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martes, 11 de noviembre de 2025

El hijo del fantasma


 

Mi definición acerca de PIGEN MED NALEN (LA CHICA DE LA AGUJA) proviene de cierto estímulo pictórico, muy acorde con su propuesta formal, sucia, opresiva, casi desesperanzadora, pero entre cuya maraña de horrores, y sobre todo iniquidades, siempre parece destacar un débil rayo de luz, una esperanza que se abre paso, como su protagonista (inmensa Victoria Carmen Sonne), a dentelladas, aferrándose a cada pequeño resquicio en una historia que, quedan avisados, no hace prisioneros. Con un estilo de un naturalismo que a mí me recordó una barbaridad a Zola o Galdós, el cineasta sueco Magnus von Horn, de quien sólo había visto un olvidable melodrama, pone todas las cartas en su protagonista, una joven en mitad de una WWI fuera de campo, que subsiste en una fábrica textil, habiendo perdido la esperanza de volver a ver a su marido, al que da por muerto, e iniciando una idílica relación con el hijo de la dueña, que oficia de gerente, y que resulta en un embarazo con el que ambos se ilusionan hasta el punto de pensar en el matrimonio, aunque la matriarca tiene otros planes para ambos. Y prefiero desvelar apenas este comienzo, guardándome la progresiva oscuridad a la que queda sometida esta película más doliente que extrema, y que sin embargo logra la paradoja de que nos sobrecoja el interior de unos personajes y una sociedad de fealdad insoportable, y no precisamente por lo que vemos, sino por esa soledad a la que quedan expuestos desde el primero hasta el último de sus personajes, casi apéndices desbaratados y prescindibles de, exactamente, lo que nunca vemos, que es normalidad.
Su segunda mitad es tan abrumadoramente descorazonadora que me reservo comentarla, a excepción del esclarecedor monólogo final de la también espectacular Trine Dyrholm, sin defensa posible, pero que expone de golpe todas las miserias de una sociedad de la que abominarían hasta las ratas.
Terrible, y aun así extrañamente hermosa.
Saludos.

martes, 20 de septiembre de 2022

Negro sobre blanco


 

Sin salir de Dinamarca, qué bien le habría venido al director de ayer un poco del de hoy. No sé si se acuerdan de Christoffer Boe, aquel niño bonito de la cinematografía danesa que intentó aniquilar la cosa esa del Dogma, acercarse a los postulados de Wong Kar-wai o Atom Egoyan, que deslumbró en Cannes con su ópera prima con 29 años, y que luego, puede que harto de un inmerecido olvido comercial, se dedicó a hacer series de esas nórdicas, con policías y tarros de cristal. Sea como fuere, RECONSTRUCTION es una película fascinante, de sorprendente madurez, y con un gusto por el retruécano que a mi parecer hace mucho que no se lleva. Cine de otro tiempo, de bares donde se fuma, de gente que se mira con deseo, de carreras por la calle, de deseos frustrados, de palabras aminoradas, de razones contrapuestas. O (y aquí Boe es capaz de invocar nada menos que a Borges) de puertas que ya no existen y que daban acceso al apartamento de uno. De gente que literalmente ya no te conoce. Del hombre más solo del mundo, con vida sólo si ésta es imaginada, o escrita, o almacenada en la memoria de otro, que decidirá si traspasar la información o dejar caer al personaje. Es muchas cosas. Parece una historia de amor fou, con Rivette y Godard follando, o una comedia absurda, como la que filmó von Trier en una oficina, o una sátira buñueliana porque los escépticos desayunan románticos, o un vistazo desde las nubes a la insignificancia de nuestros anhelos. Todo eso es. Y no se ven muchas películas con esa fiereza y esa honestidad y ese barbarismo y esos posos de literatura. Y fíjense, curioso. No es una obra maestra, tan sólo porque se le nota que, pecado de juventud, quiere serlo como sea. A lo mejor por eso lo de las series...
Maravillosa película. Maravillosa.
Saludos.

