Se estrenaba hace menos de un mes la adaptación en formato serie de MY BRILLIANT CAREER, el clásico escrito por Miles Franklin en 1901, en el que el protagonismo reposaba en la figura de la joven Sybylla Melvyn, perteneciente a una familia de potentados venidos a menos, en la dura Australia rural; que, a diferencia de otras jóvenes, no alberga el deseo de casarse con un rico heredero, sino abrazar su independencia para convertirse en escritora. La ruina familiar le abre una paradójica oportunidad, al marcharse a la casa de su rica abuela, pero el destino quiere que se cruce en su camino Harry Beecham, con quien solía jugar de niños, y que ahora es un cotizado soltero. Y ese es el argumento, a grandes rasgos, de este drama de época, no tan conocido fuera de Australia, pero que optó a la Palma de Oro, al mejor vestuario en los oscar y descubrió a su joven protagonista, una portentosa Judy Davis, a quien se le unía un Sam Neill no tan protagónico, pero igualmente estupendo como el playboy al que se le cortocircuitan sus artimañas al quedar deslumbrado por la personalidad rebelde e inconformista de Sybylla, una mujer adelantada a su tiempo. Además, fue el debut en la dirección de Gillian Armstrong, que después ha tenido una larga carrera, siempre con una mirada marcadamente femenina y, claro, feminista.
Saludos.

