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sábado, 25 de noviembre de 2023

Ahora como entonces


 

Pensemos en el hecho de manifestarse, en la naturaleza de las protestas que se están llevando a cabo aquí mismo de un tiempo a esta parte. Se habla del derecho a la manifestación, a la libertad de expresión. Me parece bien, pero es una protesta sobre la nada, una cacerolada estudiantil, un pataleo porque preferimos una hamburguesa a las verduras. La Historia sólo sirve para una cosa: poner lo erróneo en contexto y ajustarlo a la realidad, transformándola en un hecho objetivo e incontrovertible. Por ello, la Historia suele estar repugnantemente sesgada, prostituida en en el ladino control de los poderes fácticos, que la usan para perpetuar sus intereses, básicamente económicos. De todo esto habla 13th, el demoledor documental que Ava DuVernay presentó a los oscar de 2016, y en el que la elocuencia histórica nos relata nuestro presente partiende desde la raíz de los problemas, como cuando uno, en lugar de limpiar la suciedad la esconde bajo la alfombra. La enmienda 13 fue la que decretó la abolición de la esclavitud, bien. Luego, hubo unos 100 años de nada en los que ya no había esclavos, sólo ciudadanos de segunda o tercera categoría. Hoy día, por increíble que parezca, personajes como Trump alientan a vuelta a los "buenos viejos tiempos", donde la protesta de un negro equivalía a la paliza de un blanco. Las cárceles americanas "contienen" un 40% de hombres negros, en un diabólico juego económico de producción encubierta, con una mano de obra gratuita. Simple y efectivo. Ustedes saben, yo sé, que, racismos aparte, el dinero lo mueve todo, pero que el beneficio de uno es la ruina de otro, y que mejor la identificación visual que la conciencia moral. O mejor dicho, que nada ha cambiado en el "país de las libertades" desde entonces, sólo tiene colores más definidos y un HD más pulcro. Aquí, como en una realidad paralela ideada por Lewis Carroll, las palomas tiran a las escopetas, y los que protestan son los privilegiados. No les vendría mal un baño de realidad como éste, y lo tienen en Netflix...
Saludos.

sábado, 14 de marzo de 2015

Impresión imprecisa



A mí me tienen que explicar dos cosas: qué pintaba SELMA en los oscar, más allá de su intensa reivindicación de Estados Unidos como luchador por los derechos civiles, y cómo se concilia eso con el film de Eastwood.
Estrictamente hablando, SELMA es un biopic (¡otro puto biopic!... ¡¿es que no hay personajes originales?!...) sobre la inconmovible figura de Martin Luther King, el gran mártir de la causa de la población de raza negra en un país al que le costó darse cuenta de su propia diversidad cultural. Es una buena película, correcta, rodada con nervio y mimo por sus bien trazados personajes, pero le falta algo para que perdure en el tiempo y nos lleve de la mano junto a la controvertida marcha que supone su leit motiv central.
Problemas: el guion no cuenta ni una coma más de lo que ya sabíamos. Si no lo sabíamos es porque no habíamos mirado en esa dirección. Y además, en una película basada en sus personajes, y que se explaya hasta rebasar las dos horas de duración, uno no puede tener la sensación de que esos mismos personajes aparecen y desaparecen a dedo, como ocurre con el entorno de King, del que obtenemos siempre más presencia física que motivos explicatorios sobre su función y materia.
Mi explicación es la contraria a la que expuse para BOYHOOD. La directora Ava DuVernay, a la que le queda pulir muchísimo su estilo, proviene del gusto por la alteridad roma y meñical de Sundance, y me parece que esto le ha pesado en la traslación a un momento crucial del Siglo XX, tan importante que aún nos sorprendemos de que haya pasado tan poco tiempo. Y, una vez más, los actores salen reforzados y vencedores, porque también aquí están magníficos.
Saludos.



... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!