatisfecho y vergelado, de "vergel congelado", digo...
Horripilante.
Saludos.

martes, 7 de enero de 2025

Vida de diva


 

Es de justicia exponer la importancia de TACONES LEJANOS en la carrera de una actriz siempre respetada, pero a la que le costaba encajar el peso de su estrella en una industria, la española, poco dispuesta a ir en aras del glamour. Es difícil constatar si fue Almodóvar quien encontró a la actriz perfecta para interpretar a Becky del Páramo, o Marisa Paredes la que al fin obtenía un personaje que, eso sí, sólo ella (con permiso de Charo López) podía interpretar. La película es otra cosa, un aprisionar por la fuerza del melodrama exacerbado, con una trama deliberadamente quijotesca, que respira sus mejores momentos en unos números musicales inolvidables, sobre todo los que tienen a la propia Marisa Paredes y Miguel Bosé haciendo suyos dos excelentes boleros interpretados por la divina Luz Casal, y que se cuentan entre las mejores escenas filmadas por el manchego. Una mamarrachada colorista, iconoclasta, con el pretexto de la vuelta de la actriz exiliada en México, que se encuentra con su hija (Victoria Abril) nada menos que casada con su antiguo amor. A partir de ahí, putiferios sincronizados, polvetes para sustituir al Valium, barbas postizas, bollerismo de intramuros y hasta una Schweppes cola, que ha sido un recuerdo desbloqueado de los buenos. Almodóvar en estado puro, dándole el centro del escenario a la actriz (no tengo ninguna duda) que redimensionó su cine y lo lanzó definitivamente al reconocimiento internacional. No es poco.
Saludos.

martes, 24 de diciembre de 2024

Que me come el tigre


 
He defendido muchas veces el primer cine de Almodóvar, precisamente por la valentía de su inconsciencia, que le llevaba a una irreverencia tan trufada de ternura como de dardos envenenados. No es ENTRE TINIEBLAS la película que más me gusta de esta etapa, pero desde luego es una de las más audaces y contestatarias, y cuyo argumento desataría toda clase de polémicas en esta sociedad del nuevo puritanismo en la que nos vemos inmersos. Las Redentoras Humilladas es una orden de monjas que practica el culto a las drogas, la extorsión a los ricos y tener como mascota a un tigre; hasta allí llega Yolanda, una desastrada yonqui y cantante en riguroso playback, que huye de la policía, que la busca por ser sospechosa de la muerte de su pareja por sobredosis. La madre superiora se encapricha de la joven, con la que comparte la afición por la heroína, mientras recuerda a la última descarriada a la que protegió, y a la que amaba en secreto. En un elenco completamente femenino, brillaban las habituales Julieta Serrano, Carmen Maura, Chus Lampreave o Marisa Paredes, que interpretaba a una psicópata asesina que busca la redención mediante la autotortura física y la ingesta de ácidos, que la van a acercar a dios. Desgraciadamente, Almodóvar le dio el rol protagonista a la desconocida Cristina Sánchez Pascual, que no estaba llamada por los caminos de la interpretación.
Volver a verla hoy día es una experiencia casi marciana, lo que me parece suficiente para recomendarla en fechas tan señaladas.
Saludos.

jueves, 13 de enero de 2022

Asunción de la hipérbole ordenada


 

Y el último Goya, lo ganó Verónica Forqué en 1993 por KIKA, y a lo mejor era el más merecido, y a lo mejor estamos ante uno de sus mejores papeles. Y no es poco, porque voy descubriendo que con Almodóvar me pasa una cosa muy curiosa, y es que con su cine voy a contracorriente de la opinión general, porque esta película me gusta, y no poco. Es verdad que el final está un poco alargado, me parece que en busca de un cerrojazo de melodrama gordiano, cipotudo y cinefante; pero el resto son salpicaduras aquí y allá, conejos esquivando balas mientras sonríen, collages de celebrado surreal, cuando no directamente videoclips en gozoso encadenado. Es el Almodóvar que más me gusta, el tocapollas afilado y que se acuerda de lo que es filmar sin nada, excepto actores y equipo, aunque algunos actores aquí están para matarlos, y otros son pura anécdota. KIKA es Verónica Forqué, un papel que la define por ser bondadosa y generosa, y por maquillar a muertos que se lo hacen, o poner cuernos piadosos, y otro día ser capaz hasta de quitarle hierro a una violación, que hoy día sería el colmo de la incorrección. Es una historia tontísima, que es lo suyo, y sale Victoria Abril vestida de Gaultier adelantando lo de Tele5, y hay un programa de literatura presentado por una señora manchega jubilada, y uno quiere, una vez más reposar esa cabellera rojiza, acariciarla, y susurrar algo así como "No te preocupes, Veroniquita, que todo va a salir bien"...
Mientras le dura la sorna, es muy divertida. Luego, ya no.
Saludos.

