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sábado, 27 de diciembre de 2025

Radical libre: el cine de Lisandro Alonso 6


 

Es mejor ir a EUREKA sin grandes expectativas. Por no saber qué película te vas a encontrar, por no tener un solo asidero tangible por el que transitar una historia que deliberadamente prescinde de contar una historia, un sola al menos. El arranque es un sucio western, donde acompañamos a Viggo Mortensen con un cometido que debe ejecutar al llegar a ciudad de borrachos y criminales. No sabemos el cometido, pero sí que lo que vemos es apenas una película que se está proyectando en una televisión, concretamente en la de una oficial de policía que ejerce en una reserva sioux. En una noche particularmente dura de nevada y tormenta, se le empiezan a amontonar los casos sin que tenga ningún apoyo. Es entonces que su sobrina decide marchar, abandonar un sitio que no le gusta y donde se siente recluida. Con ayuda de su abuelo, se convierte en el imponente jaribú y emprende un largo viaje hacia el sur. Allí conoce a quienes viven en la selva, en libertad absoluta, tan sólo para comprobar que también ellos están sujetos a las mismas flaquezas e incertidumbres. Y puedo entender a quien se haya enfrentado a EUREKA, sus dos horas y media, sin el bagaje de la filmografía anterior de Lisandro Alonso, sus pistas delicadas y contundentes sobre una misma y obsesiva idea: es imposible ser libre.
Saludos.

martes, 22 de septiembre de 2015

El objeto que orbita solo



Estamos todos equivocados. Nos equivocamos cuando demandamos el gol de Dieguito contra los britanos, o cuando golpeamos el volante en un atasco. Imprudentes, también nos equivocamos al leer y observar ademanes que, sin ser nuestros, nos apropiamos como vampiros de la estética de la repetición. No puedo más que sonreír alegre tras ver el último trabajo de Lisandro Alonso. Nada de circunspecciones sesudas con JAUJA, que es una celebración del autor libre y leve al imponer la frescura de su visión, que en su caso siempre es humilde y nada pedante. Alonso filma una especie de cajita musical en 4:3, una aventura que llama por las ventanas del cine clásico, pero huye hacia el futuro aún no escrito, que siempre será el más difícil de escribir. La fotografía de Timo Salminen es, como siempre con su inseparable Kaurismaki, soberbia, pero no me gusta hablar sólo de un aspecto cuando el film me ha gustado en su conjunto. Porque digamos que Alonso consigue un compendio prodigioso, la unidad de ética y estética sin que una se superponga a la otra, y además hila una lógica narrativa que se salta todas las convenciones más innecesarias y apulgaradas del cansino continuismo que sufren los productos equivocadamente "innovadores", que suelen ser más antiguos que los clásicos. Se ha hablado mucho de Borges, su ficción desmembrada, o su filosofía de lo puramente existencial en esta película de su paisano; yo le añado y aumento la arriesgada visión del primer Resnais y la profundidad de Chris Marker, en los que JAUJA se zambulle en su último y desconcertante tercio, un acierto de planificación, en todo caso.
Para concluir, y que no se enoje purista alguno, confieso que me subyuga menos la anécdota de Mortensen (que está fantástico, por cierto) o el salto hacia cierto "convencionalismo", ya intuido en LIVERPOOL; no tanto, al menos, como la paciente coherencia que su autor sigue demostrando con cada propuesta, y que le mantienen (al igual que el oficial que busca infructuosamente a su hija) en ese inhabitado limbo de quienes nada deben, pero tanto vuelven a esforzarse por ofrecer.
Saludos.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Radical libre: El cine de Lisandro Alonso 4