lunes, 19 de septiembre de 2022

Cometido elusivo


 
"Por el cometido los conoceréis", parece decir, gritar, Christian Tafdrup, director y guionista de SPEAK NO EVIL, esforzado film de terror psicológico (aunque la etiqueta tienda a difuminarse), que sólo funciona mientras bordea la comedia negra, pero naufraga al volverse ambiciosa, mostrando impúdicamente sus referencias, a las que remeda en lugar de usar en beneficio propio. La premisa es interesante e inquietante, y su tono controlado le confiere un magnetismo imposible de soslayar, apenas hasta la primera metedura de pata, más propia de un principiante pagado de sí mismo. Con un estupendo dibujo de personajes, nos sitúa en Italia (creo que la Toscana), donde se encuentran diversas familias provenientes de Europa, en uno de esos tours compartidos que ahora están tan de moda. Tafdrup se sirve de la magnífica fotografía de Erik Molberg Hansen, y, sobre todo, una apoteósica partitura a cargo del compositor Sune Kolster, para iniciarnos en lo que llamaríamos "extrañeza de la normalidad". Ahí veo la sombra de Haneke (el último sobre todo), pero aún podemos confiar en que haya un guion medianamente genuino. El principal problema estriba en la imposibilidad de colmar unas expectativas altas, llegando incluso a un marciano asomo de parodia involuntaria, y culminando en un segmento final que nos lleva indisimuladamente hasta el Lars von Trier de LA CASA DE JACK, pero equivocando cada uno de los términos. Donde Trier esboza una media sonrisa sardónica, Tafdrup engola el tono y se pone hasta metafísico, exigiendo que nuestro umbral de credulidad aparezca cada vez que se le antoje suspenderlo, cuando no directamente ignorarlo. Ahora bien, es un film muy interesante si no se le compara con nada más, y mucho menos, como he leído por ahí, con la fundacional FUNNY GAMES, que hasta ahí podíamos llegar. Si los espectadores holandeses se van a sentir ofendidos por la visión que se ofrece de su sociedad (aunque el espectro nunca salga de la sordidez), es ya un tema más de crónica rosa que de ira cinéfila.
Aun con todo, se puede ver si no se es excesivamente sensible a operetas estomagantes.
Saludos. 

lunes, 17 de enero de 2022

La conexión improbable


 

Improbable, sí, pero también inesperada, angulosa, descolocante. Así se presenta RIDERS OF JUSTICE, una película que parece querer transitar todos y cada uno de los lugares comunes del cine de género, y termina siendo un film increíblemente original e inteligente. Inteligente, y no sabihondo. El guion de Anders Thomas Jensen no engaña, tan sólo pone de manifiesto lo complejas que son las relaciones humanas, y se aleja de los clichés justo cuando el cliché sobrevuela la pantalla. Aparentemente es un thriller, pero la comedia descacharrante está tras cada fotograma; y luego es otra cosa, un drama intergeneracional, en la que los padres no saben ubicarse ante sus hijos. La culpa de todo ello la tiene un elenco fabuloso, con un Mads Mikkelsen brutal, en el papel de un militar hiperprofesional, que debe regresar abruptamente para despedir a su esposa, fallecida en un extraño accidente de tren, y hacerse cargo de su hija. Casi es mejor no desvelar mucho de las múltiples capas que componen la historia principal, aunque es necesario indicar que confluyen la venganza, la conspiranoia y la marciana colaboración de unos personajes que nunca podríamos haber imaginado en una trama de estas características. Al mismo tiempo que se van aclarando todos los puntos oscuros, este heterogéneo grupo de personajes se va convirtiendo en otra cosa, a lo mejor una familia donde antes no había nada...
Puede que necesite un par de visionados para dimensionarla en su justa medida, pero merece muchísimo la pena.
Saludos.

sábado, 15 de enero de 2022

Sentidos en común


 

La principal diferencia entre DEN SKYLDIGE y su remake, aparte de que evidentemente sí es una idea original, estriba en el crescendo emocional que la de Fuqua no tiene. Además, el trabajo de Jakob Cedergren es absolutamente magistral, componiendo un registro imperceptible de sentimientos interiorizados; su rostro transmite fiereza, calma, inseguridad o hastío con apenas un pestañeo, un cambio en el tono de voz o una mirada. Hasta ahí las diferencias, pero no sé si he llegado a recomendar que se vea primero la norteamericana, y es que hay diálogos calcados, gestos idénticos, como si no pudiese existir la interpretación de lo ya existente, sino simple repetición. No hay mucho más que comentar, puesto que se trata, ya digo, de dos maneras de entender el suspense, y que estoy seguro de que cada una tiene su propio público. A mí me gusta bastante más ésta, por el mal cuerpo que te deja al final y porque el giro no es tal, sino más bien un corte abrupto e inasimilable, esta vez sí, desde un punto de vista moralmente discutible.
Magnífica.
Saludos.

miércoles, 14 de abril de 2021

Ensayo y error


 

