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sábado, 15 de marzo de 2025

Los auditores


 

He leído un montón de líneas acerca de A COMPLETE UNKNOWN, sobre si debería ser esto o aquéllo, si "capta", si aporta, si está a la altura, si es necesaria. La película de James Mangold se fue de vacío de los oscar, pero podría haber ganado cualquiera de sus ocho nominaciones. El problema, en este caso, ha sido su ortodoxia. Frente a propuestas "brutalistas", rompedoras en lo formal o ambiciosas en lo discursivo, lo que aquí tenemos es una historia que ya conocíamos, que ya se había adaptado, y que tampoco tiene pretensiones sobre mover el eje del arte cinematográfico. Ustedes mismos. Yo sólo les diré que Mangold es un tipo que conoce su oficio y lo ejercita con dignidad; que las dos horas y pico que llevan de la llegada de Bob Dylan a New York hasta la fractura de 1965 en Newport pasan ágilmente, sin detenerse en virtuosismos vacuos; que Timothée Chalamet interpreta el mejor Dylan posible, porque huye de prótesis y adornos, y entrega el trabajo de un actor captando la esencia de un personaje especialmente complejo; que las recreaciones musicales son una gozada. Y por último, que lo que hace Edward Norton pertenece a intérpretes capaces de sentar cátedra, y de esos van quedando muy pocos, por lo que lo de Kieran Culkin cada vez parece más una broma de mal gusto.
Quizá no cambie la historia del cine como Dylan cambió la música, pero tampoco le hace falta para disfrutarla.
Saludos.

lunes, 30 de septiembre de 2024

Segunda y fuera


 

THE WOLVERINE, de 2013, ejercía como un extraño preámbulo para un film muy superior, como posteriormente fue LOGAN. A ello contribuye decisivamente la decisión de reclutar a un director como James Mangold, que tantas veces ha demostrado su solvencia en la realización, como una pesadez narrativa acuciante. Con un ritmo desigual, hay momentos deslumbrantes, como el arranque en plena WWII, a los que siguen interminables parrafadas que rozan el ripio, y que le dan un aire de falsa circunspección. Lo que mejor funciona es la recreación de esa estética "a lo Frank Miller", urbana, abigarrada, de grandes contrastes cromáticos, pero que no es suficiente para ejecutar esa "gran obra superheroica", apenas intuida en algunas coreografías medianamente hábiles, y por supuesto en la entrega de un Hugh Jackman omnipresente y dueño y señor de esta película que uno no se atreve a decir si es muy mala o muy buena. Yo creo que no es ni una cosa ni otra.
Saludos.

lunes, 11 de septiembre de 2023

Látigos y sombreros #5


 

En relación a INDIANA JONES AND THE DIAL OF THE DESTINY, creo que es necesario ser escuetos, no dejarnos llevar por una nostalgia que, de alguna manera, se ha intentado erradicar para poder dar digno carpetazo a una saga que abarca más de cuatro décadas, con desigual fortuna. No sé si este caso responde a los fracasos o a los aciertos, pero hay que reconocerle dos o tres cosas. Primero, que es difícil coger este toro con la alargadísima sombra de Spielberg rozándolo todo. Mangold es un buen director, un magnífico artesano con un currículo sólido y las tablas suficientes para facturar un producto digno, que no aspira a la excelencia pero tampoco es un desastre total. Después, me parece un acierto el CGI usado para rejuvenecer a Harrison Ford en el arranque, no sólo por su asombrosa perfección, sino porque sirve como recurso narrativo y creernos que un Indy septuagenario es posible. También, algunos secundarios que no son floreros, como el gran Mads Mikkelsen componiendo uno de los mejores (y más complejos) villanos de la serie, pero también una chispeante Phoebe Waller-Bridge o Antonio Banderas, con uno de esos "breves pero intensos" que tan bien se le dan. Por el contrario, la duración no perdona, y hay una meseta insufrible de aproximadamente una hora, que es algo imperdonable hablando de lo que hablamos. Compensado, sin embargo, por el final, que efectivamente es lo mejor de la función; un compendio de espectacularidad e intención sensorial, que es a la vez emotivo e inteligente, y que no pienso desvelar en absoluto. En definitiva, una muy buena peli de aventuras, que juega sus bazas con entereza y creo que puede contentar tanto a devotos como profanos, como creo que es justo lo que hace grande un cierre tan magnánimo como éste.
Saludos.

lunes, 16 de marzo de 2020

Los amos de la pista



Me ha sorprendido gratamente FORD v. FERRARI, y supongo que puede ser por la sequía de este tipo de películas, films facturados a la antigua usanza, con gusto por el detalle, por mucho que éste no se balancee en ningún momento por los desfiladeros de la pedantería. James Mangold siempre ha sido un tipo que domina muy bien los tiempos narrativos, a lo que suma la loable virtud por no ofrecer más de lo que sabe, y eso queda reflejado a la perfección en este vibrante staccato, sucio y brillante al mismo tiempo, que puede entenderse desde dos vertientes. Sí, las carreras de coches son una pasada, y la recreación de aquellas pistas, con aquellos mecánicos, aquellos coches que literalmente sudaban sangre en el Le Mans de 1966, son una virguería de montaje, que fue precisamente el oscar que ganó, junto a los efectos sonoros, que son otra barbaridad. Pero cabría detenerse en el extraño y finalmente hermoso vínculo que van cimentando dos estupendos Matt Damon y Christian Bale, interpretando a los míticos Carroll Shelby y Ken Miles, constructor y piloto respectivamente, que son requeridos, casi a regañadientes, por Henry Ford II para que construyan un Ford capaz de derrotar al ufano Enzo Ferrari, dominador absoluto de la prueba.
Una película, ya digo, tan sencilla de seguir como de disfrutar, y que no cuenta más que ese pequeño gran trozo de historia, que no es otra que la de son grandes porque saben cuáles son las prioridades.
Saludos

