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viernes, 9 de mayo de 2025

Películas para desengancharse #143


 

Más que una narración al uso, siempre me ha parecido que STRANGERS ON A TRAIN venía a ser una especie de manual para todo aquel que quisiera desentrañar las claves de una película de suspense. Con una fidelidad asombrosa, el guion de Raymond Chandler y Czenzi Ormonde explora el clima extraño y escalofriante que recorre el texto original de Patricia Highsmith, superior por esa otra capa de sátira social que la novelista le añadía. Mítico es el extenso arranque, donde quedan expuestas las contrapuestas personalidades del joven y exitoso jugador de tenis, y el excéntrico y manipulador bon vivant, que embauca al primero en un diabólico plan, el crimen perfecto, donde ámbos se desharán mutuamente de los "problemas" del otro. Hitchcock adelanta aquí mucho de lo que sería su cine posterior, iconoclasta, rompedor partiendo del clasicismo, dispuesto a organizar ese carnaval de monstruosidades que en esta extraordinaria película está presene de principio a fin. Mención especial para la pareja protagonista, el habitualmente insulso Farley Granger, que está perfecto como el joven, aún incorrupto, pero que se debate en una moralidad ambigua por culpa de ese demonio perverso interpretado magistralmente por Robert Walker, un actor del que nos perdimos todo lo que podría haber hecho, al fallecer poco después del estreno de este film, ya digo, paradigma de cómo mantener el interés aun con todos los secretos desvelados desde primera hora. Baste para ello recordar la impresionante escena del asesinato en el parque de atracciones o el desenlace, que devuelve a los personajes a la misma ubicación, y que es una absoluta locura de montaje.
No se la pierdan.
Saludos.

martes, 3 de septiembre de 2024

El asesino soñado


 

Que SPELLBOUND es absurda hasta decir basta, es algo bien sabido; que contiene las imágenes más sugerentes y juguetonas de la filmografía de Alfred Hitchcock, también. Imposible ignorar esto: Una psicóloga (Ingrid Bergman) que tiene tanta aversión al género masculino como moscones alrededor, pero que queda subyugada y diríase que sometida por el nuevo director del centro donde trabaja, a lo mejor porque es Gregory Peck. Como alguien así no puede ser una eminencia, empieza a actuar raro, y en mitad de una operación (¿una operación psicológica?) colapsa, quedando como un pelele a base de infusiones, pero proyectando fuerte ternura en la doctora, que ya sólo tiene ojos para él. Incluso si sabe que es un impostor, hasta si se confiesa un tétrico asesino, cosa que tampoco cree cierta, por lo que inicia una especie de terapia de choque que incluye un episodio hipnótico y otro aún más escabroso, pero que no desvelaré. Tanto revoloteo sirve para introducir los famosos decorados diseñados por Salvador Dalí, que implementan un mundo onírico entre el ensoñamiento buñueliano y el simbolismo de un Lynch que parece trasplantado cuarenta años antes. El final, tan atropelladamente encantador como insospechado (no se podía saber), se cuenta entre lo más expresionista del director británico, y también de lo más reputacional. 
¿Hay que verla? Sí, pero sin miedo a criticarla, como ha hecho recientemente una grandísima amiga mía, que me ha impulsado irremediablemente a volver a verla después de tantos años... a la película y a ella, claro...
Aquí mi dedicatoria.
Saludos.

sábado, 30 de marzo de 2024

Una de los suyos


 

