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lunes, 8 de mayo de 2017

Corazón fluorescente/Pintalabios de sangre



Esta semana va a ser acaparada, en la medida de lo posible, por un puñado de títulos que, de manera muy subjetiva, he encontrado como ejemplos de los peligros de la imagen en tanto que vampiro de la carne, o meros ejercicios de chamanismo descorporeizante, menos poético y más suicida. Trabajos no demasiado homogéneos, ni siquiera en el tiempo, puesto que lo "moderno", lo desafiante, suele mirar atrás sin proponérselo, precisamente para escribir con caligrafía firme cualquiera cosa que sea "lo por venir", antes de que lo tengamos encima. Es muy fácil hablar, por ejemplo, de una película tan mortífera como THE NEON DEMON con las armas y reglas de la crítica común, crítica que se queda antigua al enfrentarse a un vaciado narrativo como éste, que va despojando el relato de significado hasta convertirlo en una metáfora desangrada de una sociedad y unos "asociantes" ensimismados en su reluciente burbuja. No es sólo el mundo de la moda, que me parece una excusa conveniente, sino este Primer Mundo de la imagen distante, tan enfriado y competitivo que puede llegar a creerse poseedor de un derecho incontestable a la destrucción de todo lo que considere una amenaza. Ese papel, el de la joven ascendente que amenaza a esas "viejas" modelos de 23 años, va siendo cercado por los componentes de un sistema que se resiste a desaparecer, y que adopta esa forma que sólo es mostrada al final del film y que tan controvertida parece, la de un desesperado raptor de esencias y de esa vida que parece írsele en el mismo momento que su molde físico no responde a ese reflejo que se pretende vender como, efectivamente, "modelo" a seguir.
Relato de terror feérico, disección quirúrgica del asco existencial del milenio que comienza o broma cegadora para chaqueteros lentejuélicos. Sea como sea, no me parece justo que un director tan personal y poderoso como Winding Refn sea  ninguneado sistemáticamente por quienes ni siquiera tuvieron la suerte de asistir al estreno de PIERROT LE FOU. Pero como dice otro: "No escucho y sigo"...
Saludos.

miércoles, 9 de abril de 2014

Double Dragon System



Vengo a defender ONLY GOD FORGIVES, porque creo que lo merece, por su valentía y, mejor, por el riesgo que Nicolas Winding Refn toma tras las muchas flores recibidas con DRIVE. Y no es signo de estos tiempos que un director de cine abandone a su suerte el posible talismán hallado y decida zambullirse en un acto de autoconocimiento que le permita a él y, sobre todo, a sus espectadores seguir indagando en perfiles más arriesgados. La historia que el danés cuenta aquí es sencillísima, muy trillada y muy asimilada para cualquier cinéfilo, una especie de INFILTRADOS con menos diálogo y más luces (sobre todo lo último); el descubrimiento, a mi entender, consiste en la búsqueda de otra forma de diálogo, más visual, sí, pero aún más "sensorial", entendiendo que nuestros sentidos pueden verse asaltados en cualquier momento por imágenes y recuerdos que, o bien creíamos desaparecidos desde nuestra infancia, o bien nuestra jodida "madurez" nos indica que es una forma trash e inservible, desde luego para llevártela a Cannes (donde no fue recibida precisamente mal). Yo no sé qué les habrá sugerido a cada uno de ustedes, pero yo me acordé inmediatamente de aquellas maravillosas salas recreativas, y más concretamente de algunas máquinas con juegos de artes marciales en las que dos luchadores desplegaban su arsenal de hostias hasta dejar seco a su oponente. Ahora quiero que un sesudo crítico, un defensor de Godard, o Rocha, o Kieslowski, me diga que no puede construirse un discurso fílmico a partir de, por ejemplo, un recurso adolescente, porque sería una imprudencia por su parte. Recordemos que el 99'9% del cine palomitero se basa en los juegos de consolas de última generación; una mutación desafortunada y que aporta menos de lo que resta a esa búsqueda formal a la que aludíamos antes. Que Wnding Refn tenga la osadía de llevarnos a Bangkok y presentarnos a un héroe que no lo es (porque en realidad es un traficante) y que se pega toda la película recibiendo leches, que su mayor oponente, el villano, sea un policía que corta cabezas y canta en karaokes, y que además sus enfrentamientos ocurran en un plano general, casi nos hace desear que aparezca la familiar barra de energía sobre sus cabezas. Y esto también es espectáculo, pero hay que saber digerirlo a su ritmo...
Saludos.