viernes, 13 de marzo de 2020

Polvo de estrellas



¿Podría reconciliarme DOLOR Y GLORIA con el cine de Almodóvar? Podría, y aun así seguiría insuficiente. Porque veo ese deseo de redención en cada fotograma, en cada frase milimétricamente implementada tras este autorretrato mucho más autocomplaciente de lo que puede parecer en un principio. No tanto exorcismo como un relajado ejercicio de confesión, claro que el director manchego se abre más que nunca, y que la sensación es la de ser invitado a una casa, la de su memoria, pero también la de sus obsesiones, menos carnales de lo esperado y más arraigadas al espectáculo visual. Es un repaso a su vida, entendiendo que ésta ha de interesarnos tanto como para instalarnos en el centro de la misma y recorrer junto al protagonista (Antonio Banderas, dulcemente taimado) esta cenital propuesta de himnos y vaivenes, libros acostados y camisas de otros. Un viaje, en fin, que puede que nos reconcilie a algunos, aunque no sé si estoy completamente seguro de ello...
Saludos.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Películas para desengancharse #31



En mi manera y forma de entender lo que el cine es, me parece incuestionable incluir siempre algo de Pedro Almodóvar como ejemplo de qué no debe hacerse cuando uno carece de ideas propias, que es, por ejemplo, hacer pasar por propias ideas que son ajenas. Con todo, reconozco que MUJERES AL BORDE DE UN ATAQUE DE NERVIOS es probablemente su última gran aportación al cine de autor, aunque sea apropiándose de lo que otros habían expuesto tres o cuatro décadas antes, porque a partir de ahí Almodóvar ha rizado el rizo copiándose a sí mismo, que ya hay que tener ego... Ésta es, básicamente, una película de Cukor, con algo del caos de Hawks y la elegancia engañosa de Lubitsch; la diferencia es que toda la puesta en escena, la idiosincrasia de los personajes (oscilando de lo sofisticado a lo choni) y la ciudad, Madrid, como tejido unificador de pasiones exageradas, arquetipos subrayados y una libertad casi siempre asfixiada por la cotidianidad, además de certificar la definitiva defunción de aquello de la movida, adelantaba un país que ya caminaba por el exceso yuppie como quien hace un botellón en una urbanización de lujo. Almodóvar echa aquí el resto y monta enredo sobre enredo, engasta a los personajes y los diálogos con naturalidad plastificada y ofrece una comedia que se refleja en la melancolía y el desengaño de Carmen Maura, musa y exabrupto, y modelo para un modelo de mujer que vino después pero que ya asomaba. Me veo, algunos años después, extrañamente confortable viendo esta película de un director cada vez más insoportable, pero me sirve para hacer dos reflexiones: la primera es que si el manchego hubiese acabado su carrera aquí (o si al menos no la hubiese inflado tanto) ahora sería una leyenda. La otra les conmina a que se desenganchen, no como la inepta tribu de imitadores que vino luego. Almodóvar aquí copió, pero al menos lo hizo con ingenio...
Saludos.

lunes, 20 de febrero de 2017

el "Sirkillo" impenitente



Toda vez hayamos aceptado que, haga lo que haga, Almodóvar estará siempre presente en los Goya, no sólo comprenderemos el inútil trasfondo del certamen, sino el auténtico porqué de la existencia de su cine. El cine de Almodóvar aspira, siempre lo ha hecho, a quedarse, permanecer a toda costa; enroscado como un gato ya viejo, se resiste a ser desplazado del confort de "su" sillón, y no digo que el derecho no se lo haya ganado, pero otros con más y mejor discurso hace tiempo que tiraron para la canasta. JULIETA es eso, la perfecta definición de un señor que ha logrado que nadie le lleve la contraria, por eso siempre está ahí, pero por eso también es sistemáticamente apartado hacia un lado, y solamente es recompensado con alguna chocolatina sobrante, en especial para sus actores (más bien actrices). Una película paralizada en el tiempo, pero también rígida en el espacio, donde parece buscarse el disecado de la viñeta antes que el dinamismo del celuloide, lo que no deja en muy buen lugar a alguien que apenas arriesga a tercos y confortados cinéfilos de babucha de paño, mientras olisquean el pachulí y el Paladín en una de esas tardes lluviosas con Sirk de fondo. No sé, no soy nadie para decirle a estas alturas a un señor que lo ha ganado (casi) todo lo que debe hacer con su carrera, pero sí que lo tengo a quejarme de que su cine, o su manera de interpretarlo, no contribuye a que los jóvenes radicales (que los hay) puedan impulsar sus propuestas, y con ello desencallar una industria que acumula toneladas de polvo de arroz. Almodóvar es un tapón, un gato que ha gastado seis vidas pero que no duda en sacar una garra afilada, la misma que tanto echamos de menos en sus historias de tita de pueblo. Sólo le falta hacer la historia de un ama de casa amargada y católica en 3D, aunque tendrían que incluir kleenex digitales a la entrada...
Saludos.


