sábado, 25 de julio de 2026

La muerte a las cinco


 

Volvemos, cómo no, para seguir narrando imágenes, sensaciones y otros detalles sin importancia; y como no han sido vacaciones, sino otra cosa igualmente absurda, hemos prescindido de cartelitos y esas zarandajas modernas. Y como es sábado, aún me percato de que nos quedaba algún fleco de los Goya, nada menos. Y nada menos que con el documental premiado, TARDES DE SOLEDAD, a la que el término "documental" le queda bastante pequeño. Vaya por delante mi extraña relación con el toreo, pues nunca he sido aficionado, pero tampoco antitaurino, por lo que me he mantenido en un lugar apartado por ambos costados. De ahí que mi entusiasmo por el último trabajo de Albert Serra fuese inevitable desde que tuve noticia de tan insólito proyecto. Centrado en la figura del torero peruano Andrés Roca Rey, Serra logra un hito en mi opinión insuperable, pero que ya estarían tardando en imitar quienes aspiren a renovar las retransmisiones taurinas. Por un lado, con una mezcla de avidez y respeto, nos coloca ante el torero en sus momentos previos; la vestimenta, los rituales religiosos, las conversaciones siempre parcas y enigmáticas. La llegada y salida de las plazas en una furgoneta que se convierte en improvisado confesionario repleto de alabanzas, donde se palpa la tensión bajo regueros de sangre seca y se comentan los incidentes de la corrida, en una mezcla de deleite y disgusto. Pero donde el cineasta catalán ha deslumbrado es en el apartado técnico, ofreciendo una perspectiva jamás vista del toreo en lo visual, pero sobre todo en lo sonoro. Lo vemos casi todo, pero lo escuchamos todo. El descontento del público, la obstinación de Roca Rey por encontrar el punto justo entre el espectáculo y la seguridad, las señales de la cuadrilla atenta. No hace falta ser un entendido, ni sería justo privarse de la experiencia cinematográfica por los prejuicios que cada uno pueda tener; mi percepción es que es una fiesta de la muerte, posiblemente uno de los pocos que mantienen intacta su telúrica fisicidad en una infantilizada sociedad donde lo virtual es divinizado. Podría hacer otras reflexiones, y no necesariamente paralelas, pero admiro a Serra, su valentía e independencia de criterio.
Mucho más recomendable que ver una corrida.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!