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lunes, 14 de enero de 2019

Luchadores por la paz



El cine de Johnnie To siempre ha sido difícil de detectar, moviéndose con insolencia entre la constancia de las grietas existentes en el cine de género, por donde ha sido capaz de introducir elementos aparentemente inauditos, cuando no directamente antagonistas. En Sitges se pudo ver THROW DOWN, de 2004, una película que ha permanecido en un ostracismo tal que ni siquiera los seguidores del director hongkonés la citaban en importancia. Su argumento podría entrar dentro de lo original, lo insólito o incluso lo descabellado, y quizá le sean imprescindibles un par de visionados para entender su trasfondo. Cuenta la historia de un antiguo campeón de Judo que, retirado, trabaja en un club nocturno, donde intenta olvidar su pasado en interminables noches de alcohol. Hasta allí llegan una joven aspirante a cantante y un saxofonista que en realidad es un admirador suyo, que intentará convencerlo para tomarlo como maestro. Lo lógico sería pensar en un film más de artes marciales, pero To le da un aire decadente y onírico en torno al club, por donde pasan amigos y rivales de este antihéroe, incapaz de retomar las riendas de su vida. Una película inclasificable y amarga, pero también poseedora de un extraño sentido del humor, y cuya recuperación ha sido un pequeño impacto, además de una saludable noticia acerca de la labor emprendida por según qué festivales.
Saludos.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Corre, corre



Tras el enorme éxito cosechado, Johnnie To filmó sólo dos años después RUNNING OUT OF TIME 2, manteniendo al carismático Lau Ching Wan como el perspicaz inspector Sang, e introduciendo a Ekin Cheng (cantante en la vida real) como un villano aún más refinado y retorcido que el anterior Andy Lau. Aquí, el giro resulta de la exigencia por parte de un misterioso ladrón por cobrar un millonario rescate por tres obras de arte que se suponían imposibles de robar. No me atrevería yo a poner esta secuela por delante de su predecesora, pero hay un par de escenas absolutamente brillantes. Una es la primera toma de contacto entre policía y ladrón, a la que seguirá una persecución casi a cámara lenta; la otra es también una persecución, solo que en bicicleta y mucho más accidentada. En ambas parece en todo momento que el ladrón "desea" ser atrapado, o que, por muy cerca que estén ambos, es imposible su captura. Una estupenda película que nunca toma parte de cierta estupidización del cine de acción contemporáneo y que junto a su primera parte bien podría ser considerada como la respuesta de Hong Kong a la miríada de subproductos provenientes de occidente (el Hollywood bajo) y que se aprovecha torpemente de un exotismo que, como es evidente en toda la filmografía de To, sólo es tal si sirve para construir un guion sólido.
Saludos.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Deprisa, deprisa



Una pequeña gran conmoción en su momento (1999), RUNNING OUT OF TIME fue como el despertar internacional a un excelente director hongkonés, Johnnie To, capaz de influir directamente en cineastas occidentales al mismo tiempo que la crítica indicaba su particular estilo, que sin imitar a nadie proponía nuevas relecturas del cine de género. Si lo tomamos desganadamente, este film no es más que otro en esa larga lista compuesta por el inacabable enfrentamiento entre dos cerebros privilegiados, uno dedicado al crimen y otro al cumplimiento de la ley ¿Qué podría hacerla especial? Primero su desparpajo a la hora de enseñar sus cartas. Al colocar al inspector San en un camino paralelo y poco convergente con su enemigo, la libertad de acción se dispara y se nos hace cómplices de "lo que el otro no sabe", en un excitante juego del gato y el ratón. Wah es un distinguido ladrón, capaz de robar cualquier cosa y que, con una enfermedad terminal, decide retar a San a que le atrape antes de que robe un valioso diamante, con el añadido de que tiene la desfachatez de indicarle incluso qué día y a qué hora cometerá el robo. To parece beber en las series de Fantomas o Arsenio Lupin, donde la diversión casi siempre provenía por la parte criminal, al ser éste un ser no tan monstruoso, aunque conservando cierta altivez que lo distancia de una humanidad que no le cae tan bien y de la que extrae sus motivaciones para delinquir. Con un ritmo frenético in crescendo, Johnnie To emula a su antihéroe y nos deja en el punto exacto, antes de la (falsa) resolución y sólo para que un espectador sabelotodo se diga a sí mismo con media sonrisilla: "Pues no que me la ha dado el chino éste..."
Por cierto, a Andy Lau sí que me lo creo.
Saludos.

lunes, 17 de agosto de 2009

Tic tac

Algún día, alguien le hará un homenaje a Johnnie To (alguien importante y de occidente, claro); con suerte se podrán degustar sus semidesconocidas cintas y entonces, sólo entonces, la miríada de incondicionales de Quentin Tarantino (y digo Tarantino porque es un bocazas y un fanfarrón, porque hay más) serán presa de un súbito azoramiento y casi que no sabrán a qué esquina correr a esconderse.
Y eso que To ni es original ni le hace ninguna falta. Sus ballets de sangre y fuego, donde las miradas sustituyen a los diálogos y la acción deviene puro vértigo, contienen la adrenalina de la venganza, tan extendida en el cine de acción oriental, sólo que no se trata de una venganza vacua, ni esteticista porque sí, sino que atiende a unos estrictos parámetros que sólo atisbamos cuando su muda dialéctica nos deja un resquicio para reflexionar (y respirar). EXILED dejó boquiabiertos a los pocos que la vieron en los extrañísimos pases de hace tres años en Madrid. Los que le conocían esperaban una mera continuación de THE MISSION; y bien que lo parece en su soberbio arranque, deudor de Leone y derrochando un malsano humor "a la francesa", que desemboca en un alarde de montaje que debería hacer reflexionar al director de DEATH PROOF acerca de sus "saltitos temporales". Los que no sabían nada del hongkonés simplemente lo fliparon.
Dos hombres llegan a una casa, llaman y preguntan por una persona; en la puerta, una mujer y su hijo pequeño; la mujer niega, los hombres esperan pacientemente fuera. Llegan otros dos y comienza el juego de miradas, a veces cubiertas por gafas de sol. Se repite la secuencia y los cuatro hombres, en parejas, esperan manteniendo una prudente distancia. Un quinto hombre ha de llegar; dos le esperan para matarlo, los otros dos van a protegerlo.
Y si esto no es un pedazo de guión pues que venga Mr. Avary y lo arregle, para eso se forró tocándose los cojones y nadie dice nada. Hala.
El resto es una de las películas más sorprendentes de los últimos tiempos. Y no la conoce casi nadie.
Saludos de un tipo al que se le acabaron las vacaciones, así que va a disponer de muuuuucho más tiempo para escribir chorraditas... Curioso mundo éste...
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!