martes, 18 de diciembre de 2012

El chico con el escorpión en la espalda



Hay una cosa que me gusta especialmente en el cine del danés Nicolas Winding Refn: pese a sus limitaciones de toda índole, siempre parece estar al tanto de las mismas y, al ser consciente, intenta ofrecer el mejor producto posible, como si el esfuerzo estuviera por delante de una cierta inspiración ¿Qué le falta para ser un grande? Pues me parece que inventar, establecer, que empiecen a copiarle a él; pero que está en el camino creo que no lo discute casi nadie. DRIVE es un paso adelante (o puede que dos o tres), una película que a la asombrosa estilización de Winding Refn (y que mostró sobradamente en, por ejemplo, VALHALLA RISING o BRONSON, y por no hablar de su apabullante trilogía PUSHER), añade dos aspectos vitales en la madurez de un director de cine: el dominio del sentido del ritmo y la dirección de actores, donde estos dejan de "servir al fin" y se definen a sí mismos como entes integrados. Si el perfil es bajo, diremos que DRIVE no es más que una nueva vuelta de tuerca al (anti)héroe solitario y taciturno que, en un momento dado y obligado por las circunstancias, dará rienda suelta a su lado oscuro. Con uno de los mejores trabajos de montaje que he visto últimamente, lo difícil de esta fábula envuelta en sangre y gasolina no es acentuar los momentos álgidos, donde el espectador más avisado siempre esperará un plus, sino hacer danzar la historia desde su deslumbrante comienzo, donde, sin apenas palabras, el magnífico personaje interpretado por Ryan Gosling queda trazado, hasta su desmelenado final, donde en verdad uno puede (y debe) esperarse casi cualquier cosa. Esto es tanto así por la compleja inclusión de unos personajes secundarios (la joven madre interpretada por Carey Mulligan, sobre todo), que amenazan constantemente con una ridícula banalización argumental, puesto que este protagonista, un conductor, pero también un pistolero con más sombras que luces, no necesita razones para hacer lo que hace, y su ética es aceptada por sus propios actos. Es el bueno quizá porque no hay otro a mano, y en esa amargura de no poder cumplir las expectativas de los que le rodean, Winding Refn sale victorioso al entregarnos una película tan emotiva como entretenida; un western apocalíptico sobre lo injusto que es perder cuando no eres dueño de tu propia vida. Un film que será recordado cuando pase el tiempo y que forzosamente ha de suponer ese chasquido de rotura para un director que, en contra de lo que muchos pudieran pensar, yo consideraba atenazado por una extraña timidez conceptual. Magnífica, en todo caso...
Saludos especialistas.

martes, 5 de julio de 2011

Héroe a la fuerza



De nuevo tomando como curioso referente la edición de este año del festival de Cannes, traigo aquí un trabajo del director danés Nicolas Winding Refn, que logró dividir cual Moisés nórdico tanto a crítica como a público con DRIVE, su nueva propuesta. Nada que ver con su compatriota von Trier, que con su chaladura antisemita terminó de disipar las dudas acerca de su (escasa) catadura moral.
Pero Winding Refn posee una filmografía anterior tan interesante como desconocida en el país que estrena lo que le da la gana pero cobra un canon aunque sea por una basura. Así que, repasando algunas cosas que he visto recientemente de la única manera que se pueden ver, me ha salido VALHALLA RISING, una especie de cómic visual de escasa verborrea, desnudos escenarios naturales y una querencia por lo violento que la acerca al cine oriental más que al occidental. Su pírrica argumentación gira en torno a la poderosa figura de One-eye, un enigmático guerrero tuerto que permanece cautivo de un grupo de vikingos que le usa para participar en peleas, de las que siempre sale sangrientamente victorioso. One-eye no habla ni cambia el rostro, pero es mejor que te mantengas lejos de él; y así pasan los minutos hasta que se escapa junto a un niño (que tampoco habla) y vemos lo bonita que es la campiña danesa teñida de rojo, un color que Winding Refn usa frecuentemente. Yo no sabría decir, lo admito, si es un estupendo tipo de cine o una patraña revisionista disfrazada de la "trascendencia de lo físico"; a ratos te levanta del asiento con momentos francamente impactantes, para luego hacerte bostezar con largos e insulsos planos secuencia donde simplemente no se cuenta nada de nada. Yo creo que el personaje de One-eye, interpretado con estoicismo por Mads Mikkelsen, especie de refrito de aquel inolvidable Kirk Douglas, los mortíferos asesinos de Kitano y algo del espíritu de Mad Max, podía haber dado un poco más de sí teniendo en cuenta que es el centro absoluto de una película sin mucho discurso. En lugar de ello, Winding Refn sucumbe al delirio místico y enfrenta al hombre que no piensa con el misterio de su origen, como si nos importara; así que tira y abusa de distorsiones visuales y teñidos cromáticos para "explicarnos" lo que es incapaz de decir con palabras, una especie de "elevación moral" de One-eye respecto a sus captores que queda un poco moñas en un marco a priori de aspiraciones nihilistas. Aun así, si consiguen hacerse con ella puede que les sorprenda.
Saludos con un guiño.

viernes, 16 de octubre de 2009

Un chiste sin gracia

Supongo que a Nicolas Winding Refn (pseudofrikis, absténganse) le mola lo de hacer ruido (¿Han visto por un casual la trilogía de PUSHER? ¿no?, vale, lo entiendo...); me imagino al hipercarburado y supervitaminado director danés rascando una pared ante sus colegas, golpeándola más tarde, si es necesario usando su propia cabeza. "Lo que sea si llama la atención" sería un buen eslogan para definir su cine, si es que lo consideramos como tal y no como un videoclip estirado hasta el infinito y mucho más allá.
El caso es que su último artefacto se llama BRONSON y cuenta (es un decir) la monótona peripecia de un tipo que existe de verdad en el Reino Unido y que lleva entre rejas 34 añitos y ha pasado por un centenar de prisiones, porque lo de la buena conducta parece que no va con él. Y poco más les puedo contar, porque el argumento consiste en colocar la cámara en posición cenital y que Tom Hardy (lo poco destacable es su interpretación) se pelee constantemente contra un montón de policías. En un momento dado lo drogan y lo meten en un pabellón psiquiátrico, y aunque se parezca en demasía a lindezas como LA NARANJA MECÁNICA o ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO, el vacío es ciertamente preocupante. No sabemos nada del tal BRONSON, ni sus motivaciones, ni si la charanga visual responde a algún tipo de denuncia carcelaria o si este tipo nos quiere acojonar (mirad qué gente más malita hay por ahí)... no sé; todo es confuso, con musiquilla guay (se dice cool ¿no?), iluminación de hospital... Bueno, le hará gracia a esos tipos que llevan un colgante con el logotipo, perdón, quería decir símbolo, de la paz y una camiseta de Charles Manson, que me consta que los hay. A mí, francamente, no me hizo ni puta gracia.
Saludos entre rejas.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!