viernes, 31 de julio de 2026

Demasiado corazón


 

Martha Coolidge es una de esas cineastas curtidas en la televisión, que asomó la cabeza con tres o cuatro films destacables, para sumirse en una mediocridad comercial que le hacía justicia, y terminar semiolvidada como creadora de series de nulo recorrido. Sin ser nada del otro mundo, RAMBLING ROSE pasa por ser su título más inspirado. Guionizada por el propio autor de la novela en la que se basa, Calder Willingham, se estructuraba como un gran flashback, una amalgama de memorias que llegan a Buddy Hillyer, que en 1971 visita a su padre en su casa en el corazón de "Dixieland". Buddy recuerda principalmente a Rose, aquella chica descarriada que su padre contrató casi cuarenta años atrás, más por salvarla de la desgracia que por necesitar sus servicios. Rose no parece muy avispada, pero tiene buen corazón; aunque tiene un gran problema: le encanta el sexo. Y he ahí el corpus de este film que navega entre la comedia costumbrista y la memoria sentimental, con los denodados esfuerzos del patriarca (Robert Duvall) por zafarse a esta enternecedora devoradora de hombres (una magnífica Laura Dern), mientras su mujer (Diane Ladd, madre en la vida real de Dern), eterna aspirante a una cátedra "de algo" con graves problemas de audición, la acoge como a una hija, sin sospechar que anda tras su marido e inicia a Buddy (un joven Lukas Haas) en su despertar sexual. Un film bien planteado y dirigido, pero cuya complejidad psicológica, con todo el juego de caracteres contrapuestos, no acaba de ser aprovechado, porque esa pátina de "bondad interpuesta" se impone al tórrido y pegajoso manantial de fuego que podría haber escrito Tennessee Williams, que es su aspiración directa pero inalcanzable.
Curiosa. Se puede ver.
Saludos.

jueves, 30 de julio de 2026

Una moto de mármol


 

Hoy, y me parece que está bien, damos por concluido el mastodóntico repaso al festival de Sitges, no vaya a ser que se nos enganche con el que ha de celebrarse en poco más de dos meses. Lo hacemos con ALPHA, último y esperado trabajo de Julia Ducournau, en el que se pone de manifiesto el injustificado hype de la crítica con esta directora, habida cuenta del desconcierto generalizado que ha suscitado y la espalda que le han dado tras su inclusión en la sección oficial de Cannes. El fallo aquí, al igual que ocurría en TITANE, es el horroroso guion, incapaz de sostener una sola línea narrativa mínimamente reconocible, algo a lo que aferrarnos tras un inacabable trasiego de dramas de alta intensidad, con la drogadicción (se supone que son los años 80) y la enfermedad materializándose en cuerpos de piedra (¿pero por qué?), chorreones de sangre y la abnegación de su protagonista (que creo que es la madre, y no Alpha) por tirar hacia delante con una hija directamente insoportable y un hermano demasiado sano para estar tan enfermo. Como un ajuste de cuentas con el pasado (y es mucho suponer), Ducournau se enreda en sus propios delirios visuales, a mitad de camino del cómic ochentero y un body horror que tampoco termina de explosionar, haciendo que nos preguntemos dos cosas: ¿tiene esto género? y ¿dos horas y cuarto?...
El azúcar es lo que tiene.
Saludos.

miércoles, 29 de julio de 2026

La cabeza contra el muro


 