Este año, aunque puede que me equivoque, la favorita para ganar el oscar en el apartado de habla no inglesa es DRUK, último trabajo del danés Thomas Vinterberg, viejo conocido por estos lares, que intenta reverdecer laureles con esta irregular oda al borrachinismo. Sí, llamémoslo borrachinismo, en tanto que me parece una mirada poco rigurosa al noble arte de beber alcohol, y que apenas logra salvar el buen oficio del responsable de la enorme CELEBRACIÓN, y de un puñado de actores que logran transmitir afecto y camaradería, incluso con un guion tan gélido y desagradecido como éste. Ganará, supongo, por algunas escenas muy bien filmadas, pero no por lo que significan. Es decir, que (sin querer hacer un obvio juego de palabras) el dogmatismo asoma por cada escena, derrumbando cualquier esperanza de sumergirnos en ese lado oscuro del que Vinterberg hace ya mucho que renegó, y que deja este film como un FULL MONTY más pesimista y, evidentemente, de coreografías aún más desarticuladas. Deja una sensación extraña, como un vino peleón que nos han vendido como gran reserva; tiene un ritmo aceptable y momentos de buen cine, pero inmediatamente caes en la cuenta de que el guion parece una regla de manual, y que cualquier motivo valdría para su desarrollo. Esta vez es el alcohol y sus consecuencias, con motivaciones excesivamente estrambóticas y hasta vicarias.
Entonces ves a Mads Mikkelsen rodeado de ostras y champagne, y piensas en aquello de la apropiación indebida. Ustedes saben...
Saludos.

jueves, 7 de mayo de 2020

Una buena gonorrea



Sí, claro que hubo otro "Miller" en 1970, y mejor, por ser más fiel sin tener que supeditarse a ningún contexto histórico. STILLE DAGE I CLICHY ha quedado como un curioso (diría que casi entrañable) puente entre la cohorte de "falsificadores" de Godard y (esto lo sabemos ahora) una especie de proto-Dogma95. En cualquier caso, queda el intento de apresar el espíritu de la obra original, su desarraigo y suciedad, plasmados en un puñado de imágenes que a veces quieren ser postales, incluso viñetas. Thorsen, artista plástico antes que director, se echó la cámara al hombro y se fue con un par de actores a París; los hizo beber vino, acostarse con mujeres hambrientas, untar el pan en latas de la basura y viajar a Luxemburgo sin mucha convicción. Estaba la noche parisina y su eterna promesa de una felicidad atificial y perpetua, pero también el París diurno, con corazón de locomotora humeante, donde los legañosos de la noche anterior despiertan mirando los tiradores de cerveza y las servilletas con círculos de café. Dentro de alguno caerá algún poema...
Saludos.

martes, 1 de enero de 2019

Una demencia sensata



Bueno, avisamos antes de nada que hoy empezamos nuevo curso (¡el decimoprimero!) y lo hacemos con Lars von  y su nueva propuesta, para que después digan que le tenemos manía al realizador danés. THE HOUSE THAT JACK BUILT no cuenta prácticamente nada (y ni siquiera de una manera distinta) que no estuviese ya en ANTICRISTO o MELANCOLÍA, aunque el referente más potente me parece que lo encontramos en el díptico NYMPHOMANIAC, quizá por su talante de cuasi diario subjetivo contado en primera persona y punteado por un diálogo en off, que aquí permanece invisible hasta sus últimos y sorprendentes minutos. La propuesta indaga en la compleja personalidad del Jack del título, un asesino en serie con Trastorno Obsesivo Compulsivo que va mostrando un sangriento corolario de atrocidades varias, puede que con fines terapéuticos o simple capricho estético. A von Trier ya le tenemos cogido el truco desde hace algunos años, y sus películas se parecen demasiado unas a otras como para esperar que vaya a cambiar por nada; le viene bien esa imagen que se ha cincelado de misántropo desencantado pero incapaz de renunciar al placer de una imagen bien filmada. Y aquí hay mucho de eso, de composiciones, puesta en escena y resoluciones a modo de soluciones, como si el director nos quisiese mostrar su propia personalidad a través de la de este sangriento y amoral personaje. Es curioso, pero creo que tiene escenas francamente divertidas, como los primeros y algo chapuceros asesinatos, como si Jack clamara or ser descubierto pero nadie le presta atención. Además, Matt Dillon ofrece un recital de contención y salvajismo antológico, logrando que siempre queramos saber un poco más sobre él. Quizá es demasiado larga, y también algo engreída de lo mucho que reluce en algunos pasajes, pero a esto ya estamos acostumbrados; aun así, reconozco que no es precisamente de lo más aburrido de este señor, y eso podemos anotarlo como un logro importante. Además, el desenlace, lo digo ya, es una pasada...
Saludos.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Redistribución territorial



No soy yo del género milindri/espasmódico, de los que opinan en función de la geografía específica, otorgando o despreciando según qué valores por el hecho de que un film de género esté hecho, por ejemplo, fuera de Hollywood pero parece un calco en otro idioma. Es el caso de SORGENFRI, película danesa que abunda en el ya de por sí proceloso universo de plagas zombificadoras, solo que se le ve a leguas la intención de ser algo más, un cruce entre (digamos ya que ha creado escuela) el REC de Balagueró y Plaza, la célebre serie de AMC y un toque, incomprensiblemente ineludible, de aquello del Dogma, por lo danés, que si no ni lo notaríamos. No, porque es una película normalita y tirando a aburridilla, con poquísima acción y algunos momentos de diálogo sonrojantes que pretenden ser trascendentes. En resumen, que no todo lo "exótico" ha de mantener una línea de calidad per se, y también puede ser tan rutinario como cualquier producto hollywoodense. Máxime, cuando el director demuestra su torpeza al ser incapaz de extraer el jugo a la sugerente alegoría que propone nada menos que un rescate sueco a los desvalidos daneses, que luego podría derivar en exterminio...
Saludos.