He intentado comprender muchas veces el porqué de la mala acogida general de un film como UNDER CAPRICORN, una vez vistas y comprobadas sus virtudes, que no son pocas. Puede que sea el inusual enclave australiano, pero esto es fundamental en la historia, al confrontar a los ciudadanos con linaje con los exconvictos que prosperaron en su exilio forzado. Hay quien lo achaca al pobre protagonismo de Joseph Cotten, y estoy de acuerdo, aunque sólo para fijarme en gran trabajo de Ingrid Bergman, que tarda en exhibirse como la mujer "atormentada" que esconde un oscuro pasado, y de un inesperado Michael Wilding, que ejerce como perfecto contrapeso entre ambos, interpretando a un vividor finalmente metamorfoseado en héroe redentor. Nadie es aquí lo que parece aparentar, y Hitchcock lo filma en elegantes y sofisticados planos secuencia (recordemos que venía de filmar LA SOGA), donde la cámara no sólo acompaña, sino que vertebra cada diálogo, sea discurso, parlamento o simple chismorreo. Sin olvidar el excelente trabajo de Jack Cardiff, con una espléndida paleta cromática, o la gran partitura de Richard Addinsell, a menudo olvidado por la memoria cinéfila. Estamos ante un drama de época, sí, pero también un inquisitivo estudio psicológico, remarcando las fortalezas y debilidades de unos personajes a los que, de una u otra manera, no les es permitido ser ellos mismos. Con dos antecedentes ineludibles, y que dotan de sentido al guion de James Bridie, como son REBECA y LUZ DE GAS, ciertamente no llega a la grandeza fílmica de estas dos, pero creo que se merece algún reconocimiento más de los que la han dejado en un discreto escalón de una filmografía, por otra parte, desagradecida por extensa.
Saludos.

viernes, 4 de agosto de 2023

Películas para desengancharse #114


 

Encabezaría esta reseña haciendo acopio de todo lo que falta, de los márgenes, los arroyuelos fuera del celuloide. De la mítica también, o la épica, o la floritura del autor que aporta soluciones donde otros respiran fórmula. Me faltaría siempre algo para devanar la redondez pluscuamperfecta, lisa, rotunda, infatigable de una obra maestra como NORTH BY NORTHWEST, y siempre nos faltaría por ser referente y espejo para los buscadores. Desde Spielberg hasta Tarantino. Desde Scorsese hasta Lynch. Cualquiera puede malear los fotogramas, el porqué de su distribución, de el no-tiempo al antojo de un demiurgo con absoluto control de los tiempos. Dominar la técnica para subvertirla, ajustar milimétricamente el plano para desencajarlo con un golpe inesperado. La raíz semántica del cine como lenguaje está implícita en la absurda historia de un hombre que no es, y que se ve obligado a ser otro para finalmente encontrarse a sí mismo. Los villanos dudan, los héroes se manchan, las autoridades prefieren no involucrarse y los secundarios trascienden el boceto secundario para irrigar la historia con capas y matices aún más inesperados. Incluso el arranque parece aseverar que Herrmann posea a Philip Glass, y el desenlace es como un spoof involuntario, aplicando la guadaña a untrasiego de dos horas y cuarto. Es la perfecta historia imperfecta, el film de género por excelencia con mil géneros dentro. Es un logro al que todos quieren engancharse, y que comprendemos menos cuantas más veces lo vemos.
Es un juguete muy caro en una subasta falsa, y es un kilo de hierro pesando más que uno de plomo... o de plumas... Es una obra maestra absoluta, y no nos cansaremos de decirlo. Y es tan obvia, que ha tardado 15 años en aparecer por aquí. 
Una cima.
Saludos.

miércoles, 6 de julio de 2022

Huir hacia atrás


 

Todo comienza con Mr Memory, el hombre que todo lo sabe, y finalmente el hombre que sabía demasiado. Un espectáculo de music hall, repentinamente interrumpido por un dispar, y la gente huyendo, y una mujer que misteriosamente le pide a un recién llegado a la ciudad si puede llevarla a su casa... la de él, por supuesto. Así comienza THE 39 STEPS, o el culmen absoluto de la carrera de Alfred Hitchcock en Inglaterra; una historia de espías, que puede ser de intriga, suspense, pero también una inteligente comedia, perfecta precursora de lo que luego Hitchcock refinaría en su etapa norteamericana. Aquí, Robert Donat interpreta a este hombre superado por unas circunstancias que lo han enrolado en una persecución interminable; acusado de asesinato, decide que sólo puede huir hacia delante, y desentramar de una vez el enigmático legado de aquella extraña mujer. El guion, milimétricamente ajustado, toma la hoja de ruta marcada por la exitosa novela de John Buchan, pero es capaz de otorgarle ese inventario de ida y vuelta característico, con una estructura circular endemoniadamente perfecta. Es una película imperecedera, totalmente vigente en sus dinámicas formas, en sus matizadas interpretaciones, y uno de los films de espías más desencajados y abiertos a interpretaciones de toda la historia del cine.
Una obra maestra incontestable.
Saludos.