El padre de Matthieu lleva 25 años en la misma empresa. Es un veterano, un fijo que va con sus hijos a las monterías que organiza el dueño de la empresa. Sus hijos también trabajan allí, todo correcto. Un día, el padre de Matthieu se fuma un cigarrillo en su puesto de trabajo, es despedido fulminantemente. Así funcionan las cosas, para el padre de Matthieu y también para Matthieu. Un día, el padre de Matthieu es encontrado muerto. Habrá quien diga que no, pero Matthieu está convencido de que se ha suicidado, y hará pagar al causante. En esencia, esta es la premisa de SELON MATTHIEU, un alegato por la dignidad proletaria, la lucha de clases y la imposibilidad de traspasar todos y cada uno de los grados de separación entre quienes regentan y quienes sostienen. Es una película polémica, por cómo el protagonista se desempeña, las decisiones que va tomando, hasta desembocar en un desenlace tan desesperanzado como inconcluso, fiándolo todo a la unión de la familia cuando todo lo demás ha fallado. Benoît Magimel es el obstinado Matthieu, que al compás de Bach (demasiado evidente) fija su objetivo en la aburrida, frívola y ludópata mujer del jefe (Nathalie Baye), con resultados que, como el tono general del film, parece una oportunidad perdida para enarbolar ese puñetazo sobre la mesa que no llega, excepto en algún subrayado, que evidenciaba la bisoñez de un director por entonces (2000) aún por hacerse y consolidarse.
Curiosa, pero incompleta.
Saludos.

martes, 28 de julio de 2026

Telemaldición


 

UNDERTONE es la (pen)última propuesta de A24 para seguir indagando en las posibilidades del terror de cara a una taquilla... digamos que exigente. Muchos aciertos al basar la forma de transmitir inquietud y miedo sin recurrir prácticamente a la imagen, sino a un sonido que se hace primordial; menos a la hora de concretar lo que parece poco más que una sugerencia tímida o incluso la torpe caída emocional y psicológica de su única protagonista, al menos que podamos verla y no sólo escucharla. Se nos presenta a Evy, una joven que se dedica a realizar podcasts junto a Justin, en los que ambos abordan temas misteriosos. Evy se ha trasladado a la casa de su madre, que yace postrada con una enfermedad que la mantiene catatónica. Una de esas noches de grabación, Justin le envía un misterioso archivo de audio dividido en diez partes, que ha recibido anónimamente, en el que una joven pareja que espera un hijo decide grabarse mientras duermen, puesto que ella emprende largos soliloquios nocturnos. Los audios, cada vez más extraños, podrían no ser casuales, o encerrar algún tipo de maldición. Los aciertos, como digo, provienen del cómo, con un estupendo uso del sonido, que suple a las mil maravillas la evidente falta de presupuesto, ciñéndose a la casa en cuestión y un par de habitaciones. El problema que le veo es meramente de guion, armando un dispositivo ingenioso y perturbador, para acabar resolviéndolo todo con una inconcreción que no justifica los tiempos muertos, que son muchos y convierten su hora y media, sí, en un corto alargado y con pocas novedades que ofrecer. 
No es tan terrorífica como parece, y se le ve a leguas que es un debut largamente pensado, pero con muchas posibilidades coartadas.
Saludos.

lunes, 27 de julio de 2026

De entre los pelotudos


 

O sea, sinceramente, alguien habrá que sepa la secuencia completa de cómo Aristarain fue reclutado por la Columbia para filmar un thriller psicológico en el que (paso a enumerar): sin ningún tipo de contexto, vemos a Bonnie Bedelia angustiada porque van a matar a su familia (o eso parece), pero aunque está escondida decide salir y correr mientras le disparan; sin saber cómo, llega hasta su potente deportivo y escapa de la masacre, con la mala suerte de que da dos vueltas de campana, pero la buena suerte de salir disparada, porque una mano anónima prende fuego al auto. Lo siguiente es Bonnie Bedelia en un hospital, sin recordar nada, con Peter Riegert mirándola con la mirada de quien se acaba de arruinar y le debe a Federico Luppi, que sólo aparece ese minuto y medio con traje blanco. La enfermera es Cecilia Roth, que bebe los vientos por Riegert, que es como psicólogo; me pegaba más Roth como femme fatale acuciada por el mal, y Bedelia como abnegada nurse, pero bueno. El resto es ella soportando los gritos del médico y el FBI (sí, el FBI), que literalmente la obligan a recordar lo que ha pasado, pero sólo le llegan retazos que Aristarain, evidente, filma en B&W, donde Ricardo Darín con chaqueta beisbolera guarda un secreto en forma de microchip, y por eso los malos van tras ellos. Al final, el desastroso guion de Dan Gurskis tiene la ocurrencia de dar un giro hitchcockiano, incluso con guiño medio socarrón, pero ya no hay nada que hacer y nos sorprendemos siendo la persona número 64 de nuestro país que vio THE STRANGER (TRAICIÓN Y VENGANZA sin traducir), de la que el bueno de don Adolfo jamás hablaba si no era moviendo la cabeza con resignación.
¿Ya vi todo?...
Saludos.