viernes, 14 de noviembre de 2014

Películas para desengancharse #18



Este monográfico no estaría completo, ustedes saben, sin una de Almodóvar. Y ésta no les voy a recalcar que se desenganchen de ella, ya que supuso mi definitivo desenganche del director del que más desenganchado me siento. Todo loas y alabanzas ¿qué podría decir yo en contra del traje invisible del Emperador? Nada. Y no lo siento, a mí VOLVER me gusta más que la mayoría de películas del manchego, pero también me debo un minuto de coherencia a mí mismo y detecté, cuando la vi en su estreno, que era un punto de no retorno que no por intuido largo tiempo atrás iba a ser menos veraz. Si tuviese que describir esta película mediante sensaciones diría que cruza con tozudez y magnanimidad al De Sica más frondoso, al Sirk menos dulzón y a esa espita de gas abierta como herida desangrante que yo doy en llamar "nueva telecomedia ibérica"; agréguenle un patchwork de (Roy) Lichtenstein y el tejemaneje del cansino Iglesias (Alberto) y la mesa está servida. Hay un momento dolorosamente malrrollero, el del playback sacado literalmente de las mangas con lunares de Estrella Morente, y otro sublime, excepcionalmente filmado y sin que sirva de precedente, que es la marciana charla en casa de Chus Lampreave. Además, el principio, bellísimo, con ese viento Solano de fondo azotando a las "limpiadoras" de tumbas, no le hace justicia a un final tan atropellado como inverosímil, con una Carmen Maura menos Carmen Maura que nunca. En suma, una película que no me gusta cuando me la ponen como una película que me tiene que gustar por cojones, y una película que me gusta mucho más cuando la veo en soledad y sin el murmullo de ese Pepito Grillo infame y descabellado que es "la gente española que va al cine a ver cine español". Y aunque no lo crean, existen.
Saludos.

domingo, 16 de febrero de 2014

Rincón del freak #143: Como fuera de casa, en ninguna parte



Es sintomático, pero Wert no lo sabe. De hecho, Wert no sabe casi nada, pero pone cara de saberlo. Como todos los políticos, al menos los de este país que tan mal retratado queda cuando lo caricaturizan. El síntoma desconocido es que a los cineastas de fórmula agotada se les trata con suavidad allende nuestras fronteras, mientras que a los innovadores, los que deben llevar el peso de la renovación, se ven "fieramente atendidos", aunque en realidad sea esa fiereza la que les permite conquistar sus éxitos en lugar de imprimirlos en la acreditación. Es sintomático, pero aún más lo es la tibieza de grandes vacas sagradas, como Almodóvar; tibieza como incapacidad para inscribir su machacona insistencia por revisarse a sí mismo en tiempos mejores... y lejanos. Aquí nos conocemos todos, y una película como LOS AMANTES PASAJEROS no se entiende, porque quiere ser tantas cosas a la vez que termina de la única forma que puede desarrollar una crítica el manchego: sumido en la compulsión. Yo no me enteré de nada, de nada. No sé si me estaban contando MUJERES..., VOLVER, KIKA, MATADOR... ¿qué más da? Opereta ensimismada, salpicada de semen flojo de anfetas, agua de Valencia y lo peor de todo... Pero lo peor muy peor: no se puede decir que qué malos son los políticos y el rey y toda la caterva, cuando tú distingues (y llámenlo simbolismo involuntario) a tus protagonistas del resto de este mundo tan aburrido y tan poco chic porque viajan en primera clase. Y los demás, dormidos.
Muy, muy mala.
Ah, optaba a "mejor vestuario"... y yo sigo sin entender nada.
Saludos.