domingo, 25 de junio de 2017

Rincón del freak #274: Sólo los imbéciles pueden autoexterminarse



ENCOUNTERS es una de esas películas incomprensibles que proliferan de un tiempo a esta parte, extendiéndose como una epidemia fatal, dispuesta a tragarse cualquier atisbo de calidad y coherencia. Además, es danesa... Imaginemos la constante nórdica de preguntárselo absolutamente todo, de desconfiar de lo sobrenatural por decreto, pero que al mismo tiempo esto sea el eje principal sobre el que rota esta mamarrachada. Primero porque no tengo ni puñetera idea de a qué van estos cuatro insensatos a rodar una bazofia de serie Z a un bosque perdido en Suecia, aunque ahí había una veta, la de los chistes que los daneses no paran de hacer sobre los suecos... Eso habría estado bien, pero hay otra cosa más importante, que no es otra que emular aquello de la bruja de Blair, que se ha convertido en un recurso simplemente insoportable. Los tipos lo graban todo, y tampoco sabemos por qué, pero así es. Y ahora, la trama: cuando llegan al sitio (como ya dije, el culo del mundo) se preocupan mucho porque hay unas luces que brillan, pero no ven nada, y entonces uno de ellos desaparece y luego aparece, pero lo divertido es que, suponemos, hay unos extraterrestres que cosechan humanos, los clonan y... bueno, no sé. Luego entran en un búnker militar, que sería la única localización barata aparte del bosque, pero no pasa nada excepto que se ponen a correr por los pasillos. Fin.
Moraleja: ningún sueco va a ir en tu ayuda si una nave gigante extraterrestre está iniciando el proceso de abducción en su país, por eso lo de "hacerse el sueco"...
A von Trier le encantaría...
Saludos.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Atracción y repulsión en ofrenda



Menos truculenta que las dos películas anteriormente comentadas, THE MODEL prefiere centrarse en las inseguridades y transformaciones operadas desde el interior de una joven danesa que se traslada hasta París con la intención de convertirse en supermodelo. Producida por la Zentropa de Lars von Trier, THE MODEL tiene algunos momentos brillantes, de cine elegantemente filmado, como un coqueteo imposible entre LA GRAN BELLEZA y DEMONLOVER, pero resulta fallida cuando intenta concretar una narración cuanto menos coherente. Es decir: ni se abandona a la orgía, como Winding Refn, ni busca los motivos reales de lo contado, como Fosse. Sí, es otra disección del juguete roto, esta vez la inquietante (y demasiado gélida) Maria Palm, que se queda a mitad de camino de su personaje, a veces inocentona y otras rozando el vampiresismo incontrolado. Es una película que se deja ver, que no desentona en el tiempo que le ha tocado respirar y que puede ser el primer paso de relevancia de un joven director que, de tener guiones más magros, pueda ser el eterno aspirante a relevo de una cinematografía danesa necesitada de otras voces.
Saludos.

martes, 17 de junio de 2014

Follar para hablar



Más entretenida y ágil, este "segundo volumen" de las andanzas de Joe, la ninfómana, es una película amalgamada y caótica, sumida en la necesidad de mostrar a todo trapo la caída en desgracia de esta adicta al sexo por la imposibilidad de controlar sus impulsos y, finalmente, por el dilema moral que termina revelándole que el sexo no es un mal, sino un control de pollos, en el que los "aptos" ocuparán su lugar y los "no aptos" sufrirán un destino cruel. A mí lo que me parece es que NYMPHOMANIAC. VOLUME II no es más que una continuación alternativa del pastoso arranque de ANTICHRIST. Es decir, que von Trier no se atrevió entonces a dar un paso humanista y resolvió sus nórdicas dudas existenciales con un seísmo atávico y semislasher, y ahora, un poco más "cálido y cercano", retoma el what if? de aquella repugnante acción en la que una madre deja caer a su bebé de la terraza por no interrumpir un polvo. Aquí es lo mismo, pero más elaborado y con una resolución menos cruenta; Joe necesita sexo constantemente, lo que no le permite desarrollar una vida normal (el individuo ante la norma social), lo que la irá degradando y sumiendo en un estado que acabará por convertirla en un ser incomprensible y, por tanto, rechazado. De sus juegos de juventud pasará a pagar ella misma por sexo o a buscarlo sin reparar siquiera en la persona con quien lo va a hacer; hastiada de no encontrar un límite, llegará a un lugar sórdido y de severas y extrañas reglas, dondes e someterá a brutales sesiones de masoquismo extremo. Un paraíso, vaya. Hay alguna escena en la que tienes que reírte, como la de los dos negros, y otras bastante desagradables, como todo lo concerniente al inabarcable personaje interpretado por Jamie Bell, puede que lo más desasosegante de todo el metraje. También, cómo no, hay tiempo para que al danés se le vaya un poco la olla, porque lo del trabajo de extorsionista profesional, francamente, no lo ubico. En fin, dos horitas la mar de simpáticas, la Gainsbourg en pijama de rayas, la nueva utilidad de las guías de teléfono y, ya para demostrar que el que provoca no es el que quiere sino el que puede, un detallito que pretende ser el summum de la escandalización y al final no es más que una triste anécdota que juega al equívoco, porque donde unos ven apología de la pederastia yo sólo veo a un señor preocupado por su ego(y)manía...
Saludos.