domingo, 31 de enero de 2021

Rincón del freak #441: El mono con la máquina de escribir


 

Me imagino a aquel joven Alfred Hichcock ante las infinitas posibilidades del montaje sonoro, pero con la incredulidad de los productores tras escuchar lo que estaba dispuesto a hacer junto a Alma Reville. Hay más ejemplos, pero uno de los más claros se encuentra en NUMBER SEVENTEEN, o cómo pasarse por el forro todas las convenciones acerca de hacer una película en 1932. Por un momento podríamos creer que estamos en un film de Buñuel, o adelantar casi 50 años al primer David Lynch, aunque es mejor explicarlo desde el principio. Un hombre persigue su sombrero en una ventisca, éste se para ante una destartalada casa abandonada, pero una luz en su interior le obliga a entrar por una puerta abierta, subir una quejumbrosa escalera y hacer un hallazgo insólito. Arriba hay un un hombre muerto y otro que jura no haberlo matado. Mientras departen, una chica cae desde una claraboya por la que gateaba. Después, cómo no, el muerto desaparece y llaman al timbre; extraño porque es medianoche, pero aún más lo son los tres individuos en el umbral, que dicen venir a alquilar la casa. Todos poseen unas tarjetas donde está la dirección, una franja horaria y un número en común: el 17. 
Podría ser un folletín más, adaptado de la obra original de Jefferson Farjeon, con sus equívocos, intrigas, malos chungos y damas dispuestas a ser rescatadas. En lugar de ello, Hitchcock tira de psicodelia (¡en 1932, insisto!), sincopa el montaje, roza el absurdo en los motivos de todos y cada uno de los personajes que se van amontonando tras la promesa de un carísimo collar de diamantes. Y por si fuera poco, detona el desenlace, haciéndolo saltar por los aires, en una inenarrable persecución que incluye maquetas de tren, maquetas de autobuses, maquetas de coches, maquetas de barcos y primeros planos de gente gritando... Mi recomendación, si no tienen los alucinógenos adecuados, es que la vean sobre las cuatro de la madrugada, el efecto es el mismo...
Saludos.

martes, 15 de agosto de 2017

La destrucción de la inocencia



Del documental de ayer extraje, además de una impagable porción de sabiduría cinéfila, dos conclusiones: que llevaba demasiados años sin escribir sobre Hitchcock y que me he dado cuenta de que aún no había visto THE WRONG MAN. Hoy se subsanan dichos entuertos, porque nunca es tarde para volver al genial director británico y porque precisamente me parece que éste es un film francamente peculiar. Es (lo especificó perfectamente Scorsese) un estudio psicológico sobre el significado de la culpa y la redención, disfrazado de thriller, y que, en último término, anuda el argumento principal en torno a una injusticia social que roza el absurdo terror kafkiano, por lo que es tan complicado atribuirle un género en concreto. De hecho, coincido en que la construcción de la trama contiene numerosas lagunas, incoherencias y veleidades, que de no estar dispuestas por quien están tomaríamos como burdos fallos de guion, pero que adquieren una nueva dimensión cuando nos paramos a pensar qué es exactamente el críptico y exasperante mensaje desprendido de la truculenta epopeya de Manny (impresionante Henry Fonda), músico de jazz a sueldo y padre y esposo ejemplar, que de la noche a la mañana se ve acusado de una serie de atracos a mano armada, y sin mayor explicación es poco menos que prejuzgado y arrojado a una celda, sin que veamos alguna posibilidad de defensa. Habría que extenderse una barbaridad para entrar en la cantidad de modulaciones de guion que realiza Hitchock, en cómo zarandea la percepción del espectador e incluso nos hace dudar acerca de la intachabilidad del protagonista, casi reducido a espectador mudo de su propia desgracia.
Una extraordinaria película que viene que ni pintada en estos tiempos en los que precisamente los prejuicios inundan las redes sociales, enturbiando, cuando no ninguneando, el trabajo del poder judicial. Por cierto, yo no tengo a nadie escondido en mi casa... por si acaso.
Saludos.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