martes, 21 de febrero de 2012

Pellejo artificial



El principal problema que tengo con el cine de Pedro Almodóvar, y creo que LA PIEL QUE HABITO puede ser el máximo exponente de esto que voy a decir, es que todo es opereta. Y me explico. No es que en mitad de unos problemas económicos tan graves como los que tenemos el manchego siga regodeándose en sus extravagantes y dislocadas tramas, eso es algo que sólo puede preocuparle a los que no disfrutan con el cine, sino que lo utilizan como arma arrojadiza; ahí Almodóvar tiene razón. El problema es que si su tono es cómico no me hace ni puta gracia, y que si lo que cuenta (y obvio que en este caso se trate de un texto ajeno) pretende ser serio (pese a que parezca que ponerse serio implique truculencia per se), no baste una disculpa desaforada para ver (entre líneas, con calidez calculada) que existe la tramoya y el atrezzo; y no para remarcar o subrayar, sino porque este cine es así, se siente cómodo en su asidero de fatuos paralelepípedos (el médico tiene una hija... antes hay una conferencia explicativa... luego viene el momento decisivo... luego se rebaja el tono con un chiste... antes el director presenta los secundarios...). Es decir: en Almodóvar, naturalidad=extravagancia, o al revés... o puede que, ya que no se puede seguir siendo moderno, al menos exista algo de desdén diplomático. En LA PIEL QUE HABITO importa menos la historia de venganza sin límites, y mucho más el etalonaje melodramático, que mezcla desvergonzadamente al sempiternamente amado Sirk con un invitado de piedra llamado Georges Franju, del que sale indemne la caricatura de la víctima y perjudicado un esforzado Antonio Banderas, al que no le sale ser malo ni por casualidad. Película cosida, recosida y remendada, lo que no entiendo es cómo se la puede considerar como "cercana y familiar" cuando todo el mundo está majareta y las frases siempre huelen a "última y definitiva frase". En resumen, entretenimiento de aquí, con las hamburguesas sustituidas por el cocido y un espacio omnipresente en el que se suceden noches y días meramente anecdóticos, las noches y los días de un director al que cada vez le interesamos menos como espectadores. Habrán reparado en que apenas he contado nada de la trama, primero porque, aunque se la imaginen, es mejor dejar cierto elemento sorpresa en el aire, pero sobre todo porque, llegado el momento, dicha trama deja de interesar por completo y empezamos a mirar los muebles, los cuadros, los azulejos... ¡y qué bonito es todo en el cine! ¿no es verdad?...
Saludos habitantes.

lunes, 25 de abril de 2011

La vida moderna



Quién lo diría; más de 30 años se cumplen ya de aquella gamberrada que supuso el pistoletazo de salida de la carrera del director español más internacional y que atendía al sugerente título de PEPI, LUCI, BOM Y OTRAS CHICAS DEL MONTÓN. Este mes hemos cumplido también, nada menos que tres años de blog, además coronado con el seguidor número 100, que no es que nos vaya a pagar la hipoteca pero da lustre, o lo que sea. El caso es que hace poco me puse manos a la obra con la ópera prima del director manchego, porque apenas me acordaba de ella y porque es la época en la que sus películas me agreden en menor medida. Esto lo he explicado montones de veces, porque Almodóvar me parece exageradamente sobredimensionado, no un mal director, sino un director irremediablemente condenado, por su propio empecinamiento formal, al aburguesamiento que, irónicamente, tanto y tan bien fustigaba en sus comienzos. Ésta es la delirante historia de Luci, que está casada con un machista de los de la España rancia, pero que tras su apocado aspecto esconde a una adicta al masoquismo más molón. Su vecina es Pepi, que es moderna, cultiva marihuana y desprecia a los hombres "porque ella lo vale". Luego está Bom, que es punki y castigadora, por lo que Luci se enamorará de ella con un "chorro" de pasión... Aquello era La Movida, y la movida, curiosamente, no tuvo cineastas más allá de las tres o cuatro primeras cintas de Almodóvar; y como casi todo lo de La Movida no ha envejecido bien, porque sus intentos de provocación a toda costa, de no dejar títere con cabeza, se tornan ahora apenas entrañables estampas de un país situado en una especie de limbo social donde lo único que contaba eran las ansias infinitas de libertad durante largo tiempo hurtada. Vista ahora, sorprenden sobre todo sus sketches, que es en realidad lo que conforma esta gamberrada a ratos divertida, otras sonrojante y que consagró a Carmen Maura como una de las actrices más versátiles e insólitas que ha dado este país. Yo sólo se la recomiendo a ustedes si la van a ver acompañados de algunos compañeros de farra, si no no les va a hacer tanta gracia.
Saludos del montón.