lunes, 16 de junio de 2014

Hablar para follar



La experiencia nos dice que si a una película porno le aplicáramos los mismos sustentos del cine convencional, todos, como una promoción adecuada o un depurado ejercicio técnico, no podríamos quitarnos de la cabeza que lo que se nos ofrece es, sin más, sexo explícito con la misión exclusiva de excitarnos sexualmente. Así, lo que a mi modo de ver ocurre con NYMPHOMANIAC es exactamente lo contrario (o sea, lo mismo pero al revés): Lars von Trier utiliza el reclamo del sexo crudo (ver cartel promocional) para entonar su enésima reflexión sobre los límites de la moral y la libertad en tiempos de coacción y sumisión. Por mi parte creo que es un error explicitar a priori si la línea argumental se tiene clara, pero como el director danés quiere contar tantas cosas (y, de hecho, las más de cuatro horas de ambas partes dan la impresión de quedarse cortas), al final la cuestión del sexo molesta más que estimula. NYMPHOMANIAC parece un aforismo alargado y melancólico, como el día después de una gran borrachera, de la que vamos recordando los detalles con disgusto; y esta primera parte (cuyo cartel es, efectivamente, un anzuelo) desnuda las intenciones antes que los cuerpos, que por acumulación ya parecen un panfleto naturista. Es la historia (y no tan interesante) de Joe, que es ninfómana, que es recogida en un estado deplorable por Seligman, que es una especie de eunuco virgen y sumamente culto; Joe le cuenta su vida a Seligman y éste, sin apoyarse en cuestiones morales, le dará su versión intelectual. El cerebro enfrentado o complementado a la carne irrefrenable. Exceptuando algunos momentos de extraña comicidad (no sé si involuntaria), NYMPHOMANIAC. VOLUME I tiene algo de "Las mil y una noches" o incluso el "Decameron", que no la deja desarrollarse como bloque unitario y dispersa su núcleo en múltiples direcciones; despista y exaspera, y si alguien salió de la sala excitado debería plantearse su salud sexual. Y luego está Charlotte Gainsbourg, que sale poco porque en el pasado su personaje lo interpreta la pétrea Stacy Martin; y Stellan Skarsgard habla mucho con cara de extrañado, pero a ambos les falta una complicidad real. El papel de Christian Slater no lo entiendo. Uma Thurman protagoniza el momento "vergüenza ajena", literalmente, del film. Y casi salvaría a Shia LaBeouf, un excelente actor capaz de transmitir humanidad y veracidad en este gélido panorama ideado por un director que se cree demasiado listo y cada vez tiene menos en cuenta a los espectadores.
Y mañana, la otra...
Saludos.