No miren al mayordomo



Poco antes de abandonar su Inglaterra natal, a Alfred Hitchcock aún le dio tiempo a filmar algunas de sus mejores obras de este periodo, o al menos las que ya mostraban a un director capaz de combinar la intriga criminal con su personalísimo sentido del humor. Posiblemente sea YOUNG AND INNOCENT, de 1937, una de las más divertidas y/o desprejuiciadas, con una figura femenina (la celebérrima Nova Pilbeam) haciendo de joven intrépida que tendrá que debatirse entre lo que dicta la evidencia y lo que siente en su corazón. El asunto es turbio y con múltiples puntos oscuros: una mujer aparece muerta en la playa y un joven la encuentra, pero dos testigos aseguran que se trata del asesino al confundir su búsqueda de ayuda con una precipitada huida. El joven será detenido y acusado, pero los laxos procedimientos de la policía local propiciarán su huida, con el propósito de investigar y llegar a descubrir quién es en realidad el asesino. Con la única ayuda de la susodicha, que a más inri resulta ser hija del jefe de policía, llegarán a un sorprendente desenlace mientras los sentimientos terminarán por aflorar entre ambos dos. Rodada en Pinewood, el ambiente costero está bien recreado y los actores denotan elegancia y gran profesionalidad, destacando la pareja formada por Pilbeam y un joven Derrick de Marney. Además, como no podía ser de otra manera, el McGuffin sobrevuela esta historia de falsos acusados en forma de "guiño" al espectador, y nunca mejor dicho que en esta ocasión. Una estupenda película para quien desee adentrarse en la segunda etapa de la primera etapa de Hitchcock... no sé si ha quedado claro...
Saludos.

martes, 14 de mayo de 2013

Filtros inconscientes



Hace pocos días, Google diseñó una espectacular cabecera para su omnímoda página de arranque, basada en el trabajo del gran Saul Bass; eso, de por sí, hace que a uno le entren ganas de hablar un poco sobre VERTIGO... Bueno, y porque ya tocaba, creo yo...
VERTIGO... (DE ENTRE LOS MUERTOS), en español... Cada vez hay más gente que la detesta, o que la encuentra desfasada, ridícula, excesiva, no-tan-mítica-como-parece. Para mí es una obra fundamental, una genialidad y, por encima de todo, una singularidad que adelanta gran parte de lo que más tarde iba a ser la modernidad cinematográfica (¿de dónde creen que sale, si no, MULHOLLAND DRIVE?); casi un clásico "en contra de los clásicos" ¿De qué diablos habla VERTIGO? ¿de un asesinato? ¿de un majareta obsesivo y desquiciado? ¿de una imagen recurrente que desata impulsos ocultos? ¿de la castración? ¿la impotencia? ¿la ceguera? ¿de lo cabrones que son los críticos... o de lo tontos que son? VERTIGO habla de muchas cosas, pero puede que sólo hable de una, o de ninguna; sin embargo, encuentro infinitamente más estimulante el carácter visual, encadenado a lo que Alfred Hitchcock esperaba del espectador en forma de receptiva complicidad. El comienzo apenas guarda algún punto de conexión con el final, ustedes dirán: "sí, el miedo a las alturas del protagonista"; pero en dos horas, Hitchcock ha atomizado toda la intriga desprendida de esta premisa, hasta dejar sólo una serie de pistas inconclusas y retar al espectador ¿Qué va usted a encontrarse en el próximo fotograma? Es más, le hace intuir que cada paso dado ha de ser otra puerta abierta a otro sitio completamente diferente al anterior. Es la deconstrucción del clasicismo narrativo... ¡narrando clásicamente! En VERTIGO hay dos o tres momentos inolvidables y que sigo manteniendo que son absolutamente imposibles de filmar hoy día; y casi no estoy hablando de los que ustedes creen, como ese aterrador principio con James Stewart colgando de un tejado, o la primera visión de Kim Novak. A mí me embruja la escena del puerto, casi como si fuera un sueño, con una atmósfera pesada, achicharrante... O la llegada de Scottie Fergusson al apartamento, con la sensación de ser el vigilante vigilado; los paseos con esa mujer que parece salida de otro mundo... de entre los muertos, quizá. No será la mejor, pero VERTIGO posee ese halo infranqueable de misterio y seducción que la dejan fuera de los géneros y sigue suponiendo una experiencia inigualable para cualquier cinéfilo. Y también estaba Saul Bass, claro...
Saludos de un tipo con vértigo.

