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sábado, 3 de diciembre de 2022

Inditex


 

También en Sitges estuvo Lorcan Finnegan, para presentar NOCEBO, y lo hizo junto a su protagonista, Eva Green, que terminó siendo una de las sensaciones del festival, aunque hiciese mutis por el foro. Había ciertas expectativas con esta película, tras el buen sabor dejado por VIVARIUM, pero de nuevo me temo que se trata de una oportunidad perdida para ampliar lo ya apuntado en aquella por el director irlandés. También aquí hay un horror que proviene de lo inquietante, de la imposibilidad para conferir una explicación palpable a algo que se escapa de nuestra "normalidad". En este caso, acompañamos a una diseñadora de ropa infantil, que de repente comienza a tener una serie de inquietantes visiones, que la hacen dudar de su propia percepción de la realidad y estabilidad psicológica. Emocionalmente hundida, en su puerta se presenta una joven cuidadora filipina, que afirma haber recibido la propuesta de trabajar para ella hasta que se recupere, pero tampoco lo recuerda. Así, lo único rescatable de esta tibia cinta es poner a prueba nuestra propia percepción, y decidirnos por el mundo esotérico de la recién llegada, o por una realidad que esconde un secreto terrible, y cuya aceptación podría suponer la única esperanza de esta mujer, que está a punto de perderlo todo. No esperen, sin embargo, nada que no hayan visto en títulos similares, y se me viene a la cabeza la tailandesa THE MEDIUM, aunque Finnegan se permite el lujo de introducir una groserísima denuncia social, sólo defendible si se hace con un mínimo de seriedad y no caer, como lo hace, en un ínfimo esbozo a pie de página.
Se puede ver, pero no va a pasar a la historia por nada de nada.
Saludos.


lunes, 22 de junio de 2020

La vida que vivimos



Una pareja se encuentra al salir del trabajo. Son jovenes. Ella es maestra en un jardín de infancia, él parece que se dedica a la jardinería. Se van hasta una especie de inmobiliaria, quizá estén buscando un piso, una casa, tener su propia vida. El vendedor les lleva hasta una urbanización donde todas las casas parecen iguales; igualmente asépticas, igualmente impersonales. Cuando se dan cuenta, el vendedor ha desaparecido; se montan en el coche, pero no logran encontrar la salida a la urbanización, siempre aparecen frente a la casa que les han enseñado, el número 9.
Adelantar algo más de VIVARIUM sería jugársela a derribar el ingenioso e inquietante castillo de naipes sobre el que se sustenta, porque el irlandés Lorcan Finnegan, en su segundo largo, prefiere que saquemos nuestras propias conclusiones sobre lo que vamos viendo, aunque ya les digo que nada de lo que veremos es ni medio normal. Estamos ante una película más sugerida que narrada, con diversos golpes de efecto bien ensamblados, y que despiertan tanta curiosidad como desesperación, a través de una trama repetitiva, exasperante, pero que cobra sentido justo a tiempo, cuando ya empecemos a vislumbrar qué diablos nos están contando. No debe haber costado una barbaridad, y los actores Imogen Poots y Jesse Eisenberg, de hecho, son productores ejecutivos de esta extraña distopía, que podría ser un cuento de terror cósmico o bien un relato marciano de Bradbury. En todo caso, una más que interesante propuesta, sin ser tan osada o pedante como otras menos dotadas, y que sirve (que no es poco) para pasar hora y media de entretenimiento más o menos inteligente.
Por cierto, atentos a las imágenes con las que se abre el film.
Saludos.

... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!