LIVERPOOL, el último film hasta la fecha de Lisandro Alonso, deja abierta una expectativa casi impensable para este tipo de cine; un cine que se sabe y se piensa en la linde, donde apenas cabe nada más que su hilillo argumental, apenas indicando nada, sino sugiriendo y dejando al espectador y su inteligencia el trabajo de construir el film en su propia cabeza. LIVERPOOL nos muestra a Farrel un marino originario de Tierra del Fuego, ese lugar en ninguna parte, que aprovecha el atraque de su barco en dicha provincia para tomar permiso y dirigirse al poblacho de donde es, principalmente para cerciorarse de que su madre aún siga con vida, lo que da idea del tiempo que Farrel lleva fuera de "su casa". O eso es lo que Alonso incrusta en la desnuda narración, apenas esbozada en un puñado de fotos fijas del inhóspito paisaje de Ushuaia; porque sólo sabremos exactamente qué quiere hacer Farrel cuando ya el viaje termina. Alcohólico (Farrel no va a ninguna parte sin una botella de enigmático contenido), paera en una fonda, en un puticlub, come, bebe, observa a los callados lugareños; una vez en el pueblo, apenas si es reconocido, aunque tampoco importa demasiado porque Farrel ya no pertenece a ese lugar, al que sabemos que ya no volverá jamás. Con su habitual y paciente contemplación, Alonso nos plantea su película más enigmática y, al mismo tiempo, emocionante; justo cuando creemos que todo nos será revelado en la última parte, Farrel desaparece sin más, pero a Alonso no le interesa ya seguirle y lo deja ir a su limbo particular, mientras se centra en la joven retrasada que vive junto a la anciana y enferma madre de Farrel. No hemos sabido absolutamente nada de esta joven, sin embargo, en el emotivo y bellísimo final, un final con toneladas de dignidad dentro, LIVERPOOL toma su verdadero sentido y nos deja noqueados, sin saber bien qué decir o pensar, pues aquí no hay héroes ni vampiresas engalanadas, el cine de Alonso sólo incluye nada más (y nada menos) que la vida tal como es para todos nosotros. Por eso es su gran obra maestra y deja un campo de enorme interés. Esperaremos.
Saludos glaciales.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Radical libre: El cine de Lisandro Alonso 3



El hecho de que ni LA LIBERTAD, ni LOS MUERTOS, eran en absoluto trabajos experimentales, lo confirma el siguiente trabajo de Lisandro Alonso. FANTASMA, siendo como es su película más prescindible, supone un alarde de metalenguaje sólo comparable a la atomización de la realidad de los surrealistas, y extrapola nuestro senso desde el sitio donde se supone que se está desarrollando la acción hasta quién sabe dónde, quizá la película misma. Y la película, en este caso, contiene otra película, pues lo que vemos, aunque simple, tiene como misión transportarnos desde lo cotidiano hasta el haz de luz suspendido; la magia. En su curiosa y misteriosa estructura, FANTASMA nos muestra a Argentino Vargas, el mismo (no) actor de LOS MUERTOS, aparentemente desorientado en un cine de Buenos Aires, donde se va a proyectar, precisamente, dicha película. En otro extremo, Misael Saavedra, el otro (no) actor de LA LIBERTAD, vaga por pasillos vacíos y se lava las manos en el servicio del desierto cine. Hacen su aparición dos personas, quizá los encargados de la proyacción, y una especie de conserje (acomodador, más bien); todos contemplan el cine, en silencio, y parecen esperar un momento dado, que finalmente es el de la proyección en una solitaria sala, sólo habitada por Vargas, al que posteriormente se le unirá una mujer. No sabemos nada de los personajes, Alonso sólo parece interesado en despojarles de su corporeidad y retomar el instante decisivo en el que el cine, el que a menudo denominamos como "nuestra pasión", se hace uno con nosotros y obra el milagro del arte. Así, concebida como un croquis anímico, FANTASMA actúa casi como un apéndice de los dos primeros films de Alonso, un inasible ensayo abierto a todas las interpretaciones posibles y que, según él mismo, filmó en una especie de arrebato incidental. No pasaría nada si no se hubiese hecho, no pasará a la historia como uno de sus títulos fundamentales, pero su extrañeza la coloca en un lugar casi fuera del cine, aunque irónicamente se trate de un poema blanco sobre el mismo.
Saludos en salas.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Radical libre: El cine de Lisandro Alonso 2