miércoles, 13 de abril de 2011

Entre pillos anda el juego



Si hace apenas un par de semanas que nos referíamos aquí mismo al segundo film de Alfred Hitchcock, perteneciente a una lejana época muda, hoy nos vamos directamente a su último trabajo, tan injustamente tratado como poco citado por cinéfilos. Es el peaje a pagar cuando te preceden 55 años de obras mayores. Pero si nos ceñimos a su estricto valor cinematográfico, FAMILY PLOT no sólo no es una mala película sino que posee virtudes que a Hitchcock nunca le fueron ajenas y que quizá hubiese podido desarrollar en títulos similares que, al menos que yo sepa, veinte o treinta años antes ni siquiera se planteaba.
Se nos cuenta aquí una comedia negra de aire bufo y personajes cargados de histriónica comicidad, aunque su poso, su trasfondo, sea poco apacible, repleto de rencores, engaños y una mala leche de no poca crudeza. Ahora celebramos cosas similares cuando están filmadas por unos hermanos apellidados Coen, pero no sólo no han inventado nada sino que se han limitado a estilizar formalmente obras anteriores que asimismo extraían modelajes del teatro, la literatura... FAMILY PLOT es retorcida y chusca, sainetera y juguetona; nos presenta a dos estafadores de poca monta que explotan a viejas crédulas con excusas pseudoespiritistas y que buscan desesperadamente un gran golpe que les permita retirarse al fin. La casualidad hará que descubran la existencia de una herencia millonaria en busca de un heredero único que ni siquiera sabe que lo es; todo esto se enredará aún más cuando el "heredero" se revele como un sinvergüenza aún mayor, lo que dará como resultado un tira y afloja cruzado por vetas de humor irreverente y un final nada complaciente, que a mí me recuerdan sospechosamente a FARGO o QUEMAR DESPUÉS DE LEER, por citar dos ejemplos evidentes de lo que antes dejaba caer. Sí, de acuerdo, no resiste la comparación con las obras mayores del maestro, pero yo les invito a que se despojen de los siempre pesados prejuicios y descubran a ese "otro" Hitchcock, que con 77 años aún albergaba una chispa creadora a la que tantos luego se han aferrado. Y siguen haciéndolo...
Saludos en familia.