domingo, 26 de julio de 2026

Rincón del freak #701: Si Mortadelo fuese rencoroso


 

TERROR TRAIN ha llegado hasta nuestros días como un film de culto, una de esas extravagancias con mayor cuidado en la producción que títulos similares, pero que apenas se sostenía reproduciendo el andamiaje de los puntales del género. Con un comienzo que alude directamente a CARRIE, un asesino enmascarado en la línea de Mr. Myers y un entorno cerrado, como el campamento de Crystal Lake, en el que las calenturas y descuidos de unos incautos jóvenes serán expiados por este psicópata despiadado. Aun así, el film funciona por el buen hacer de Roger Spottiswoode, que debutaba como realizador tras una notable carrera como montador y guionista, mientras que entre los intérpretes destacaban una Jamie Lee Curtis afianzándose como scream queen suprema, la sólida presencia del veterano Ben Johnson o la aparición estelar del mago David Copperfield, que no será recordado por sus dotes interpretativas pero intentaba camelarse a las estudiantes de medicina con sus habituales truquitos. Una película más o menos previsible, que suspende la incredulidad a base de no irse de madre durante buena parte del metraje, pero que no puede evitar despendolarse en un tramo final que se lía la manta a la cabeza y nos sugiere que el malo era el hombre de los mil disfraces. Y todo por una broma de nada... bueno, la broma se las traía...
Saludos.

sábado, 25 de julio de 2026

La muerte a las cinco


 

Volvemos, cómo no, para seguir narrando imágenes, sensaciones y otros detalles sin importancia; y como no han sido vacaciones, sino otra cosa igualmente absurda, hemos prescindido de cartelitos y esas zarandajas modernas. Y como es sábado, aún me percato de que nos quedaba algún fleco de los Goya, nada menos. Y nada menos que con el documental premiado, TARDES DE SOLEDAD, a la que el término "documental" le queda bastante pequeño. Vaya por delante mi extraña relación con el toreo, pues nunca he sido aficionado, pero tampoco antitaurino, por lo que me he mantenido en un lugar apartado por ambos costados. De ahí que mi entusiasmo por el último trabajo de Albert Serra fuese inevitable desde que tuve noticia de tan insólito proyecto. Centrado en la figura del torero peruano Andrés Roca Rey, Serra logra un hito en mi opinión insuperable, pero que ya estarían tardando en imitar quienes aspiren a renovar las retransmisiones taurinas. Por un lado, con una mezcla de avidez y respeto, nos coloca ante el torero en sus momentos previos; la vestimenta, los rituales religiosos, las conversaciones siempre parcas y enigmáticas. La llegada y salida de las plazas en una furgoneta que se convierte en improvisado confesionario repleto de alabanzas, donde se palpa la tensión bajo regueros de sangre seca y se comentan los incidentes de la corrida, en una mezcla de deleite y disgusto. Pero donde el cineasta catalán ha deslumbrado es en el apartado técnico, ofreciendo una perspectiva jamás vista del toreo en lo visual, pero sobre todo en lo sonoro. Lo vemos casi todo, pero lo escuchamos todo. El descontento del público, la obstinación de Roca Rey por encontrar el punto justo entre el espectáculo y la seguridad, las señales de la cuadrilla atenta. No hace falta ser un entendido, ni sería justo privarse de la experiencia cinematográfica por los prejuicios que cada uno pueda tener; mi percepción es que es una fiesta de la muerte, posiblemente uno de los pocos que mantienen intacta su telúrica fisicidad en una infantilizada sociedad donde lo virtual es divinizado. Podría hacer otras reflexiones, y no necesariamente paralelas, pero admiro a Serra, su valentía e independencia de criterio.
Mucho más recomendable que ver una corrida.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!