sábado, 8 de marzo de 2014

El infierno. Los otros



No entiendo la nominación de THE ACT OF KILLING para los oscar como mejor largometraje documental. Si nominas un trabajo tan poderoso e implacable como éste es para darle el premio y cerrar el buzón de sugerencias; y ponerle al lado una agradable y complaciente all ages como A 20 PASOS DE LA FAMA, y darle el premio, y enterrar lo que hay en estas casi tres horas (vean el uncut o no vean nada)... como que no. El documental de Joshua Oppenheimer es un desquiciado descenso al horror de ahí al lado, y parece mentira que casi nadie se haya enterado de nada, porque lo que pasó en Indonesia hace cuarenta años fue infinitamente peor que lo peor que hiciese el diabólico Saddam Hussein, por poner un ejemplo reciente. En Indonesia se mataron a 2.500.000 personas por el ejército paramilitar que dio el poder al general Suharto. "Comunistas", los llamaban; como si les hubiesen puesto "ciclistas" o "encofradores". Porque daba igual todo aquello, porque lo que ocurrió en la idílica Indonesia fue un genocidio en el que ningún salvador del mundo metió las narices (¿les suena de algo Vietnam?), con la unica intención de instaurar un régimen de control absoluto revestido con oropeles de libertad neocolonialista. Es decir: la mayoría vive en la miseria y la minoría hace lo que le sale de los huevos. Pero enfocando la atención al documental en sí, la palabra que me viene insistentemente es "incomodidad", la misma que recorre cada fotograma de su diabólico entramado. La propuesta no puede ser más retorcida: filmar a algunos de los antiguos líderes del sanguinario movimiento y hacerles creer que van a protagonizar una película en la que quedarán inmortalizados como los héroes liberadores de su nación, oprimida por los comunistas. Así, lo que vemos es a los asesinos actuando con toda naturalidad ante nosotros, soñando con llegar a Hollywood (¿acaso no lo han logrado de alguna manera?) y escenificando sus terribles métodos de tortura y exterminio.
Puede que a Oppenheimer se le vaya la mano en algunos momentos casi oníricos (esas coreografías llenas de colorido...), lo que le ha granjeado no pocas críticas acerca de su discutible tratamiento de la moralidad en un asunto tan espinoso como éste; pero no es menos cierto que, antes de él, el glorioso y magnánimo Occidente había estado mirando para otro lado, mientras existía un país donde los locos llevaban décadas construyendo un infierno sobre la Tierra. Pero claro, son "los otros"...
Brutal, terrorífica y muy pero que muy inteligente.
Saludos.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

La calumnia



De manera inversamente proporcional a lo que le ocurre a Lars von Trier (con el que, recordemos, fundó aquello de Dogma 95), la trayectoria de Thomas Vinterberg ha sido tan oscilante como dubitativa, un poco a medias (y sin definirse) entre la provocación frontal, que quedó de manifiesto en la magistral y mil veces imitada FESTEN, y una rara querencia por la autocensura más ramplona, que es lo único que veo en dos disparates como DEAR WENDY y WHEN A MAN COMES HOME. Estaba claro, por tanto, que el cine del director danés necesitaba, tras casi veinte años de andadura, un giro; si no en lo formal, al menos sí en su argumentario. JAGTEN es una película peligrosa, contiene tantos hallazgos como consciente indulgencia, sabe tocar los puntos fuertes de un guion que casi no omite nada, pero a ratos le falta decisión y le sobran momentos de lucimiento para, un por otra parte espléndido, Mads Mikkelsen, que lleva prácticamente él solo todo el peso de esta función no tan macabra y sí más apegada al folletín lastimero y protocristiano, con sus mártires lacerados por la chusma y todo eso. Sin embargo ¿cabe decir que JAGTEN es una mala película? No por mi parte, al menos. Es una película lo suficientemente sólida como para pasar dos horas muy entretenidas con una historia que a veces nos recuerda lo imbéciles que somos y luego nos abre un punto de luz respecto a la condición humana y la ética como únicos salvavidas contra el fanatismo y papanatismo de quien se niega a escuchar. Sin querer desvelarles mucho, lo que más me chirría es ese guion que se muestra transparente a no poder más para, en apenas un par de escenas, escamotear un detalle que simplemente debía estar ahí, y cuyo sorteo era precisamente el reto de todo buen guionista. Lo mejor, sin duda, el recital de Mikkelsen, un tipo que ha demostrado poder interpretar a cualquier tipo de personaje y salir airoso; y eso, con su físico, es para hacerlo notar.
Saludos.