A veces, en esa búsqueda giratoria que supone el buscar respuestas a los grandes enigmas mediante un arte como el cine, algo infructuoso y de arduo estamento, los cinéfilos se preguntan a menudo de qué manera se palpa la poesía en un puñado de imágenes, cómo se reconoce lo que está más allá de la mera narración fílmica. Esto es un ejercicio íntimo, intransferible y solitario, no tiene nada que ver con los foros, las redes sociales ni las ruedas de prensa; puede que por eso, las mínimas ocasiones en que esto ocurre, se produzca un rechazo inmediato, que es lo que genera la incomprensión de lo que se tiene delante. En su segundo trabajo, Lisandro Alonso amplía el marco subjuntivo de su discurso y muestra en apenas 80 minutos todo el cisma contenido en una cicatriz que no ha terminado de cerrarse ni al cabo de veinticinco años, que es el tiempo que (Antonio) Vargas ha pasado en la cárcel por el asesinato de sus hermanos. La escena inicial es elocuente: en un nervioso desplazarse, otea el sol que se frota por entre las espesas ramas de selva, mira los troncos, anárquica la cámara, para terminar posándose en el suelo, en los cuerpos muertos. La salida de Vargas de la cárcel no es un acontecimiento, sino un impás natural que ha de ocurrir; no hay que explicarlo, igual que no hace falta explicar el largo viaje efectuado en canoa por el río, con la selva de fondo. Todo pertenece al mismo destino. Argentino compra un vestido para su hija, así que el destino nos es desvelado casi por casualidad; en la canoa mata y desangra un cabrito, que será el festín de bienvenida que nunca veremos. Y al final, una vez en el sitio, allí, en ninguna parte y en todas las partes, Argentino ve a un nieto al que no ha visto nacer y todo termina igual que empezó, con una cámara que busca el suelo porque no hay nada más que mostrar. LOS MUERTOS será revisada dentro de cuarenta años, quizá entonces se sepa su valor real.
Saludos vivos.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Radical libre: El cine de Lisandro Alonso 1



Noviembre empieza con cine de verdad, supongo que aprovechando el tirón de que mi ciudad inaugura mañana su propio festival de cine y esto siempre es motivo de regocijo para los que nos consideramos, de una forma u otra, cinéfilos. Así que los próximos cuatro días estarán dedicados a repasar la filmografía de uno dce los cineastas más interesantes, rompedores e inclasificables surgidos en la última década; un nombre fundamental para adentrarnos en las nuevas derivas del "audiovisual", por mucho que nos sarpulla esta denominación. Me refiero al argentino Lisandro Alonso, cuyos poemas contemplativos, de sosegado ritmo, impactantes imágenes e historias de libre interpretación suponen muchas de las claves de este nuevo cine casi de transición, de convulsa mirada y espíritu transgresor por naturaleza. Y empezaremos por el principio, por su enigmática ópera prima, que se tituló LA LIBERTAD y que mostraba el monótono día a día de Misael, un hachero de la Pampa, que dedica sus largos días a cortar troncos, venderlos para hacer postes y pasar sus días en soledad en una destartalada barraca en mitad de la naturaleza. La intensidad de una propuesta tan inusual y radical como LA LIBERTAD, que luego Alonso ha ido amplificando en sus sucesivos films, proviene de la naturalidad con la que es filmada la cotidianidad de un entorno que nos es ajeno a los que limitamos nuestro contacto con la naturaleza a "ir al campo a pasar el Domingo", y por eso nos horrorizamos con según qué cosas, como el desollamiento y cocinado de un armadillo, que es la cena de Misael. No soy capaz de concebir LA LIBERTAD como un documental, como no lo es ningún trabajo del argentino, sino como un lúcido ensayo capaz de trascender el mero humanismo hasta hacerlo refulgir como otra cosa, algo que nos cuesta aprehender y que subyace tras la nitidez casi molesta de sus imágenes. No es Lisandro Alonso un autor fácil de digerir; carne de festivales, no tiene nada que ver con lo que normalmente vemos en cualquier sala comercial, pero es este tipo de cine, de arte, el que hace avanzar las visiones, los modos y, cómo no, las costumbres; no podemos percibirlo, pero el engranaje se mueve y también somos partícipes.
Saludos libres.
... ¿Y todo esto lo ha hecho usted solo?...
No, necesité estar rodeado de siete mil millones de personas...

¡Cuidao con mis primos!