jueves, 24 de marzo de 2011

Perfilando al genio



Hace no mucho me hice con varias películas de la época muda de Alfred Hitchcock, lo que no deja de ser una satisfacción y una oportunidad de comprobar cómo se las apañaba el maestro en sus años mozos, antes de deslumbrarnos en su etapa americana. THE LODGER es su segundo largometraje, un dinámico ejercicio de suspense truculento en torno a un asesino llamado "El vengador", con muchos puntos en común con, por ejemplo, Jack "el destripador", y con una malsana afición a ensañarse con las rubias por encima de las morenas. Aquí, Hitchcock no se limita al folletín policíaco, tan en boga aquellos años en Europa, y se afana por presentar a los personajes, describirlos en su entorno. Así, la trama aparece bien dimensionada, con los típicos juegos de apariencias y despistes, y el suspense no es gratuito, sino que precisa de un espectador atento y ávido de dar con el verdadero asesino. En mitad de la psicosis desatada en un Londres neblinoso y oscuro, un misterioso inquilino se aloja en la pensión Bounting, donde (ay, las casualidades hitchcockianas...), además de los dueños, vive su bella hija, que encima es modelo ¡y rubia!... ¡y está prometida con un policía!... ¡que investiga los asesinatos!... Toma trama potente, no lo que se hace ahora con cuatro encuadres digitales. El misterioso inquilino resulta ser un galán de tomo y lomo de los trágicos y atormentados, lo que sabemos que a las chavalas siempre las ha puesto "de muy buen humor", así que el despechado policía comienza a sospechar. Peeeeero, la gracia está en cómo toda la familia decide "usar" a la pobre hija como cebo humano y pillar in fraganti al inquilino, que cada vez parece más claro qué guarda tras su faz transfigurada... Y no les cuento más; simplemente termino recomendándoles ésta y toda la primera filmografía de Hitchcock, les aseguro que reforzarán la noción que ya albergaban sobre el maestro.
Saludos teñidos.

viernes, 3 de septiembre de 2010

La entrada al infierno



Desde el primer, amenazador fotograma, Alfred Hitchcock nos avisa de que, una vez hayamos traspasado el umbral de Manderley, nada volverá a ser lo mismo. Antesala del terror in crescendo, que obtendría su máxima expresión en PSYCHO un par de décadas después, REBECCA supone el más sustancioso acercamiento del director inglés (sobre todo tras su particular "conquista de América") al horror gótico, manteniendo todas las reconocibles constantes del libro de Daphne du Maurier y añadiéndole el preciso toque "hitchcockiano" de extrañeza, amén de una atmósfera opresiva y una presencia que no es tal, la Rebecca del título, que más que fantasma se erige en omnipresencia invisible y verdadero motor sensato del film.
El argumento no es mucho más original que el de títulos similares de la época: Un ricachón (Laurence Olivier) que se queda viudo trágicamente, conoce en una fiesta de alta sociedad a una humilde dama de compañía (Joan Fontaine), que vivirá un cuento de hadas al contraer matrimonio con el susodicho. Manderley es la gigantesca y tétrica mansión a la que irán a vivir, donde un ama de llaves (Judith Anderson) que no les recomiendo que contraten, efectuará una sutil y pavorosa influencia sobre la recién llegada, la nueva señora, que tendrá que vérselas con su complicado nuevo estatus y el recuerdo, casi tangible, de esa Rebecca que jamás se ve pero que (y esto sólo está al alcance de los genios) nos pone los pelos de punta cada vez que una puerta de Manderley se abre.
Hablamos de uno de los grandes títulos de Hitchcock, capaz de sacar petróleo de dos sosos como Olivier y Fontaine (posiblemente la única actriz bien peinada de toda su filmografía) y que instituyó las bases de ese cierto "género gótico" que aúna tantos adeptos como detractores. Nosotros nos quedamos con ese inolvidable plano inicial, un alarde de intención, que nos da la bienvenida... a Manderley...
Saludos desde el pórtico.