martes, 2 de febrero de 2010

Yes Sirk, i can do it

Bueno, hoy la cosa va de perdones, que uno se debe a sus lectores y no puede ir por ahí con el ego inflamado como si tal cosa. Perdónenme, antes que nada, el titulito de la reseña, con el homenaje a las irrepetibles Baccara incluido; pero es que si no incluyo aquí al maestro del melodrama reviento. Perdonen, por otra parte, que haya tardado tanto en meterle mano (en el buen sentido) a este último Almodóvar. A estas alturas, ustedes saben mejor que yo que el manchego no es santo de mi devoción y que sólo me divierten sus primeros trabajos; pero aunque sólo sea por la gente que sigue acudiendo a los cines a ver sus películas, estaremos obligados a darle el espacio que se merece. LOS ABRAZOS ROTOS no es ni la mejor ni la peor película de Pedro Almodóvar; el problema es que desde hace veinte años todos sus trabajos tienen esta ambigua calificación. Y ¿acaso hay mayor lastre para un film que se pretende apasionado nadar plácidamente en aguas tibias? Esto es Sirk descafeinado, un Sirk menor; esto es una huida hacia delante constante que consiste en tapar las carencias de guión con guiños del director a sus queridos maestros, Rossellini en la parte final y algo del peor Nicholas Ray al principio. Por no hablar de cómo mete con calzador un trozo de cine dentro del cine que juega la baza simpaticota y lastimosamente llena de aañoranza, porque en este caso sí que cualquier tiempo pasado fue mejor. Almodóvar ha dejado de hacer cine y se ha transformado en un extraño subtrasunto de sí mismo, que vive rodeado de postales y fotografías que no le pertenecen pero que no va a devolver a su dueño. Resulta poco menos que asombroso que un artista que hizo de la transgresión su (única) bandera visible, se haya ido quedando en alguien que al pensar no puede más que extraer retazos de aquí y de allá; retazos coloreados de pasiones inexistentes, de sainete, donde el conservadurismo es explícito y los problemas son exorcizados con un viaje a Canarias.
Saludos irrompibles.

domingo, 27 de julio de 2008

Calamares por aquí, boquerones por allá

A la nostalgia por la repetición. O al costumbrismo, o al canon, o a lo porcojones.
Almodóvar ya es tan de la familia que le omitimos hasta el nombre. De aquel provocador que anunciaba detergentes al actual "Lynch" de media y zapatilla, un mundo. Pero por lo vasto, no por lo diverso. El manchego lleva haciendo la misma película 25 hermosos años; y porque como cabezón es como él solo y no iba a deslizar su cine rasgante y chillón a un digamos "confort" televisivo, a la aburridísima colección de premios se le une una relación amor/odio, digna del papel couché que tanto critica, con una academia que justamente no le rinde pleitesía.
Pero Pedrooo (con tres oes) también inventó; hace mucho de esto, pero inventó. Había un poquito de John Waters, eso sí, y de Mihura, y algo de Sirk, de Imamura y Carax (que no le copió a él porque empezó antes). Todo muy agitadito, tanto como aquel Madrid que (desgraciadamente) yo no conocí y que dio una hornada de diletantes autodestructivos que se reían hasta de su sombra. Y LABERINTO DE PASIONES pertenece a esa época, se nutre de ella y también le lega su particular homenaje fílmico (casi el único); porque Almodóvar es, le pese a quien le pese, el cineasta de la Movida, de aquel Madrid escurridizo y fugaz como un suicidio. Y no hubo mucho más, porque la música lo copaba (casi) todo con su instantaneidad y auto-deglución.
En esta película se ven claramente cuales serían las líneas maestras de Almodóvar hasta nuestros días. Y entonces era Cecilia Roth como luego sería Carmen Maura y ahora la más aseadita P. Cruz. Y entonces era Imanol Arias como luego sería Banderas de nuestras desdichas y ahora... bueno, ahora ya es incapaz de dirigir a un actor, y además Bardem se ha largado, conque...
Total, que nos queda esta divertidísima comedia (de carcajada auténtica) de enredo, de enorme imaginación e irreverencia y con un trasfondo inmejorable para asaltar la mojigatería de lo castizo y darle la vuelta, como en las mejores zarzuelas.
Después, Almodóvar ya no ha sido el mismo. Pero esa también es otra historia.
Saludos movidos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!