martes, 5 de marzo de 2013

Dejemos que haya luz



Otra de las películas que optaban a oscar este año fue la danesa EN KONGELIG AFFÆRE (UN ASUNTO REAL), que aquí pudimos ver y disfrutar en el Festival de Sevilla a finales del año pasado. En las antípodas de la finalmente ganadora, AMOUR, este drama de época, ambientado en la corte danesa del Siglo XVIII, sin alzar la voz ni permitirse ningún engolamiento, siempre inherente a este tipo de historias, funciona en dos vertientes aparentemente alejadas. Por un lado, da buena cuenta de un país en el preciso momento en el que su realeza atravesaba una profunda crisis de valores, dejando de lado al pueblo y con la esperanza de que la Ilustración, que era ya una realidad en el resto de Europa, tomase parte en un Estado obsoleto y tenbrosamente instalado en un cristianismo ultraconservador. Sin embargo, lo que hace atractivo a este film es la punzante historia de amor que cuenta, mucho más amarga de lo que parece. La británica Carolina Matilde es desposada con el Rey Christian VII, un tipo inmaduro y caprichoso que simplemente da curso a lo que su Consejo maquina en la oscuridad; sin embargo, un hecho poco menos que casual cambiará  para siempre el devenir del país nórdico. Un humilde médico, de ideas progresistas y apegadas a la cultura francesa, es requerido por dos nobles repudiados para que medre en la corte, ascienda a médico personal del Rey y luego devuelva el favor. Durante un tiempo, este médico, inteligente y oportunista, logrará que el maleable Rey Christian, casi como si de un juego se tratara, reforme multitud de leyes, disuelva el Consejo e instaure un tiempo de prosperidad y democracia. El problema llegará por la atracción que la Reina sentirá hacia el médico, una situación que, una vez descubierta, dará al traste con todo lo conseguido. UN ASUNTO REAL mantiene perfectamente el pulso y apenas baja el interés de un guion bien trazado y en el que, como curiosidad, intervino nada menos que Lars von Trier, además de que su productora, Zentropa, fuese la encargada de financiar el film. Además, su trío protagonista está impecable. Mads Mikkelsen está imponente como el médico de origen alemán, y le secundan la jovencísima Alicia Vikander y Mikkel Boe Følsgaard, que obtuvo el premio de interpretación en el Festival de Berlín. Una película de época, sí, pero que desvela cosas que ahora no quizá no meditamos lo suficiente, aunque no nos gustaría que nos tocaran de cerca.
Saludos cortesanos.


miércoles, 24 de octubre de 2012

Principio de depresión 1



Veo un problema fundamental en MELANCHOLIA: no trasciende. Y ningún trabajo reciente con mayor afán de trascendencia que éste, ojo. Y me da un poco de cosa, porque yo ya tenía gran parte de fe perdida en Lars von Trier, pero ni es éste su peor trabajo (de ninguna manera), ni, tras su desconcertante visionado, uno tiene la sensación de que el danés se haya cerrado puertas conscientemente, como así parecía con la terrible (en todos los sentidos) ANTICHRIST. De esta película no-apocalíptica, que entiende el fin del mundo como un estado mental/emocional más, lo más estimulante es su trasiego dentro-fuera, puede que agotador, en el que tanto da un planeta amenazante que una madre fuera de sí ante la hipocresía de su hija (Charlotte Rampling en la mejor escena del film). Dependiendo del espectador, MELANCHOLIA aparece como unejercicio visual (y sonoro) fascinante y descorazonador, o como un anuncio de colonias con brillantes insertos dramáticos. Sorna o esfuerzo; garra o diarrea... Sea como fuere, me da que von Trier se fía demasiado de sus espectadores y les obliga a intuir más que a ver. Personalmente me da un poco de risa que para un "final de todo lo conocido" uno elija una boda pija, pero, seguidamente, el director me quita la razón con algunos de los mejores diálogos de toda su carrera; la película gana en los espacios cerrados y las distancias cortas, y se nutre de un excepcional trabajo de actores. Sensacionales Rampling, Kiefer Sutherland, Stellan Skarsgard y un tremendo, descacharrante, John Hurt. En cambio, a Charlotte Gainsbourg yo sigo sin verla, lo siento; ni me la creo ni la ubico, ni le encuentro esa catarata de bondades que todo el mundo le ve... En cambio, Kirsten Dunst, hace todo lo que puede por conformar una figura lo suficientemente potente. Su presencia engancha desde el primer momento, y su habitual estilo interpretativo despista; no sabemos su verdadero estado de ánimo, y son los sucesivos encuentros con otros personajes los que determinarán su rasgo último, que no es otro que la depresión. Y es la depresión la verdadera protagonista de esta película menos arriesgada de lo que se podría pensar a priori, no la aniquilación, puesto que la segunda aparece ya como rasgo irrefutable de la primera. En este aparte, la abundante bibliografía utilizada para delinear este estilizado paseo por los sentidos "sentidos", se antoja principal a la hora de intentar descifrar unos movimientos noo tan sísmicos, creo que finalmente coreográficos. Es Lars von Trier, y es mucho mejor que la boina visual de Terrence Malick (les han comparado tanto...), pero al danés aún le queda terminar la universidad para siquiera asomarse a la profundidad abisal de, por ejemplo e indudablemente, Ingmar Bergman.
Saludos en colisión.

miércoles, 18 de julio de 2012

Punk enlatado para señoritas



Escapadas de un reformatorio para jóvenes drogadictas, ellas son "la guapa", que estuvo haciendo de scort en casinos de Kuwait y le pega al polvo blanco que es un gusto; "la modosita", que siempre va vestida como una niña y nunca se ríe, porque su padre la violaba de pequeña; "la madre", que se quedó embarazada con 14 años y sólo ha visto a su hija una vez; y "la locuela", con un coeficiente intelectual similar al de Luis de Guindos y una politoxicomanía galopante, que incluye Dormidinas, Ajax pino y saldos del Lidl... Desde que se escaparon, sobreviven como inmaduras profesionales. Si tiene la oportunidad de encontrárselas, quizá pueda contratarlas, aunque no estoy muy sguro de cuál puede ser su utilidad, ya que entre sus aficiones está robar X5's, desayunar cerveza tibia y linchar camellos en grupo... En fin, que se trata de una película danesa que atiende al nombre de SE MIN KJOLE (no sé qué significa, la verdad) y que es, ni más ni menos, que un subproducto arquetípico hasta la náusea que pretende aleccionar a las nuevas juventudes acerca de la rebeldía, que a lo mejor en los países nórdicos es algo que puede medirse y enseñarse en la escuela... No sé, ya no es que sea mala, es que es ridícula...
Saludos antisociales.