domingo, 10 de enero de 2010

Lo de entonces

El título de la reseña hace mención expresa al significativo cambio que ha experimentado un género, el de espías, que tuvo su auge durante lo que se conoció como "guerra fría" y en la que las posturas se encontraban perfectamente delimitadas y servidas sin ambages. Desde la frivolidad de la serie 007 hasta el culmen de tensión de THE THIRD MAN. Lo cierto es que la cosa ya no es lo que era. Ahora el espionaje incluye una simbología tan ambigua como confusa, prueba de ello son títulos como SYRIANA, en la que el objetivismo es llevado hasta sus últimas consecuencias, difuminando la figura humana (por consiguiente del espía) hasta el límite del videojuego.
Afortunadamente, siempre podemos volver a los clásicos y regocijarnos con la maestría de directores como Alfred Hitchcock, pese a que TORN CURTAIN nos pueda parecer ahora deliciosamente ingenua y académica, esta curiosa película representa a un Hitchcock tras sus mayores éxitos comerciales, acercándose inexorablemente a su última etapa y poniendo, con cuentagotas, su inimitable estilo al servicio de la enésima historia entre rusos y americanos, aunque en este caso el conflicto esté en la Alemania del Este. Aquí, un Paul Newman en imparable ascenso interpreta a un improbable científico que se hace pasar por traidor a su patria para infiltrarse en el telón de acero y recoger información sobre los planes nucleares soviéticos; nada que no hayamos oído antes. El mayor atractivo de TORN CURTAIN consiste en la magistral administración de todos sus elementos por parte de Hitchcock, logrando momentos de gran tensión y jugando deliberadamente al despiste. Ahondando en el tema de las dificultades del maestro para elegir adecuadamente sus estrellas femeninas, no puedo dejar pasar el gran error de casting que es Julie Andrews como la timorata y asustadiza pareja de Newman, incapaz de transmitir un solo gramo de erotismo (nunca fue capaz), que habría hecho un poco más interesante una película que alterna momentos de brillantez, sobre todo en esas situaciones límite donde todo parece perdido, con algunos intervalos anodinos, donde ni siquiera Hitchcock puede hacer milagros. Es curiosa si se quiere observar esta última etapa del maestro del suspense además de un sólido trabajo por parte del gran Paul Newman.
Saludos más tristes que un torero al otro lado del telón de acero...

domingo, 15 de noviembre de 2009

Game over

Y me dije: ya va siendo hora de que me deje de tonterías; hablemos de una obra maestra.
SHADOW OF A DOUBT es el suspense según Alfred Hitchcock, una vorágine de sucesos encaminada a demostrar que el horror convive con nosotros en el sitio menos esperado. Y si Hitchcock es un maestro lo es porque no le importa prescindir de buenas a primeras del elemento sorpresa y mostrar sus cartas; pasamos entonces de la confortable intriga a un estupor incómodo.
Y es que estamos hablando de un relato sobre la suciedad moral y la falta de escrúpulos a la hora de conseguir un fin. En este caso, Joseph Cotten interpreta a un apuesto y resuelto hombre que llega a casa de su hermana con un currículum repleto de incógnitas; se establece entonces un extraño y turbio vínculo entre él y su joven sobrina, toda candidez y sueños de futuro. Cotten es el aquí y ahora, la bofetada que la pone en su sitio y que queda perfectamente reflejada en la magistral escena del bar, en la que el tío se confiesa y revela ante la niña, que pasa en un suspiro a ser mujer, ya sin dudas pero con la sombra de la amenaza sobre ella.
El guión que escribió Thornton Wilder es un prodigio de cómo se pueden manipular tanto los estados de ánimo de los personajes en un espacio mínimo, como lo sugerido termina siendo más terrorífico que lo mostrado abiertamente. Para la historia quedaran también los macabros encuentros entre los dos vecinos, fantaseando constantemente con los asesinatos y sus posibilidades virtuales; o el inquietante retrato de la pequeña comunidad, perfectamente organizada y en la que la joven se siente segura aunque acabe revelándose como una tela de araña de la que es imposible escapar. SHADOW OF A DOUBT es uno de esos clásicos que permanecen en la memoria después de ser vista la primera vez y que deja un mal cuerpo tremendo, pero ante todo supone una ácida visión sobre la corrupción de la inocencia y el placer que dicha corrupción puede llegar a producir.
Saludos dudosos.

