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martes, 19 de marzo de 2024

Magia potagia 2


La desmejora nos indica que filopracticamos once momentos al día de aguda gula intrínsecamente fisiológica. Datos y ratios, chanzas que nos llevan de la mano hasta lo deliciosamente pospuesto. Con el maguito de las gafas lloydianas no se esperó casi nada, y montados en la nube (A.T. to the skyes) se fue de cabeza a por el segundo volumen, con más engrudo pero el mismo sabor a paprika emulsionada industrialmente. HARRY POTTER AND THE CHAMBER OF SECRETS vuelve al clásico concepto del "familiar epatante", que nos sitúa en el confort criminal de la "imagen providencial", mientras preparaba el camino para futuros mastodontes mediáticos. Otra vez los malos y los buenos, corriendo por pasillos interminables, parpadeando en un clímax sin fin, abrumador, sin tiempos medios, en el culmen de la dramatización por ella misma. Cierto es que se quiere apuntar a algún oscurecimiento de tramas blanquísimas, lo que nos lleva a la peor Agatha Christie, la que se refugiaba en sus "negritos del whodunnit" porque está comprobado que la salvaguarda de la repetición es un invento rentable. Salvo los efectos digitales, porque suponen el dataje más interesante para informarnos de una época, a principios de este siglo, que más parece un banco de pruebas que una industria consolidada.
154 minutos.
Saludos.

sábado, 16 de marzo de 2024

Magia potagia 1


 

¿Y cómo hablo yo a estas alturas de Harry Potter? Buena pregunta, porque no me hubiera extrañado fenecer un día sin haber perdido la virginidad con este mito del siglo XXI, del que sólo me habían llegado los ecos de sus retumbantes éxitos, tanto literarios como cinematográficos. No pasa nada, nobleza obliga, pero debo serme, ante todo, fiel al espíritu ácrata y manumitido del blog, que aún no tiene la mayoría de edad pero considero plenamente emancipado de fofas genuflexiones de internado. No crean que me mola mucho ensayar un dictado metalingüístico, con el que cloquear o bifrontar lo que (me ha quedado clarinete con apenas un vistazo al episodio primero) no es más que un tiovivo temático, acotado y eventualmente rijoso. Es Proserpina comiéndose los chocolates de Plutón, o Polifemo en despero por Galatea. Para que me entiendan: HARRY POTTER AND THE SORCERER'S STONE es el Oliver Twist afrontado desde un ojo de pez que mangonea a Primal Scream y a Tom Wolfe. Pijos contra normalistas de cuellopico (ver, en todo caso, SALTBURN), elogio monumentalista y pancreático de la bonhomía procedente de una competitividad salvaje e injusta, o el folletín por el folletín, imitando el legendario pánfilo de Chaucer. Todo con tal de camuflar la imposibilidad de abrazar una nigromancia genuina, con la picnosis de una feble tradición, la del entretenimiento inocuo. 
Me entretiene pero me aburre. Un pelotazo con un balón de Nivea. Me quedan otras siete ¿Aguantaré? Insisto en que estimo resarcimiento, pero soy más de varitas de merluza...
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!