lunes, 2 de julio de 2012

Confusión elemental



Veintiocho años después, resulta más reveladora la visión de la ópera prima de Lars von Trier para entender muchas de las obsesiones que han hecho del danés, más que un director de culto, un objeto de discusión y controversia en sí mismo, que la radiación, a veces cegadora y anestesiante, de sus trabajos más carismáticos. FORBRYDELSENS ELEMENT (EL ELEMENTO DEL CRIMEN) adelanta con precisión la fastuosidad visual de EUROPA, su mejor película para quien esto escribe, al tiempo que constata el principal problema entre él y sus espectadores: entender qué es exactamente lo que pretende. Y esto es así en esta fascinante y confusa película, que tiene la apariencia de cualquier trama detectivesca para, seguidamente, adentrarse por un thriller psicológico cercano al cine de Cronenberg. Todo con una pesada pátina literaria y una voz en off que, a mi juicio, desvía la atención de lo que ocurre en la pantalla; pudiera parecer que sus complicados y barrocos montajes, en búsqueda constante del torrente de conciencia narrativa, no sean más que frontispicios muy decorativos pero de escasa sustancia semántica. Yo me enteré de poca cosa, o más bien me importaba un pito el devenir de ese torturado detective por un Egipto que más bien parecía un cruce entre la Alemania neonazi y una Venecia sumergida ¿?, sino que me entretenía en contar los pliegues de su raída y sucia chaqueta blanca y me decía cosa como: "Qué cojones hay que tener para trasladar Escandinavia a El Cairo e inventarse una vampiresa de rasgos vietnamitas" o "Joder, cómo suda este tipo"... Es decir, que se trata de la típica película que tiene que gustarle a la gente rarilla y enrevesada, pero que vista desde la distancia es un juego de niños comparada con quien su altivo director quería compararse, que no es otro que Orson Welles; es decir, Lars von Trier en estado puro, cómo no.
Saludos elementales.

lunes, 14 de mayo de 2012

Romanticismo extremo en el límite de la aniquilación



He visto GERTRUD dos veces; la primera me quedé frío (tenía apenas veinte años), la segunda, hará un par de meses, me indujo más que nada a reportar una necesaria reflexión, puesto que una obra tan fuera de modismos ni anclajes temporales no merece un simple comentario. GERTRUD, para quien no la haya visto, es una sucesión de postales de un estatismo rozando lo exasperante, en las que asistimos a las etéreas opiniones de la protagonista, una mujer de mediana edad, acerca de la necesidad de llevar la experiencia amorosa/romántica hasta sus límites. Es decir: todo o nada; no conformarse con una cierta seguridad (el matrimonio), pero tampoco con deslavazadas aventuras, sino abandonarse los amantes el uno en el otro, sin condiciones ni miedos. Esto, evidentemente, lo hemos visto tantas y tantas veces en libros de poesía romántica (me vienen a la mente Novalis, Keats e incluso Byron) que el condicionante de las imágenes filmadas, y en este caso incluso con cierta tendencia narrativa, no sólo desorientan al espectador menos avisado, sino que su evidente ralentización no ayuda a una mejor comprensión del mensaje ya implícito en la obra original de Soderberg. Es aquí donde debo ser consciente de que (y a pesar de lo poco que tiene que ver con su año de realización, ¡1964!) no es lo mismo ver GERTRUD en su momento de estreno que en pleno siglo XXI, aunque sólo sea por el poco aprecio que actualmente le tenemos los espectadores a una obra basada casi en su totalidad en pensamientos en voz alta. Otras voces más autorizadas que la mía han dado muchas versiones sobre la valía intelectual y artística (que no seré yo quien discuta) del que fue el último trabajodel maestro danés; yo, personalmente, prefiero otras obras suyas, pero no dejo de sorprenderme por la audacia de una película que alude al amor casi como una letanía fantasmagórica e inalcanzable, un ideal en el que almas sensibles no han de encontrar otra cosa que no sea su propia y patética perdición. Merece la pena revisarla, aunque sólo sea para constatar que no ha vuelto a intentarse un experimento semejante.
Saludos reflejados.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!