martes, 18 de agosto de 2009

La gaviota que me picó

En estas vacaciones me di cuenta de que había un film que no podía dejar pasar durante más tiempo, así que ayer mismo me puse a revisar por tercera o cuarta vez THE BIRDS ¿Resultado? Pues que Hitchcock sigue siendo el Usain Bolt del suspense cinematográfico.
Seguir elogiando esta obra maestra, única entre tanto ripio, ya cansa un poco, pero hay tantísimos matices en su intrincada composición que, por ejemplo, ya hay incluso quien ha experimentado con la sensual idea de borrar digitalmente los pájaros de la película para demostrar que el terror de don Alfred proviene de nuestro subconsciente. Pues ¿qué me dicen de la mítica escena en la que Tippi Hedren fuma despreocupadamente en un banco, de espaldas a los pájaros que se van juntando en el columpio? ¿o del paroxismo apocalíptico que se deshilvana poco a poco en el bar, con los impagables comentarios de una ornitóloga ciertamente peculiar? Si prescindiéramos de los pájaros, nos quedaría una incómoda historia de tira y afloja entre la caprichosa heredera, capaz de lograr cualquier cosa que se proponga, y el seductor abogado, sorprendido por las treacciones de Hedren hasta que resuelve ir también por ella. Es por ello que el film no pierde interés en sus momentos "convencionales", como si fuese preparando lentamente la trampa mortal en la que ha de convertirse poco después. THE BIRDS es el más pesimista relato sobre la decadencia humana y sus vanas cuitas; Hitchcock nos aterroriza al mostrar lo estúpidos y débiles que somos sin necesidad de un monstruo de cuarenta metros ni invasiones extraterrestres, simplemente deja la cámara quieta mientras miles de pájaros esperan posados pacientemente en los cables, en los tejados, en el suelo, en los coches, en todas partes...
No sé si es la mejor suya, no me atrevería yo a tanto, porque prefiero VERTIGO o PSICOSIS, pero el maestro lo volvió a hacer: fue capaz de detener el tiempo en un apacible pueblecito costero llamado Bodega Bay y lo convirtió en un infierno sobre la tierra. Simplemente magistral.
Saludos emplumados.

miércoles, 4 de junio de 2008

Dentro del laberinto

PSYCHO es más que una película. Es la fundadora de un género, el cine de psicópatas asesinos, y contiene tantos matices que podríamos hablar de dos y hasta tres personalidades en una, la auténtica cinta esquizoide.
Aún nos sigue descolocando su fetichismo adelantado para la época, sus trazas de travestismo, la imposibilidad de entender a Norman Bates.
Hitchcock nos mete en un callejón sin salida donde la tragedia se palpa ya desde el principio. El hecho de que las víctimas no sean precisamente unos angelitos hace que, de repente, sintamos incluso cierta empatía con un tipo cuya motivación es simple: matar.
El problema está en saber quién es el verdadero asesino. Éste podría muy bien ser la víctima. De su doble identidad, de su dificutad en las relaciones sociales, de su aislamiento "forzado".
¿Es todo esto posible? El genial director británico borra todo esto de un plumazo utilizando un memorable primer plano (el último) de la cara de Bates. Si pudiésemos haber experimentado alguna simpatía durante el film, nuestro sentimiento final es de profunda repugnancia. Se ha jugado con nosotros, se nos ha manipulado sutilmente, y eso es sólo cosa de los más grandes.
Luego está la ducha, que supone un alarde de montaje y utilización del sonido y la fotografía. Y esa casa que es tan terrorífica (si no más) que lo que alberga.
PSYCHO es, por tanto, el origen al que deben mirar todos esos aficionados al terror malsano para comprender que siempre fue más efectivo sugerir que mostrar y que ya es una idiotez vover una y otra vez a los mismos recursos.
Se puede decir lo que se quiera, pero esa rareza que hizo Gus Van Sant supuso una gran voz de alarma para el cine de terror: hemos perdido gran parte de nuestra capacidad de asombro.
Pero hay que leer entre líneas. Buena película para ello.
Maternales saludos.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!