lunes, 12 de junio de 2017

El cine enfermo



LOGAN es un ejemplo cojonudo de lo que yo entiendo por "película enferma", una película renqueante, rezongona, fofa y casi aburrida de su propia existencia. Ahora bien ¿una mala película? No creo que ambas cosas sean incompatibles, la enfermedad es algo que se sobrelleva como se puede, pero ni dignifica ni avergüenza, simplemente nos hace replantearnos un par de cosas que antes nos habían pasado desapercibidas. En este sentido, hay dos aspectos que sobresalen especialmente: la violencia explícita y la sensación de derrota. Lo primero desmarca a LOGAN de la gran mayoría de films de superhéroes, y la deja más cerca de una realidad en la que cualquiera puede resultar herido, sobre todo con unas garras de adamantium por medio. Luego, Mangold (recordemos, director de la puesta al día de EL TREN DE LAS 3:10) inserta su historia en el corazón de todas las claves reconocibles del western crepuscular (en un momento dado, los personajes ven RAÍCES PROFUNDAS), lo que avisa de su dramático desenlace, donde ya el cómic original en el que se basa no tenía problema alguno en  realzar la estructura de vía muerta, de fin de viaje distópico y alternativo a esos X-men en constante reinvención y siempre jugueteando con su propia extinción. La película es un armatoste, demasiado larga y con la extraña decisión por parte del propio Mangold de no explotar los escasos momentos de catarsis, que pertenecen sobre todo a la imponente al tiempo que patética figura de un Lobezno que conduce una limusina de alquiler y vive en mitad de un desierto junto a un nonegenario y senil Charles Xavier, un espléndido Patrick Stewart, que transmite el enorme vínculo emocional entre maestro y alumno, como si de padre e hijo se tratara. Luego la película entra en la deriva usual de este tipo de producciones y alarga el espectáculo de disparos y miembros cercenados hasta casi las dos horas y media, y este guion tampoco daba para tanto. Aun así, en fin, no descubriremos nada ni seremos más inteligentes, pero es saludable ver de tanto en tanto que hasta los superhéroes pueden caer enfermos.
Saludos.

domingo, 11 de octubre de 2009

Pasajeros al tren

No debe ser casualidad que entre el original de Delmer Daves y el remake/tributo de James Mangold existan exactamente cincuenta años de diferencia; se nota en el cariño de Mangold hacia aquel trepidante western que protagonizaron Glenn Ford y Van Heflin. Ponerlo al día es otro asunto y APPALOOSA es el ejemplo perfecto de que no son suficientes las buenas intenciones e interpretaciones solventes; sin embargo, no es el caso de 3:10 TO YUMA, ligeramente superior a su predecesora. Indudablemente, James Mangold es mejor director que Ed Harris, pero habría que señalar lo bien escritos que están los personajes, tanto principales como secundarios, cortesía del trío farmado por Michael Brandt, Derek Haas y Halsted Welles, que realizan una aproximación fabulosa a la novela de Elmore Leonard.
En 3:10 TO YUMA se encuentran condensadas todas las constantes que hicieron grande al género y que se habían ido dejando de lado últimamente tras la constatación de que seguir por el camino trazado por Clint Eastwood en UNFORGIVEN era cosa de locos. En vez de ello, Mangold se esfuerza en no perderle la cara a la historia y dejar bien claro que los que mandan son los actores, unos aguerridos Russell Crowe, en el papel de un asesino y ladrón de bancos con principios aunque sin escrúpulos, y Christian Bale dándole justa réplica como un granjero ex soldado que debe guiar al prisionero Crowe hasta un destino que se torna casi imposible a medida que el film avanza: el susodicho tren. Y hasta aquí todo está bien, el metraje nunca se torna pesado y el interés crece con la intriga; la lástima son algunos detalles, casi de principiante, que pondrán alguna sonrisa que otra. Por ejemplo: la cojera de Bale, exagerada al principio, desaparece más adelante, haciendo éste algunos movimientos más propios de "su Batman"; luego, la mayoría de los tiroteos son exagerados, como si en vez de revólveres se usaran ametralladoras; finalizando con unas concesiones a la galería (hacer otra cosa hubiese dejado a Crowe como un villano total, y por lo visto no es el caso), moralizando a un personaje que nos han vendido al principio como sanguinario y despiadado. En definitiva, un western muy entretenido y digno que sólo no gustará a algunos espectadores con demasiados prejuicios, aunque lo cierto es que por las carteleras pasó sin pena ni gloria.
Saludos desde el andén.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!