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jueves, 18 de junio de 2026

La sangre manda


 

Mucha expectación para ver en Sitges la última película de Gustavo Hernández, un cineasta acostumbrado a subvertir las reglas del género desde una posición nada acomodada, partiendo de la precariedad de medios, pero supliéndolos con rigor y convicción. EL SUSURRO me parece su película más redonda, con menos artificios, por ejemplo, que aquella sorprendente LA CASA MUDA, en la que el dispositivo lo acaparaba todo. La sombra de Mariana Enríquez sobrevuela la premisa inicial, en la que nos presentan a Lucía y Adrián, que son hermanos y viven junto a su padre, al que deben encadenar cada noche porque es nada menos que un sanguinario vampiro. Al escaparse una noche, acaba con la vida de una familia entera, lo que hace que la joven y su hermano, apenas un niño, huyan sin rumbo, hasta que dan con una gran casa de campo que parece abandonada. Aquí el film da un giro impactante, pues la filmación de su gato, que lleva una camarita en el collar, desvela que en una casa contigua se encuentra un siniestro grupo dedicado a la filmación de películas snuff, donde torturan y asesinan a jóvenes. Un argumento lo bastante loco como para invocar más de una vez la suspensión de la incredulidad, pero que Hernández resuelve con un naturalismo seco y cortante, sin caer en la tentación de hacer saltar por los aires la coherencia de un film que merece más atención de la que creo que ha obtenido. En mi opinión, una grata sorpresa y la confirmación de que estamos ante un estupendo director de género.
Saludos.

lunes, 27 de mayo de 2019

Una de ojeras



NO DORMIRÁS es una de esas coproducciones que tanto se han puesto de moda en los últimos años entre España y Latinoamérica, en este caso Uruguay. Se trata de una película que se interna por los vericuetos del terror psicológico, intentando establecer un marco muy reconocible para terminar justificando los interminables (en realidad asfixiantes) giros de guion, que, aunque sólo sea por acumulación, acaban por llevarnos a un decepcionante punto de partida. Y es que, como ocurriese en LA CASA MUDA, Gustavo Hernández juega la carta del engaño de las apariencias, hacernos creer que vamos viendo algo para acabar en un paroxismo que pretende ser el culmen de la originalidad, pero que suena a ya visto, y por supuesto mejor. Y otra cosa que llama la atención es la excusa de guion que desencadena el argumento: Belén Rueda interpreta a una excéntrica directora de teatro que lleva a cabo un experimento extremista, que consiste en  extraer toda la verdad interpretativa de sus actores sometiéndolos a un insomnio que se prolonga hasta más de cien horas. Como premisa no está mal, pero he visto a actores más naturales que duermen bien...
Saludos.

viernes, 14 de octubre de 2011

El tiempo narrativo y sus inaprensibles contrastes



LA CASA MUDA es uno de esos claros ejemplos contemporáneos de "quiero y no puedo" que encontramos cada vez con más frecuencia; una lástima, porque la premisa de la que parte (incluida su arriesgado experimento formal) es cuando menos estimable, y porque no se topa uno con un título de terror proveniente de Sudamérica todos los días, y menos aún de Uruguay. Importa menos, ya digo, el qué que el cómo, lo que es un agente intensificador en el desconcertante arranque del film y termina siendo un tedioso lastre a medida que nos vamos enterando de en qué consiste el truco. Sin pretender ser el summum de lo original, el guion de Óscar Estévez nos planta en mitad de ninguna parte, en una casa desvencijada a la que llegan Wilson y Laura, padre e hija, con la misión de restaurarla para que su dueño, Néstor, pueda ponerla en venta. Lo mejor del film, insisto, es lo directamente que empieza, incluso antes de que nos hayamos creado una cierta atmósfera de inquietud. Así, mientras Wilson descansa para empezar a trabajar a la mañana siguiente, Laura escucha unos extraños sonidos provenientes de la parte de arriba; lo que sigue es la incredulidad del padre ante su cada vez más aterrorizada hija y, claro, el deseo del espectador por saber qué diablos pasa y qué explicación nos van a dar una vez hemos agotado nuestras conjeturas. No quiero contar mucho porque la película es reciente (estuvo en Sitges el año pasado) y supongo que habrá mucha gente que no la haya visto; tan sólo me gustaría señalar que, bajo mi punto de vista, el supuesto giro ultraingenioso de la parte final es una tomadura de pelo simplemente bochornosa y que echa por tierra toda la atmósfera de terror psicológico que, a duras penas, eso sí, Gustavo Hernández, haciendo honor a su bisoñez, logra implosionar en la saturada y muy avisada psique del espectador contemporáneo, algo a lo que tampoco contribuye con demasiada fortuna el siempre afeante cartelillo de "basado en hechos reales"... ¿A quién le importa a estas alturas?
Véanla un Domingo por la noche, después de que su equipo les haya decepcionado por enésima e intolerable vez.
Saludos sin decir ni mú.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!